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MI EX ES MI SOBRINO

MI EX ES MI SOBRINO

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Romance / Venganza / Completas
Popularitas:18.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

Liam la cambió por dinero; ahora tendrá que inclinar la cabeza ante ella si quiere conservarlo. La venganza perfecta ha comenzado.

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capitulo 6

El trayecto de regreso desde la ópera fue un duelo de silencios eléctricos. Dentro del Maybach, el aroma del perfume de Alexander se mezclaba con el olor a cuero premium y el rastro de adrenalina que todavía corría por mis venas. Él no había soltado mi mano ni un segundo. Sus dedos acariciaban mis nudillos con una cadencia hipnótica, una caricia que bajo cualquier otra circunstancia parecería protectora, pero que entre nosotros se sentía como el marcaje de un territorio.

Al llegar a la mansión, el servicio ya se había retirado, dejando solo las luces tenues de los pasillos iluminando el mármol. Subimos las escaleras en silencio. Al llegar al rellano que separaba nuestras suites, Alexander se detuvo. No me soltó.

—Mañana Liam intentará disculparse —dijo, su voz resonando en el vacío del pasillo—. Usará la nostalgia. Te recordará el hambre que pasaron, los sueños que compartieron. Es su única arma ahora que le he quitado el talonario.

Me acerqué a él, acortando la distancia hasta que las puntas de mis tacones rozaron sus zapatos de charol. La seda de mi vestido se sentía como una llama líquida contra mis muslos.

—La nostalgia es para los que no tienen futuro, Alexander —respondí, mirándolo directamente a los ojos—. Liam ya no es mi pasado. Es solo un estorbo en mi presente.

Alexander soltó una risa seca, una que no llegó a sus ojos pero que encendió algo en mi pecho. Su mano libre subió por mi brazo desnudo, deteniéndose en mi hombro, justo donde las tiras de diamantes se hundían levemente en mi piel. Su pulgar trazó la línea de mi clavícula con una lentitud tortuosa.

—Demuéstralo —susurró.

No hubo necesidad de más palabras. Alexander abrió la puerta de su suite y me atrajo hacia adentro. El cierre de la puerta sonó como el sello definitivo de mi nueva vida.

En la penumbra de su habitación, iluminada solo por las brasas de la chimenea, la tensión que habíamos cultivado durante días estalló. Alexander me tomó por la cintura y me pegó a la pared, su cuerpo sólido y caliente borrando cualquier rastro de la frialdad que proyectábamos en público. Sus labios encontraron mi cuello, dejando un rastro de fuego que me hizo arquear la espalda.

—No eres la chica del orfanato, Luna —gruñó contra mi piel, su respiración agitada—. Eres mi esposa. Y voy a hacer que olvides el nombre de Liam antes de que amanezca.

Sus manos bajaron por la curva de mi espalda, encontrando el cierre invisible del vestido. El tejido cayó al suelo con un susurro, dejándome expuesta ante su mirada abrasadora. No había timidez en mí; solo una sed de posesión que rivalizaba con la suya. En ese momento, entregarme a Alexander no era una derrota, era la consolidación de mi poder. Cada caricia suya era una validación de que yo pertenecía a la cima, y que el hombre que manejaba los hilos de la ciudad estaba, en ese instante, bajo mi hechizo.

El deseo fue una tormenta de seda y piel. Alexander era un amante como era un negociador: dominante, minucioso y absolutamente devastador. En el calor de sus sábanas de hilo, perdí la noción del tiempo y del plan de venganza. Solo existía el ritmo de su cuerpo contra el mío y la certeza de que, después de esto, no habría vuelta atrás. Ya no era una alianza de papel; era una unión de sangre y fuego.

A la mañana siguiente, desperté antes que el sol. Alexander seguía durmiendo a mi lado, su rostro relajado perdiendo esa dureza habitual que intimidaba a medio mundo. Me puse su camisa blanca de seda, que me quedaba enorme, y caminé hacia el ventanal que daba a los jardines traseros.

Desde allí, vi una sombra moviéndose cerca de la fuente. Era Liam.

Llevaba la misma ropa de la noche anterior, desaliñado, sentado en el borde de piedra con la cabeza entre las manos. Parecía un mendigo en su propio palacio. Una oleada de satisfacción, fría y pura, me recorrió. Él creía que el dinero lo era todo, pero ahora se daba cuenta de que el dinero sin posición no era más que papel mojado.

Me puse una bata de seda encima de la camisa y bajé al jardín. Quería que me viera. Quería que el primer rayo de sol le mostrara exactamente lo que había perdido.

Cuando mis pasos crujieron en la grava, Liam levantó la vista. Su rostro estaba pálido, con ojeras profundas. Al verme aparecer desde el ala de la suite de Alexander, vestida con la ropa de su tío, su expresión pasó de la sorpresa al dolor más absoluto.

—Luna... —susurró, poniéndose de pie con dificultad—. Te quedaste con él. Realmente lo hiciste.

Caminé hacia él con una parsimonia estudiada, deteniéndome a un par de metros. El frío de la mañana no me afectaba; el calor de la noche anterior todavía me protegía.

—Soy la señora de la casa, Liam —dije, mi voz clara y gélida—. ¿Dónde más esperabas que estuviera?

