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La Cocina De César

La Cocina De César

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Posesivo / Romance
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: Mckasse

La Cocina de César es una apasionante novela Omegaverse donde un arrogante chef alfa acostumbrado a controlar todo se enfrenta por primera vez a un talentoso omega que, marcado por un pasado de abusos y sacrificios, se niega a caer bajo su encanto mientras trabajan juntos frente a millones de espectadores. ¿Podrá alguien como César un alfa nacido en cuna de oro conquistar a alguien como Hamlet quien no piensa unir su vida a ningún alfa?

NovelToon tiene autorización de Mckasse para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Café helado y rumores parte 1

A la mañana siguiente, Hamlet llegó al estudio a las seis en punto.

Otra vez.

Con una libreta en la mano, el cabello rubio recogido de manera sencilla y una expresión tan seria que Lourdes, al verlo entrar, soltó una carcajada.

—No me digas que otra vez eres el primero en llegar.

Hamlet levantó la vista del guion.

—Son las seis.

—Exacto. Eres el único asistente del chef que siempre llega temprano.

—Soy el nuevo. Debo dar el ejemplo.

—Y ya me haces sentir floja.

Hamlet sonrió apenas.

—No era la intención.

—Peor todavía, porque encima eres educado.

Lourdes se acercó con una taza de café en la mano.

—Saulo todavía no llega, pero dejó dicho que hoy hay cambio de plato.

Hamlet dejó la libreta sobre la mesa.

—¿Qué van a hacer?

—César pidió saltimbocca alla romana con puré rústico y verduras salteadas.

Hamlet asintió.

—Bien. Es manejable.

—¿Manejable? Yo me quemo con el microondas.

Hamlet se rió por lo bajo.

—Eso explica muchas cosas.

Lourdes se llevó una mano al pecho.

—¿Me acabas de insultar en mi cara?

—Fue una observación técnica.

—Ay, no. Este sí me gusta.

A las siete y media ya tenía la cocina del set impecable.

Carne porcionada.

Hierbas listas.

Salsas medidas.

Utensilios en su sitio.

Todo tan perfectamente acomodado que cuando Saulo llegó, se quedó de pie en la entrada del estudio mirando la escena como si contemplara una obra de arte.

—Yo sabía que te contraté por algo.

Hamlet levantó la vista.

—Buenos días.

—No, no. Eso no se hace.

—¿Qué?

—No puedes decir “buenos días” con esa cara de seminarista cansado y luego tener el set más bonito que he visto en meses.

Hamlet soltó una risa corta.

—¿Seminarista?

—Sí. Uno rubio, cansado y muy competente.

—No sé si eso es un cumplido.

—Conmigo casi todo lo es.

Saulo se acercó a la mesa y tomó una hoja del guion.

—Hoy tenemos una sección nueva. La cadena quiere más interacción entre ustedes dos. Le encantas al público... Tanto así que estamos considerando darte un bono muy sustancial a final de mes.

Hamlet alzó una ceja.

— Wao...¿El publico quiere más interacción entre el chef y yo?

—Sí. Ayer funcionó.

—Yo solo hice mi trabajo.

—Exactamente. Y eso gustó. Ser espontáneo está dando buenos resultados.

Saulo se inclinó un poco hacia él.

—No te pongas nervioso, tesoro, no te voy a pedir que le bailes la Macarena en vivo. Solo que opines un poco más, que lo contradigas si hace falta, que se vea dinámica.

—¿Contradecir a César en televisión nacional?

—Sí.

—¿Quiere que me despidan en mi primera semana?

Saulo se echó a reír.

—Te prometo que si te despide, yo mismo le rompo una botella de vino en la cabeza.

—Qué tranquilizador.

—De nada.

A las nueve y cuarenta y cinco apareció César.

Ese día no llevaba todavía la chaqueta del programa, sino un pantalón oscuro, camisa blanca arremangada y gafas de sol colgando del cuello.

Entró hablando por teléfono.

—No, no quiero esa vajilla, Vittorio. Parece sacada de un funeral... sí, ya sé que es minimalista, pero parece triste... luego hablamos.

Colgó.

Levantó la vista.

Y allí estaba Hamlet la luz de sus ojos, de espaldas, inclinándose apenas para revisar el horno.

El pantalón oscuro le marcaba unas piernas largas, el delantal negro le ajustaba la cintura y una hebra rubia se había soltado cerca de su mejilla.

César se quedó quieto un segundo. Era como estar en un paraíso nuevecito.

Lourdes, que pasaba justo a su lado, lo miró de reojo.

—No disimulas nada.

César parpadeó.

—¿Qué?

