"Cuatro esposos, cuatro muertes misteriosas, una viuda sospechosa. El detective Eduardo Rizzo se infiltra en la vida de Julieta Vera, la enamora y se casa con ella. Pero cuando la verdad sobre su investigación salga a la luz, ¿podrá su amor sobrevivir al peligro y la traición?"
NovelToon tiene autorización de Angie de Suaza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 15
“La verdadera Julieta”
Julieta llegó furiosa a su apartamento. No era porque Eduardo le disgustara; al contrario, le parecía un hombre agradable. Su enojo se debía al giro que él le dio a la situación.
Ella nunca le dio pie para que pensara que podían tener una relación y siempre lo trató de la forma más profesional posible. En otras circunstancias lo habría tomado bien e incluso habría cenado con él, pero ahora no está para relacionarse con nadie.
A pesar de los consejos de sus únicas amigas, Florecita y Maribel, e incluso de su abuela, ella cerró su corazón. No quiere volver a sufrir, y menos aún después del dolor de perder un hijo.
Al día siguiente, llego a la empresa a la misma hora de siempre. Ya Betty estaba en su sitio de trabajo y en su escritorio había un ramo de rosas rojas.
―Buenos días, Janna, ¿Y ese ramo? ¿Tienes un admirador? ―Julieta la saluda, y admira el ramo de rosas, y con nostalgia recuerda a Fabio.
―Jefa, buenos días. Ese ramo es para usted. Lo dejaron hace como diez minutos. ―Julieta tomó la tarjeta intrigada y es del baboso de Eduardo y hace una mueca de desagrado que no pasa desapercibida para Betty.
Julieta leyó la tarjeta y por poco la rasga de la rabia que le dio, pero guardó la compostura; poniendo de nuevo la tarjeta en el ramo.
―Janna, por favor, bota ese ramo. Solo hubo y habrá un hombre en mi vida que me regalaba rosas rojas; por lo que jamás aceptaré que otro me las dé ―Betty solo asintió y con pesar fue a la parte trasera del edificio, donde estan los contenedores de la basura a botar el ramo; debía obedecer a su jefa, no se vaya de pronto a enojar con ella si no lo hace.
Tomó la tarjeta del ramo y la leyó:
«Julieta, acepto mi error como el peor de los socios. Prometo volver a los asuntos de negocios y no molestarte más, aunque mi corazón se declare en huelga hasta que me perdones y me dejes intentar conquistarte».
«Ay, Dios mío, ¿así o más estúpido?» pensó Betty con rabia.
Rápidamente sacó su celular de su bolsillo, hizo una llamada, y al primer toque Eduardo contestó y ella ni lo dejó hablar.
📱 ¡Acaso puedes ser más idiota! ¿Cómo se te ocurre pedir disculpas a Juleita con un ramo de rosas rojas y aparte de eso escribes en la tarjeta algo tan ridículo? ―Betty de verdad que estaba muy enojada.
📱 ¿Qué dijo Julieta?
📱 Que las botara. ¿Y sabes por qué? Porque esas son las rosas que su último esposo le regalaba. Ya no metas más la pata, y no te aparezcas por acá en lo que resta de semana. Dedícate a buscar las pistas de cada muerte; yo trato de descubrir algo en la empresa, aunque esto, como está de calmado, no creo que halle algo.
Betty regresó a la oficina, cuando justamente tres personas discutían en la oficina de Julieta. Rápidamente se acercó y alcanzó a escuchar los improperios que le daban a Julieta.
―Nos enteramos de que está usando la empresa para ampliar el hotelucho que tienes en Bariloche y que vas a inaugurar una cadena hotelera. Así que esas acciones también nos pertenecen. ―El hombre mayor, de unos 35 años, era el vocero de sus hermanos, que lo acompañaban.
―Jajaja. Déjame que me ría, querido. Ese hotel es herencia de mi difunto esposo y la inversión que se ha hecho es independiente de la inmobiliaria; cada peso invertido sale de las ganancias del hotel y de mis dividendos en el frigorífico Y obviamente he contratado a la inmobiliaria para hacer la construcción, pero todos los costos son aparte; el contrato así lo dice muy claramente y mis cuentas están más que claras, desde la inmobiliaria y desde el hotel. Así que no sé qué es lo que reclaman; ustedes solo son unos seres ambiciosos. He hecho crecer la inmobiliaria y ustedes son los más beneficiados y, ¿aun así tienen el descaro de decir que los estoy robando? ―Julieta empezó a hablar en un tono conciliador, pero después se salió de casillas.
Betty prefirió llamar a los guardias de seguridad de la empresa, que en pocos minutos llegaron e hicieron salir a los hermanos Lozano de la oficina de su jefa.
Julieta se veía descompuesta; son tantos años lidiando con los hijos de su difunto esposo, que ya está harta. Se sienta en su silla ejecutiva y se masajea las sienes. Betty nota su estrés y le ofrece un vaso con agua que sirve del dispensador de la oficina.
―Jefa, ¿estás bien? ¿Necesita que cancele las citas de hoy? ―Betty de verdad que está conmovida por la escena; ya había escuchado comentarios de pasillo de que los hijos del difunto Lozano no querían a la viuda porque supuestamente su padre murió por su culpa, para ella quedarse con su empresa.
―No, Janna, no te preocupes, ya estoy acostumbrada a estas escenas. Ellos son los hijos de mi difunto esposo, Reynel Lozano, el dueño de la inmobiliaria. Y siempre me han acusado de manera injusta de la muerte de su padre. ―Julieta ve la necesidad de desahogarse con Betty. ―Además, la reunión que sigue es muy importante, es con mi abogado Álvaro Cañón. Cuando llegue, lo haces pasar inmediatamente.
Betty se retiró y media hora después llegó el abogado, y lo hizo pasar a la oficina. Julieta pidió no ser interrumpida, así que activó el micrófono que plantó en la oficina. La conversación era irrelevante; solo hablaban del contrato que se firmó del hotel con la representante legal del mismo y la inmobiliaria.
―Julieta, no tienen por qué acusarla o entablar una demanda. Todo está muy claro, es una inversión que el hotel está haciendo en la empresa, nada fuera de la ley. El contrato es perfectamente válido, es una operación comercial real, documentada y a precios de mercado, evitando el fraude fiscal o laboral. No se preocupe. ―El abogado le explicaba a Julieta cómo él mismo blindó el contrato con la inmobiliaria.
Esa tarde, Julieta fue a despejar su mente y decidió llevar a Betty a que conociera la fundación y viera la labor que se hace en ella. Ya la esperaban Florecita y Maribel, que querían saber cómo le había ido con su galán y, al llegar, la abordaron con miles de preguntas.
―Ya, ya calmadas. Me fue lo demás de bien. ―Las dos mujeres la miraban atentas. ―Porque no hubo cita. Ya estábamos en el yate y me bajé. No me pregunten más, solo eso les diré.
Sin decir más palabras, se fue hacia la guardería a saludar a sus niños.
Ellos, al verla llegar, corrieron hacia ella a saludarla para dirigirse a la sala de lectura; hoy iniciarían una nueva historia, esta vez van a leer “El principito”.
Julieta se ubicó en su lugar de siempre y los niños la rodearon para escucharla.
―Cuando yo tenía seis años vi en el libro sobre la selva virgen: Historias vividas, una grandiosa estampa. Representaba una serpiente boa comiéndose a una fiera. ―Y les muestra el dibujo, ya que era un cuento ilustrado.
Los niños escuchaban absortos y desde la puerta hacía lo mismo Betty. Sorprendida al ver cómo la fría Julieta Vera se transforma al estar rodeada de estos niños.