Una élite de valientes mujeres soldados deberá enfrentar al crimen organizado que intentará matarlas para evitar ser descubiertos. Todo iniciará cuando una capitana del ejército es asesinada de un certero balazo disparado por un francotirador y el misterioso crimen destapa una poderosa mafia que intenta robar las ojivas nucleares que se almacenan en el cuartel, según descubre una chica policía designaba a resolver el extraño homicidio. Ella descubrirá además que esa despiadada mafia involucra a los altos mandos militares quienes a su vez, están vinculados sentimentalmente, entre ellos, complicando aún más las investigaciones. La mujer policía deberá desarticular la mafia y salvar el honor de la división blindada femenina "Las lobas" que maneja los poderosos tanques del ejército. Ellas se verán implicadas en el robo de las ojivas nucleares y de otras armas que son sustraídas sistemáticamente de los hangares militares. Paralelamente la mujer policía deberá definir su vida sentimental, pues su novio es un tipo muy violento, metido siempre en problemas extremadamente celoso y prepotente, y entre otros hombres que la pretenden. Traición, venganza, acción, suspenso, mucho amor, humor y romance se barajan en ésta emocionante historia, "Crimen en el ejército" que atrapará al lector de principio a fin.
NovelToon tiene autorización de Edgar Romero para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 9
El crimen de la capitana Marcus llegó a la prensa y entonces los diarios y los portales de internet reaccionaron de inmediato con grandes titulares, exigiendo esclarecer el alevoso homicidio. En la televisión también machacaban exigiendo que se capture cuanto antes al asesino de la oficial del ejército y reclamaban, además, a viva voz y en forma airada, que la policía resuelva el asesinato de Marcus con celeridad y cuanto antes.
Yo ya había leído bastante en el internet sobre las evoluciones de los militares, sus ejercicios, sus zafarranchos de combate y por supuesto, las prácticas de las unidades de tanques. Marcus había estado sola al momento que le dispararon y eso no es frecuente ni común en las maniobras de los blindados cumpliendo con sus exigentes prácticas en áreas despobladas.
Esa mañana volví al cuartel con mil dudas amontonadas en mi cabeza. Encontré a "Las lobas", la unidad que estaba a las órdenes de la capitana Marcus, haciendo evoluciones y ejercicios físicos en un descampado al lado de las barracas, bajo un inclemente Sol que resbalaba como cascadas sobre las jóvenes soldadas. Ellas estaban ataviadas en sus uniformes de campaña y sudaban copiosamente.
-Se van a deshidratar-, le dije alarmada a la capitana Cannon que me acompañó hasta donde se encontraban las militares realizando toda suerte de ejercicios y flexiones. Ellas tenían sus cascos puestos y amarrados, cargaban pesadas mochilas, calzaban sus pesadas botas, tenían sus uniformes abotonados hasta el cuello y llevaban cartucheras repletas de municiones. Las pobrecitas sudaban a raudales, jadeaban y hasta soplaban candela en su aliento.
-Es parte de su preparación, capitana-, Cannon estaba sin embargo, distendida, habituada a ese tipo de entrenamientos en la división blindada.
La teniente Renata Holden había asumido el mando de "Las lobas" después del homicidio de la capitana Marcus. Holden no gritaba, no alzaba la voz, no decía nada, tan solo miraba a las chicas haciendo sus ejercicios. La sargento Wendy Kidder era la que ordenaba qué ejercicio hacer, dando un número, ¡¡¡uno!!!, ¡¡¡dos!!! ¡¡¡tres!!! y las mujeres soldados sabían qué movimiento correspondía, si eran flexiones, saltos, estiramientos o trotes.
-Están bien disciplinadas esas chicas-, me admiré.
-Marcus era muy exigente con ellas-, me reveló Cannon.
Yo quería saber todo lo que ocurrió ese día fatídico que mataron a Marcus. Se supone que "Las lobas" estaban haciendo evoluciones con los tanques y que los disparos y explosiones impidieron escuchar el fatídico balazo que acabó con la vida de la capitana. La pregunta que me martillaba los sesos era ¿por qué estaba sola Marcus, en la inmensidad de los arenales, con un walkie talkie en las manos? Ella, también se supone, debía estar en el puesto de operaciones con su estado oficial, evaluando los movimientos de los blindados. Es lo que se estila en el ejército y cuando un oficial se dirige al campo de batalla lo hace en un jeep, un blindado o acompañada de una escolta, jamás un comandante se dirige solo al centro de operaciones. Era lo que había leído en los reportes militares que encontré en el internet.
-¡¡¡A bañarse, chicas!!!-, recién habló Holden luego de casi dos horas de padecimientos. Las mujeres soltaron los brazos, se mostraron aliviadas y no dejaban de exhalar fuego y humo de la boca y las narices, dobladas como ramas secas. Tomaron sus rifles y se fueron a su barraca, agotadas, completamente extenuadas, regando el sudor a chorros, caminando apenitas, arrastrando los pies, sujetándose unas con otras, muy extenuadas sin ganas siquiera de reírse.
-Teniente Holden-, me acerqué a la oficial en jefe. Ella hacía unos apuntes en su tablet, me miró asombrada y de repente ¡pum! se cuadró marcialmente delante mío. -Sí, señora, si-, se puso en firmes y alzó su naricita, incluso puso una mano en su frente.
Me dio risa. Yo no era su jefa ni su superior ni era soldado sino policía. -Descanse teniente-, seguí riéndome.
-¿Quienes integraban el estado oficial de Marcus?-, me puse un chupetín de limón en la boca. -La sargento Kidder, la cabo primero Carter y yo, señora-, seguía ella, sin embargo, con la naricita alzada, inflando su busto, muy solemne y marcial.
-¿Qué pasó ese día que mataron a Marcus?-, fui al grano.
-La capitana Marcus dijo que iba a ver a los tanques con sus binoculares, señora-, dijo mecánicamente Holden, como si leyera un discurso.
-¿Sola?-, no me era lógico.
-Sí, señora, si-, no dejaba Holden para nada su marcialidad. Eso me desesperaba.
-¿Eso hacía siempre, Marcus?-, quise acorralarla.
-Sí, señora, si-, me respondió con lo mismo Holden. ¡¡¿Parecía disco rayado!!!
-Eso no dice el manual-, pensé que tenía una pista.
Holden no contestó, prosiguió con su naricita alzada, la vi apretar un puño y flexionó levemente una rodilla. ¡¡¡Algo me ocultaba ella!!!
-¿Qué sabe de Marcus? ¿Con quién hablaba ella en forma frecuente?-, avancé decididamente.
-No sé señora, yo no me metía en la vida de la capitana Marcus-, Holden ahora estaba a la defensiva.
-¿Quién es su comandante?-, me había dado cuenta que esa mujer era una piedra a la que no podría sacarle nada en claro, más ahora que estaba arrinconada.
-El coronel Wayne es nuestro jefe-, me reveló Holden.
-Gracias, teniente-, le dije y otra vez Holden me hizo el saludo marcial y se fue apurada, dando trancos, hacia la barraca.
-Algo oculta la teniente Holden-, le revelé a Cannon. Ella sonrió irónica. -No sé, capitana, Holden es muy misteriosa-, no quiso ella adelantar suposiciones.