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LA GORDITA QUE ENAMORÓ AL MAFIOSO

LA GORDITA QUE ENAMORÓ AL MAFIOSO

Status: En proceso
Genre:Grandes Curvas / Mafia / Posesivo
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Orozco

Valentina Morales está acostumbrada a que la gente juzgue su cuerpo antes de conocer su corazón.

Después de perder su empleo y descubrir que su hermano tiene una enorme deuda con un hombre peligroso, Valentina acepta trabajar para el único hombre capaz de ayudarlos: Damián Ferrer, el mafioso más poderoso y temido de la ciudad.

Damián está acostumbrado a conseguir todo lo que quiere. Las mujeres se acercan a él por su dinero, su poder y su apellido.

Pero Valentina es diferente.

Ella no se deja intimidar.

No intenta conquistarlo.

No acepta sus órdenes sin discutir.

Y, sobre todo, no permite que nadie vuelva a hacerla sentir menos por tener curvas.

Lo que comienza como una relación basada en una deuda terminará convirtiéndose en una historia de amor, celos, traiciones y secretos.

Damián juró que jamás se enamoraría.

Valentina juró que jamás permitiría que un hombre controlara su vida.

NovelToon tiene autorización de Orozco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

una deuda imposible

Valentina Morales siempre había pensado que los problemas llegaban de uno en uno.

Primero había perdido su trabajo.

Después, las cuentas comenzaron a acumularse sobre la pequeña mesa de la cocina.

Y ahora, mientras observaba a su hermano sentado frente a ella con la mirada clavada en el suelo, comprendía que todavía podía existir algo peor.

—¿Cuánto debes? —preguntó Valentina.

Mateo no respondió.

—Te pregunté cuánto debes.

El joven levantó lentamente la mirada.

—Cincuenta millones.

Valentina sintió que el corazón se le detenía.

—¿Cincuenta millones de pesos?

Mateo asintió.

—¿Estás loco?

—Lo sé.

—¡¿Cómo pudiste meterte en algo así?!

Mateo pasó ambas manos por su rostro.

—No era para mí, Vale.

—¿Entonces para quién?

Silencio.

Valentina se levantó de la silla.

—Mateo.

—Necesitaba dinero para pagar unas cosas.

—¿Qué cosas?

Su hermano respiró profundamente.

—Unos hombres me prestaron el dinero.

Valentina sintió un escalofrío.

—¿Qué hombres?

Mateo no tuvo que responder.

La expresión de su rostro fue suficiente.

Valentina conocía esa mirada.

Miedo.

—¿Te metiste con gente de la mafia?

—No quería hacerlo.

—¡Pero lo hiciste!

La discusión fue interrumpida por tres golpes secos en la puerta.

Ambos quedaron paralizados.

Toc.

Toc.

Toc.

Mateo palideció.

—Ya vienen.

Valentina sintió que el miedo comenzaba a apoderarse de ella.

—¿Quiénes?

—Los hombres a los que les debo el dinero.

Los golpes volvieron a escucharse.

Esta vez fueron más fuertes.

—¡Abran!

Valentina miró hacia la puerta.

Después miró a su hermano.

—¿Qué vamos a hacer?

Mateo se levantó rápidamente.

—No lo sé.

—¡Tú tienes que saberlo!

—¡No puedo pagarles, Valentina!

Un golpe estremeció la puerta.

—¡Sabemos que están ahí!

Valentina retrocedió.

Su hermano tomó su mano.

—Escúchame. Pase lo que pase, no les digas dónde estoy.

—¿Dónde vas a ir?

Mateo no contestó.

La puerta comenzó a abrirse.

Pero antes de que aquellos hombres pudieran entrar, se escucharon varios motores detenerse frente a la casa.

Los hombres que estaban afuera se quedaron en silencio.

Después, uno de ellos murmuró:

—Llegó él.

Valentina frunció el ceño.

—¿Quién?

Mateo la miró con auténtico terror.

—Damián Ferrer.

Ese nombre parecía haber cambiado el aire de la habitación.

—¿Quién es?

—El hombre al que le debes el dinero.

Valentina sintió que las piernas le temblaban.

—Pensé que habías dicho que eran unos hombres.

—Ellos trabajan para él.

La puerta finalmente se abrió.

Pero nadie entró.

Unos segundos después, una figura masculina apareció en el umbral.

Alto.

Vestido completamente de negro.

Su rostro era serio y sus ojos tenían una frialdad que hizo que Valentina dejara de respirar durante unos segundos.

