Valeria Cárdenas parecía tener una vida estable: un matrimonio envidiable, un hogar tranquilo y un esposo que, alguna vez, la amó de verdad. Pero con el tiempo, las palabras dejaron de ser cariño y empezaron a doler, y el silencio se volvió una forma de castigo que nunca supo cómo enfrentar.
Día tras día, Valeria se fue apagando entre reproches, desprecios, monotonía y culpas que no eran suyas. Sin darse cuenta, dejó de ser ella misma para convertirse en alguien sin alma, solo para no molestar.
Cuando finalmente toma una decisión de la que no hay vuelta atrás convencida de que su ausencia hará todo más fácil para quienes la rodean, entiende demasiado tarde cuánto se había perdido en el camino. Porque a veces el amor no se acaba… solo cambia hasta volverse irreconocible.
Esta es una historia donde el dolor se guarda, donde nadie ve lo que pasa puertas adentro. Y donde comprender lo que ocurrió llega cuando ya no se puede reparar.
NovelToon tiene autorización de A.Gaby para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
No seré tu sirvienta
El portazo no fue fuerte, pero el sonido quedó flotando en la casa.
Andrés seguía de pie, con los papeles en la mano, mirando hacia la puerta como si esperara que todo fuera un error. Sus dedos apretaban la carpeta con fuerza, arrugando una esquina sin darse cuenta.
—Esto no puede estar pasando—murmuró.
Dentro de la habitación, el ruido lo despertó todo.
Florencia abrió los ojos lentamente, confundida al principio. El silencio que encontró no era el mismo de la noche anterior.
Se incorporó, acomodándose la ropa, y escuchó la voz de Andrés desde la sala. No entendía bien qué decía, pero el tono era suficiente para saber que algo no estaba nada bien.
Se levantó despacio y caminó hacia él.
—¿Qué te sucede, mi amor? —preguntó al verlo—. ¿Por qué gritabas?
Andrés ni siquiera la miró.
—Ahorita no, Florencia—respondió, con evidente molestia—. Estoy con coraje.
Ella lo observó unos segundos. No insistió de inmediato. En lugar de eso, giró y fue a la cocina. Abrió un mueble, tomó un vaso, lo llenó con agua y regresó.
—Toma —dijo con calma, extendiéndoselo—. Primero tranquilízate. Luego me cuentas.
Andrés dudó un momento, pero terminó aceptándolo. Bebió de golpe, como si eso pudiera bajar la rabia que tenía encima.
—Ahora sí —añadió ella—. ¿Qué pasó?¿cuéntame?
Él soltó el vaso sobre la mesa con más fuerza de la necesaria.
—Valeria —dijo, casi escupiendo el nombre—. Resulta que ya puso la demanda de divorcio.
Florencia abrió los ojos con aparente sorpresa.
—¿De verdad?
—Sí —respondió—. Y lo peor no es eso.
Se pasó una mano por el cabello, frustrado.
—Lo peor es que tengo que darle la mitad de mis bienes. ¿Te imaginas eso, Florencia? La mitad.
Florencia lo miró en silencio, analizando sus palabras.
—¿La mitad? —repitió suavemente.
—Sí —continuó él, alzando la voz—. ¡A ella! A una mujer que prácticamente recogí de la calle, es una probé huérfana. Que no tenía nada. Y ahora quiere quedarse con lo que es mío.
El desprecio en su tono era claro.
Florencia bajó la mirada unos segundos, como si estuviera pensando bien lo que iba a decir. Luego volvió a mirarlo, con una expresión más suave para calmarlo.
—Mi amor —dijo—. Piensa bien las cosas.
Andrés frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
—Que tal vez esto no es tan malo como tu crees.
Él soltó una risa corta, incrédulo.
—¿No es tan malo? Me están quitando lo que me pertenece.
Florencia negó con la cabeza con calma.
—No lo veas así. Míralo de otra forma.
Se acercó un poco más.
—Si le das el divorcio tú y yo podemos casarnos.
