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La Esposa Que Despertó al Heredero

La Esposa Que Despertó al Heredero

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Venganza de la protagonista / Casada con el millonario / Enfermizo
Popularitas:27.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Galaxy

Ximena Salcedo fue entregada a la familia Alcázar como parte de un trato: casarse con Héctor, el heredero que llevaba meses inconsciente, a cambio de recuperar la casa de su madre y pagar el tratamiento de su hermano.

Ella pensó que solo tendría que cuidar a un hombre que nunca volvería a abrir los ojos. Pero en la noche más inesperada, Héctor despierta.

Desde entonces, Ximena queda atrapada entre una familia poderosa que la vigila, secretos que nadie quiere revelar, una exnovia decidida a volver, enemigos dispuestos a destruirla y un esposo que parece frío, pero que cada vez la mira con menos distancia.

Lo que empezó como un matrimonio arreglado se convierte en una guerra de orgullo, deseo y confianza, donde Ximena tendrá que decidir si Héctor Alcázar es su salvación… o la mentira más peligrosa de su vida.

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Capítulo 16

Capítulo 16

Con esa explicación, Lourdes ya no pudo refutarla.

-Entonces esperemos a que Héctor vuelva. Si él está de acuerdo, yo no tengo problema.

En la cara de Ximena apareció una sonrisa dulce.

-Gracias, mamá.

Tomás entró con un caldo oscuro, preparado con demasiado cuidado.

-Señora Ximena, la señora Lourdes lo mandó hacer especialmente para usted. Es bueno para usted y para el bebé. Eso sí, está un poco amargo, pero ya le traje caramelos. Tiene que tomárselo completo.

Ximena se quedó muda.

Lourdes la miró con ojos de ánimo.

Ximena pensó:

Ni estoy embarazada. ¿Por qué tengo que tomar caldo de pollo con hierbas como si necesitara cuidados de embarazada?

Héctor, ¿por qué no le dijiste a tu mamá?

-Mamá, ¿puedo tomarlo más tarde?

Lourdes tomó el tazón de las manos de Tomás y sopló con suavidad.

-Este caldo se toma caliente. Anda, sé buena. Hay caramelos.

Ximena no tuvo opción.

Tomó aquel tazón que no le servía de nada, se tapó la nariz y lo bebió de golpe.

Amargo.

Amarguísimo.

Apenas terminó, se metió un caramelo a la boca.

Lourdes, satisfecha, le acomodó el cabello.

-Descansa un rato. Si necesitas algo, se lo dices a Tomás.

-Sí, mamá.

Cuando Lourdes y Tomás salieron, Ximena tomó el celular y empezó a mandarle audios a Héctor por WhatsApp.

Uno tras otro.

-¿Qué te pasa? Te pedí que le dijeras a tu mamá que no estoy embarazada. ¿Por qué no se lo dijiste?

-¿Sabes lo amargo que está ese caldo? Más amargo que la vida.

-Y lo peor no es que esté amargo. Lo peor es que no estoy embarazada. ¿Qué tan ridículo es hacer que una mujer que no está embarazada tome remedios de embarazada?

-Héctor Alcázar, tú no tienes corazón.

Lejos, en Monterrey, Héctor escuchaba los audios uno por uno.

En la boca se le dibujó una sonrisa de gusto.

Bruno, a un lado, se quedó sorprendido al ver esa expresión.

Ni siquiera cuando Héctor estaba enamorado de Valeria mostraba tanto lo que sentía frente a otras personas.

Héctor sostuvo el botón de audio y respondió:

-Tonta. Si te lo dan, ¿por qué lo tomas? Lo hubieras tirado.

La respuesta de Ximena llegó de inmediato.

-Dos personas, cuatro ojos, viéndome. Ven tú a tirarlo.

-Entonces la próxima vez yo lo tomo por ti.

-Estás enfermo.

Después de mandar esa última frase, Ximena cerró WhatsApp.

Solo sabía hablar desde lejos.

Estaba cansada y quiso dormir un rato.

