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El Umbral De Las Almas

El Umbral De Las Almas

Status: En proceso
Genre:Romance / Reencuentro / Mundo de fantasía
Popularitas:427
Nilai: 5
nombre de autor: Alicegxoxo

Hay una razón por la que el Emperador Celestial jamás tomó una emperatriz.
No fue porque no pudiera amar.
Fue porque la perdió.
Treinta mil años después...
ella despierta sin recordar quién es.
Y él está dispuesto a poner de rodillas a los siete reinos para conseguir que vuelva a mirarlo como antes.
El problema es que ella ya eligió al hombre equivocado.

NovelToon tiene autorización de Alicegxoxo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18: Los celos de un recuerdo

Despierto convencida de que esta noche volveré a soñarlo.

No ocurre.

Y resulta mucho más frustrante de lo que esperaba.

Permanezco varios minutos mirando el techo, esperando que algún recuerdo regrese. Un jardín. Un libro. Una voz.

Nada.

Solo el silencio.

—Qué bien —murmuro con ironía—. Ahora hasta mis sueños decidieron ignorarme.

Me incorporo despacio. Por primera vez desde que llegué al Purgatorio descubro que extraño algo que nunca tuve.

O, al menos...

que no recuerdo haber tenido.

---

—Hoy vienes conmigo.

Levanto la vista. Gabriel me espera en la puerta con la tranquilidad de siempre.

—¿Tengo opción?

—No.

—Qué amable.

—Lo intento.

Tomo aire y camino a su lado.

Durante los primeros minutos ninguno dice una palabra. Él parece esperar que yo rompa el silencio. Yo espero exactamente lo mismo.

Al final termino perdiendo.

—¿Adónde vamos?

—A un lugar donde casi nadie entra.

—Eso suele acabar muy mal en mi caso.

Gabriel sonríe.

—Lo sé.

—Y, aun así, me llevas.

—Empiezo a asumir ciertos riesgos.

—Eso explica muchas cosas.

Él niega con una risa baja.

—No. Eso las complica.

Seguimos caminando hasta que el paisaje cambia. Las flores desaparecen, los árboles se vuelven más altos y la luz plateada del Purgatorio apenas consigue atravesar sus ramas. Frente a nosotros se alza una construcción de piedra tan antigua que parece haber nacido junto con el tiempo.

No tiene puertas.

Solo un enorme arco cubierto por símbolos grabados en la roca.

Me detengo.

—¿Qué es este lugar?

Gabriel levanta la vista hacia las inscripciones.

—Las Catacumbas del Olvido.

Un escalofrío me recorre la espalda. No sé por qué. El nombre basta para hacerme sentir incómoda.

Entramos.

El aire es más frío.

Más pesado.

Las paredes están llenas de pequeños nichos de piedra. No hay cuerpos.

Solo placas.

Miles de ellas.

Cada una lleva un nombre.

—¿Quiénes son?

Mi voz sale casi en un susurro.

—Almas.

—¿Muertas?

Gabriel me mira con una paciencia infinita.

—Aquí todos estamos muertos.

No puedo evitar sonreír.

—Tienes razón.

—Ellos decidieron olvidar.

La sonrisa desaparece.

—¿Qué quieres decir?

Gabriel pasa lentamente los dedos sobre una de las placas.

—Algunas almas llegan al Purgatorio con recuerdos demasiado dolorosos. Tienen la oportunidad de conservarlos... o dejarlos atrás para siempre.

Frunzo el ceño.

—¿Y aceptan?

—Algunos sí.

Vuelvo a mirar los nombres.

Miles.

Demasiados.

—¿Olvidan por completo quiénes fueron?

Él asiente.

—Y también a quiénes amaron.

El silencio cae entre nosotros. No esperaba que esa última frase me doliera. Sin darme cuenta, aprieto los puños.

—Yo no lo haría.

Gabriel gira la cabeza.

—¿No?

Niego despacio.

—Aunque doliera. Aunque me destruyera. Preferiría recordar.

Él me observa durante varios segundos. Hay algo extraño en su mirada. Una mezcla de orgullo y tristeza.

—Sigues respondiendo igual.

Me detengo.

—¿Cómo dices?

Gabriel parece darse cuenta demasiado tarde de lo que acaba de decir. Sonríe, pero esta vez la sonrisa no llega a sus ojos.

—Nada.

Sacudo la cabeza.

Empiezo a cansarme de los secretos.

---

Cuando salimos de las catacumbas, el aire vuelve a sentirse ligero. Respiro hondo, como si hubiera pasado horas bajo el agua.

Seguimos caminando.

Esta vez es Gabriel quien rompe el silencio.

—Déjame hacerte una pregunta.

Lo miro de reojo.

—Depende.

—Si ahora mismo pudieras recuperar todos tus recuerdos... ¿lo harías?

No necesito pensarlo.

—Sí.

Él baja la vista.

—¿Aunque descubrieras algo que pudiera romperte?

—Sí.

—¿Aunque descubrieras que la persona en la que más confías te mintió?

La pregunta me obliga a detenerme. Lo miro.

Él sigue caminando.

No parece hablar de mí.

Parece hablar de alguien más.

—Sí —respondo al final—. Prefiero una verdad que duela antes que una mentira bonita.

Gabriel deja escapar un suspiro.

—Ojalá fuera tan sencillo.

---

El camino de regreso nos obliga a pasar junto al Jardín Sagrado.

No quería mirar.

Lo hago de todos modos.

Está vacío.

Las flores blancas se mecen con el viento.

Nadie las cuida.

Nadie camina entre ellas.

Me quedo inmóvil unos segundos. Gabriel sigue avanzando y, cuando nota que no lo acompaño, se gira.

—¿Qué ocurre?

Aparto la vista del jardín.

—Nada.

Mentira.

El jardín parece distinto.

Como si le faltara algo.

Como si hubiera perdido el sonido que lo hacía sentirse vivo.

Y entonces comprendo algo que me avergüenza incluso pensar.

No extraño el lugar.

Extraño al hombre que siempre estaba en él.

Bajo la cabeza de inmediato.

Esto es ridículo.

Ridículo.

Ridículo.

—¿Nirvana?

Gabriel vuelve a llamarme.

—Ya voy.

Echo una última mirada al jardín antes de marcharme.

Vacío.

Silencioso.

Y, por primera vez desde que desperté en este mundo...

la ausencia de una persona pesa más que cualquier recuerdo.

---

Aquella noche cierro los ojos con la absurda esperanza de volver a encontrar aquella habitación, aquel libro y aquellos brazos que ya empiezan a sentirse más reales que mis propios recuerdos.

Pero el sueño es diferente.

Todo está oscuro.

No hay luz.

No hay flores.

Solo una voz.

No es la suya.

Es desconocida.

Más grave.

Más fría.

Y, aun así...

pronuncia mi nombre con una familiaridad inquietante.

—Nirvana...

Intento moverme.

No puedo.

La oscuridad parece sujetarme.

La voz vuelve a hablar.

Esta vez mucho más cerca.

—No dejes que vuelva a recordarme.

Abro los ojos de golpe.

Me incorporo jadeando.

La habitación está vacía.

El corazón golpea con fuerza contra mi pecho.

Esa no era la voz de Azrael.

Estoy segura.

Y, por primera vez desde que los recuerdos empezaron a perseguirme, comprendo algo que no había considerado.

Quizá mi pasado...

no solo me está buscando a mí.

Quizá alguien más...

también está intentando regresar.

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Cristian Bermudez
Buen inicio de historia, está interesante. 🥰
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