Mi vida es un tanto miserable, estudie hasta el cansancio para salir de la pobreza, al final encontré otra jaula, y para rematar; un alcohólico al volante vino a toda velocidad y bueno, no sobrevivi.. o si?
Cuando volví a abrir los ojos, noté algo... ¡Mi cuerpo se había encogido y tengo 3 asesinos listos para matarme!, tks, esto no podría ser peor. Una vez supe en donde estaba las banderas de la muerte se alzaron nuevamente. Resulta que soy el hijo del villano y eso me hace a mí también un villano aunque en realidad soy un personaje con apenas un párrafo . En fin, en el futuro el protagonista acabara con mi padre, así que me volveré fuerte para evitar eso, pero... acaso, el protagonista, ¿me ama?
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Epi 17; Veremos si seguirá siendo amistosa
—¿Un contrato? —pregunté observando el pergamino con una mezcla de sospecha y fastidio.
La situación me resultaba ridículamente familiar. En mi vida anterior había leído suficientes historias de este género como para saber exactamente hacia dónde se dirigía esto: el clásico cliché del matrimonio por contrato donde los involucrados juran que es un mero trámite logístico, solo para terminar enamorándose locamente, rompiendo el documento y manteniendo el matrimonio de forma real. Solté un suspiro mental. La realidad se estaba esforzando demasiado por imitar a la mala literatura de romance.
—¡Welyn!
—¿Sí? —parpadeé regresando abruptamente a la realidad.
—Oye, ¿en qué estabas pensando? Es la segunda vez que te llamo —me reclamó Azel cruzando los brazos mientras me observaba con una ceja alzada.
"Rayos, divagar sobre las novelas contractuales me distrajo por completo", admití en mis adentros, recomponiendo mi postura de inmediato. No podía permitirme perder el hilo analítico frente al Príncipe.
—Solo... estaba evaluando los riesgos —mentí con total naturalidad aclarándome la garganta— Además, me pregunto si realmente es necesario un contrato físico. Digo, dado el nivel de entendimiento mutuo que mostramos en el comedor, basta con llegar a un acuerdo verbal. ¿No?
Consideraba que el papeleo era un cabo suelto innecesario. En la logística de las sombras, un documento firmado es una prueba que el enemigo puede usar si llega a caer en las manos equivocadas.
—Juju, pero si ni siquiera has escuchado de qué trata —se burló Azel y una sonrisa confiada y un tanto ladina apareció en su rostro.
Viendo la expresión con la que lo decía, una idea bastante clara de lo que estipularía ese pergamino empezó a formarse en mi mente. Este tipo no daba puntada sin hilo, y aunque afirmara que no nos casaríamos de verdad, estaba claro que pensaba exprimir esta situación al máximo.
—Está bien, soy todo oídos —respondí, asumiendo mi clásica postura fría, indicándole que tenía luz verde para proceder.
Azel tomó la hoja entre sus dedos. Humedeció sus labios carnosos con un movimiento lento que me pareció innecesariamente teatral, aclaró su voz y procedió a leer las cláusulas con una solemnidad que contrastaba con el brillo divertido de sus ojos.
—Cláusula número uno: esta unión tiene como único fin beneficiar a ambas partes de manera equitativa y, en particular, evitará que te ates al Templo y a las manipulaciones de Ethel. Seré tu escudo legal contra la Iglesia.
Asentí en silencio. Esa era la ventaja inmediata que más me interesa.
—Cláusula número dos —continuó, señalando el texto con el índice—: gracias a la naturaleza de este compromiso, nuestra posición y presencia política en la capital tendrá un peso definitivo. A partir de mañana, ni el Rey, ni el Arzobispo, ni mucho menos el Santo podrán provocarnos deliberadamente o armar emboscadas públicas sin desafiar el estatus de la línea sucesoria. Básicamente, nos volvemos intocables.
Azel bajó un poco el pergamino, clavando su mirada directamente en la mía. La formalidad pareció ablandarse por un instante, adquiriendo un matiz mucho más denso.
—Cláusula número tres: el compromiso será la excusa perfecta ante los ojos del mundo para justificar nuestra constante relación "amistosa". Aunque bueno... aún veremos si al final de todo esto, nuestra relación terminará siendo únicamente amistosa.
La insinuación flotó en el aire de la habitación con la sutileza de un yunque. Mi sistema lógico emitió una alerta instantánea, pero decidí ignorar el sutil cambio de ritmo en mi pulso.
