nigfc hftuj yij bbjb
NovelToon tiene autorización de mirle hernandez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
YAN MARCOS
YEIDI: ¿Pero si no nos vamos a dejar nunca?
NATHALY: Eso no lo sabes tu, ni yo, lo mejor es esperar porque el novio o la novia a esta edad tuya es una distracción, mejor sean buenos amigos y compartan, hasta ahí, después el tiempo dirá.
YEIDI: Mis amigas tienen, y sus papás saben.
NATHALY: Hermana, no puedes repetir lo que tus amigas hagan, la educación en casa son totalmente diferentes, no te puedes poner a la par de tus amigas, piensa en ti, en lo que quieres, en tu prioridad, no en lo que hagan o quieran los demás.
YEIDI: ¿Entonces no debo hacer lo que ellas hacen?
NATHALY: No necesariamente, como te dije, debes pensar en ti, en tus sueños, en tus metas y en lo que realmente quieres para tu vida. No tomes decisiones solo porque los demás las toman.
YEIDI: A veces siento que me quedo atrás.
NATHALY: No te estás quedando, al contrario, llevas un paso adelante, estás construyendo tu futuro. Las personas que saben esperar muchas veces suelen tomar las mejores decisiones.
YEIDI: ¿Y si después me arrepiento?
NATHALY: Lo dudo. Todo llega a su tiempo Yeidi, ahora mismo tu prioridad debe ser estudiar, aprender, disfrutar tu infancia y prepararte para cumplir tus sueños. El amor no se va a acabar porque esperes unos años más, al contrario, grande vas a estar más hermosa y tendrás buenos pretendientes, y dependerá de ti conocer a ese buen hombre, Dios nos tiene a esos hombres en algún lado del mundo.
YEIDI: Ja ja ja no había pensado eso.
NATHALY: Ja ja ja ja hay hermanita, la mayoría de las niñas creen que crecer rápido es una ventaja, pero no siempre es así. Cada etapa tiene algo bonito que enseñar, que vivir, aprender, disfrutar; tú espera tu tiempo para enamorarte, para tener novio y para vivir esas experiencias.
YEIDI: Entonces no voy a preocuparme por lo que hacen mis amigas.
NATHALY: Exactamente. Preocúpate por ser la mejor versión de ti misma. Cuando aprendes a seguir tu propio camino, dejas de vivir comparándote con los demás.
Yeidi sonrió al escuchar aquellas palabras de su hermana mayor, la madre cerca escuchaba la conversación de sus dos grandes tesoros, Maria sonreida pensó en que su hija mayor siempre encontraba la forma de convertir una simple conversación en una lección de vida para ellas; y le alegraba, se sentía bien con ella misma, porque apesar de las dificultades y la calidad de vida había educado una buena mujer con valores y principios, eso mismo le estaba enseñado también a su hermana.
Muy lejos de aquella casa humilde donde reinaban el amor y los buenos valores, existía una realidad completamente diferente, un contraste de dos clases sociales.
El gran empresario Yan Marcos Escalante era uno de los hombres más exitoso del país, dueño de varias empresas y reconocido por su capacidad para hacer negocios, sus padres le habían heredado los negocios a los 20 años, y cinco años después con 25 años ya era padre y había construido una enorme fortuna a base de trabajo y sacrificio, mientras estudiaba administración de empresas sus padres lo instruian en el negocio.
Sin embargo, había algo que había olvidado construir, la relación con su hijo, lo amaba profundamente, pero no se lo demostraba con afecto, el habia aprendido de sus padres que el amor se expresaba mediante regalos, juguetes costosos, ropa de marca y todo aquello que el dinero podía comprar; eso mismo hacia con su hijo, aun sabiendo lo que se sentia no tener cariño de padres, por eso a sus 25 años era un joven amargado y poco sociable, sabía que su hijo iba por el mismo camino pero no buscaba solución.
Yan Marcos cuando encontraba un espacio libre en su agenda, intentaba compartir tiempo con Gael, pero incluso en esos momentos tenía el teléfono en las manos respondiendo correos, atendiendo reuniones o resolviendo problemas de sus empresas; aunque de vez en cuando levantaba la mirada para ver a su hijo.
Una mañana mientras Yan Marcos atendía su teléfono, Gael jugaba sin ánimo con sus juguetes caros, el lo único que quería era el calor de su padre, su atención, jugar con él, sentir un abrazo, quería tener un padre presente; pero sabía que era algo con lo que no podía contar; Gael era un niño muy inteligente para entender todo lo que sucedía a su alrededor, hablaba solo lo necesario cuando le hacían pregunta o intentaban entablar una conversación con él. El padre levantó la vista viendo jugar y le preguntó.
YAN MARCOS: ¿Te estás divirtiendo campeón?
GAEL: Sí.
Cuando escuchaba la respuesta de su hijo Yan Marcos volvía inmediatamente a la pantalla. Su hijo lo miraba con tristeza, pero su padre no se daba cuenta de que su hijo no quería juguetes nuevos, de moda.
Gael cada mañana observaba en la escuela cómo sus compañeros llegaban de la mano de sus padres o eran despedidos con abrazos, besos y palabras cariñosas. A él, en cambio, lo acompañaban uno de los empleados de la mansión y los escoltas encargados de su seguridad. El nunca había tenido a su lado una mujer que viera como figura materna, su niñera lo atendía y jugaba con el, pero no sentia que fuera alguien especial para el porque ella no le daba ni un abrazo y menos palabras cariñosas, lo trataba bien como niño, pero mantenía la distancia porque sabía cual era su trabajo.
Con apenas cinco años, Gael ya conocía la soledad, tenía una habitación enorme llena de juguetes, ropa de las mejores marcas y todo lo que cualquier niño podría desear, pero no era lo que él quería en esos momentos, cada noche se dormía con el mismo vacío en el corazón, sin tener unos padres o que su padre cada noche le diera un abrazo de buenas noches o que lo acompañara a dormir, tener al alguien que estuviera para consolarlo cuando tuviera pesadillas, que al desertar fuera la primera imagen que viera, pero su realidad era otra.