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LA MUJER QUE NUNCA SE ARRODILLÓ

LA MUJER QUE NUNCA SE ARRODILLÓ

Status: Terminada
Genre:Mundo de fantasía / Amor-odio / Romance / Completas
Popularitas:4k
Nilai: 5
nombre de autor: Alexa Rodríguez Murillo

Valeria, una mujer fuerte, exitosa e independiente, decide abandonar al hombre que ama cuando este le falta al respeto. Mientras él comprende demasiado tarde su error, ella reconstruye su vida, encuentra un amor basado en la admiración mutua y demuestra que la dignidad siempre debe estar por encima del amor.

NovelToon tiene autorización de Alexa Rodríguez Murillo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 16 Las primeras grietas

Al principio, nadie notó el cambio.

Ni Victoria.

Ni Valeria.

Ni Gabriel.

Ni siquiera las personas que pasaban más tiempo cerca de ellos.

Porque las cosas que destruyen una relación rara vez empiezan con grandes explosiones.

No comienzan con gritos.

No comienzan con violencia.

Comienzan con pequeñas frases.

Pequeños comentarios.

Pequeñas dudas sembradas lentamente en la mente de una persona.

Y Alexander era experto en hacer que sus palabras parecieran amor.

El cuarto mes de relación llegó acompañado de una felicidad que parecía crecer cada día.

Victoria estaba más enamorada que nunca.

Había empezado a incluir a Alexander en pequeños momentos de su vida.

Le contaba sobre sus clases.

Sobre los proyectos de la fundación.

Sobre sus planes futuros.

Él parecía interesado en todo.

Siempre preguntaba.

Siempre opinaba.

Siempre tenía algo que decir.

Y Victoria interpretaba esa atención como una señal de cariño.

Como una prueba de que había encontrado a alguien que realmente se preocupaba por ella.

Una tarde, Victoria se preparaba para asistir a una exposición universitaria.

Había elegido un vestido elegante de color negro.

No era provocativo.

Era sencillo.

Moderno.

Representaba exactamente quién era ella.

Cuando Alexander llegó para recogerla, la observó durante unos segundos.

Victoria sonrió.

—¿Qué pasa?

Él sonrió también.

—Nada.

Solo que...

Hizo una pausa.

—Ese vestido llama demasiado la atención.

Victoria parpadeó sorprendida.

—¿Demasiado?

Alexander rápidamente suavizó su expresión.

—No lo digo porque se vea mal.

Al contrario.

Te queda hermoso.

Pero todos van a mirarte.

Victoria soltó una pequeña risa.

—Alexander, es una exposición de arte. No un desfile.

Él sonrió.

—Ya sé.

Solo me preocupo por ti.

Aquella última frase cambió completamente el significado de sus palabras.

"Me preocupo por ti."

No sonaba como una crítica.

Sonaba como amor.

Victoria lo miró unos segundos.

Después negó con una sonrisa.

—A veces eres demasiado protector.

Alexander tomó su mano.

—Porque me importas.

Y ella dejó pasar el comentario.

Unos días después ocurrió algo parecido.

Victoria estaba conversando con un compañero de universidad llamado Daniel.

Era un amigo de varios años.

Hablaban sobre un proyecto académico.

Nada más.

Cuando Alexander llegó para recogerla, observó la escena desde lejos.

Esperó hasta que Daniel se fue.

Después preguntó:

—¿Quién era?

Victoria respondió naturalmente.

—Daniel.

Estudiamos juntos.

Me está ayudando con una investigación.

Alexander guardó silencio.

—¿Qué?

Victoria notó su expresión.

Él sonrió ligeramente.

—Nada.

Solo parecía demasiado interesado en ti.

Ella frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?

—Nada malo.

Solo digo que un hombre sabe cuando otro hombre mira de cierta manera.

Victoria suspiró.

—Alexander, Daniel es mi amigo.

—Lo sé.

No estoy diciendo que hayas hecho algo.

