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Destinada A Un Amor Inmortal - Temporada 2

Destinada A Un Amor Inmortal - Temporada 2

Status: En proceso
Genre:Romance / Vampiro
Popularitas:519
Nilai: 5
nombre de autor: Liz Eliana Cera

Un refugio maldito, una obsesión mortal y un secreto de sangre a punto de estallar.

Huyendo de su familia, Bibiana toma la drástica decisión de mudarse con Adam a una cabaña aislada en mitad del espeso bosque finlandés. Ellos creen estar construyendo su propio nido de amor en una paz idílica, sin embargo, ambos viven en una mentira: ignoran por completo la existencia de un Pacto de sangre, la oscura deuda del pasado que ya ha marcado sus destinos. Pero el invierno no perdona, y la tragedia golpea con la fuerza de un témpano.

Segunda temporada de la novela Destinada a un amor inmortal

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T2 Capítulo 15 - Entre sueños y sombras

Los dos extraños salieron de la cafetería con paso rápido.

—¿Se lo decimos a nuestro jefe? —preguntó el primer vampiro.

—Aún no. Primero debemos estar seguros de que de verdad lo encontramos. Vámonos —ordenó el segundo.

El mesero los vio alejarse a través del cristal, sintiendo un escalofrío.

—Qué tipos tan extraños —masculló para sí mismo antes de seguir con su trabajo.

En otra parte del pueblo, Diego disfrutaba de la libertad del Parque Nacional.

—Este lugar es genial —dijo con una sonrisa, ajustándose los esquís.

—¿Nunca habías venido? —preguntó Melissa, divertida.

—No. Me imagino que tú has estado aquí muchas veces.

—He venido, sí... pero no precisamente a visitar —admitió ella con una mirada enigmática.

—¿Te alimentas aquí?

—Algunas veces. Pero no de sangre humana —aclaró Melissa rápidamente—. Hoy no quiero pensar en eso. Hoy quiero que nos divirtamos. ¡Vamos a esquiar!

Mientras tanto, Bibiana caminaba por el bosque con el corazón pesado. Sus pies la llevaron, casi por instinto, a la cabaña de Adam. Al entrar, el silencio la golpeó como un muro. Recorrió cada rincón, recordando las risas y la calidez que alguna vez llenaron ese espacio, hasta llegar a la habitación que habían compartido. Se dejó caer en la cama, aspirando el leve rastro de su esencia que aún quedaba en las sábanas.

—Adam... —susurró, cerrando los ojos con cansancio.

A miles de kilómetros, en Alaska, Adam sentía ese mismo vacío. Estaba acostado en su cama, aferrado al suéter de ella.

—Bibi, si no puedo verte en la realidad, te veré en mis sueños —declaró con desesperación—. Ya no puedo contener estas ganas de abrazarte.

Cerró los ojos con fuerza, concentrando todo su poder para proyectarse en el subconsciente de la mujer que amaba.

En la cabaña del bosque, el sueño venció a Bibiana. De pronto, la oscuridad de su mente se transformó en una pradera de flores infinitas. Allí, bajo una luz cálida, estaba él.

—¡Bibi! —exclamó Adam, con el rostro iluminado.

Ella se giró de golpe. Allí estaba él, radiante y con esa sonrisa que lograba iluminar hasta su rincón más oscuro.

—¡Adam! —exclamó con el corazón desbocado. Corrió hacia él con todas sus fuerzas y se lanzó a sus brazos, aferrándose como si su vida dependiera de ello.

Adam la rodeó con fuerza, hundiéndose en su abrazo.

—Mi amor, qué bueno que viniste aunque sea en mis sueños —susurró ella entre lágrimas de alivio—. No sabes cuánto te extraño.

Le dio un beso desesperado, buscando convencerse de que el contacto era real. Adam le acarició el rostro con una ternura infinita.

—Yo también te extraño —respondió él con voz suave—. Tenía tantas ganas de verte… ¿Cómo estás, mi vida?

—Estoy muy triste —confesó Bibiana, bajando la mirada—. Nada es lo mismo sin ti. Siento que el mundo perdió su color.

—Tienes que intentar ser feliz, Bibi. Tienes que seguir adelante —le pidió él, aunque sus propios ojos reflejaban dolor.

