Una actriz de Hollywood convertida en estrella de villanas, Lobelia Sánchez, muere de cáncer terminal pero renace en el cuerpo de su homónima de la novela Trono de la Perdición – una joven ilegítima y débil destinada a un final cruel. Con su inteligencia, astucia y conocimientos del arte de la seducción y manipulación, la nueva Lobelia decide cambiar su destino: destruir a quienes la condenaron en la historia original, especialmente su hermana Rosa y el príncipe Taylor, mientras se alza hacia el poder supremo.
Mediante la creación de un imperio en las sombras – con una tienda de fachada, un gremio de información y un burdel – va eliminando obstáculos, sembrando desconfianza y seduciendo al emperador Teodore Drakon para alcanzar su objetivo final: convertirse en emperatriz viuda. Una historia de intriga palaciega, poder y venganza, donde la protagonista abraza su naturaleza de villana para conquistar el trono sin piedad.
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6EL BAILE DE LA SEDUCCIÓN
Llegué al banquete junto a Taylor y Rosa – ellos marchaban adelante, de espaldas rectas y cabezas altas, mientras yo caminaba unos pasos detrás, como corresponde a una concubina. Mi vestido de seda azul real se ajustaba a cada curva de mi cuerpo, con cortes sutiles que dejaban ver mi piel dorada bajo la luz de las antorchas. Las joyas que llevaba colgaban de mis orejas y cuello, brillando con cada movimiento – aunque sabía que, para la corte, yo seguía estando por debajo de las esposas legales.
Lobelia:
El emperador Teodoro estaba en el trono central, junto a la emperatriz Isadora. Su cabello rojizo rizado caía sobre su túnica de terciopelo negro, y sus ojos azules parecían quemar el aire a su paso. Era más hermoso aún que cuando lo vi en la posada – un verdadero dios hecho hombre, y yo sabía que sería mi clave para el poder.
"En el mundo de los poderosos, la belleza es un arma que mata más rápido que cualquier daga. Y yo soy la mejor artesana en el arte de usarla."
Me arrodillé brevemente para saludarles. "Su majestad el emperador, su majestad la emperatriz. Que la prosperidad del imperio acompañe a sus días."
Al levantarme, los murmullos de la nobleza se hicieron escuchar: "¡Qué hermosa es esa concubina!" – "Es más hermosa que la esposa legal del príncipe..." Rosa mantenía una sonrisa forzada en el rostro, pero sus ojos verdes brillaban con furia. El emperador me observaba fijamente, y vi cómo su ceja se fruncía ligeramente.
"Esta mujer se parece a la de esa noche..." – pensaba él, según pude leer en su expresión – "No puede ser ella. Imposible que la misteriosa salvadora sea la concubina de mi sobrino."
Minutos antes, Rosa había acudido a la emperatriz con un plan para hacerme quedar mal – le contó que Taylor empezaba a sentir algo por mí, sembrando la semilla de la desconfianza en la mente de la mujer más poderosa del imperio. Cuando todos estaban sentados, Rosa se levantó con una sonrisa falsa.
"Su majestad," dijo, dirigiéndose al emperador – "Mi hermana Lobelia es una excelente bailarina. Me gustaría pedirle que prepare un baile en su honor. Seguro que alegrará esta velada."
Sabía perfectamente que la Lobelia original no sabía bailar – era un golpe bajo, diseñado para hacer que me avergonzara delante de toda la corte. Pero en mi mente sonreí fríamente.
"Rosa, gracias por facilitarme las cosas... ¡eres una idiota! Yo soy experta en usar bailes seductores – aprendí del mejor maestro de la corte en mi vida anterior. Este será el espectáculo que todos recordarán." pensé en voz baja.
Me levanté con gracia y sonreí a los soberanos. "Su majestad, emperatriz... permítanme ir a prepararme. Quiero ofrecerles un baile digno de su grandeza."
Me retiré a una habitación adyacente y me cambié rápidamente – me puse una túnica de seda roja translúcida, con bordados de oro que delineaban mis curvas, y dejé mi cabello negro lacio caer libremente sobre mi espalda, descubriendo el lunar rosado en forma de estrella.
Cuando regresé al salón, las luces se atenuaron. Con movimientos fluidos y sensuales, empecé a bailar al compás de la música de arpas y tambores. Me movía como una serpiente, como una diosa del deseo – cada giro, cada flexión, cada mirada estaba calculada para atrapar la atención de todos. Los hombres de la corte quedaron fascinados, incluso Taylor, cuyo rostro mostraba deseo y sorpresa. El emperador intentaba disimular, pero sus ojos no se apartaban de mí ni por un instante.
Cuando hice un giro que dejó mi espalda al descubierto, el emperador vio mi lunar. Se puso pálido, y sus manos se cerraron en puños.
