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La Villana que Evitó su Destino

La Villana que Evitó su Destino

Status: Terminada
Genre:Romance / Fantasía / Autosuperación / Mujer despreciada / Viaje a un juego / Reencarnación / Completas
Popularitas:28
Nilai: 5
nombre de autor: Aplolyn

Sofia era una empleada común y corriente hasta que un accidente la transportó dentro de la novela que estaba leyendo… como la villana destinada a morir.

Ahora vive en el cuerpo de Sofia Agarista Brajaya: hija de una familia adinerada, estudiante universitaria, y la mujer que durante tres años persiguió al protagonista masculino sin ser correspondida. Conoce cada giro de la trama, cada traición, y sobre todo, el final que le espera: la muerte a manos de Hansen Darael.

Su plan es simple: alejarse de Kayden, el protagonista, y de Hansen, su futuro asesino. Si no se involucra, la historia seguirá su curso y ella sobrevivirá.

Pero el destino no se deja reescribir tan fácilmente.

Cuando Sofia deja de perseguir a Kayden, él empieza a perseguirla a ella. Una apuesta de dos semanas. Un beso inesperado. Y una red de mentiras que ni siquiera ella, con todo su conocimiento del argumento, podría haber anticipado.

Entre campus universitario, mansiones de lujo, apuestas peligrosas y secretos que desafían la lógica de la ficción, Sofia descubrirá que cambiar el destino de una villana es mucho más complicado —y mucho más doloroso— de lo que cualquier novela podría contar.

¿Puede una lectora reescribir la historia desde adentro? ¿O el guion siempre gana?

NovelToon tiene autorización de Aplolyn para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17

A la mañana siguiente, el campus se sentía un poco más luminoso. O quizá era Sofia la que se obligaba a verlo todo más brillante de lo que era en realidad.

Se paró frente al espejo de su cuarto, tomó aire y se recogió el pelo en una cola alta.

—No voy a seguir haciendo el ridículo —le murmuró a su reflejo.

El bolso que Tía Desy le había dado —el mismo que casi le lanzó a Kayden en la cabeza— estaba tirado en una esquina del cuarto. No lo usó ni quiso tocarlo. Eligió otro; al fin y al cabo, bolsos de marca le sobraban.

Después de lo de anoche, se sentía un poco avergonzada por haber aceptado el regalo. Pero eso mismo le reafirmó la decisión de cortar todo vínculo con Kayden.

Al cruzar el vestíbulo del campus, algunos compañeros la saludaron. Sofia respondió con una sonrisa discreta. Su objetivo era uno solo: entrar a clase, sentarse, estudiar, y sobre todo, evitar a Kayden.

Caminó con paso rápido hacia el edificio de la facultad, pero el corazón se le encogió al ver el tumulto frente al salón. No por la multitud, sino por la figura alta, de sudadera negra, que se erguía en el centro.

Kayden.

Por supuesto.

Recargado en la pared, con las manos en los bolsillos del pantalón, mirando a su alrededor con esa expresión de que nadie a su alrededor importaba. El pelo ligeramente revuelto y la misma tensión de anoche en el rostro.

Cuando sus ojos encontraron a Sofia a lo lejos, en vez de apartar la mirada como haría una persona normal, Kayden se incorporó.

Como si estuviera esperando.

Como si fuera a propósito.

Sofia dio media vuelta de inmediato.

Pero apenas dio cinco pasos, esa voz plana y fría cortó el aire.

—Sofia.

Se detuvo. No porque quisiera, sino porque varios estudiantes ya estaban volteando y cuchicheando.

—¡Sofia, Kayden te está llamando!

—¿Se reconciliaron?

—¿O se pelearon otra vez?

Sofia respiró hondo, se armó de valor y se giró.

—¿Qué quieres? —Breve y fría. Sin bajar la mirada. Sin nervios.

Kayden pareció sorprenderse por una fracción de segundo al notar que Sofia no mostraba el más mínimo pánico o incomodidad, a diferencia de la noche anterior.