A mitad de la siesta recibió una llamada de Renata. Le pidió que le llevara un vestido corto para una presentación y le dio el nombre de un hotel.

-¿Qué haces en un hotel?

Del otro lado, Renata titubeó.

-Se me manchó la ropa. Vine a un cuarto por horas para bañarme y cambiarme. Tráeme el vestido, porfa. Lo necesito para el coro de más tarde.

-Bueno. Espérame.

Ximena tomó uno de sus vestidos y pidió un taxi al hotel que Renata le indicó.

Cuando colgó, Renata miró a Santiago con enojo.

-No vuelvas a pedirme que haga llamadas falsas. Sabes que Ximena y yo somos muy amigas. No quiero que por ti deje de confiar en mí.

-Tenía miedo de que no quisiera verme. Ya, hermana. Te lo prometo, solo esta vez.

-La última.

-Sí, la última.

Ximena llegó al hotel, pidió la tarjeta en recepción y subió.

Al abrir la puerta con la tarjeta, encontró el cuarto vacío.

La ventana estaba abierta.

Un olor extraño a flores le golpeó la nariz.

-¿Renata? ¿Estás aquí?

-¿Renata?

La puerta se abrió de pronto.

Ximena giró y se quedó helada.

-¿Santiago?

-Yo le pedí a Renata que te citara.

Ximena no entendió. Frunció el ceño.

-¿Tú? ¿Para qué me citas en un hotel?

-Quiero hablar bien contigo.

Santiago jaló una silla y se sentó. Señaló otra, junto a ella.

-Siéntate.

-Creo que tú y yo ya hablamos suficiente.

Ximena no tenía intención de quedarse. Se dirigió a la puerta y descubrió que estaba cerrada.

-Santiago, ¿por qué cerraste?

El olor de las flores la hizo toser.

-Abre.

-Ximena, no vas a salir.

Santiago se levantó y caminó hacia ella.

-Hoy no pienso dejarte ir.

Ximena retrocedió, alerta.

-¿Qué significa eso?

-Que voy a hacer que esto sea irreversible.

Fue directo.

Y por eso mismo Ximena sintió miedo.

-Estoy casada. Mi esposo es Héctor Alcázar. ¿De verdad quieres hacerle eso? ¿No piensas en Renata ni en tu mamá? Él no es alguien con quien puedas jugar.

-Si pensara en eso, no estaría aquí.

Santiago se acercaba paso a paso.

La cabeza de Ximena empezó a sentirse pesada.

Sobre todo por ese olor a flores que seguía metiéndosele por la nariz, robándole fuerza.

-Ximena, voy a tratarte bien. Como cuando éramos niños. Vamos a estar bien, muy bien. Héctor no es para ti. Solo yo te entiendo.

Santiago la empujó sobre la cama.

La conciencia de Ximena se volvió borrosa.

Algo estaba mal.

Esa sensación la conocía.

Ya la habían drogado antes.

-¿Me pusiste algo?

-Sí. Ese olor es la droga. Mientras más lo inhales, más rápido va a hacer efecto. Y más me vas a necesitar.

-Animal.

Ximena luchó por empujarlo.

Cuando Santiago estaba a punto de besarla, sonó el timbre.

Él se levantó, irritado, y abrió.

Valeria se quejó desde la puerta:

-¿Por qué tardaste tanto? ¿Cuál es la prisa? Esa droga no se quita si no hay contacto sexual.

Entró y se acercó a Ximena.

Al ver su cara encendida por la fiebre de la droga, sacó el celular y tomó dos fotos.

-Santiago, ¿te molesta si después tomo unas cuantas fotos de ustedes y se las mando a Héctor?

-No hace falta, ¿no?

Santiago todavía dudaba.

-Si no le damos un golpe fuerte, ¿crees que Héctor la va a echar de la familia Alcázar?

Valeria acomodó el ángulo y tomó otra foto del cuello abierto de Ximena.

Ximena se abrazó a sí misma.

La droga era más fuerte que la que Darío le había dado.

Estaba llegando al límite.

Se clavó las uñas en el muslo con fuerza. El dolor la ayudó a no hundirse tan rápido.