"¡Es ella!" – pensó, con los dientes apretados – "Esa mujer de la posada es la concubina de mi sobrino... ¡mierda!"
Terminé el baile con una pose que dejaba a todos sin aliento, y miré directamente al emperador, mordiendo suavemente mi labio inferior con una mirada que mezclaba deseo y desafío. Él se quedó impactado, sin poder apartar la vista de mí.
Rosa y la emperatriz se levantaron para felicitarme, aunque sus sonrisas no llegaban a los ojos. "Una actuación maravillosa, hermana," dijo Rosa entre dientes. Yo le sonreí y me retiré a cambiarme de nuevo.
Al regresar, vi que el emperador no me quitaba los ojos de encima. Me acerqué a Taylor y le puse una mano en el hombro, con una expresión tierna.
"Cariño," murmuré, ajustándole el cuello de su traje de terciopelo rojo – "Como tu concubina, es mi deber servirte en todo momento."
En ese instante, el emperador dejó caer su copa de vino sobre la mesa, manchando la tela blanca. Lo disimuló rápidamente, pero su rostro mostraba una rabia contenida.
"Teodoro," pensé, con una sonrisa oculta – "Los hombres como tú son posesivos hasta la médula. Odian que otra persona toque lo que creen suyo. Ya estás celoso... ya eres mío."
El emperador se puso de pie con una expresión seria. "Lobelia Seceet," dijo en voz alta, captando toda la atención – "Has roto la etiqueta básica de la corte. La esposa legítima es quien debe atender al príncipe en un banquete de esta magnitud. Ve a la sala ancestral para recibir tu castigo."
Fingí estar asustada y me fui sigilosamente. El emperador fingió tener un asunto urgente y dejó a la emperatriz a cargo del banquete, siguiéndome poco después.
Cuando entré en la sala ancestral, él me agarró del cuello con fuerza, presionando justo lo suficiente para hacerme sentir su poder. Sus ojos azules brillaban con furia y deseo.
"¿Qué quieres jugar, mujer?" – gruñó, acercando su rostro al mío – "¿Estás buscando tu muerte? ¿Sabes lo que significa traicionar a la familia imperial?"
Mis ojos se llenaron de lágrimas falsas que rodaron por mis mejillas. Me dejé caer a sus pies, agarrándome de su túnica.
"Su alteza... perdóneme," susurré con voz quebrada – "Pero todo lo hice por usted. Escuché a mi esposo Taylor planear un ataque en su contra, y no pude permitir que usted muriera. Yo lo admiro desde hace años – sé un poco de veneno y de artes de defensa, así que fui a la posada para salvarlo. Haga conmigo lo que quiera... estoy dispuesta a aceptar mi castigo."
El emperador se calmó ligeramente y me cargó en sus brazos, llevándome hasta un gran sillón de madera tallada. "Tu castigo será el que te imponga yo," dijo, con una voz más baja, cargada de pasión.
Lo siguiente fue una tormenta de sensaciones que nunca había experimentado. Su cuerpo grande y fuerte se estrechó contra el mío, sus labios recorrieron cada centímetro de mi piel, haciendo que mi cuerpo se estremeciera de placer. Duramos una hora, perdidos en una pasión que parecía consumirnos a ambos. Al finalizar, él tocó suavemente mi cuello con sus manos grandes, mirándome con una mezcla de deseo y posesión.
"Eres mía," susurró – "Me diste tu primera vez. Si te atreves a acostarte con mi sobrino de nuevo, te mato."
Yo levanté la mano y toqué su rostro con ternura fingida. "Entonces... rompa mi matrimonio con su sobrino."
El emperador rio bajamente, sacudiendo la cabeza. "No soy yo quien sigue órdenes de una mujer. Tú serás mis ojos en ese palacio – si lo que dices sobre Taylor es cierto, quiero que me vigiles y me informes de todo. Ese será tu papel."
Me levanté y me dirigí a la puerta. Al cerrarla, mi expresión cambió completamente – la tristeza dio paso a una sonrisa fría y calculadora.
"Ya sembré la duda en su mente," murmuré, mirando mi reflejo en el cristal oscuro de la ventana – "Taylor, tonto de mierda, obviamente no tienes nada que ver con ningún ataque... pero yo haré que el emperador dude de ti hasta eliminarte. Todos estos idiotas son solo peones en mi gran juego. El poder es como un veneno – una vez que lo pruebas, no puedes dejarlo. Y yo soy adicta al sabor de la victoria."
"En este mundo, solo hay dos tipos de personas: las que mueren por los demás, y las que hacen que los demás mueran por ellas. Yo elegí ser la segunda – y nadie me detendrá hasta que esté sentada en el trono, con la sangre de mis enemigos bajo mis pies."