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Manual Para No Enamorarse : Fracaso Anunciado

Manual Para No Enamorarse : Fracaso Anunciado

Status: En proceso
Genre:Yaoi / Mundo de fantasía / Reencarnación
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Un delta que regresa al pasado decidido a no enamorarse.
Un omega reencarnado que solo quiere salvar a su villano favorito.
Entre música, promesas infantiles y destinos torcidos, el amor no estaba en el plan…
pero el plan fracasa desde el primer beso en la mejilla.

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21 El escenario que aprende a esperar

El castillo recuperó su ritmo como quien vuelve a caminar después de una torcedura: con cuidado, sin alardes. Los turnos se normalizaron. Las fogatas en la frontera siguieron visibles, pero ya no ardían con la urgencia del miedo. En los pasillos, la música de Luca Avenni dejó de ser señal de alarma o consuelo y volvió a ser… música.

Eso, para Alessandro di Ravenna, fue el verdadero signo de que el norte había soltado un poco su pulso.

—No apures la normalidad —le dijo Giovanni—. La normalidad llega cuando no se la empuja.

—Lo sé —respondió Alessandro—. Estoy… dejándola llegar.

No era fácil para alguien que había aprendido a sostener el mundo apretando los dientes.

La invitación mayor llegó con sellos oficiales.

—Recital de aprendices en la capital —anunció la maestra Vittoria—. Quieren que Luca participe. Es un escenario… importante.

Luca sostuvo la carta con manos que no temblaban, pero tampoco estaban del todo quietas.

—Es lejos —dijo.

—Es grande —asintió la maestra—. Y no es obligatorio.

Alessandro observó desde el umbral, sin interrumpir.

—¿Quieres ir? —preguntó cuando quedaron solos.

—Sí —respondió Luca—. Y… me da miedo.

—Eso no invalida el sí.

—No —sonrió Luca—. Lo vuelve honesto.

Alessandro respiró hondo.

—Entonces vamos a hacerlo bien.

La planificación fue distinta a las anteriores.

No se trataba de “no perderse” en el pueblo. Era la capital: ruido, miradas, expectativas. Alessandro organizó una escolta mínima, horarios de descanso, rutas seguras. Giovanni revisó capas. La maestra Vittoria habló de repertorio.

—No hagas del escenario un muro —le dijo Alessandro a Luca—. Hazlo un lugar transitable.

—Como el camino —respondió Luca—. Donde no me cierres puertas.

—No las cierro —prometió Alessandro—. Las acompaño.

Eso sonó, por primera vez, a un acuerdo real.

El viaje a la capital fue largo.

Carretas, posadas, caminos de piedra. Luca miraba por la ventana con una mezcla de curiosidad y vértigo. Alessandro le ofreció silencio cuando lo necesitó, palabras cuando el silencio se volvía pesado.

—¿Y si no les gusta? —preguntó Luca una noche.

—Les gustará —respondió Alessandro—. Y si no… —se detuvo—. No te define.

—Eso también es nuevo —sonrió Luca—. Antes creías que todo definía.

—Antes creía que todo se perdía —admitió Alessandro.

La capital no era un escenario.

Era muchos escenarios superpuestos.

Luces, carruajes, voces que pedían atención. El teatro de aprendices olía a madera nueva y polvo viejo. Luca subió al escenario para probar acústica. Las notas rebotaron distinto.

—Aquí el sonido vuelve —observó.

—Como el pasillo —respondió Alessandro.

Luca lo miró, sorprendido.

—Te estás volviendo poético.

—No se lo digas a Giovanni.

—Lo hará él por ti.

La prueba general fue correcta.

No perfecta.

Suficiente.

—No te apures —le dijo la maestra Vittoria—. El escenario no huye.

—A veces sí —respondió Luca—. Cuando te distraes.

Alessandro observó la concentración nueva en los hombros de Luca. No era tensión. Era presencia.

La noche del recital, el teatro se llenó.

No de multitudes.

De expectativas.

Luca tocó en tercer lugar. Antes de salir, miró a Alessandro.

—No me mires como si fuera a caerme —dijo, sonriendo.

—No lo haré.

—Mírame como si… me quedara.

Alessandro asintió.

—Eso sé hacerlo.

Luca salió al escenario.

La música no intentó conquistar.

Se ofreció.

Alessandro escuchó desde la penumbra, sin vigilar. Acompañó con la respiración.

Cuando terminó, hubo un aplauso más largo que los anteriores. No atronador. Sincero.

Luca hizo una reverencia pequeña.

El “no dicho” llegó después, en el pasillo del teatro.

—Gracias por venir —dijo Luca.

—Gracias por tocar —respondió Alessandro.

—No dijiste “te fue bien”.

—Te fue… tuyo.

Luca sonrió, entendiendo.

Se miraron.

No hubo confesión.

Hubo un reconocimiento que ya no pedía permiso.

—Volvamos —dijo Alessandro.

—Volvamos —repitió Luca.

El escenario aprendió a esperar.

Ellos también.

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