-Ximena, luchar no sirve.

Valeria sonrió.

-Ya le mandé las fotos a Héctor. Él no confía en sus mujeres tanto como tú crees. ¿Adivina si todavía va a quererte?

-Valeria... ¿por qué me haces esto?

El cuerpo de Ximena temblaba por el efecto de la droga.

-¿Yo? Yo no te hago nada. Es tu querido Santiago, que te ama demasiado. Yo solo estoy ayudando a que dos personas se acerquen. Deberías darme las gracias.

Valeria rió fuerte.

Tomó varias fotos de Santiago besando a Ximena mientras ella ya casi no podía resistirse.

Y se las mandó a Héctor.

En el otro lado, al ver aquellas imágenes humillantes, Héctor llamó de inmediato a Julián.

-Ve ahora mismo al Hotel Estrella. Ximena fue drogada. Yo salgo para allá.

Julián no entendió nada, pero no perdió tiempo.

Subió al coche y fue al hotel.

El Hotel Estrella era propiedad de la familia Rivera, así que encontrar la habitación de Ximena no le costó trabajo.

Abrió la puerta.

Valeria y Santiago se asustaron al verlo entrar.

-¿Quién eres? ¿Cómo entraste a mi cuarto? -soltó Santiago.

Él no conocía a Julián.

Valeria sí.

-Doctor Rivera, ¿se equivocó de habitación?

Julián no les hizo caso.

Fue directo a la cama.

Ximena estaba inconsciente, con la cara ardiendo.

Por su experiencia médica, aquello podía matarla.

La cargó y caminó hacia la salida.

Los dos intentaron detenerlo.

-Julián, ¿qué haces?

-¿Qué hago? ¿No ven que está a punto de morirse? Hacer daño también se paga con la vida.

Valeria creyó que exageraba.

Pero Santiago se asustó.

Él no quería matarla.

-¿De verdad puede morir?

-Si siguen estorbando, tal vez eso es justo lo que buscan.

Santiago abrió paso de inmediato.

Julián salió corriendo con Ximena en brazos.

En el camino sintió que un líquido tibio le mojaba la mano.

El corazón le dio un golpe.

Mal.

Muy mal.

Julián llevó a Ximena sin parar a su hospital privado y empezó la atención de emergencia.

Cuando Héctor llegó, Ximena seguía en quirófano.

La cirugía estaba por terminar cuando Julián salió.

-¿Cómo está? ¿Está bien? -preguntó Héctor, urgente.

Julián lo miró con un peso extraño.

Guardó silencio unos segundos.

-Una buena noticia y una mala.

-No juegues. Habla.

Julián volvió a callar antes de decir:

-La buena es que Ximena está fuera de peligro.

-¿Y la mala?

-La mala es que... perdió el embarazo.

Héctor abrió y cerró los labios, incrédulo.

-¿Qué dijiste? ¿Perdió el embarazo? Ella no estaba embarazada. ¿Cómo puede perderlo?

-¿Ni siquiera sabías si tu esposa estaba embarazada? Héctor, como marido te luciste.

Julián volvió a ponerse el cubrebocas y entró de nuevo.

Héctor cayó sentado en una silla.

Bruno se apresuró a sostenerlo.

-Señor, la señora ya está fuera de peligro. No se angustie de más.

-¿Cuándo se embarazó?

Héctor repasó cada momento entre ellos.

Cuando sacaron a Ximena del quirófano, la anestesia todavía no se le pasaba.

Seguía dormida.

El rojo de la droga se le había ido de la cara. Ahora estaba pálida, débil.

Después de dejarla instalada, Héctor buscó a Julián.

-Explícame qué pasó.

-¿Su cuerpo o el embarazo?

-El embarazo.

Julián le entregó una hoja.

-Tenía más de tres meses.

Al ver la fecha calculada, Héctor recordó de golpe.

Fue su primera vez.

Él aún no había despertado oficialmente.

Para ser exactos, Ximena ni siquiera sabía que él estaba consciente.