Dio un paso hacia ella, observándola.

—¿Por qué no traes el bolso que mi mamá…?

—Para.

Kayden entrecerró los ojos.

Sofia levantó la mano y lo detuvo sin titubear.

—No voy a hablar de ese bolso. Ni de ningún tema que no tenga que ver con la universidad.

La frase dejó el ambiente en silencio total. Varios estudiantes fingieron estar ocupados con sus celulares, pero era obvio que no se perdían ni una palabra.

Kayden la miró largamente.

—¿Así que esto es lo que haces ahora? —Su voz era baja—. Esta actitud tuya de hacerte la firme.

—Llámalo como quieras —Sofia se acomodó la correa del bolso—. Pero ya tomé una decisión. No quiero involucrarme contigo en nada. Así que, si no es algo importante, no me dirijas la palabra.

Kayden no respondió de inmediato. Ladeó la cabeza, como analizando a una especie desconocida que acabara de descubrir.

—Esta no eres tú.

—Perfecto —respondió Sofia sin perder un segundo—. Eso quiere decir que logré cambiar.

Algunos estudiantes susurraron, admirados por su aplomo.

Kayden dio un paso más.

Sofia enderezó la espalda. No retrocedió.

—¿Crees que con esta actitud vas a hacer desaparecer los problemas? —La voz de Kayden era suave pero gélida—. Sigues haciendo que la gente se preocupe y se meta en tu drama.

Sofia chasqueó la lengua.

—¿Preocuparse? Kayden, anoche dijiste que no tenías tiempo para dramas. Entonces estamos de acuerdo: yo no soy tu drama.

La mandíbula de Kayden se tensó.

Pero antes de que pudiera contestar, el profesor llegó y los estudiantes entraron en tropel al salón.

Sofia se apresuró a entrar y eligió el asiento más alejado, en la esquina junto a la ventana.

Rezó para que Kayden se sentara lejos.

Pero, por supuesto, el mundo nunca es tan generoso.

Kayden entró, avanzó sin mirar a nadie ni preocuparse por las miradas del resto, y se sentó justo al lado de Sofia.

Sofia se puso rígida.

—En este salón hay muchos otros asientos.

—Pero elegí este. —El tono de Kayden era despreocupado, aunque con un filo de provocación—. ¿Algún problema?

—Sí. Lo hay.

—Perfecto. —Kayden abrió su laptop—. Yo también tengo uno.

Sofia puso los ojos en blanco.

—Yo me senté aquí primero.

—Llegaste tarde —replicó Kayden sin voltear a verla—. No me voy a mover.

Sofia soltó un bufido.

Mientras el profesor explicaba la clase, ella se esforzó en concentrarse. Tomaba apuntes a toda velocidad, decidida a no dejarse distraer por el aroma del perfume de Kayden, que por alguna razón hoy era más irritante que nunca.

Pero justo cuando estaba escribiendo, Kayden le susurró:

—¿De verdad ya no te intereso?

Sofia golpeó la mesa con el bolígrafo sin voltear.

—Kayden, estoy en clase.

—Contesta.

—No.

—Sofia.

El tono la obligó a mirarlo. Su mirada era afilada.

—¿Qué?

Kayden le sostuvo la mirada. La mandíbula tensa.

Sofia casi se ríe de la frustración.

—Ya te lo he dicho mil veces. ¿Necesitas que te lo repita? —respondió en voz baja pero firme—. Ya no me interesas.

Kayden se quedó inmóvil.

Algunos estudiantes de adelante alcanzaron a voltear: aunque Sofia habló en voz baja, se escuchó lo suficiente.

—Ya no eres mi centro de gravedad, Kayden.

Kayden contuvo la respiración, como si fuera la primera vez que escuchaba algo así de boca de Sofia.

Cerró la laptop despacio. La miró largo rato. Más del que debería.

Su mirada no era de enojo. Era más bien de confusión. Y un poco de curiosidad.

Esto se pone cada vez más interesante, Sofia…

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