Rosalind Lancaster lleva diez años atormentada por una pesadilla que se repite una y otra vez.
Una boda.
Un hombre de ojos color malva.
Una noche de terror.
Y una muerte tan cruel que aún puede sentir el dolor al despertar.
Convencida de que aquellos sueños son recuerdos de una vida pasada, Rosalind ha jurado no volver a casarse jamás. Sin embargo, la presión de su familia aumenta cada día, y un matrimonio arreglado con un hombre mucho mayor parece inevitable.
Cuando su mejor amiga le propone un trato inesperado, Rosalind cree haber encontrado la solución perfecta: contraer un matrimonio temporal con Damien Blackwood, el frío y poderoso heredero de una de las familias más influyentes del país. Él necesita una esposa para reclamar un importante fideicomiso; ella necesita escapar de un destino que detesta.
Es un acuerdo simple.
Un año de matrimonio.
Sin amor.
Sin sentimientos.
Sin interferir en la vida del otro.
Pero convivir con Damien resulta mucho m
NovelToon tiene autorización de N. Garzón para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 22
Victoria.
Rosalind me había llamado para decirme que ya había regresado de su viaje y que podía ir a visitarla al día siguiente.
—Está bien —respondí—. Descansa... y, por favor, no salgas de tu casa.
Lo dije con la mayor naturalidad que pude, aunque en realidad no era una simple recomendación. Era una súplica.
No podía dejar de pensar en aquel hombre.
En sus ojos.
En su sonrisa.
En la forma en que había aparecido de la nada en mi casa como si siempre hubiera pertenecido a ese lugar.
Aquellos ojos color malva.
Los mismos ojos que Rosalind me había descrito durante años entre lágrimas, temblores y pesadillas.
Ella soltó una pequeña risa al otro lado del teléfono.
—¿Tan grave es? Ya me estás asustando.
—Cuando nos veamos te explicaré todo.
No quería preocuparla por teléfono.
Si realmente aquel hombre estaba relacionado con sus sueños, no pensaba decir una sola palabra sin tenerla frente a frente.
Llegué a la residencia Blackwood antes de la hora acordada.
El mayordomo me recibió con la amabilidad de siempre y me condujo hasta la terraza, donde Rosalind y Damien desayunaban.
La escena me sorprendió.
Meses atrás habría jurado que esos dos terminarían matándose antes de compartir un desayuno en paz.
Ahora discutían... pero de una forma extrañamente tranquila.
Rosalind fue la primera en verme.
—¡Victoria! Llegaste temprano.
Me levanté apenas sonriendo.
—Perdón por llegar antes de la hora.
Damien se puso de pie por cortesía.
—Buenos días, señora Starling.
—Buenos días, señor Blackwood.
Él señaló la silla vacía frente a ellos.
—Por favor, acompáñenos.
Me senté, pero Rosalind enseguida notó que algo no estaba bien.
Me conocía demasiado.
—¿Está todo bien?
Negué lentamente.
—Han pasado muchas cosas.
Damien giró ligeramente la cabeza para observarme.
Rosalind volvió a hablar, esta vez con evidente preocupación.
—Habla, me estás asustando.
Miré de reojo a Damien.
No sabía hasta qué punto él conocía todo aquello.
Rosalind siguió mi mirada y rodó los ojos.
—Solo ignóralo.
Damien arqueó una ceja.
—Qué linda eres, Rosalind.
Ella levantó el mentón con falsa arrogancia.
—Lo sé.
A pesar del momento, aquella respuesta consiguió arrancarme una pequeña sonrisa.
Definitivamente habían cambiado.
Respiré hondo.
—Es sobre ti.
Rosalind dejó lentamente la taza de té sobre el plato.
—¿Sobre mí?
Asentí.
—Y es importante.
Damien intervino con tranquilidad.
—¿Tiene que ver con los sueños?
Lo miré sorprendida.
Antes de responder observé alrededor de la propiedad.
Entonces lo noté.
El enorme laberinto de rosas ya no estaba.
Solo quedaba un amplio jardín perfectamente nivelado.
Rosalind siguió mi mirada.
—Damien sabe todo. Así que no te preocupes.
Tomé aire.
—El hombre de ojos malva está en mi casa.
El silencio fue absoluto.
Rosalind palideció de inmediato.
Su respiración se aceleró.
—¿Qué...?
Damien permaneció sorprendentemente tranquilo.
—¿Cómo se llama?
—Lucien Valmont.
Rosalind llevó una mano a su pecho.
—Mis sueños... entonces...
Su voz apenas era un susurro.
—Mis sueños eran recuerdos de otra vida...
Damien negó lentamente.
—No podemos afirmarlo todavía.
—Pero cada vez parece menos una simple pesadilla.
Rosalind tragó saliva.
Yo podía ver cómo sus manos empezaban a temblar.
Intentó ocultarlo debajo de la mesa.
No lo consiguió.
La conocía demasiado bien.
—Llegó acompañado de Stefan —continué.
Rosalind abrió los ojos con sorpresa.
—¿Con Stefan?
—Sí.
Su mirada viajó inmediatamente hacia Damien.
