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El Velo Del Crepúsculo

El Velo Del Crepúsculo

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Mundo de fantasía / Fantasía épica / Completas
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Darany Jimenez

El equilibrio del mundo se fractura cuando fuerzas antiguas despiertan desde el Velo que separa las realidades.
Silvan y Amara no confían el uno en el otro, pero el destino los obliga a luchar juntos mientras los reinos los señalan como una amenaza.
Cuanto más intentan separarlos, más evidente se vuelve que su vínculo no es casualidad, sino parte de un diseño prohibido que podría salvar el mundo… o destruirlo.
Perseguidos, marcados y temidos, deberán decidir entre huir solos o permanecer juntos y enfrentar una convergencia que cambiará la realidad para siempre.
El mundo teme su poder.
Ellos temen lo que empieza a nacer entre ambos.
Y el Velo observa.

NovelToon tiene autorización de Darany Jimenez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17 Ecos Bajo Juramento

El Velo no volvió a latir con violencia.

Pero tampoco regresó al silencio.

La vibración que había recorrido el bosque después del último pulso permanecía suspendida en el aire como una cuerda invisible, tensada entre dos puntos que aún no comprendían del todo su propia fuerza. Las hojas no se agitaban por el viento; se movían como si respondieran a una respiración más profunda, más antigua. La tierra bajo los pies de Silvan conservaba un leve calor, una memoria del instante en que la energía lo había atravesado sin herirlo… y sin rechazarlo.

Amara permanecía a su lado.

No hablaban.

No porque no hubiera nada que decir, sino porque cualquier palabra parecía pequeña frente a lo que acababa de ocurrir. El bosque no los expulsaba. No los amenazaba. Los observaba.

—Van a reaccionar —dijo ella finalmente, con voz baja.

Silvan asintió. No necesitaba preguntar a quiénes se refería.

Los Consejos no ignoraban una resonancia así.

En el corazón del Árbol Primigenio, el Consejo Élfico ya se encontraba reunido. La noticia había llegado antes que cualquier mensajero; las raíces del bosque eran más rápidas que la tinta o el acero. Sobre la mesa circular de madera viva, una proyección luminosa oscilaba con intensidad irregular, marcando el punto exacto donde la energía había convergido.

Faelrion observaba en silencio. Su expresión no era de alarma, sino de inquietud reflexiva.

—No fue un intento de ruptura —murmuró alguien.

—Fue una respuesta —corrigió otra voz.

Lethiriel, erguida con la rigidez de quien desconfía incluso de la duda, habló con claridad cortante.

—El epicentro no fue la grieta. Fue Silvan.

El nombre cayó con peso. Algunos evitaron pronunciarlo en voz alta, como si hacerlo lo volviera más real.

—Y no estaba solo —añadió Arhiel.

El silencio posterior fue más elocuente que cualquier acusación.

Faelrion apoyó ambas manos sobre la mesa viva.

—El Velo no reaccionó con rechazo.

—¿Insinúa que debería haberlo hecho? —preguntó Lethiriel.

—Insinúo que reaccionó con afinidad.

La palabra fracturó la calma. Afinidad implicaba compatibilidad. Compatibilidad implicaba posibilidad. Y posibilidad era el enemigo más antiguo del prejuicio.

Un guardia ingresó con paso contenido.

—El Cónclave Carmesí ha solicitado audiencia conjunta.

Las miradas se cruzaron.

No era habitual. No era diplomático. Era estratégico.

Lethiriel frunció el ceño.

—No confiarán en nosotros.

—Ni nosotros en ellos —respondió Faelrion con serenidad—. Pero si el Velo está despertando, el orgullo no nos protegerá.

La discusión no concluyó en unanimidad. Nunca lo hacía. Pero la semilla de la alianza, impensable generaciones atrás, ya no parecía absurda. Parecía necesaria.

Bajo las bóvedas de piedra negra donde el fuego carmesí ardía sin consumir leña, el Cónclave Carmesí también deliberaba. La sangre suspendida en un recipiente ceremonial vibraba levemente, reflejando ondas concéntricas.

Lady Seraphyne observaba con atención analítica.

—No fue agresión.

Lord Vaereth apoyó los nudillos sobre la mesa.

—Fue alteración.

—Fue reconocimiento —corrigió Maestro Ilyrion sin abrir los ojos.

La diferencia no era semántica. Era filosófica.

—Amara estaba allí —continuó Seraphyne—. Y el elfo.

El término no fue escupido con desprecio, pero tampoco con aceptación.

—Si el Velo responde a su cercanía —dijo Vaereth—, entonces son una amenaza compartida.

Ilyrion abrió los ojos lentamente.

—O una clave compartida.

El silencio se volvió denso.

—El Consejo Élfico ha sido informado de nuestra solicitud de audiencia —añadió Seraphyne—. Si aceptan, discutiremos términos de vigilancia mutua.

—¿Vigilancia? —replicó Vaereth—. ¿No intervención?

—Intervenir sin comprender es acelerar lo que tememos.