—La cara de imbécil enamorado. Es nuevo dale un respiro.

—No digas estupideces a esta hora.

—Son las diez menos cuarto. Ya es una hora perfectamente válida para decir verdades.

César le lanzó una mirada.

—¿Dónde está Saulo?

—Molestando a alguien más, espero.

Hamlet se giró en ese momento.

—Buenos días, chef.

César carraspeó, recuperando la compostura.

—Buenos días.

Miró la mesa.

—Todo listo.

—Sí.

—¿Revisaste el guion?

—Dos veces.

—¿Y?

Hamlet se encogió de hombros.

—No me gusta una parte.

Saulo, que acababa de entrar, levantó las manos al cielo.

—¡Ay, bendito sea Dios! ¡Por fin alguien me lleva la contraria a este hombre en este estudio!

César giró la cabeza.

—¿Qué parte no te gusta?

Hamlet tomó la hoja y señaló una línea.

—Aquí dice que el puré debe estar listo antes de la mitad del programa, pero si quiere que la carne repose bien y además hablar de la reducción, el tiempo se va a sentir apretado. Sería mejor adelantar el salteado de verduras en el bloque uno.

César leyó en silencio.

Luego volvió a mirarlo.

—Tienes razón.

Saulo abrió mucho la boca.

—Esperen. ¿Qué acaba de pasar?

—Nada, atiende tu cartón—dijo César.

—No, no, no. Esto hay que documentarlo. César Tascone Visconti acaba de admitir que otra persona tiene razón. Lourdes, llama al Vaticano — se ríe a carcajadas.

Hamlet bajó la cabeza para ocultar la sonrisa.

César lo vio.

Y por la misma razón que le ilumina los ojos, le gustó más de lo que debería.

—Haz el cambio —dijo César, mirando a Hamlet.

—Ya lo hice.

Hubo un silencio.

Saulo soltó una carcajada.

—Lo amo. De verdad lo amo.

—Compórtate —murmuró César.

—No quiero.

El programa salió incluso mejor que el día anterior.

Hamlet ya entendía los tiempos de César, cuándo acercarle un utensilio, cuándo intervenir, cuándo guardar silencio. Y César, para su propia sorpresa, se descubrió buscándolo con la mirada varias veces en medio de la transmisión.

No por necesidad.

Por costumbre.

Porque le gustaba tenerlo cerca.

Porque le gustaba ver cómo trabajaba.

Porque le gustaba, punto.

Al terminar, el estudio volvió a llenarse de movimiento.

Saulo apareció otra vez con su teléfono en la mano.

—Subimos otra vez.

Hamlet, que estaba guardando unos recipientes, levantó la vista.

—¿Otra vez?

—No muchísimo, pero sí lo suficiente para que la cadena esté feliz.

—Qué bueno.

—Y además ya están preguntando si tienes redes sociales.

Hamlet hizo una mueca.

—No.

—¿No qué?

—No tengo.

Saulo se quedó mirándolo como si acabara de descubrir una especie en extinción.

—¿No tienes Instagrame?

—No.

—¿TikToken?

—No.

—¿XY?

—No.

—¿Facebooken, por lo menos? ¿Messengun? ¿Fotology? ¿Palomas mensajeras?

Hamlet soltó una risa.

—Nada de eso.

Saulo se giró hacia César.

—Está limpio. Virgen digital. Es un hallazgo arqueológico.

—Déjalo en paz —dijo César, demasiado rápido. Le encantó que no tuviera contacto con el mundo digital. Eso se traducía a menos pretendientes.

Saulo arqueó una ceja.

—¿Y tú por qué lo defiendes?

—Porque alguien tiene que hacerlo.

—Ay, qué bonito.

César ignoró el comentario.

Hamlet siguió guardando cosas, pero esa vez sí se le escapó una sonrisa más visible.

Poco antes de salir, César se acercó a la isla de cocina donde Hamlet revisaba una lista.

—¿Qué haces?

—La compra de mañana.

—Déjame ver.

Hamlet le tendió la hoja.

César la recorrió con la vista.

—¿Vas a comprar todo esto solo?

—Sí.

—Son demasiadas cosas.

—Puedo con eso.

—No dije que no pudieras.

Hamlet alzó la vista.

—Entonces no entiendo la pregunta.

César respiró hondo, como si se estuviera armando de paciencia consigo mismo.

—Voy contigo.

Hamlet lo miró fijo unos segundos.

—¿Al supermercado?

—Sí.

—¿Usted?

—Sí, yo.

—¿Por qué?

—Porque quiero revisar personalmente unos productos. Y porque así no cargas todo solo.

Hamlet cerró la libreta.