Después de que Darío la drogó, ella se encerró en el baño y se metió bajo el agua fría hasta caer con fiebre.

Esa noche estuvieron juntos.

Ella quizá pensó que todo había sido un sueño.

Y después quedó embarazada.

Ni ella lo sabía.

Él tampoco pensó en esa posibilidad.

Héctor respiró hondo. La garganta se le tensó.

-No le digas que perdió el embarazo.

-Está bien.

-¿Tienes la droga que usó Santiago?

Julián se quedó quieto.

-¿Piensas pagarle con la misma moneda?

-¿Te da lástima?

-No.

Julián abrió un cajón.

-Tengo algo más fuerte. Es para investigación. Le puse un nombre muy romántico: Sin Freno.

Héctor tomó el frasco.

-Sin Freno. Bien. Muy bien.

Guardó la droga y volvió a la habitación.

El efecto en Ximena casi había pasado.

Ella, débil, intentaba alcanzar un vaso sobre la mesa.

Héctor caminó rápido.

-¿Quieres agua?

Al verlo, Ximena se asustó tanto que soltó el vaso.

El vidrio cayó al piso y se rompió.

Ella se encogió como si esperara otro golpe.

-No tengas miedo. Soy yo. Soy yo. Ya pasó.

Héctor la abrazó fuerte, acariciándole la espalda con cuidado.

-Héctor... ¿eres tú?

-Soy yo.

-Yo... yo quizá...

Su cuerpo temblaba demasiado.

No sabía qué le había hecho Santiago.

-No. No pasó. Solo te envenenaron y estás débil. Duerme bien. No pienses de más.

Héctor vio sus ojos llenos de lágrimas y sintió que el pecho se le partía.

Ximena intentó sonreír.

-¿Por qué volviste de pronto?

-Terminé el trabajo y volví.

Le acarició el cabello, mirándola con una suavidad que dolía.

-¿Vas a regresar?

-No. Me quedo contigo.

La acomodó despacio.

-Duerme un rato. Estoy aquí. No me voy.

-Sí.

Ella cerró los ojos lentamente.

Héctor no le soltó la mano.

Ximena también la apretaba fuerte, como si al soltarlo fuera a caer en un pozo sin fondo.

Por el susto, durmió muy inquieta.

Julián tuvo que aplicarle un sedante suave para que pudiera descansar.

Mientras Ximena dormía, Héctor salió a encargarse de las dos personas que la habían lastimado.

Bruno lo siguió de cerca, listo para recibir órdenes.

-Llama a Rosa. Que mande cinco mujeres al Hotel Estrella. Ahora.

Bruno asintió mientras caminaba.

-Sí, señor. La llamo.

-Y llama a Saúl. Que traigan a Santiago y a Valeria. Como sea. De inmediato.

-Sí, señor.

El coche salió disparado.

La cara de Héctor era como la noche: oscura, cerrada, peligrosa.

Rosa fue rápida.

Cuando Héctor llegó al Hotel Estrella, ella ya estaba ahí con las mujeres.

Al verlo, sonrió y se acercó moviendo la cintura.

-Señor Alcázar, ¿qué urgencia tan grande a estas horas? Estas muchachas son de lo mejor que tengo. Le van a encantar.

Como Héctor no dijo nada, Rosa se tapó la boca para reír.

-¿Tanto tiempo lleva con sed? Cinco de una vez. Mis respetos, señor.

Rosa levantó el pulgar.

Héctor la miró con frialdad y le entregó un cheque.

-Deja a las mujeres y vete.

Al ver el cheque, a Rosa se le iluminó la cara.

-Como usted diga. Que se divierta.

Saúl tardó un poco más, pero llevó a los dos.

-Señor, aquí están.

Los hombres de Saúl entraron con Santiago y Valeria amarrados y los arrojaron a los pies de Héctor.

Valeria levantó la cabeza.

En los ojos oscuros de Héctor había una furia que casi destruía.

Ella retrocedió sin poder evitarlo.

-¿La idea fue tuya?

La voz de Héctor sonó baja, tranquila.

Demasiado tranquila.

