TEMPORADA 2 DE LA NOVELA "LA VIDA CON HOMBRES BESTIAS ES MUY CANDENTE".
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CAPÍTULO 1
-- EN ALGUNA PARTE DEL MUNDO --
La caverna parecía un santuario oculto en las entrañas de la tierra. Del techo colgaban largas estalactitas de cristal que brillaban con una tenue luz violeta, iluminando las paredes rocosas con tonos de amatista y lavanda. En el interior se extendía un gran lago de aguas claras como un espejo, rodeado por flores cristalinas semejantes a lotos rosados que emitían un resplandor suave y mágico.
El aire mismo se sentía distinto, denso y rico en energía espiritual, como si aquel lugar hubiera sido bendecido por fuerzas antiguas. Cada gota de agua y cada cristal parecía vibrar con un poder silencioso.
En el centro del lago, como si la naturaleza lo hubiera protegido del agua, había un pequeño fragmento de tierra firme, una isla de piedra rodeada completamente por las aguas luminosas.
El lugar era silencioso, casi sagrado.
Pero de pronto, la superficie tranquila del lago se agitó.
Ondas salvajes comenzaron a formarse, rompiendo la calma del agua como si algo luchara por salir desde las profundidades. Los reflejos violetas se distorsionaron mientras el agua golpeaba suavemente la pequeña isla del centro.
Entonces ocurrió.
Una mano delicada, blanca como la nieve, emergió lentamente del lago. Sus dedos se aferraron al borde de la tierra firme en medio del agua, apretándose contra la piedra húmeda mientras temblaban ligeramente, como si la dueña de esa mano estuviera reuniendo las últimas fuerzas para salir de las profundidades oscuras del lago.
Un momento después, la figura terminó de salir del agua.
Del lago emergió todo el cuerpo de una mujer. Era extraordinariamente hermosa: su cabello azul celeste, empapado, se adhería a su piel como hilos de seda mojada, mientras sus ojos dorados brillaban débilmente bajo la luz violeta de los cristales de la cueva. Su vientre abultado dejaba claro su avanzado embarazo.
Con evidente esfuerzo, logró arrastrarse hasta la pequeña franja de tierra firme en el centro del lago. Apenas se sostuvo unos segundos antes de dejarse caer de lado sobre la piedra húmeda.
Un acceso de tos sacudió su cuerpo.
— Cof… cof…
El agua escapó de sus labios mientras luchaba por recuperar el aliento. Su pecho subía y bajaba con dificultad tras haber sido arrastrada por la corriente salvaje.
Instintivamente, una de sus manos se deslizó hasta su vientre embarazado, acariciándolo con suavidad, casi con desesperación, como asegurándose de que su bebé seguía ahí.
— Mamá está aquí… Susurró con voz débil.
El eco de su voz se perdió en la vasta caverna llena de cristales, mientras las aguas del lago volvían lentamente a calmarse, como si aquel lugar antiguo hubiera decidido protegerla en silencio.
— MOMENTOS ANTES —
Después de fingir mi muerte con ayuda del Demonio Sombra Lif, fui arrastrada por una corriente subterránea salvaje. El agua golpeaba con violencia contra las rocas, rugiendo como una bestia desatada que intentaba arrastrarlo todo a las profundidades.
Apreté los dientes y utilicé mi cultivación para proteger mi cuerpo… y sobre todo a mi bebé. Una fina capa de energía espiritual envolvió mi vientre, amortiguando cada golpe de la corriente contra las piedras.
No perdí la conciencia ni un solo momento.
Mientras la corriente me llevaba por túneles oscuros bajo la tierra, vi un destello de luz a lo lejos. Era débil, apenas un brillo entre la negrura del río subterráneo.
Pero algo dentro de mí… un instinto profundo, casi imposible de explicar, me dijo que debía seguirlo.
Así que guié mi cuerpo con la energía espiritual, dejándome llevar hacia ese resplandor. La luz se volvió cada vez más intensa a medida que avanzaba por el torrente oculto.
Y entonces, de repente, el pasaje se abrió.
La corriente me expulsó finalmente hacia esta caverna, un lugar silencioso y oculto del mundo exterior… donde el aire mismo estaba cargado con una energía espiritual densa y pura.
— TIEMPO ACTUAL —
Regresando al tiempo actual.
De repente, un rugido de tripas resonó en toda la caverna silenciosa.
Era mi estómago.
—Tengo mucha hambre… Me quejé, frotando suavemente mi vientre mientras sentía cómo protestaba.
—Veamos qué puedo comer~
Cerré los ojos, y al mismo tiempo mi anillo brilló tenuemente.
Mi conciencia fue absorbida hacia el espacio interior del anillo.
Mi anillo no solo era una joya mágica. En su interior existía un espacio inmenso, que además crecía conforme aumentaba mi nivel de cultivo. Podía almacenar prácticamente cualquier cosa, y todo lo que entraba permanecía exactamente en el mismo estado en que fue guardado.
La comida, por ejemplo, podía mantenerse fresca y comestible incluso después de mil años.
También podía guardar seres vivos o muertos… aunque yo misma no podía entrar físicamente. Solo mi conciencia podía recorrer ese lugar.
Comencé a caminar entre los pasillos de almacenamiento.
Frente a mí se extendían filas interminables de alimentos provenientes de distintos reinos del mundo murim: dulces, panes, carnes curadas, frutas espirituales, bocadillos exóticos… comidas de los viajes que había hecho junto a mi padre o con mis compañeros de seta.
Entre ellos también había platillos cuya procedencia ni siquiera reconocía.
Pero en ese momento tenía tanta hambre que no le di demasiada importancia.
Simplemente asumí que todo lo que había allí era resultado de mi conocida glotonería.
Elegí con cuidado los platillos más nutritivos para mi bebé, además de algunos bocadillos que se me habían antojado al verlos.
Una vez que termine de seleccionarlos, los envolví con mi energía espiritual y salí del espacio de mi anillo, haciendo que los platillos flotaran suavemente a mi alrededor.
Entonces, olvidándome por completo de formalidades o etiquetas, empezé a comer con entusiasmo, como si el mundo pudiera acabarse al momento siguiente.
—Quién diría… que ser glotona terminaría ayudándome en un momento como este. Dije aún masticando.
Comí y comí hasta quedar completamente satisfecha. El silencio de la caverna volvió a envolverlo todo, interrumpido solo por el suave eco del agua del lago.
Entonces recordé algo que había olvidado.
El colgante.
Aquella noche, antes de que Rowan Ashford sellara mi núcleo espiritual, mi conciencia había entrado en el espacio del anillo. Había buscado mi espada, intentando invocarla...