Andrés guardó silencio.
—Nuestro hijo nacerá dentro de un matrimonio estable —continuó ella—. Con todo en orden. Sin problemas. Sin sombras de Valeria.
Las palabras comenzaron a hacer efecto.
—Y cuando tu madre se entere—añadió, bajando un poco la voz—. Que va a ser abuela..
Hizo una pequeña pausa.
—¿Tú crees que no va a querer darle todo a su unico nieto?
Andrés la miró con más atención ahora.
—Va a poner su fortuna a nombre de nuestro hijo —continuó Florencia—. Y tú la vas a administrar.
El silencio se llenó de otra energía.
—Lo que le toque a Valeria… —finalizó ella—. No va a ser nada comparado con lo que nuestro hijo y tú van a tener.
Andrés se quedó quieto unos segundos.
Pensando.Calculando.
Su expresión comenzó a cambiar.
—Tienes mucha razón… —murmuró.
Florencia sonrió levemente.
—Siempre la tengo.
Él dejó los papeles sobre la mesa.
—Al final esto me conviene.
Se acercó a ella, tomándola de la cintura.
—Eres inteligente mi amor. Sabía que estar contigo era la mejor decisión que he tomado en mi vida.
Florencia no respondió de inmediato. Solo sostuvo su mirada.
—Ahora todo va a ser diferente —añadió él—. Todo.Ella asintió.
—Claro que sí amorcito.
Hubo un momento de silencio.
Luego Andrés miró hacia la cocina.
—¿Puedes ir a preparar el desayuno? —preguntó con naturalidad—. Tengo hambre.
Florenciaa no se movió.
Su expresión cambió apenas, pero lo suficiente.
—Quiero dejar algo claro, Andrés —dijo, sin levantar la voz.
Él la miró, confundido.
—¿Qué cosa?
—Yo no soy Valeria.
El tono no era agresivo, pero sí firme.
—¿A qué te refieres?
Florencia cruzó los brazos con calma.
—A que no voy a estar en esta casa cocinando, limpiando y atendiéndote como si fuera una empleada.
Andrés frunció el ceño.
—No es eso, solo te pedí que hicieras el desayuno amor.
—No —lo interrumpió ella—. Me pediste como si fuera mi obligación y detesto que me manden.
El silencio cayó entre los dos.
—Y no lo es —añadió.
Andrés la observó con incomodidad.
—Entonces… ¿qué propones?
Florencia no dudó.
—Contrata personal.
Él soltó una risa corta.
—¿Personal? ¿Para qué?
—Para todo lo que tú crees que yo debo hacer —respondió—. Limpieza, comida, lo que sea.
Se acercó un poco más.
—Porque yo voy a seguir trabajando en la empresa.
Eso no le gustó.
—No tienes que trabajar —dijo él—. Yo puedo mantenerte.
Florencia negó lentamente.
—No se trata de eso.
—Entonces, ¿de qué?
—De que no voy a depender de ti.
Andrés no respondió de inmediato.
—Quiero mi vida —continuó ella—. Mi trabajo. Mis decisiones.Lo miró fijamente.
—Si vamos a estar juntos va a ser así.
El silencio se volvió incómodo.
Muy distinto al de antes.
Andrés desvió la mirada por un momento.
—Está bien mi vida—dijo finalmente—. Como quieras.
Pero su tono no era del todo convencido.
Florencia lo notó.
—Y mientras tanto —añadió—. Pide un delivery.
Se giró y caminó hacia la habitación, dejándolo solo en la sala.
Andrés se quedó ahí, inmóvil.
Miró la cocina.Luego los papeles del divorcio.
Luego la puerta.Todo en poco tiempo había sucedido tantas cosas, esto es de locos.Pero sentía que algo no encajaba.
Había conseguido lo que quería o eso creía.
Pero por alguna razón no se sentía como esperaba.
Tomó su celular, pero no hizo nada con él.
Solo se quedó ahí.
En una casa que ya no se sentía igual.
Y con una sensación que no supo explicar.