La votación no fue unánime. Pero la decisión se tomó.

Mientras tanto, en una cámara privada apartada del debate público, Lord Tyrion estudiaba un mapa diferente. No mostraba territorios ni fronteras visibles. Mostraba influencias, lealtades, tensiones invisibles. Líneas plateadas conectaban nombres que otros consideraban independientes.

Un guardia entró en silencio.

—El Cónclave ha decidido solicitar audiencia conjunta.

Tyrion no levantó la vista de inmediato.

—¿Y Kaelion?

—No participó en la deliberación final.

Eso sí le arrancó una leve pausa.

—¿Excusa?

—Asuntos estratégicos no especificados.

Tyrion finalmente alzó la mirada.

—Claro.

El guardia aguardó instrucciones.

—Síguelo —ordenó Tyrion—. Pero no como espía. Como sombra.

Cuando el guardia se retiró, Tyrion caminó hasta el ventanal estrecho. El horizonte oscuro parecía inmóvil, pero él sabía que las piezas ya se movían.

Kaelion rara vez omitía presencia sin intención.

Y cuando lo hacía, era porque estaba jugando una partida distinta.

En una torre aislada, lejos de las salas formales, Lyra esperaba sin inquietud visible. Cuando Kaelion entró, no intercambiaron saludos ceremoniales.

—Lo sintieron —dijo ella.

—Todos —respondió él.

—No fue sutil.

—No necesitaba serlo.

Lyra lo observó con detenimiento.

—No me advertiste que la resonancia sería tan profunda.

—Porque no estaba seguro de que el Velo aún recordara.

Ella entrecerró los ojos.

—Recordar qué.

Kaelion sostuvo su mirada.

—Que fue interrumpido.

El silencio entre ellos no era vacío. Era compartido. Conocían fragmentos de historia que los Consejos ignoraban o habían decidido enterrar.

—Si descubren lo que sabemos —murmuró Lyra—, no será solo vigilancia lo que propondrán.

—No lo descubrirán. Aún no.

Kaelion colocó un cristal oscuro sobre la mesa. La superficie vibró débilmente al contacto.

—Silvan y Amara no están rompiendo el Velo —dijo él—. Están repitiendo algo.

Lyra entendió antes de que él lo explicara.

—El ritual.

Kaelion no confirmó ni negó.

—Si el equilibrio busca completarse, alguien intentará impedirlo otra vez.

—¿Y nosotros? —preguntó ella con suavidad peligrosa.

Kaelion guardó silencio un instante demasiado largo.

—Nosotros decidiremos cuándo intervenir.

No dijo cómo.

No dijo a favor de quién.

Pero la conexión entre ellos no era solo política. Compartían información prohibida. Compartían la certeza de que la guerra antigua no había sido simple traición, sino miedo.

Y si llegaba el momento…

La lealtad sería una variable.

En las tierras prohibidas, Malacor se arrodilló frente a un círculo de piedra casi borrado por el tiempo. No había marcas de explosión ni signos de combate. Solo interrupción.

Apoyó la palma sobre el centro.

La visión fue breve. Dos figuras uniendo energía opuesta. Una multitud observando con terror. Un grito que no era de odio, sino de pánico. Y luego, la ruptura forzada.

Cuando abrió los ojos, el Velo vibraba igual que esa noche remota.

—No fue una guerra por conquista —murmuró.

Fue una guerra por miedo.

Malacor se puso de pie lentamente.

Si la historia estaba incompleta, entonces los bandos también lo estaban.

Y el verdadero peligro no era la unión que emergía ahora.

Era la repetición del error.

En el bosque, Silvan sintió el cambio antes de escucharlo.

No fue la vibración del Velo.

Fueron pasos.

Amara también los percibió.

No eran enviados oficiales. No llevaban estandartes. Pero su formación era disciplinada.

—Ya comenzaron —dijo ella en voz baja.

Silvan desenfundó su espada con calma.

—No vienen a dialogar.

Las figuras emergieron entre los árboles.

—Por orden de quienes preservan el equilibrio —dijo uno de ellos— deben acompañarnos.

Amara sostuvo su mirada sin retroceder.

—El equilibrio no se preserva encadenándolo.

El Velo vibró otra vez.

No con violencia.

Con advertencia.

Silvan miró a Amara. No había necesidad de discutir estrategia.

Habían sido convertidos en símbolo antes de decidir serlo.

—Si nos separan —murmuró ella apenas audible— todo esto se intensifica.

—Lo sé.

—Entonces no lo permitamos.

Las sombras avanzaron.

Muy lejos, Kaelion sintió la nueva pulsación y cerró los ojos con una leve exhalación contenida.

Y en otro punto del reino, Lord Tyrion también la sintió… y comprendió que la audiencia conjunta no llegaría a tiempo.

Porque el equilibrio ya estaba inclinándose.

Y cuando el mundo decidiera a quién culpar—

Alguien tendría que traicionar primero.

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Mónica viviana Motta
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