Un hombre común de la Tierra muere atropellado y reencarna en la prehistoria, en el salvaje mundo de Pristokia. Pero no despierta indefenso: viene acompañado por el "Sistema del Árbol Sagrado Primordial", el cual fusiona en su cuerpo el poder divino absoluto de Kaguya, Hagoromo y Hamura Otsutsuki. Con el control total del espacio, el tiempo y la energía universal, su primera misión será detener el meteorito que amenaza con extinguir a los dinosaurios. En lugar de destruirlos, decidirá esparcir el chakra en el planeta y cultivar a las bestias prehistóricas como sus plantas de energía. Cada criatura que muera le devolverá un poder inimaginable. Su objetivo final: devorar la energía de estrellas y galaxias, fusionar el universo en un solo mega-mundo y fundar el clan Otsutsuki definitivo. ¡Nadie podrá detener al ancestro supremo!
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Capítulo 18: Crónicas de la Era Dorada y los Secretos del Dao Celestial
(Especial de Lore)
Mientras el fuego de la guerra civil consumía las fronteras del Continente de la Vía Láctea, el río del tiempo nos obligaba a mirar hacia atrás, hacia los secretos ocultos en las alturas de Pristokia que desencadenaron este odio absoluto. Billones de épocas antes de que las raíces de los Senju y las llamas de los Uchiha chocaran, el palacio flotante del primer Rey Supremo, Uranas el Magna, ya era un nido de tiranía.
Tras eones sentado en la cúspide del Rango Rey Dios, el corazón de Uranas se había enfriado por el poder absoluto. En el gran salón del trono, el matrimonio que alguna vez simbolizó la unión familiar del Megamundo se rompió para siempre en una disputa que los clanes inferiores jamás conocieron. Frente a Uranas se encontraba su esposa, la Emperatriz de la raza Asura, Kalia, cuyo cabello rojo flotaba como fuego real debido al desbordamiento de su chi en el Rango Fusión de Chakra.
—¡Tus expediciones en los sistemas estelares vecinos están desangrando a mi pueblo, Uranas! —rugió Kalia en aquella era, golpeando su lanza contra el suelo místico—. ¡Envías a los guerreros Asura a morir en los confines del espacio infinito solo para expandir tu ego! Ya no eres el creador benevolente... ¡te has convertido en un monstruo!
Uranas la miró desde lo alto, con los ojos brillando con una luz fría y despiadada.
—El desarrollo de mi plano exige sacrificios, Kalia —respondió el Rey Supremo con una calma que destilaba veneno—. Si tus Asuras caen, sus almas y su chakra regresan al Dao Celestial. El amor es una debilidad de los mortales. En este trono, solo la obediencia absoluta importa. Si osas planear una rebelión, yo mismo borraré tu estirpe de la historia.
Ese día, el veneno del desprecio familiar quedó sembrado. Kalia dio un paso atrás, jurando en silencio que Uranas sería el primero de los reyes en ser derrocado, tal como las profecías dinácticas del plano lo dictaban.
Pero el Rey Supremo y la Emperatriz Asura no eran los únicos peones en el tablero infinito. Mientras ellos se concentraban en sus disputas de poder en el macrocosmos, en la altura inalcanzable de la creación, el Dios Supremo, Dragon, continuaba observando todo con su Rinne Sharingan Supremo. Para un ser que habitaba fuera del alcance de los mortales, el paso de los billones de siglos requería un entretenimiento divino.
Utilizando la Perla del Origen, el Ancestro Supremo tomó fragmentos de sus propias leyes de espacio, tiempo y cultivo, y los materializó en un formato que las almas mortales pudieran comprender: Los Sistemas. Mediante su conciencia cósmica, Dragon rescató las almas de múltiples humanos caídos en la Tierra, su antiguo mundo, y los hizo reencarnar en los diferentes continentes y galaxias de Pristokia, otorgándoles estos sistemas como un regalo divino para verlos competir y ascender a gobernar regiones estelares enteras.
Uno de esos elegidos fue el joven Ren, quien recibió el "Sistema del Trono de las Flamas" sin saber que su supuesta herramienta de trucos era, en realidad, un fragmento directo de la divinidad del creador del universo.
De vuelta al presente, con el cañón derretido por la batalla entre Ryū Uchiha y Tokuma Senju, los hilos del destino tejidos por Dragon cobraban un sentido aterrador. El odio familiar de Kalia, la locura de Uranas y los viajeros con sistemas ocultos entre los clanes no eran eventos aislados; eran las fuerzas que el Dios Absoluto había puesto en marcha para purificar el Megamundo. La Era Dorada estaba lista para su juicio de sangre.