Valeria asintió, luego negó, luego volvió a asentir.

Tenía miedo.

-Héctor, fue un malentendido. De verdad, fue un malentendido.

-¿Un malentendido?

La sonrisa de Héctor fue como un filo.

-Entonces vamos a aclararlo bien.

Bruno le pasó un celular.

La llamada entró pronto.

-Director, escuché que su película está por empezar rodaje.

Del otro lado, la voz fue respetuosa.

-Sí, señor Alcázar. ¿En qué puedo servirle?

-Valeria Robles no será la protagonista. Y avisa en tu círculo de directores: quien use a Valeria, se pone en mi contra.

El director no se atrevió a preguntar por qué.

-Entendido, señor. Lo hago ahora mismo.

Valeria no imaginó que Héctor le cerraría el camino así.

Antes ella lo había dejado inconsciente con su traición y él no la había tocado.

Ahora, por Ximena, la estaba sacando del medio con sus propias manos.

-¿Por qué haces esto? ¿Sabes cuánto me costó llegar hasta aquí? Héctor, ¿cómo puedes hacerme esto?

Valeria lloró sin control.

A un lado, Santiago estaba sujeto por varios hombres, pero tenía una cara de mártir.

-Suéltenlo.

Héctor se quitó el saco, desabrochó los gemelos y se subió las mangas hasta los codos.

Ese hombre había matado a su primer hijo.

Y había querido tocar a su mujer.

Esa cuenta no podía quedar pendiente.

Santiago miró a Héctor sin miedo.

-Solo quería llevarme a Ximena. Quería sacarla de tu familia.

Héctor no perdió tiempo hablando.

Le dio un golpe.

La fuerza lo lanzó al suelo.

Las mujeres se apartaron, asustadas.

Valeria también retrocedió.

Había estado al lado de Héctor mucho tiempo, pero era la primera vez que lo veía golpear a alguien así.

Con esa dureza.

La rabia era evidente.

-¿La amas?

-Sí.

-¿Ella te ama?

Santiago no lo sabía, pero no quiso aceptarlo.

-No vino conmigo porque ustedes tienen poder. Porque tiene miedo.

-¿Y porque no vino contigo, la drogaste?

Héctor lo tomó del cuello de la camisa y lo miró con furia.

-¿Sabías que estaba embarazada? Mataste a su hijo. Ese bebé también era mío. Era de la familia Alcázar. Dime, ¿cómo debería cobrarte esto?

Santiago se quedó helado.

No lo sabía.

Pero saberlo o no ya no cambiaba nada.

-Si el bebé murió, fue tu destino. Tú no merecías tener un hijo con Ximena.

Santiago sonrió.

Nadie sabía qué había dentro de esa sonrisa.

Héctor se levantó, fue a la mesa, tomó un poco de agua y miró a Saúl.

-Sujétenlo.

Un cuchillo se abrió en la mano de Héctor.

Saúl y sus hombres inmovilizaron a Santiago.

Héctor le pisó la mano izquierda.

El filo cayó.

El grito de Santiago llenó la habitación.

La sangre empezó a correr.

Héctor clavó el cuchillo en la mesa y miró a Saúl.

Saúl entendió.

-Déjemelo a mí, señor.

Los tendones de las manos y los pies de Santiago quedaron cortados uno por uno.

No volverían a sanar.

El filo estaba rojo.

Héctor encendió un cigarro.

Miró el rostro deformado de Santiago por el dolor y le soltó el humo en la cara.

Con la mano manchada de sangre, le dio unas palmadas en la mejilla.

-Esto se lo debías a Ximena.

Bruno llevó una bandeja con agua.

Héctor se lavó las manos, tomó la toalla que le ofreció Bruno y se limpió despacio.

Luego apagó el cigarro a medias.

-Denle la droga.

Héctor lanzó el frasco a Saúl.

Saúl le abrió la boca a Santiago y le vació todo el contenido.

Para asegurarse de que lo tragara, le hizo beber agua.

Héctor tomó su saco y miró a las cinco mujeres, que temblaban sin atreverse a hablar.