Detrás de él había varios hombres.

Damián Ferrer no necesitaba levantar la voz para imponer respeto.

Simplemente entraba a un lugar y todos entendían quién tenía el poder.

Sus ojos recorrieron la habitación hasta detenerse en Mateo.

—Cincuenta millones —dijo tranquilamente—. Ese era el plazo.

Mateo bajó la cabeza.

—Lo sé, señor Ferrer.

—Y no pagaste.

—Necesito más tiempo.

Damián soltó una pequeña risa sin humor.

—El tiempo se terminó hace tres días.

Valentina dio un paso al frente.

—Mi hermano va a pagarle.

Damián la miró.

Por primera vez pareció realmente interesado.

Sus ojos recorrieron su rostro y después se detuvieron brevemente en ella.

Valentina sintió que aquel hombre la estaba evaluando.

—¿Quién eres? —preguntó él.

—Valentina Morales.

—¿Eres su hermana?

—Sí.

Damián volvió a mirar a Mateo.

—No sabía que tenías una hermana.

—Ella no tiene nada que ver con esto.

—Eso lo decidiré yo.

Valentina sintió indignación.

—No puede decidir sobre mi vida.

Los hombres detrás de Damián intercambiaron miradas.

Parecía que nadie hablaba así con él.

Damián, en cambio, no se enfadó.

Simplemente la observó.

—Tienes carácter.

—Y usted tiene problemas para respetar los límites.

Uno de los hombres dio un paso hacia ella.

—Cuida tus palabras.

Damián levantó una mano.

El hombre se detuvo.

—Déjala.

Valentina sostuvo su mirada.

No quería demostrar que estaba asustada.

Aunque lo estaba.

Mucho.

Damián caminó lentamente hasta quedar frente a ella.

—¿Sabes qué sucede cuando alguien no paga una deuda conmigo?

Valentina tragó saliva.

—No.

—Entonces no deberías hacer preguntas cuya respuesta podría asustarte.

Ella apretó los puños.

—No tengo miedo de usted.

Damián arqueó una ceja.

—Eso es una mentira.

Valentina no respondió.

Él se alejó y tomó una pequeña carpeta que uno de sus hombres le entregó.

La abrió.

—Cincuenta millones de pesos.

Después levantó la mirada hacia Valentina.

—Tu hermano no puede pagarme.

—Yo encontraré la manera.

—¿Tú?

—Sí.

Damián la observó durante unos segundos.

—¿Cómo?

Valentina no tenía respuesta.

Había perdido su trabajo hacía una semana.

Apenas tenía dinero para pagar el alquiler.

Pero no permitiría que se llevaran a su hermano.

—Trabajaré —dijo finalmente.

Damián sonrió ligeramente.

—¿Para quién?

—Para quien sea.

—Eso no será suficiente.

Valentina sintió que la esperanza comenzaba a desaparecer.

—Entonces dígame qué quiere.

Damián cerró la carpeta.

—Todavía no.

Mateo dio un paso adelante.

—Señor Ferrer, por favor. Ella no tiene nada que ver.

Damián lo ignoró.

Sus ojos seguían sobre Valentina.

—Tienes cuarenta y ocho horas.

—¿Para conseguir cincuenta millones?

—Exactamente.

Valentina sintió que el mundo se le venía encima.

—Eso es imposible.

—Entonces tu hermano pagará las consecuencias.

Damián se dio la vuelta.

Antes de salir, se detuvo.

—Pero quizá exista otra manera.

Valentina levantó la mirada.

—¿Cuál?

Damián giró lentamente el rostro.

—Mañana recibirás una propuesta.

—¿Qué propuesta?

Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

—Una que podría cambiar tu vida.

Y se marchó.

La puerta se cerró.

Valentina permaneció inmóvil.

Mateo se dejó caer sobre una silla.

—No debiste enfrentarte a él.

—¿Quién es realmente ese hombre?

Mateo la miró.

—Damián Ferrer no es solamente un mafioso.

—¿Entonces qué es?

Mateo tragó saliva.

—Es el hombre más peligroso de toda la ciudad.

Valentina miró hacia la puerta por donde Damián acababa de salir.

No sabía qué contenía aquella propuesta.

Pero algo dentro de ella le decía que aceptar el trato de aquel hombre podía ser mucho más peligroso que cualquier deuda.

Y, sin saberlo, acababa de entrar en el mundo de Damián Ferrer.

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