Reencarné como la hija del Señor Demonio… justo antes de la guerra.
Pero yo no vine a luchar.
Vine a cambiarlo todo.
Si los demonios necesitan recursos
y los humanos necesitan magia…
¿por qué no convertir el conflicto en negocio?
Funcionó.
Hasta que mi ambición empezó a ir demasiado lejos…
y lo que intenté construir
comenzó a dañar a quienes quería proteger.
Ahora, mi mejor cliente es el príncipe humano…
y mi padre está listo para destruirlo todo. 😈
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Capítulo 19: Movimientos del Príncipe
Las guerras económicas no se libran solo con dinero.
Se libran con decisiones.
Y algunas decisiones…
no tienen vuelta atrás.
Durante semanas, el mercado había cambiado.
No lentamente.
No de forma natural.
Sino como si algo invisible estuviera empujándolo.
Caravanas demoníacas cruzaban las fronteras sin descanso.
Ciudades humanas encendían sus calles con cristales que no entendían.
Y los gremios… se estaban rompiendo desde dentro.
Pero mientras Nyxara expandía su red…
alguien más comenzó a tensar el tablero.
El príncipe heredero.
Lysander Vaelor.
La sala del consejo estaba al borde del colapso.
—¡Esto es una invasión encubierta!
—¡Es progreso!
—¡Es dependencia!
—¡Es supervivencia!
Las voces chocaban unas con otras.
Miedo.
Orgullo.
Intereses.
Todo mezclado.
Hasta que—
Golpe.
El sonido fue suave.
Pero bastó.
El silencio cayó como una orden.
Lysander no levantó la voz.
No lo necesitaba.
—Discutir no cambia la realidad.
Un noble lo miró con dureza.
—Entonces díganos cuál es.
Lysander se puso de pie lentamente.
Y cuando habló…
nadie interrumpió.
—La realidad es que ya dependemos de Noctheris.
Silencio.
Incómodo.
Pesado.
—Sus cristales están en nuestras calles.
—En nuestros campos.
—En nuestros hospitales.
Pausa.
—Y si los retiramos mañana…
levantó la mirada—
—habrá hambre.
Otro segundo—
—y enfermedad.
El aire se volvió frío.
El duque Valcrest apretó la mesa.
—Aurora Lux puede reemplazarlos.
—No lo suficientemente rápido.
La respuesta fue inmediata.
Sin emoción.
Sin duda.
—Entonces debemos forzarlo.
Lysander lo miró.
Y por primera vez…
su expresión cambió.
—¿Está dispuesto a matar a su propio pueblo para ganar tiempo?
Silencio absoluto.
Nadie respondió.
Porque todos entendieron lo que eso significaba.
Lysander caminó hacia el mapa.
Pero esta vez…
no señaló ciudades.
Señaló rutas.
—Aquí.
Una línea comercial clave.
—Y aquí.
Otra.
—Y aquí…
Más profunda.
Más peligrosa.
—Nyxara no vende productos.
Giró el rostro.
—Controla el flujo.
Sus dedos presionaron el mapa.
—Si controlas el flujo…
controlas la dependencia.
Se giró completamente hacia el consejo.
—Así que no vamos a destruir su sistema.
Pausa.
—Vamos a cortarlo.
Mientras tanto…
en Noctheris…
el sonido del metal chocando llenaba el aire.
Nyxara se movía con precisión.
Rápida.
Letal.
El capitán apenas logró bloquear su ataque.
—Princesa—
Otro golpe.
Más fuerte.
—Su técnica…
Retrocedió.
—Es diferente.
Nyxara no respondió.
Volvió a atacar.
Esta vez más directa.
Más agresiva.
Hasta que—
detuvo la espada a milímetros de su cuello.
Silencio.
—Un gobernante —dijo con calma— debe entender dos cosas.
El capitán no se movió.
—Cómo funciona su reino…
Bajó la espada lentamente.
—Y qué pasa cuando alguien intenta romperlo.
—Princesa Nyxara.
El mensajero llegó sin aliento.
—Informe urgente.
Nyxara tomó el pergamino.
Leyó.
Una vez.
Luego otra.
Más lento.
(Lysander…)
Pero esta vez…
no sonrió de inmediato.
Su mirada se afiló.
(Las rutas…)
Volvió a leer.
(Está apuntando a las rutas.)
Eso…
no era competencia.
Era ataque directo.
Nyxara levantó la mirada.
—Capitán.
—Sí, princesa.
—¿Cuántas caravanas están en tránsito ahora?
—Siete rutas principales.
—¿Y secundarias?
—Doce.
Nyxara no dudó.
—Refuercen todas.
El capitán frunció el ceño.
—¿Problemas?
—No.
Pausa.
—Aún no.
Se giró.
—Pero los habrá.
Esa noche…
el viento era más fuerte.
Las rutas brillaban como venas de luz en la oscuridad.
Todo seguía funcionando.
Todo seguía en orden.
Pero Nyxara ya no veía comercio.
Veía vulnerabilidades.
(Puntos de quiebre…)
(Puntos de ataque…)
Y entonces—
Uno de los cristales en la distancia…
parpadeó.
Una vez.
Dos.
Y se apagó.
Nyxara no se movió.
Pero su expresión cambió.
Porque eso no era un fallo.
Era un mensaje.
En el reino humano…
Lysander observaba el mismo mapa.
—Primera ruta interrumpida —dijo un soldado.
Silencio.
Lysander cerró los ojos un segundo.
Y cuando los abrió…
ya no había duda.
—Ahora empieza.
En el balcón…
Nyxara sonrió lentamente.
Pero esta vez…
no era una sonrisa tranquila.
Era peligrosa.
—Así que elegiste guerra de verdad…
El viento agitó su cabello.
—Perfecto.
Si quieren, pueden contarme qué les pareció este capítulo.”
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