Solo quiero protegerte.

Otra vez.

La misma frase.

La misma explicación.

Y nuevamente Victoria decidió no darle importancia.

Esa noche, mientras cenaban, Victoria comentó el tema con Valeria.

—Alexander a veces es un poco celoso.

Valeria levantó la mirada.

—¿Celoso?

Victoria sonrió.

—Pero de una manera tierna.

Solo quiere cuidarme.

Su madre permaneció en silencio unos segundos.

—¿Y cómo son esos celos?

Victoria pensó.

—Nada grave.

Solo comentarios.

Que un vestido llama mucho la atención.

Que algún amigo parece interesado en mí.

Valeria dejó lentamente la taza sobre la mesa.

—Victoria...

Ella miró a su madre.

—¿Sí?

Valeria escogió cuidadosamente sus palabras.

—A veces la preocupación y el control pueden parecerse mucho al principio.

Victoria frunció el ceño.

—¿Crees que Alexander intenta controlarme?

—No estoy diciendo eso.

No lo conozco lo suficiente para afirmar algo así.

Solo quiero que recuerdes algo.

Una persona que te ama debe sentirse feliz con tu libertad.

No incómoda por ella.

Victoria guardó silencio.

No quería aceptar que aquellas palabras le habían generado una pequeña duda.

Porque aceptar una duda significaba reconocer que quizás algo no era tan perfecto como parecía.

Y ella todavía quería creer en su historia de amor.

Al día siguiente, Alexander apareció con flores.

Victoria abrió la puerta y sonrió sorprendida.

—¿Qué haces aquí?

Él levantó el ramo.

—Quería verte.

Después de unos segundos agregó:

—Y quería disculparme si ayer te hice sentir incómoda.

Victoria sintió ternura.

—No fue nada.

Alexander negó.

—No quiero que pienses que soy alguien que intenta limitarte.

Nunca haría eso.

Tú eres una mujer increíble.

Precisamente por eso quiero cuidarte.

Victoria sonrió.

La duda desapareció.

Porque él había hecho exactamente lo que siempre hacía.

Convertía el problema en una demostración de amor.

Esa tarde caminaron juntos por el parque.

Alexander parecía el mismo hombre de siempre.

El hombre que escuchaba.

El hombre atento.

El hombre que la hacía reír.

Victoria se apoyó en su hombro.

—Tengo mucha suerte contigo.

Alexander la abrazó.

—Yo tengo más suerte contigo.

Ella cerró los ojos.

Y por un momento todo volvió a sentirse perfecto.

Pero esa noche ocurrió algo que nadie vio.

Cuando Alexander llegó a su apartamento, dejó las llaves sobre la mesa.

Sacó su teléfono.

Había una fotografía de Victoria en la exposición.

La había tomado sin que ella se diera cuenta.

Victoria sonriendo.

Hablando con sus compañeros.

Siendo ella misma.

Alexander observó la imagen durante varios segundos.

Su expresión cambió.

Ya no estaba la sonrisa amable.

Ya no estaba el hombre encantador.

Solo había molestia.

Abrió la conversación con Victoria.

Escribió:

"Me alegra que hayas entendido mi preocupación."

Pero antes de enviarlo borró el mensaje.

Pensó unos segundos.

Después escribió algo diferente:

"Buenas noches, amor. Espero que descanses. Gracias por escucharme siempre."

Y lo envió.

Porque Alexander sabía algo importante:

El control más efectivo no se impone.

Se consigue haciendo que la otra persona crea que lo acepta por amor.

Mientras Victoria dormía tranquila, convencida de que solo tenía a un novio protector y enamorado...

La primera grieta ya estaba formada.

Era pequeña.

Casi invisible.

Pero estaba allí.

Y con el tiempo...

Comenzaría a abrirse.

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Mariana Posternak
hermosa historia, cuenta la realidad que pasa miles de mujeres ,que callan y algunas ni llegan a contar la historia , ♥♥
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