Ningún sacrificio es suficiente cuando la subsistencia de muchos está en juego.
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El ruido en el sistema
El regreso de Adrian al campus de la universidad fue un ejercicio de precisión mecánica. Caminaba con la espalda recta y la mirada fija, moviéndose entre los estudiantes como un depredador mimetizado. El Reinicio Sigma había sido selectivo: recordaba perfectamente el mapa del Enclave, recordaba los nombres de Elyan y Lyra, y recordaba que Aeryn era su objetivo. Pero el calor, la admiración y la culpa que antes sentía hacia las personas que había conocido en el enclave habían sido succionados, dejando en su lugar un vacío aséptico.
Sin embargo, había un "ruido". Una interferencia estática que su cerebro no lograba procesar cada vez que divisaba a Aeryn a lo lejos.
La vio junto a la fuente, rodeada de sus libros, con esa expresión de tristeza que debería haberle provocado una punzada en el pecho. Pero no sintió nada. Solo una curiosidad clínica. Sus órdenes eran claras: reconstruir el puente. Helix necesitaba que la anomalía biológica confiara en él nuevamente para obtener la información necesaria y así poder entrar al lugar donde podrían llevar a cabo La Purga. Y para asegurar su lealtad, debía mantener la fachada con Mara; una presión constante para que Adrian no volviera a "desviarse".
Adrian se acercó a la mesa. Kaelen, que estaba apoyado contra un árbol cercano, se tensó al instante. El lobo se interpuso en su camino antes de que Adrian pudiera pronunciar una palabra. El olor de Kaelen era una mezcla de tierra mojada y furia contenida.
—Ni un paso más, Valerius —gruñó Kaelen. Su voz era un trueno bajo que hizo vibrar el aire—. Si crees que después de lo que vimos el otro día puedes volver aquí como si nada, es que tu especie es más estúpida de lo que pensaba.
—Vengo a hablar con Aeryn, Kaelen —respondió Adrian. Su voz era plana, desprovista de la calidez que solía tener—. Mi vida personal no tiene relación con mi interés académico por ella.
Aeryn levantó la vista. Sus ojos dorados estaban empañados, buscando en el rostro de Adrian algún rastro del hombre que la había mirado con asombro en las Crónicas de Sangre. Pero solo encontró una máscara de mármol.
—¿Tu vida personal? —preguntó Aeryn con voz temblorosa, poniéndose en pie—. Mara dijo que eres su novio, Adrian. Me miró como si yo fuera un estorbo. Y tú te quedaste callado. ¿Qué parte de eso es "académico"?
Adrian sintió un parpadeo en su lóbulo frontal. Un destello de una imagen: Aeryn riendo bajo la lluvia. Pero la imagen no evocaba ninguna emoción; era como mirar una fotografía vieja de un extraño. El conflicto interno no era sentimental, era lógico. Su cerebro le decía que debía sentir algo, pero el área receptora estaba muerta. Ese desajuste le provocaba un dolor de cabeza punzante.
—Mara es... mi novia, sí —dijo Adrian, siguiendo el guion que Daniel le había grabado a fuego—. Pero eso no cambia mi posición respecto a ti. Necesito que hablemos sobre la clausura del solsticio. Hay detalles que no logré procesar.
Kaelen soltó una carcajada amarga y empujó a Adrian por el hombro.
—¿Detalles? ¡Ella te abrió su corazón y tú vienes a pedir "detalles"! Vete con tu novia, humano. Vete antes de que te demuestre por qué nos llaman bestias.
Kaelen invadió el espacio de Adrian, sus ojos brillando con un ámbar peligroso. Aeryn retrocedió, cerrando sus libros con un golpe seco. La decepción en su rostro era absoluta.
—No quiero tus explicaciones, Adrian —dijo ella, y por primera vez, su voz tuvo la frialdad de los Ancestrales—. Kaelen tiene razón. Eres un vacío. No sé qué vi en ti en el Enclave, pero claramente fue un truco de la luz. No vuelvas a acercarte a mi.
Ella se alejó rápidamente, con los hombros caídos. Kaelen se quedó un segundo más, clavando su mirada en la de Adrian.
—Hueles a metal y a muerte, Valerius. Lo que sea que fueras en el bosque, ya no está. No vuelvas.
Cuando se quedó solo, Adrian se llevó una mano a la sien. El dolor aumentaba. En su mente, una pregunta se repetía como un error de sistema: ¿Por qué el objetivo ha reaccionado con hostilidad? ¿Por qué la ausencia de afecto provoca una reducción en la eficiencia de la infiltración?
No comprendía por qué sentía ese "ruido" en su pecho, un eco de una angustia que ya no podía nombrar. Sus órdenes decían que debía ser amado para ser útil, pero ahora solo encontraba desprecio.
De repente, su teléfono vibró. Era un mensaje de Mara: "Te estamos observando. Buen intento, pero necesitas ser más convincente. Mañana almorzaremos en la cafetería frente a ella. Debes demostrar que ella no te importa, pero que tu lealtad a nosotros es absoluta. No falles".
Adrian guardó el teléfono. Miró hacia el camino por el que Aeryn se había ido. En el rincón más oscuro de su cerebro, allí donde los médicos de Helix no pudieron llegar, un pequeño fragmento de memoria sobrevivía: la sensación de la piedra de Miri calentándole la mano.
No sentía amor. No sentía pena. Pero sentía que algo andaba mal en la estructura de su realidad. Adrian Valerius era de nuevo el soldado perfecto, pero la máquina estaba empezando a registrar una interferencia que no podía borrar: el fantasma de una empatía que se negaba a desaparecer del todo, convirtiendo su misión en un laberinto de espejos rotos.