Abigail Santino Risso es una hermosa mujer de 25 años en la cual al volver a su país España con solo ver a Hugo un simple empleado de una de las empresas de la familia de Abigail.
Ella hace todo lo posible para tenerlo en su cama tan enamorada y loca por el lo obliga a casarse con ella bajo un contrato donde ella le ayuda con la salud de su abuela Rosa viviendo en el mismo apartamento durante un tiempo .
Dónde Hugo se enamora perdidamente de ella pero cuando se lo va a decir su exnovia le dice que está esperando un hijo así el toma la decisión de mentirle a su esposa gritando le que jamas la va amar por su orgullo y dignidad de hombre prefiere estar con su novia Karen y responder por un hijo que no es de el dejando ir a la única mujer que ha hecho lo imposible por el amor que le tiene pero cuando Hugo descubre que ese bebé no es de el si no de su mejor amigo corre a buscar a su esposa pero ya no la encuentra dos años después se vuelven a ver donde el le pide una segunda oportunidad
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CAPITULO 17
Hugo: —Después de 20 minutos, llegamos a un hotel que por fuera grita "Lujo" por todos lados. Tiene un hermoso nombre: Anatara.
—Al entrar a la recepción, todo grita lujo. "Vuelvo y me lo repito en mi cabeza".
Abigail retira la llave de nuestra habitación junto con uno de los botones que trae nuestro equipaje. Subimos a nuestro piso donde queda ubicada nuestra habitación .
Tal como lo sospeche es la suite presidencial. Ella abre y al entrar quedo asombrado. —¡Santo cielo! Es hermosa. Me encanta —le digo con una sonrisa a mi esposa.
—Sé que lo es y me encanta que te guste, mi amor —lo abrazo desde su cuello y le doy un beso en esos labios que me encantan.
—Lo mejor para mi esposo —le digo. Él me atrae hacia su cuerpo y me da un beso en el que profundiza y se vuelve muy apasionado.
Paso mis manos por su pecho y reparto besos por su cuello, mientras desabrocho botón por botón de su camisa. Veo que cierra sus ojos.
Le quité su camisa y le di besos por todo su pecho y abdomen. Después desabroché su pantalón, dejándolo solo en boxer.
—Eso es un juego peligroso, —dijo él.
—Lo sé, guapo y pienso ganar —le dije mientras le daba un beso y mordía el lóbulo de su oreja—. Quiero estar en tus brazos, esposo mío.
Hugo: —Beso su boca con intensidad. Una de mis manos va a su cabeza para profundizar nuestro beso y la otra a su cintura.
—Ella me arrastra hacia la cama, me tira sobre ella y se sube a horcajadas sobre mí.
—¡Cariño! Esta vez quiero hacer todo el trabajo. La miro con una sonrisa y le doy la vuelta rápidamente, quedando encima de ella. Abro sus piernas y paso mis manos por su entrepierna. Estás tan mojada.
Abigail: Solo para ti, guapo. Siento cuando entra su amigo de una sola estocada en mí. No puedo contener el grito de placer que me da junto con un jadeo. Entra y sale de mí como alma que lleva el diablo. —¡Ahhh!. Qué rico, mi amor.
Pero sin que él se dé cuenta y con un movimiento rápido, él queda abajo y yo arriba empiezo a moverme rápido de arriba a abajo, de un lado a otro, y eso lo desespera y lo vuelve loco porque gime y gruñe.
—Vamos, nena, dame más —empieza a moverse conmigo y después de unos cuantos movimientos más ambos llegamos a nuestra liberación.
Abigail: —Caigo a su lado, Hugo me atrae hacia él, acomodandome en su pecho. Escucho los latidos rápidos de su corazón mientras él hace círculos sobre mi espalda, acariciándome con su mano que sube y baja.
—¿Qué me estás haciendo, Abigail? —lo escucho decir, pero lo dice en un susurro.
—No sé, pero sé que te amo con todo mi ser —digo cerrando mis ojos.
Abigail: Me despierto abrazada a él , no dejo de mirarlo y sonreír como una tonta así que me levanto sin hacer mucho ruido para no despertarlo entro al baño para darme una ducha.
—Siento unas manos que me abrazan desde mi cintura, me dan la vuelta y siento esos labios en los míos. Le contesto el beso.
Sus manos viajan por mis piernas, subiendo poco a poco. Abre mis piernas y siento a su amigo entrando de una sola embestida en mi amiga. Empieza a moverse, a salir y entrar salvajemente.
Solo se escuchan nuestros cuerpos chocando el uno contra el otro. Nos besamos. Él me agarra de mis caderas. Su ritmo es más rápido, mientras mis manos sujetan sus hombros. Unas cuantas embestidas más y nos terminamos corriendo juntos.
Salimos del baño con una sonrisa. Él me abraza y me susurra al oído.
—No pensé que tu compañía sería tan divertida, señora Fernández —me da un beso en la mejilla.
—Ya lo sabes, lo que no puedo creer es que tú tengas sentido del humor —bromeo—. Desde que te conocí, andabas con tu porte de hombre serio.
—Me ofendes, soy más divertido que tú, señora Fernández.
Abigail: "Escucharlo decir así me llena el corazón de felicidad".
Terminamos de vestirnos y arreglarnos para bajar a desayunar.
Hugo: Después de desayunar, ella me agarra de la mano y me dice: "Vamos a dar un paseo, amor".
—¿A dónde vamos, Abigail? —le pregunto con una sonrisa.
—Vamos a dar un paseo, guapo —me responde— y luego me dice que subamos al auto.
Después de 10 minutos, llegamos al Coliseo Romano y mi sonrisa no desaparece de mi cara.
Entramos al Coliseo y parezco un niño pequeño mirando todo .
Escucho a Abigail y me pregunta: "¿Cómo es posible que a la gente le guste conocer ruinas?" La volteo a mirar con una sonrisa. La abrazo y le digo: "A mí me gusta porque forma parte de la historia del país. Gracias por traerme aquí, era uno de mis sueños y mi hermosa esposa me lo está cumpliendo".
Abigail responde: "Sabes cuál es mi sueño, amor. Encontrar un lugar en medio de estas ruinas y que me hagas gritar de pasión". La miro a los ojos y agarro su mano.
Hugo interviene: "Abigail, por favor, aquí no. Hay demasiada gente y a mí qué me importa". Le digo: "Vamos a buscar un lugar bien escondido. Tienes que cumplir tu contrato". Abigail me arrastra por todo el lugar hasta que encuentra un hueco. Me dice: "Aquí me gusta" y me da un beso. Me pregunto: "¿Dónde queda mi dignidad con esta mujer?".
La miro mientras baja mi cremallera, me baja los pantalones y cuando la siento, es que tiene a mi amigo en su boca. Terminamos haciendo el amor en las ruinas del Coliseo.
Después de nuestra aventura en el Coliseo, Abigail sale feliz. Nos tomamos unas fotos juntos afuera del Coliseo, dándonos un beso apasionado. Ella me dice cerca de mis labios: "Eres increíble, Hugo. No me arrepiento de haberme casado contigo. Te amo".
"Vamos a comer algo y después iremos al hotel", me dice Abigail. "Llegamos a un restaurante muy bonito"...
Continuara...
he leído las historias de mar pero a veces me enredo, si fueran tan amables de decirme cómo va relacionada la saga por favor