—Es una excelente cortina de humo para justificar por qué el heredero de la Corona frecuenta tanto el territorio del norte —respondí, obligando a mi voz a mantener un pragmatismo absoluto, ignorando deliberadamente su doble sentido— Pero supongo que un contrato tan bien estructurado no se detiene ahí. ¿Qué más exige el Príncipe Heredero a cambio de su protección legal?
Azel sonrió, complacido de que no hubiera salido huyendo tras su comentario, y volvió a levantar el pergamino.
—Cláusula número cuatro: asistencia mutua en eventos de la alta sociedad. No podemos permitir que la corte sospeche que esto es una farsa. Eso significa, Welyn, que tendrás que acompañarme a los banquetes oficiales, bailar conmigo cuando el protocolo lo exija y, sobre todo, tolerar mis visitas a la residencia Varmión sin intentar congelar mis botas.
—Eso incrementa de forma alarmante mis interacciones sociales innecesarias —repliqué con una mueca de disgusto real—. Odio los banquetes de la capital. Son ineficientes y están llenos de parásitos nobles.
—Considera que es el costo de mantener a Ethel alejado de tu cuello —rebatió Azel con ligereza— Y finalmente la cláusula número cinco: confidencialidad absoluta y término del acuerdo. Este contrato se disolverá de manera automática el día en que la amenaza del Templo sea neutralizada o cuando las circunstancias políticas cambien y ambos consideremos que es seguro cancelar el compromiso sin represalias para tu familia.
Me quedé un momento en silencio procesando la información. Analizado desde una perspectiva puramente estratégica, el contrato es un buen recurso para mí. Me otorgaba inmunidad frente al decreto del Rey, frenara las intenciones posesivas y misteriosas de Ethel y me daba tiempo para terminar mis preparativos de cara a la trama que iniciaría en un año. Además, dejaba una cláusula de escape clara.
—Es un diseño logístico aceptable —concluí, dando un paso hacia el escritorio—. Sin embargo, exijo una adición. Cláusula número seis: autonomía militar y económica. Este compromiso no le da derecho a la Corona ni a ti a interferir en las decisiones comerciales o en el entrenamiento del ejército de la Casa Varmión. El norte sigue siendo exclusivamente mío.
Azel soltó una carcajada limpia, una que no tenía nada de falsedad.
—Vaya, no pierdes el tiempo para asegurar tus activos, ¿verdad? Me parece justo. Trato hecho.
El Príncipe mordió su pulgar derecho dejando que una gota de sangre impregnara el sello mágico al final del pergamino. Luego, me extendió la pluma estilográfica que descansaba sobre el escritorio. Tomé el objeto sintiendo la mirada fija de Azel sobre mí. Sabía que al firmar este papel estaba alterando de forma irreversible el destino de la novela original, pero a estas alturas, el guion ya estaba hecho jirones. Presioné la punta contra el pergamino y plasmé mi firma junto a la suya. Un tenue destello dorado y negro brilló en el papel antes de desvanecerse, sellando el pacto con magia vinculante.
—Perfecto —dijo Azel guardando el documento con una satisfacción evidente—. Ahora somos oficialmente prometidos ante la ley y la magia. Prepárate, Welyn. Mañana por la mañana este contrato será presentado ante el consejo real, y la cara de mi padre y de Ethel será un espectáculo que no querrás perderte.
—Solo espero que tu plan de contención soporte la tormenta que acabamos de desatar —respondí, dándole la espalda para caminar hacia la ventana—. El Santo no es alguien que acepte la derrota fácilmente. Hoy vi sus ojos al salir del comedor; ese tipo está operando con una agenda propia, y tu jugada acaba de destruir sus planes de control.
Miré hacia los jardines oscuros del palacio a través del cristal. Tengo que admitir que tener al protagonista de mi lado es una variable sumamente conveniente. Solo el tiempo diría si este compromiso por contrato terminaría siguiendo las reglas del cliché o si yo lograría tener el resultado final a mi favor.
...—🖇️—...
Esa misma noche en las profundidades del Templo de la Luz, la suntuosidad de la fe se transformaba en una penumbra asfixiante. En una habitación fuertemente custodiada y alejada de los pasillos principales, se desarrollaba una escena que resultaría inimaginable para cualquiera en el reino, incluido el mismísimo Welyn. El Arzobispo, la máxima autoridad eclesiástica ante los ojos del pueblo, se encontraba suspendido en el aire, siendo ahorcado por una fuerza invisible.