-Quítense la ropa.

No se atrevieron a desobedecer.

Los hombres de Saúl recogieron la ropa.

Al final, en la habitación quedaron Santiago y las cinco mujeres desnudas.

Lo que pasó esa noche dentro no lo supo nadie.

Pero después, Santiago perdió la razón.

Valeria, que vio aquella escena sangrienta, también enfermó gravemente y desapareció del mundo del espectáculo.

Ximena, después de recuperarse unos días en el hospital, volvió a la residencia Alcázar.

Lourdes vio su cara delgada y pálida, y los ojos se le llenaron de lágrimas.

-Ya está. El bebé se perdió, se perdió. Tú y Héctor son jóvenes. Después tendrán otro.

Ximena levantó la vista hacia Héctor.

¿Ahora qué historia era esta?

Lourdes estaba demasiado triste. Los empleados la ayudaron a salir.

Ximena miró a Héctor.

-¿Qué le dijiste a mamá ahora?

-Nada importante. Julián dijo que este mes debes descansar en cama. Tienes que obedecer.

Ximena torció la boca.

-No estoy en cuarentena. ¿Por qué tengo que estar un mes en cama? Mi cuerpo está bien. Esa droga ya salió.

Héctor apoyó la mano sobre su vientre.

-¿Te duele?

-No.

Ximena iba a decir algo más, pero el celular vibró.

Miró la pantalla.

Era Ernesto.

Mientras pensaba si contestar, Héctor tomó el teléfono.

-¿Sí?

Del otro lado hubo una pausa evidente.

-¿Señor Alcázar?

-Soy yo. ¿Qué necesita?

-No es nada grave. Solo quería pedirle si puede pasarle el teléfono a Ximena.

La voz al otro lado era demasiado humilde.

Héctor miró a Ximena, preguntando con los ojos si quería tomar la llamada.

Ella asintió.

Tomó el celular.

-¿Sí?

-Ximena, soy tu papá.

-Ya sé.

Su voz fue fría.

-Estoy enfermo. ¿Puedes venir al hospital a verme? Tengo algunas cosas que decirte.

-¿No puedes decirlas por teléfono?

Ernesto sonaba débil.

-También te extraño, hija.

Ximena no sabía si Ernesto de verdad estaba tan frágil o si intentaba engañarla otra vez.

Pero si insistía en no ir, seguramente él no se rendiría.

Y en ese momento, en el hospital...

1
Emily Morillo ♥️
si se pasa ximena tiene que ser más humana🤭
Bienaventurada
Es enserio? 😒esa Ximena es fea 😏
Bienaventurada
jajaja 😂😂😂😂
Bienaventurada
jajaja 😂😂😂😂😂
Bienaventurada
jajaja 😂ese Héctor 😂😂😂
Bienaventurada
jajaja 😂😂😂😂
Bienaventurada
Cómo no se va😏a dar cuenta que tuvo relaciones?😒no va sentir la fricción 🤷
y tampoco que tuvo un aborto?
Bienaventurada
jajaja 😂
Bienaventurada
jajaja 😂Esa Ximena, y a quien no le gusta el dinero 😂😂😂
Bienaventurada
jajajaja 😂
Bienaventurada
jajaja 😂😂😂😂 esa Ximena es avara
Bienaventurada
jajaja 😂😂😂 Héctor está mintiendo?🙄
Adriana De Fátima Lopera Gómez
quiero seguir.deseo ver q pasa con Hector
Adriana De Fátima Lopera Gómez
es muy entretenida
Adriana De Fátima Lopera Gómez
me gusta
Felicia Garcete nuñez
no puede ser que no haga más capítulo!!!!!
Marisol grez castro
es una mujer terca, porfiada ...😧
Llessica Ospina
donde encuentro la otra parte para terminar la novela ?
Felicia Garcete nuñez: quiero leer los capítulos siguientes
total 1 replies
Llessica Ospina
super
Marisol grez castro
ahora comienza a esclarecer todo... quien mató a Elena?
y esas zorrascaeran por ladronas y puras.🤭😂
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