—No puedo. Te amo demasiado —respondió ella, escondiendo el rostro en su pecho—. Solo desearía que todo esto fuera una pesadilla… que estuvieras vivo.

Adam la estrechó contra sí, cerrando los ojos con fuerza. «Si supieras que en verdad lo estoy, Bibi», pensó él, guardando el secreto que le quemaba el alma mientras la protegía en el mundo onírico.

—Te amo con toda mi alma —sentenció ella.

—Y yo a ti, por toda la eternidad.

Se fundieron en un beso apasionado, dejando que sus sentimientos los arrastraran lejos del dolor. En la cama de la cabaña, el cuerpo de Bibiana descansaba, pero sus labios dibujaban una sonrisa de paz, la primera en mucho tiempo.

En la casa de Matt, el ambiente era todo menos romántico.

—¿Cómo que te vas con esa familia? —preguntó Martina, alarmada.

—No voy a perder a Bibiana. Estando lejos, volveré a intentarlo —sentenció Matt.

Tomás, su hermano, se puso de pie, harto.

—¡Es una locura, Matt! Ella te ha dicho mil veces que no quiere nada contigo.

—¡No me importa! —gritó Matt—. Ella le pertenece por ese pacto, pero si él muere de verdad, ese lazo se romperá. Ella volverá a amarme.

—¿Estás pensando en matarlo? —preguntó Tomás con horror—. ¿Te convertirías en un asesino?

—Es un vampiro. Ninguna justicia humana me haría pagar por eso.

—No, pero su mundo sobrenatural sí —intervino Martina con voz grave—. Su padre es poderoso y te mataría antes de que pudieras pestañear.

—¡Ya nada me importa! —soltó Matt antes de salir de la sala de un portazo.

Tomás miró a su madre.

—Haz algo, mamá. O esto terminará muy mal.

—No puedo hacer nada, hijo. Es su decisión hundirse.

—Todo esto es culpa de Bibiana —gruñó Tomás—. Si no lo hubiera engañado...

—No es su culpa —suspiró Martina con tristeza—. Es culpa del destino, que se ensañó con mi pobre hijo al ponerla en su camino.

De vuelta en el sueño, el tiempo parecía haberse detenido para los amantes.

En la serenidad de la pradera, Adam y Bibiana se abrazaban, aún envueltos en la magia del momento íntimo que acababan de compartir. Los besos que se daban eran lentos, saboreando una cercanía que el destino les había arrebatado en la realidad.

—Deseaba tanto verte... deseaba tanto volver a besarte así —susurró Adam, recorriendo el contorno de los labios de Bibiana con una devoción infinita.

Bibiana sonrió, apoyando su frente contra la de él. Sus ojos brillaban con una mezcla de felicidad y nostalgia.

—Yo lo deseaba tanto como tú —respondió ella—. Sabes, aunque soy consciente de que solo estoy soñando, te siento tan real... Siento tu calor, tu aroma... es como si estuvieras aquí de verdad.

Adam ensanchó su sonrisa, una expresión que ocultaba la verdad de su naturaleza.

—En tus sueños siempre voy a ser real, Bibi. Siempre que tú me busques y me quieras allí, estaré contigo —le aseguró, acariciando su mejilla con una suavidad que le erizó la piel.

—Claro que quiero eso —sentenció ella con firmeza—. No dejes de venir nunca.

Se fundieron de nuevo en un beso apasionado, una promesa sellada en el plano onírico, mientras la pradera parecía vibrar con la intensidad de sus sentimientos.

Mientras tanto, la realidad se volvía peligrosa frente a la casa de los Anderson. Los dos vampiros de Marcelo observaban desde las sombras.

—Esta debe ser la casa del humano —dijo el segundo.

—¿Y si nos equivocamos?

—Vamos a vigilar quién sale. Eso nos dará la respuesta.

Dentro, Ignacio buscaba a su hija mayor.

—Elena, ¿has visto a Bibiana?

—Salió, papá. Como nunca da explicaciones...

—Voy a terminar de resolver lo del lugar a donde nos mudaremos —dijo Ignacio—. No tardo.

—Ojalá Matt viniera con nosotros —murmuró Elena cuando su padre salió.

Ignacio cruzó el umbral de la puerta y caminó hacia la calle. Al verlo, los vampiros ocultos sonrieron.

—Ese es el humano —confirmó el primero

—. Al jefe le va a encantar saber esto.

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