Novela+18
La graduación debía ser el inicio de una nueva etapa.
Para despedirse antes de tomar caminos distintos, Rei y sus amigos viajan a una cabaña aislada en medio de un bosque. Pero una violenta tormenta de nieve los deja atrapados, incomunicados y lejos de cualquier ayuda.
Rei, un joven que ha aprendido a vivir con la ceguera de su ojo derecho, pronto comienza a notar que algo no encaja en aquel lugar.
Extraños sucesos se acumulan, la tensión crece y la desconfianza empieza a dividir al grupo.
El miedo se apodera de la cabaña.
Y lo que comenzó como un viaje entre amigos pronto se transformará en una pesadilla de la que tal vez no todos regresen con vida.
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CAPÍTULO 7 — ¿EXAGERÉ?
El rostro de Yoru permanecía inclinado sobre mí.
Sus ojos, normalmente tranquilos y serenos, reflejaban una preocupación que jamás había visto en ellos.
—¿Estás bien?
Intenté responder.
Pero apenas abrí la boca una nueva oleada de tos me sacudió.
Agua salió de mis pulmones mientras mi pecho ardía dolorosamente.
Aoi se arrodilló a mi lado.
—¡Rei!
Su voz temblaba.
—¡No vuelvas a asustarnos así!
Akira estaba completamente pálido.
—Pensé que te habías muerto, idiota...
Haru también estaba afectado.
—¿Qué demonios pasó ahí abajo?
Yo respiraba con dificultad.
Todavía sentía el terror aferrado a mi pecho.
Porque estaba seguro de algo.
Completamente seguro.
Yo no me había hundido solo.
Algo había tirado de mí.
Algo había sujetado mi pierna.
Algo estaba allí abajo.
Pero cuando levanté la mirada hacia el lago, la superficie del agua se veía tranquila.
Pacífica.
Como si nada hubiera ocurrido.
Y eso me inquietó todavía más.
......................
Finalmente decidimos regresar.
Nadie tenía ganas de seguir nadando después de aquello.
El ambiente alegre que había acompañado el día desapareció por completo.
Mientras recogíamos las cosas, podía sentir las miradas preocupadas de mis amigos sobre mí.
Yo intentaba actuar con normalidad.
Pero mis manos seguían temblando.
Y cada vez que recordaba aquella sensación en mi tobillo, un escalofrío recorría mi espalda.
—¿Puedes caminar? —preguntó Haru.
Asentí.
—Sí.
Intenté ponerme de pie.
Mis piernas cedieron inmediatamente.
Akira me sostuvo antes de que cayera.
—Sí, claro que puedes caminar. Perfectamente.
—Cállate...
—Ni hablar.
Antes de que pudiera protestar más, Akira se agachó delante de mí.
—Sube.
—¿Qué?
—Te voy a cargar.
—Puedo caminar.
—No puedes.
—Sí puedo.
Intenté dar un paso.
Casi vuelvo a caer.
Akira sonrió victorioso.
—Caso cerrado.
—Esto es humillante...
—Y verte ahogarte fue traumático. Estamos a mano.
Aoi soltó una pequeña risa nerviosa.
Incluso Yoru pareció relajarse un poco.
Resignado, terminé subiéndose a la espalda de Akira.
—Pesas menos de lo que imaginaba.
—Gracias... creo.
—Pareces una bolsa de papas.
—Retiro lo dicho.
Las risas fueron débiles.
Pero ayudaron a aliviar un poco la tensión.
El camino de regreso se sintió mucho más largo.
El bosque estaba extrañamente silencioso.
El sol comenzaba a descender detrás de las montañas.
Las sombras se alargaban entre los árboles.
Y por alguna razón no podía dejar de observar el bosque.
Sentía que algo nos observaba.
Que algo caminaba entre aquellos árboles.
Esperando.
Sacudí la cabeza.
Tal vez solo estaba paranoico.
Después de todo lo ocurrido cualquiera lo estaría.
Sin embargo, aquella sensación se negaba a desaparecer.
......................
Cuando finalmente llegamos a la cabaña, el calor del interior resultó reconfortante.
Akira me dejó cuidadosamente en uno de los sofás de la sala principal.
Aoi me alcanzó una manta.
—Toma.
—Gracias, Aoi.
Yoru me entregó una taza con agua.
—Bebe despacio.
—Gracias.
Por unos momentos nadie dijo nada.
El sonido de la chimenea llenaba el silencio.
Todos parecían esperar algo.
Finalmente Haru habló.
—Rei.
Levanté la vista.
—¿Sí?
—¿Qué te pasó?
La sala quedó en silencio.
Incluso el fuego parecía crepitar más despacio.
Observé a cada uno de mis amigos.