—Chef, no tiene que hacer eso.Usted es famoso y si alguien lo reconoce estaremos perdidos.

—No tengo que hacerlo. Quiero hacerlo. Además con una gorra y lentes oscuros se resuelve.

—Eso no lo esperaba.

—Gracias.

—No era un cumplido.

César sonrió.

—Ya me estoy acostumbrando a tu mal carácter.

—No tengo mal carácter.

Lourdes, que pasaba con una caja en brazos, se metió en la conversación sin invitación.

—Sí tienes. Solo que bonito.

—Lourdes —dijo Hamlet, resignado.

—Yo solo digo la verdad.

César se cruzó de brazos.

—Entonces está decidido. Vamos juntos.

Hamlet lo pensó un momento.

Podía negarse.

Debería negarse.

Pero la verdad era que llevaba dos días corriendo entre el trabajo, la casa y el hospital. Tener ayuda no le vendría mal.

—Bien. Pero solo por la compra y porque no tengo auto.

—Solo por la compra y por eso segundo—repitió César.

Lourdes soltó un silbido.

—Claro. Y yo soy la reina de Inglaterra.

El supermercado estaba a unas calles del estudio.

Era uno de esos grandes, con pasillos amplios, luces demasiado blancas y carros que siempre se desviaban hacia un lado.

Hamlet empujaba uno mientras revisaba la lista.

César iba a su lado con una cesta pequeña en la mano.

—Necesitamos albahaca fresca, mantequilla sin sal, tomates san marzano, harina, vino blanco seco y...

César lo interrumpió.

—No puedes venir a un supermercado italiano y no mirar los quesos primero. Es ilegal. Créeme.

—Estamos trabajando.

—Precisamente por eso. El queso es parte del trabajo.

Hamlet lo miró.

—¿Todo lo convierte en un discurso?

—Solo lo importante. Acostumbrate.

—Insoportable.

—Pero encantador.

—Eso lo dice usted.

—Y mucha gente más, te lo aseguro.

Hamlet rodó los ojos, pero siguió caminando.

En la sección de verduras, una señora mayor que escogía tomates los observó con una sonrisa.

—Qué pareja tan bella.

Ambos se miraron sonrojados, no sabían si reír o negar aquello.

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Patricia Polo
excelente bien por Hamlet y cesar ahora viene lo desagradable con los envidiosos y el alfa malvado ese que Hamlet casi dejó sin bolas🤣🤣🤣🤣🤣 espero cesar lo proteja bien y el otro que viene por interés acercándose nuevamente al lado de la mamá del omega salga con las tablas en la cabeza que no le den chance de nada😡
inuyasha/ Tomoe🦊
amo valió la pena cada capítulo
Patricia Polo
quiero más capitulossss porfis escritora☺️
Mckasse Escritora: paciencia que ahora fue que me desocupe. son las diez de la noche. yo estoy más impaciente que ustedes 🤣🥰😂
total 1 replies
Yolanda Beatriz Lagos Celarien
Regresan esos malnacidos a joder la vida del chico.
Yolanda Beatriz Lagos Celarien
Esa zorra lo que quería que piense la gente que tiene una relación con César y el muy tonto calló en el engaño.
Patricia Polo
ay estúpido date cuenta la putizorra que tienes al lado vas a perder a hamlet por invesil
Patricia Polo
no entiendo si la tipa tenía su casa en el mismo edificio por qué fue al de cesar y el tonto creyéndose todo en dado caso la acompaño hasta la puerta de su apartamento y punto pero ay va está malintencionada haciendo el mal😡
Yolanda Beatriz Lagos Celarien
Esta buenísima la historia.
inuyasha/ Tomoe🦊
dale César hace q mariano se arrepienta y quiera ir a la tumba por tocar a nuestro conejito
Patricia Polo
su conejito ya pasó su dificultad con con los cuidados de su amigo y enamorado alfa 🥰
Patricia Polo
pobre de mi niño como ha sufrido menos mal llegó cesar🥰
Patricia Polo
pasaba por aquí para ver si se conseguía un capítulo por casualidad pero nada🤭que crisque 😂😂😂
Mckasse Escritora: jajaja en varias horas te subo dos...
total 1 replies
Patricia Polo
jajajajaja bueno todo va bien hasta que aparezca el desgraciado del expadrastro ese infeliz violador😡
inuyasha/ Tomoe🦊
necesito más capítulos
ISABELRUIZDIAZ[BETA]😈🖤
holis escritor por fa si puedes y si no das más cap plis 😭
Afrodita Hada♥️
🫶🫶🫶🫶♥️♥️♥️♥️♥️♥️
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