Ella es la líder del clan más poderoso de todos los reinos lo que la pone en el ojo de la tormenta, Ella es una exorcista de élite Pero tiene enemigos más peligrosos que los demonios a los que debe vencer, el prejuicio hacia la mujer en un mundo de hombres
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Capitulo 20
El juicio había terminado.
Sakura era inocente. Oficialmente. Públicamente. Legalmente.
Pero cuando los ancianos escucharon el veredicto, uno de ellos no pudo callar.
— ¡Eso no es cierto! — gritó, levantándose de su asiento —. ¡Todos sabemos que empezaron su relación antes de que ella le diera la libertad!
El salón enmudeció.
El emperador lo miró fijamente.
— ¿Tienes pruebas? — preguntó, con una calma que helaba la sangre.
El anciano abrió la boca. La cerró.
No. No tenía pruebas.
Solo palabras. Solo acusaciones. Solo odio.
— Entonces siéntese — ordenó el emperador —. No me sirven acusaciones sin pruebas. Yo quiero pruebas contundentes. ¿Las tiene?
Silencio.
— No — respondió el anciano, derrotado.
— Entonces calla.
El emperador se levantó. Miró a todos los presentes.
— Esto es una persecución política. Nada de esto tiene sentido. Se está juzgando a una mujer por amar, mientras los verdaderos problemas del reino siguen sin solución.
— ¡La estás protegiendo! — saltó el hermano de Sakura, fuera de sí.
El emperador giró lentamente.
Sus ojos se clavaron en el hermano como dagas.
— ¿Te atreves — dijo, con una voz que retumbó en cada rincón del salón — a faltarle el respeto a tu emperador?
El hermano palideció.
Tragó saliva.
Calló.
— Doy por terminado este juicio — declaró el emperador —. Y declaro a Sakura Akino... INOCENTE.
LA PERSECUCIÓN
Apenas terminó el juicio, Sakura no esperó.
Salió corriendo entre la multitud, empujando, buscando, desesperada.
Lo encontró en los pasillos traseros.
— ¡Mitsuki!
Él se detuvo. Pero no se giró.
— Amor... — dijo ella, con los ojos llenos de lágrimas —. Amor, espera.
Se acercó. Le tocó el brazo.
Él no reaccionó.
— Perdón — dijo ella, sin saber bien por qué pedía perdón —. Perdón por no decirte que te di la libertad. No tuvimos tiempo de hablar. Últimamente todo ha sido tan complicado...
— Está bien — respondió él.
Pero su voz... su voz sonaba hueca. Vacía. Como si no fuera él.
Sakura sacó de su ropa un pergamino. El documento de libertad. Original. Firmado. Sellado.
— Toma — dijo, poniéndolo en sus manos —. Por si acaso. Por si lo necesitas. Por si... no sé.
Mitsuki lo miró. Lo sostuvo. No dijo nada.
— Gracias por estar de mi lado — susurró Sakura —. En el juicio. Gracias por hablar.
Él asintió.
Pero no la miró.
Y Sakura sintió que el mundo se partía en dos.
— ¿Por qué? — preguntó, con la voz quebrada —. ¿Por qué siento que estás tan lejos de mí?
— No lo sé.
— ¿Ya no me amas?
Mitsuki cerró los ojos.
— Sí — respondió —. Te amo.
— Entonces...
— Pero estar cerca de ti me duele.
El silencio cayó entre ellos como un muro.
— Solo necesito tiempo — dijo él, finalmente —. Tiempo a solas. Para pensar.
— Mitsuki...
— Respeta mi tiempo, por favor. Y mantén la distancia.
Esas palabras... esas palabras fueron cuchillos.
Sakura sintió que las piernas le fallaban.
— ¿Distancia? — repitió, incrédula.
— Sí.
Y él se fue.
Sin mirar atrás.
Sin abrazarla.
Sin consolarla.
Sin nada.
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EL ABRAZO
Sakura se quedó paralizada.
Las lágrimas comenzaron a caer. Primero lentas, luego incontenibles. Un sollozo escapó de su garganta.
— No... no, por favor... no...
Las rodillas le fallaron.
Pero antes de tocar el suelo, unos brazos la sostuvieron.
El emperador.
La abrazó con fuerza. La sostuvo contra su pecho. Dejó que llorara, que temblara, que se rompiera.
— Ya pasó — susurró —. Ya pasó.
— No — lloró ella —. No pasó. Se fue. Dijo que le duele estar cerca de mí.
— Lo sé. Lo vi.
— ¿Por qué? ¿Por qué duele amarme?
El emperador apretó la mandíbula.
Porque quería decirle que no era ella. Que el problema no era ella. Que Mitsuki estaba roto por dentro y eso no era culpa de nadie.
Pero no dijo nada.
Solo la sostuvo.
Solo estuvo ahí.
— Yo no me iré — murmuró, casi sin querer —. Yo nunca me iré.
Ella no respondió.
Pero se aferró a él como a un salvavidas.
Y lloró.
Lloró hasta quedarse vacía.
LO QUE NADIE VIO
Mitsuki caminaba sin rumbo.
Las palabras de Sakura resonaban en su cabeza.
"¿Ya no me amas?"
— Sí — susurró al viento —. Te amo. Pero no sé cómo estar cerca de ti sin sentirme menos.
Apretó el documento de libertad contra su pecho.
— Me diste todo. Y yo... yo no tengo nada que darte.
Siguió caminando.
Hacia la nada.
Hacia la distancia que había pedido.
Hacia la soledad que él mismo eligió.