Todos tenían la misma expresión.
Preocupación.
Esperaban una respuesta.
Y yo también quería una.
Respiré profundamente.
—No fue un calambre.
Akira frunció el ceño.
—¿Qué?
—Yo... No me hundí solo.
Yoru se enderezó ligeramente.
—¿Estás seguro?
Asentí.
—Completamente.
El silencio regresó.
—Sentí algo sujetando mi tobillo.
Aoi palideció.
—¿Algo?
—Sí.
—¿Como qué? —preguntó Haru.
Negué lentamente.
—No lo sé.
Las imágenes regresaron a mi mente.
El agua oscura.
La desesperación.
Aquella fuerza tirando de mí hacia abajo.
—Solo sé que algo me agarró y me jaló.
Akira intentó sonreír.
—Tal vez era una rama.
—No.
Mi respuesta salió demasiado rápido.
Todos me miraron.
—No era una rama.
Podía sentirlo.
Lo recordaba perfectamente.
—Sentí dedos.
El rostro de Aoi perdió el poco color que le quedaba.
—Rei... Deja de bromear.
La sala volvió a quedar en silencio.
Yoru fue el primero en romperlo.
—¿Viste algo?
Negué.
—Todo pasó muy rápido.
Miré hacia la ventana.
El bosque podía verse más allá del cristal.
Oscuro.
Inmóvil.
Infinito.
—Pero estoy seguro de que había algo ahí abajo.
La sala volvió a quedar en silencio.
El crepitar de la leña en la chimenea parecía más fuerte que antes.
Fue Haru quien finalmente rompió el silencio.
Se inclinó ligeramente hacia adelante y apoyó los codos sobre sus rodillas.
—Rei... puede que estés exagerando un poco las cosas.
Levanté la vista.
Haru continuó hablando con tranquilidad.
—Tal vez fue una planta cola de zorro o alguna hierba acuática.
Akira asintió.
—Sí, esas cosas pueden enredarse en las piernas.
—Y cuando sentiste que no podías moverte entraste en pánico —añadió Haru—. Eso explicaría por qué sentiste que te estaban jalando.
Aoi parecía querer decir algo, pero terminó guardando silencio.
Yoru tampoco habló.
Simplemente me observó.
Pensativo.
Como si estuviera analizando cada una de mis palabras.
Yo bajé lentamente la mirada hacia mis manos.
Las observé durante varios segundos.
¿Exageré?
¿Realmente fue solo una planta?
Una parte de mí quería creerlo.
Quería convencerse de que todo había sido producto del miedo.
Del pánico.
Del momento.
Pero otra parte seguía recordando aquella sensación.
Aquellos dedos.
Aquella fuerza.
Y entonces recordé algo más.
La sombra.
Aquella figura oscura que había visto moverse entre los árboles mientras pescaba junto a Yoru.
Por un instante estuve a punto de mencionarlo.
Las palabras llegaron hasta mi garganta.
"También vi algo en el bosque..."
Pero no las dije.
Mi mirada se deslizó hacia mis amigos.
Aoi estaba abrazando una almohada.
Akira intentaba bromear para aliviar la tensión.
Haru acababa de declararse a la chica que amaba.
Yoru parecía más relajado después del susto.
Todos habían venido allí para divertirse.
Para celebrar.
Para crear recuerdos felices antes de que cada uno siguiera su propio camino.
Si continuaba insistiendo...
Si hablaba de sombras.
Si hablaba de manos bajo el agua.
Lo único que conseguiría sería preocuparlos.
Arruinaría el viaje.
Y eso era lo último que quería.
Respiré profundamente.
Luego levanté la cabeza.
Forcé una pequeña sonrisa.
—Tienes razón.
Haru pareció aliviado.
—¿Sí?
Asentí.
—Posiblemente fue eso.
Akira sonrió.
—Sabía que había una explicación lógica.
—Lo siento, chicos.
Aoi parpadeó.
—¿Por qué te disculpas?
—Porque los asusté.
Una expresión cálida apareció en el rostro de la joven.
—Tonto.
—Lo importante es que estás bien —dijo Haru.
—Exactamente —añadió Akira—. Casi me haces cargar tu ataúd.
—Gracias por tu preocupación.
—De nada.
Poco a poco la tensión comenzó a desaparecer.
La conversación cambió de tema.
Akira volvió a contar anécdotas absurdas.
Aoi terminó riéndose.
Haru la observaba con una sonrisa que ya no intentaba disimular.
Yoru escuchaba en silencio mientras tomaba una taza de café.
Parecía que todo había vuelto a la normalidad.
Parecía.
Porque mientras los observaba reír y conversar, una incómoda sensación permanecía dentro de mí.
Aun así guardé silencio.