—¿Te acuerdas de las cosas que encontraron en la casa de Stefan?
Asentí.
Ella comenzó a hablar rápidamente.
—Damien encontró fotografías mías tomadas sin que yo lo supiera... cartas... dibujos... diarios... cosas horribles. Todo está siendo investigado.
Sentí un escalofrío recorrerme la espalda.
Aquello era mucho peor de lo que imaginaba.
Si Stefan estaba relacionado con Lucien Valmont...
Entonces nada de esto era casualidad.
Un empleado apareció junto a Damien.
Se inclinó discretamente para hablarle al oído.
Damien escuchó unos segundos y luego asintió.
Se puso de pie.
—Debo irme. Surgió una reunión importante.
Rosalind levantó la vista.
—¿Reunión importante?
—Sí.
Tomó su chaqueta del respaldo de la silla.
—Héctor y Stefan quieren presentarme a un nuevo socio.
Mi corazón dio un vuelco.
Damien terminó la frase con absoluta serenidad.
—Supongo que ese socio es Lucien Valmont.
Rosalind se levantó inmediatamente.
—No vayas, Damien.
Él sonrió apenas.
—Estaré bien.
Ella negó con la cabeza.
—No vayas.
La preocupación en su voz era completamente sincera.
Damien dio un paso hasta quedar frente a ella.
Le acomodó con suavidad un mechón de cabello detrás de la oreja.
—La reunión será en el Club de Caballeros.
—No estaré solo.
Ella seguía sin convencerse.
—Aun así...
—Rosalind.
Él tomó una de sus manos.
—No voy a dejar que me ocurra nada.
Y tampoco voy a permitir que te ocurra algo a ti.
Ella terminó asintiendo, aunque era evidente que no estaba tranquila.
Antes de marcharse, Damien se volvió hacia mí.
—Gracias por venir a advertirnos, Victoria.
—Solo tenga cuidado, señor Blackwood.
Él sonrió levemente.
—Siempre lo tengo.
Lo vimos alejarse por el jardín hasta subir al automóvil.
Ninguna de las dos habló hasta que el coche desapareció por el camino principal.
Entonces giré lentamente hacia Rosalind.
Ella seguía mirando la entrada.
Sonreí con picardía.
—Así que ustedes cerraron el negocio.
Rosalind tardó unos segundos en entender.
Cuando lo hizo, abrió mucho los ojos.
—¡Victoria!
No pude contener la risa.
—¿Qué?
—¡Pero qué cosas dices!
—Vamos...
La miré divertida.
—No me digas que todavía siguen durmiendo separados porque no te creo.
Su rostro comenzó a ponerse completamente rojo.
—¡No seas indiscreta!
—¿Entonces sí?
Ella tomó una servilleta y me golpeó suavemente con ella.
—¡Victoria Starling!
—¿Qué? Solo tengo curiosidad.
—Eres terrible.
—Soy tu mejor amiga. Es mi obligación saber esas cosas.
Rosalind terminó riéndose.
Negó varias veces con la cabeza.
—No tienes remedio.
Me acerqué un poco más.
—Cuéntamelo todo... con lujo de detalles.
Ella me dio un pequeño empujón en el hombro.
—Eso jamás.
—¿Ni un poquito?
—Ni un poquito.
Las dos terminamos riendo.
Hacía mucho tiempo que no veía a Rosalind reír de esa manera.
Y eso me dio esperanza.
Porque durante años había vivido prisionera de sus pesadillas.
Ahora, al menos, tenía a alguien que la abrazaba cuando despertaba aterrada.
Pero aquella tranquilidad duró muy poco.
Mi sonrisa desapareció casi al instante.
Volví a recordar el rostro de Lucien Valmont.
Su mirada fija.
Su voz pausada.
La manera en que observó mi casa como si conociera cada rincón antes de entrar.
Sentí un escalofrío.
Algo me decía que ese hombre no había aparecido por casualidad.
Había llegado buscando a alguien.
Y tenía el presentimiento de que esa persona era Rosalind.
Ella notó el cambio en mi expresión.
—¿Qué pasa?
Forcé una sonrisa.
—Nada.
Luego negué con la cabeza.
—Ven... mejor entremos.
Necesito contarte todo lo que ocurrió desde que regresaste.
Entramos juntas a la casa.
La villa Blackwood era distinta a como la recordaba.
Seguía siendo elegante y sobria, pero ahora tenía flores frescas, libros abiertos sobre las mesas, mantas en los sofás y pequeños detalles que la hacían sentir habitada.
Como si, poco a poco, Damien y Rosalind hubieran conseguido darle vida a una casa que durante años solo había sido una mansión silenciosa.
Sin embargo, mientras caminábamos por el largo corredor, una sola idea ocupaba toda mi mente.
Si Lucien Valmont realmente era el hombre de las pesadillas...
Entonces el pasado acababa de encontrarlas.
Y esta vez no venía en forma de un sueño.
en su propia casa, con su familia...
aquí hay un gatote bien encerrado... 😰😱😭
esto está de Lokos 😰😱
hay no que 💩😰😱