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SANADOR DESCARTADO

SANADOR DESCARTADO

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía
Popularitas:5.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Invocado a otro mundo como sanador, fue descartado por su propio equipo por no hacer daño.
Herido y abandonado en la frontera, comenzó a curar a quienes nadie miraba: plebeyos, soldados rotos, niños enfermos.
Con conocimientos del mundo moderno y una magia que evoluciona al salvar vidas, su nombre empieza a recorrer el reino.
Cuando la guerra y la peste alcancen la capital, descubrirán que descartaron al único que podía salvarlos.

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22: Lo que se aprende se propaga

El vapor subía con un ritmo que ya no era improvisado.

Bromm había reforzado el borde del recipiente con un aro de metal más grueso, y Lirael había sellado las juntas con una resina que, al calentarse, se volvía casi flexible antes de endurecer. Ren había marcado en una tabla el tiempo necesario para cada ciclo. No había relojes. Había constancia.

—No abran antes —repetía—. Si el vapor se va, el metal no queda limpio. Y si se queman, no hay manos que curen hoy.

Los dos jóvenes que se habían ofrecido a ayudar el día anterior seguían allí. Uno mantenía el fuego vivo con leña seca. El otro hervía agua en calderos separados: uno para beber, otro para limpiar. Habían aprendido a no mezclar recipientes. Pequeños gestos que empezaban a convertirse en hábito.

En el campamento, el sonido del dolor había cambiado de tono. Ya no eran alaridos constantes. Eran gemidos más espaciados, respiraciones aún torpes, pero menos desesperadas. Las heridas seguían doliendo. Pero ya no se veían los bordes negros que anunciaban la podredumbre.

Ren se arrodilló junto a un estibador con el antebrazo abierto por una viga caída. Se lavó las manos. Tomó la pinza purificada. Limpió la herida con cuidado, sin apurarse. El hombre apretó los dientes, un quejido bajo escapándosele del pecho.

—Tranquilo —murmuró Ren—. Respira conmigo.

Activó su magia lo justo. No buscaba cerrar la herida de golpe. Buscaba que sanara sin pudrirse.

—Ayer me dijeron que esto dolía menos hoy —susurró el estibador—. Que… no huele igual.

Ren no sonrió.

—Eso es porque ahora no llevamos la suciedad de una herida a otra.

El rumor corrió entre los mineros y estibadores: que el sanador había “enseñado al fuego a limpiar el metal”. Que el vapor del caldero se había vuelto parte del ritual. Que las manos limpias ya no eran solo un gesto, sino un método.

A media mañana, llegaron dos sanadores del gremio desde Ravenhold. No venían con armas. Venían con cuadernos.

—Queremos ver el procedimiento —dijo uno, con cautela—. Hay informes de que reduce infecciones.

Ren asintió.

—Miren —respondió—. Y copien si quieren. No es mío para guardarlo.

Los sanadores observaron el proceso. Anotaron tiempos. Preguntaron por la resina, por la forma del recipiente, por las precauciones para no quemarse. No todos estaban convencidos. Pero nadie se rió.

Lirael llevó a un pequeño grupo al borde del bosque cercano.

—Estas hojas —dijo— ayudan a limpiar cuando no hay fuego. No curan por sí solas. Pero reducen la suciedad que entra en la herida.

Los jóvenes tomaban notas torpes. No eran aprendices aún. Pero ya no eran solo espectadores.

Bromm forjó dos recipientes más. No eran perfectos. Pero funcionaban.

—Si van a copiar esto —gruñó—, copien bien. Un borde mal sellado es vapor perdido… y vapor perdido es metal sucio.

Por la tarde, un mensajero del templo regresó.

—No pueden montar un puesto permanente aquí —dijo—. La jurisdicción es del templo y del gremio.

Ren se secó el sudor del rostro.

—No monté un puesto —respondió—. Monté manos que no ensucian.

El mensajero apretó los labios. No tenía una orden clara para prohibir algo que ya estaba salvando vidas.

Esa noche, el campamento respiraba distinto.

No mejor del todo.

Pero mejor que antes.

Ren se sentó junto al fuego, con los hombros caídos. El cansancio le pesaba como una manta mojada. Observó cómo el vapor subía una vez más del recipiente.

No era magia.

Era repetición.

Y, en un mundo acostumbrado a rezar para que la podredumbre se detuviera, repetir un gesto correcto era una revolución silenciosa.

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Elba Lucia Gomez
no come? enfermo atendiendo? débil? no se......
btcclic cuenta3
Espero los próximo nuevos capítulos, welcome, perfec./Scare/
Annyely
gracias , tratare de publicar otro isekai este mes, para que me sigas apoyando☺️
🇲🇽Háyme Castelo🇲🇽🇲🇽🇲🇽
Excelente.
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