Quien ejecutaba aquel acto de crueldad absoluta no era un verdugo, sino el Santo Ethel. Su rostro inmaculado estaba deformado por un desprecio y una ira que destrozaban cualquier fachada de divinidad.
—No solo fuiste incapaz de manipular al Príncipe, sino que tampoco pudiste entregarme a Welyn Varmión —siseó Ethel, sus ojos claros brillando con una frialdad asesina mientras cerraba el puño, intensificando la presión mágica en la garganta del clerigo.
—Gran... Ethel... soy tan inútil... —consiguió articular el Arzobispo con el rostro congestionado y las venas de la frente a punto de estallar— ¡Perdón... merezco la muerte...!
Ethel desarmó su flujo de maná con un gesto displicente. La fuerza invisible se desvaneció y el Arzobispo cayó pesadamente al suelo, tosiendo de forma violenta y buscando desesperadamente el aire que le había sido arrebatado. Se arrastró sobre las rodillas, manteniendo la frente pegada al mármol frío en una postura de sumisión absoluta.
—¿Cuál es tu excusa? —preguntó el Santo limpiándose las manos con un pañuelo de seda, como si el simple hecho de castigar al clérigo lo hubiera contaminado.
—No tengo ninguna, mi señor. Mi incompetencia es únicamente el reflejo de mi falta de fe —respondió el Arzobispo con voz temblorosa, sin atreverse a levantar la mirada— pero debo admitir que el Príncipe Heredero es un objetivo demasiado difícil de tratar y, sobre todo, de manipular. No responde en absoluto a mi magia de sugestión mental. Es como si poseyera un escudo capaz de bloquearla por completo, lo cual carece de lógica. Nadie hasta ahora ha sido capaz de rechazar mi influencia, principalmente porque nadie en la corte sospecha que un clérigo domina semejante arte prohibido.
Ethel escuchó el reporte con atención, procesando las variables. La resistencia de Azel era un enigma que venía irritándolo desde hacía tiempo, pero decidió pasarlo por alto por el momento. El Príncipe se había convertido en una frustración constante, por lo que consideraba más eficiente concentrar sus recursos en otras ramificaciones de su plan.
—Está bien —sentenció Ethel dándole la espalda—. Ni siquiera yo he logrado manipularlo con éxito absoluto. Sin embargo, eso no disminuye la gravedad de tu incompetencia de esta noche. Si te mantengo con vida es únicamente porque todavía eres funcional para mi plan final. Tenlo muy en cuenta de ahora en adelante.
—¡Gracias por su misericordia infinita, Gran Santo! —exclamó el clérigo, temblando de alivio mientras seguía postrado en el suelo.
"Tks, nada está saliendo como quiero" pensó Ethel en sus adentros, sintiendo una profunda amargura. El Arzobispo estaba resultando ser un peón bastante inútil últimamente, aunque su posición burocrática en el Templo todavía lo hacía necesario para la victoria.
Lo que verdaderamente carcomía la mente del Santo era la figura de Welyn Varmión. Ese joven no era un elemento normal dentro del sistema. Aunque la Casa Varmión mantenía casi todos sus movimientos bajo una estricta confidencialidad, Ethel había logrado obtener fragmentos de información muy valiosos a través de su red de espionaje. Welyn era una anomalía, una variable con un poder descomunal que no encajaba con lo que solía recordar. Por esa misma razón necesitaba atarlo a su lado mediante el decreto de matrimonio; requería absorberlo o neutralizarlo antes de que el año de preparación llegara a su fin y la trama principal diera inicio.
Pero el maldito Príncipe Heredero se estaba interponiendo demasiado. Azel no se estaba comportando como debía seguir. Estaba rompiendo todo , actuando con una madurez y un distanciamiento que resultaban inaceptable.
¿Acaso era posible que... recordara algo? ¿Será que el Príncipe sabe lo que quiere lograr?
"Imposible "
La sola sospecha de que Azel compartiera su naturaleza hizo que el maná de Ethel vibrara con un peligro latente. Sin añadir una sola palabra salió de la habitación con paso firme, dejando atrás al Arzobispo quien seguía recuperando el aliento en el suelo. Necesitaba reestructurar sus planes de inmediato si quería recuperar el control del destino.