Sofía y Nathan siempre fueron mejores amigos… hasta que una noche de impulso lo cambió todo. Ahora, atrapados entre secretos, rumores y un contrato absurdo que los obliga a casarse, deberán enfrentar emociones que nunca imaginaron.
NovelToon tiene autorización de Yazz García para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
El contrato
...CAPÍTULO 17...
...----------------...
...SOFÍA RÍOS ...
Daniela estaba dormida en el sillón, agotada de intentar convencerme de que comiera algo más que una tostada. Yo no podía. No desde que mi nombre llevaba tres días siendo tendencia internacional acompañado de insultos, teorías, amenazas veladas y artículos que se multiplicaban como hongos.
“Trepa–famosos”, “rompebandas”, “la embarazada oportunista”, “la que arruinó ASTRA”.
Las notificaciones no paraban. Mis manos temblaban cada vez que sonaba el teléfono y lo peor: la productora por fin llamó.
A las 9:17 p.m., Shelly apareció en mi puerta con una carpeta negra bajo el brazo. No venía como la asistente sonriente y dulce que conocía; venía como representante legal, portavoz y ejecutora de crisis.
—Necesitamos hablar —dijo apenas entró, sin mirar a Daniela, sin mirar el desastre que era mi cara.
Me senté derecha sin fuerzas.
—¿Nathan…? —pregunté, sabiendo que no lo había visto desde la pelea en televisión.
Shelly negó con la cabeza con el tipo de gesto que solo se hace cuando se ha llorado dentro de un carro antes de subir.
—Está con los abogados. Esto… esto ya se nos fue de las manos, Sofía.
Yo respiré hondo.
—Lo sé.
Ella dejó la carpeta en la mesa.
—Anoche tuvimos otra reunión de emergencia con los ejecutivos. La cadena que transmitía la entrevista está considerando demandar por violencia en vivo. Las marcas están presionando. Los inversionistas hablan de congelar el comeback y hay una campaña masiva del fandom pidiendo la suspensión temporal de Alex y de Nathan.
Sentí un vértigo frío recorrerme.
—¿La banda…? —mi voz casi no salió.
Shelly me miró con algo parecido a compasión.
—La banda está pendiendo de un hilo.
Mis ojos se llenaron de lágrimas. ASTRA era la vida de Nathan, su sueño desde los diez años. No podía cargar con eso también.
Shelly abrió la carpeta y deslizó un documento hacia mí.
—Por eso necesitamos una solución inmediata. Algo que detenga la narrativa de “traición”, “engaño” y “embarazo oculto”. Algo que cambie el enfoque mediático antes de que los contratos comerciales se rompan. Necesitamos reorganizar todo este desastre en una historia coherente, limpia y vendible.
La palabra “vendible” me repugnó un poco, pero no dije nada.
—Y… ¿qué quieren que haga? —pregunté.
Shelly respiró hondo.
—La productora propone oficializar la relación entre tú y Nathan. Convertir todo esto en una historia de amor de toda la vida que por fin salió a la luz. Que el bebé es fruto de algo real, mutuo y estable. Que ustedes dos tomaron la decisión de iniciar una vida juntos desde antes de que Alex estuviera en el panorama.
Tragué saliva.
Qué absurdo…¿y según eso va a solucionar este problema?
—Eso es mentira —susurré.
—Es control de daños —respondió ella, sin titubear—. El público prefiere un romance épico antes que un triángulo doloroso. Prefieren creer que siempre estuvo escrito. Y además… —abrió otra hoja—… necesitamos una distracción gigante, otra exclusiva que reemplace del todo esta polémica. Con el estado emocional del fandom y la prensa, solo una estructura sólida y formal protege al bebé, a ti y a la banda.
Mi estómago se contrajo.
—¿Y cuál es la “estructura”? —pregunté, aunque ya intuía la respuesta.
Shelly me lo dijo sin rodeos:
—Necesitamos que te cases con Nathan. Dentro de un mes.
El corazón me cayó al suelo.
—¿Qué? ¿Están locos? Shelly… —mi voz se quebró— yo ni siquiera… Nathan y yo nunca… ¡no puedo hacer eso!
—Lo sé —dijo ella suavemente—. Pero los medios no entenderán eso y nos destruirán si no desviamos a atención.
Me quedé inmóvil. El silencio fue tan denso que pensé que me iba a asfixiar.
Shelly continuó:
—Este matrimonio no es para siempre. Es un contrato de imagen que durará dieciocho meses mínimo. Tiempo suficiente para que nazca el bebé, para estabilizar los ánimos, para que Alex regrese sin caos y para que el grupo complete su gira mundial. Esto preserva todo.
Las lágrimas me caían silenciosas.
—¿Nathan… aceptó esto? —susurré.
Ella apretó los labios.
—Él dijo que firmará lo que sea necesario para proteger al bebé y a la banda. Pero… quiere hablar contigo primero cuando estés lista.
Nathan…
Mi mejor amigo.
El padre del bebé que dormía bajo mi piel.
Shelly acercó el contrato, pero no lo empujó hacia mí.
—No tienes que decidir hoy. Pero la agencia necesita tu respuesta antes del lunes. El escándalo sube cada hora. Si no hacemos esto, cancelan el tour, rescinden contratos y… —tragó saliva— podrían demandar a ambos por daños económicos. El panorama no está bonito, Sofía. Nada de esto suena bonito.
Yo cerré los ojos.
—Shelly… —mi voz era apenas aire— ¿y si digo que no?
Ella no dudó:
—La prensa seguirá atacándote, Alex no podrá limpiar su imagen, Nathan será señalado como traidor, la banda quedará suspendida, y tú… —me miró directo— probablemente tendrás que esconderte por un tiempo. Esto ya no es solo chisme. Hay amenazas, hay doxxing, hay gente loca haciendo investigaciones falsas de paternidad. Necesitamos cerrar la narrativa. Necesitamos protegerte.
Me cubrí la cara con las manos.
Era injusto. Era absurdo. Era una locura. Pero también era… la única salida. Shelly se levantó despacio.
—Piénsalo. Yo regreso mañana para recogerte. —Hizo una pausa—. Sofía… de verdad no estás sola en esto.
Cuando salió, el departamento quedó en un silencio tan grande que hasta pude escuchar mi propio corazón, golpeando duro, desesperado, confundido.
Miré el contrato.
Mi nombre.
El nombre de Nathan.
Un acuerdo.
Un matrimonio.
Un acuerdo que cambiaría todo.