Sofia era una empleada común y corriente hasta que un accidente la transportó dentro de la novela que estaba leyendo… como la villana destinada a morir.
Ahora vive en el cuerpo de Sofia Agarista Brajaya: hija de una familia adinerada, estudiante universitaria, y la mujer que durante tres años persiguió al protagonista masculino sin ser correspondida. Conoce cada giro de la trama, cada traición, y sobre todo, el final que le espera: la muerte a manos de Hansen Darael.
Su plan es simple: alejarse de Kayden, el protagonista, y de Hansen, su futuro asesino. Si no se involucra, la historia seguirá su curso y ella sobrevivirá.
Pero el destino no se deja reescribir tan fácilmente.
Cuando Sofia deja de perseguir a Kayden, él empieza a perseguirla a ella. Una apuesta de dos semanas. Un beso inesperado. Y una red de mentiras que ni siquiera ella, con todo su conocimiento del argumento, podría haber anticipado.
Entre campus universitario, mansiones de lujo, apuestas peligrosas y secretos que desafían la lógica de la ficción, Sofia descubrirá que cambiar el destino de una villana es mucho más complicado —y mucho más doloroso— de lo que cualquier novela podría contar.
¿Puede una lectora reescribir la historia desde adentro? ¿O el guion siempre gana?
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Capítulo 3
—Sofia… Sofia… ¿Ya despertaste?
Al escuchar esa voz, Sofia parpadeó y se incorporó aturdida. La cabeza todavía le palpitaba, sobre todo en la parte de atrás.
Recordó haberse caído por las escaleras solo por el coraje que le dio el final de aquella novela.
Ay… me duele un montón.
Sin darse cuenta, frunció el ceño por el dolor que aún le punzaba.
En medio de eso, una voz de mujer exclamó con alegría:
—¡Ya despertó! ¡Llamen al doctor, rápido!
Sofia intentó enfocar la vista, pero la figura de la mujer solo se veía borrosa.
—¡Sofia! ¡Por fin despiertas! ¡Me tenías muerta del susto, hija!
Entrecerró los ojos. La mujer llevaba un maquillaje cargado y ropa evidentemente lujosa. Su rostro era tan hermoso que Sofia no lograba reconocerla como su madre.
Imposible que sea mi mamá. Ella ni siquiera usaba labial porque tenía que trabajar en el campo…
Cerró los ojos y volvió a abrirlos, convencida de que estaba alucinando.
Pero nada cambió. La mujer seguía frente a ella con cara de preocupación, sin soltarle la mano, mientras el doctor y varias enfermeras se ocupaban de revisarla.
—La paciente ya recuperó la consciencia y se encuentra estable. Sin embargo, debemos monitorear su evolución —anunció el médico.
Al escucharlo, Sofia sintió un sopor inexplicable y volvió a quedarse dormida.
Despertó por la noche. Al mirar hacia arriba, la luz del techo la deslumbró y levantó la mano para cubrirse los ojos.
Un segundo después, se sobresaltó al sentir otra mano sujetándole la muñeca.
—No te muevas. Todavía tienes el suero conectado.
Era una voz masculina que no reconocía. Primero una mujer que decía ser su madre, y ahora esto. La confusión iba en aumento.
—¿Quién eres?
La pregunta hizo que el hombre frunciera el ceño, visiblemente molesto.
—¿Que quién soy? ¡Soy tu hermano!
¿Hermano? ¿Cuál hermano? ¿No soy hija única? A menos que… sean los hijos legítimos de mi padre.
Sofia sabía que solo tenía a su madre, porque su padre las abandonó al dejarla embarazada. Así que ella era hija única. ¿O no?
Cuanto más lo pensaba, más le dolía la cabeza. Se le puso el rostro pálido.
Al verla así, el hombre se preocupó.
—¿De verdad no me recuerdas?
—¿Eh?
—Entonces, ¿al menos sabes cómo te llamas? —insistió.
—Sofia…
El hombre soltó un suspiro de alivio.
—Al menos todavía sabes quién eres. Yo soy Sean. Sean Brajaya. Tu hermano.
Al escuchar ese nombre, Sofia se quedó paralizada. Antes de procesar cualquier otra cosa, llegó a una conclusión escalofriante: había entrado en la novela que estaba leyendo. El nombre de Sean aparecía varias veces en sus páginas, y lo más doloroso era que al final él moría por protegerla.
—¿Y bien? ¿Ya te acordaste?
Sofia todavía no podía creerlo. ¿De verdad era posible transmigrar dentro de una novela?
—¿Sofia Agarista Brajaya? —pronunció con rigidez.
—Sí, ese es tu nombre completo. Seguro solo estás agotada y por eso olvidaste a tu hermano, ¿verdad?
No, no, no… De verdad me convertí en la antagonista que lo pierde todo al final de la historia. ¿Por qué? ¿Por qué tuve que leer una novela donde la villana se llama igual que yo?