Takumi, un joven de 16 años alegre, honesto y fanático de la justicia, muere en un accidente menor, pero cuando abre los ojos… se encuentra dentro de su videojuego otome favorito. Para su sorpresa, no es la heroína, sino el omega villano, condenado a un final trágico y odiado por todos los personajes. Pero lo que Takumi no esperaba era que su destino en el juego empezara a desviarse… gracias al protagonista secundario, un alfa amable y torpe que parece destinado a sufrir, pero que termina atrayéndolo de formas inesperadas y muy cómicas.
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Capítulo 16: Lo que se mueve en las sombras
El amanecer llegó sin hacer ruido.
Takumi despertó con la sensación persistente de que algo había cambiado durante la noche. No era miedo. Era una alerta sorda, como cuando el cuerpo sabe antes que la mente que algo se ha desplazado fuera de lugar.
Recordó el jardín.
La luz.
Las luciérnagas.
Y la mirada de Hikaru, contenida, firme… distinta.
Se incorporó despacio y apoyó los pies en el suelo frío.
No fue un sueño, pensó.
Golpearon la puerta con suavidad.
—Su Alteza —dijo una voz conocida—. ¿Puedo pasar?
Hikaru.
Takumi tardó apenas un segundo en responder.
—Sí.
Hikaru entró con la postura impecable de siempre, pero había algo nuevo en su expresión: una seriedad concentrada, más tensa de lo habitual.
—Anoche —comenzó—. Después de acompañarlo a sus aposentos, reforcé el perímetro del jardín.
Takumi alzó la vista.
—¿Encontraste algo?
—Huella de pasos —respondió—. No de guardias. Alguien estuvo observando.
El aire pareció espesarse.
—¿Desde cuándo? —preguntó Takumi.
—Desde antes de que usted saliera —dijo Hikaru—. Y no fue casualidad.
Takumi cerró los ojos un instante.
Así que el jardín no fue solo un refugio, pensó.
También fue un mensaje.
—Quieren recordarme que me ven —dijo en voz baja.
—O provocar un error —corrigió Hikaru—. Exponerlo. Asustarlo.
Takumi respiró hondo.
—No lo lograron.
Hikaru sostuvo su mirada.
—Por eso esto va a escalar.
Se reunieron en una sala pequeña, lejos de las áreas comunes. Solo dos personas más estaban presentes: el jefe de inteligencia del palacio y un escribano de absoluta confianza. No hubo ceremonias. No hubo títulos.
Solo información.
—Hemos detectado movimientos irregulares en la administración de recursos —explicó el jefe—. Los retrasos no son accidentales. Hay desvíos mínimos, calculados para pasar desapercibidos.
Takumi frunció el ceño.
—¿Quién?
—No uno solo —respondió—. Es una red. Funcionarios intermedios, dos casas nobles menores… y alguien más arriba.
El silencio cayó como una losa.
—Quieren que parezca incompetencia —murmuró Takumi—. Que el pueblo dude.
—O que usted reaccione con dureza —añadió Hikaru—. Eso encajaría con la imagen del villano.
Takumi apretó los puños.
—No les daré eso.
Se inclinó sobre la mesa.
—Haremos esto en silencio —decidió—. Sin acusaciones públicas. Sin castigos visibles. Primero pruebas. Luego… consecuencias.
El jefe de inteligencia asintió.
—Necesitaremos tiempo.
—Lo tendrán —respondió Takumi—. Yo me encargaré de que el pueblo no note nada.
Cuando la reunión terminó, quedaron solos.
Takumi apoyó la espalda contra la pared, dejando escapar el aire que había estado conteniendo.
—Anoche —dijo sin mirarlo—. No debí salir solo.
Hikaru negó con la cabeza.
—No. Hizo lo que necesitaba para mantenerse entero.
Takumi lo miró entonces.
—Y tú… —dudó—. No debiste ver eso.
Hikaru sostuvo su mirada sin apartarse.
—Necesitaba verlo.
El silencio entre ellos fue distinto al de otras veces. No tenso. No incómodo.
Decidido.
—A partir de hoy —continuó Hikaru—, duplicaré la seguridad. No de forma visible. No quiero que se sienta vigilado.
Takumi sonrió apenas.
—Gracias… por entender sin que lo pida.
Hikaru inclinó la cabeza.
—Es mi trabajo.
Pero ambos sabían que ya no era solo eso.
Ese mismo día, Takumi salió nuevamente a la ciudad.
Sonrió.
Escuchó.
Cantó brevemente en una plaza pequeña.
🎵
“Si la sombra crece en silencio,
no dejemos morir la luz.
Caminar despacio también es avanzar,
y quedarse… es resistir.”
🎵
El pueblo respondió como antes: con atención, con esperanza.
Desde un balcón lejano, alguien observaba con los labios apretados.
—No se está rompiendo… —murmuró—. Está creciendo.
Y eso era imperdonable.
Esa noche, mientras Takumi regresaba al palacio, Hikaru caminaba un paso detrás de él, atento a cada sombra.
No dejaré que te quiebren, pensó.
Aunque tenga que romper mi propia línea.
El complot seguía en marcha.
Pero ahora…
ya no avanzaba en la oscuridad
Sigue así 🥰🥰🥰🥰