—Tú no eres así —dijo él, acercándose con desesperación—. Esa camisa... ese olor... Alexander te está corrompiendo. Él solo te quiere para humillarme, para recordarme que él siempre gana. ¡Luna, por favor! Vámonos de aquí. Tengo algo de dinero ahorrado en una cuenta que él no conoce. Podemos empezar de nuevo, como en el orfanato.

Me eché a reír. Fue una risa genuina, llena de desprecio.

—¿El orfanato? ¿Ese lugar donde contábamos los centavos para comer y soñábamos con un futuro que tú tiraste a la basura en cuanto viste un cheque de siete cifras? —me acerqué a él, invadiendo su espacio—. Me pides que renuncie a un imperio para volver a la miseria contigo, el hombre que me vendió por una alianza portuaria que ni siquiera sabe manejar.

—¡Me equivoqué! —gritó, intentando tomarme de los hombros, pero retrocedí con un gesto de asco—. Estaba asustado, Luna. El mundo de mi tío es aterrador. Pensé que Elena me daría la seguridad que necesitaba para protegerte después.

—No me protejas, Liam. Ya no lo necesito —me crucé de brazos, dejando que la bata se abriera un poco para mostrar la seda de la camisa de Alexander—. Ahora soy yo quien te protege a ti. O mejor dicho, quien decide si el consejo familiar te permite seguir viviendo en esta mansión.

Liam se derrumbó de nuevo en el borde de la fuente.

—Elena dice que mi tío te echará en cuanto se canse de ti. Dice que solo eres un juguete.

—Elena debería preocuparse más por su propio compromiso —respondí—. He visto los informes, Liam. Tu futura suegra está buscando activamente otros candidatos para su hija porque sabe que Alexander te tiene con la correa corta. Y la correa, querido sobrino, la sostengo yo.

Saqué un pequeño sobre de mi bolsillo. No era rojo esta vez; era blanco, con el sello oficial de la administración de los Blackwood. Se lo extendí.

—¿Qué es esto? —preguntó con miedo.

—Tu nueva asignación —dije—. Se acabaron las fiestas en el club náutico y los regalos extravagantes para Elena. A partir de hoy, tienes un presupuesto estricto. Cada gasto debe ser justificado ante mí, personalmente, cada lunes a las ocho de la mañana.

—¿Me vas a hacer pedirte permiso para comprarme unos calcetines? —preguntó, con la voz rota por la humillación.

—Exactamente. Y si te portas bien... —hice una pausa, disfrutando de su agonía—, tal vez te permita asistir a la cena de gala del próximo mes. Pero tendrás que caminar tres pasos detrás de Alexander y de mí. Es el protocolo para los sobrinos políticos, después de todo.

Liam miró el sobre como si fuera veneno.

—Me odias tanto... —murmuró.

—No, Liam. Odiarte requeriría que todavía sintiera algo por ti —le di la espalda y empecé a caminar hacia la casa—. Lo que siento por ti es lo mismo que siento por el mobiliario de esta casa: es útil mientras cumpla su función, y se reemplaza cuando estorba.

Mientras subía los escalones hacia la terraza, escuché el sonido del sobre siendo rasgado. Sabía que aceptaría. Liam era demasiado adicto al lujo como para volver a la pobreza, incluso si el precio era su dignidad.

Al entrar de nuevo en la suite, Alexander estaba de pie, ya vestido con su traje gris oscuro, observándome desde el ventanal. No me preguntó qué había pasado; lo sabía todo.

—Has empezado a apretar la soga —dijo, rodeándome con sus brazos por detrás y besando mi hombro—. Me gusta. Pero ten cuidado, Luna. La desesperación puede hacer que incluso un perro faldero intente morder.

—Que muerda —respondí, apoyando mi cabeza en su pecho—. Para eso están los bozales.

Alexander sonrió y me apretó contra él. . El pasado de Luna y Liam estaba oficialmente muerto, enterrado bajo los diamantes y la seda. Ahora, la matriarca de los Blackwood había despertado, y el mundo, empezando por su sobrino, aprendería a temblar bajo sus pies.

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Stella Maris Cutuli
Me resulta demasiada venganza y crueldad 😱
Gloria
Tampoco lo encuentro muy necesario, lo que pasa es que ella está dolida por que cuando el no era nadie, ella estuvo hay pasando las verdes y las maduras con el y ahora que el tiene dinero simplemente la desecha como trapo viejo, jajaja 🤣 nosotros no podemos obligar a una persona a quedarse a nuestro lado independientemente si hizo una promesa o no , hoy en día esas promesas son las que más fácil se rompen
🇲🇽Háyme Castelo🇲🇽🇲🇽🇲🇽
EXCELENTE.
Stella Maris Cutuli
Cada capítulo más interesante y cuánto tardarán Luna y Alexander en prenderse fuego ❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥
Stella Maris Cutuli
muy buen comienzo👍👍
Mirla Loyo
me parece ésta venganza bastante absurda 🤷
Mirla Loyo
qué tíos tan fogosos ❤️‍🔥❤️‍🔥 🥵🫠🤣🤣🤣
Mirla Loyo
me parece absurdo ésta venganza...y como está éso de porqué yo?🤷...si ella fué quién lo buscó y le hizo la propuesta?🤦‍♀️
Crismely Vasquez
se enamoró del tío 🤣🤣🤣🤣🤣
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