NovelToon NovelToon
Todo Menos Amigos

Todo Menos Amigos

Status: Terminada
Genre:Yaoi / Escuela / Amor-odio / Completas
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: CrisCastillo

Noah Sullivan lleva años preparándose para obtener la beca internacional más prestigiosa de la universidad. Cada examen, cada trabajo y cada sacrificio han tenido un único objetivo: ganar.

Todo parece ir según lo planeado hasta que aparece Leo Moreau.

Popular, talentoso y desesperadamente encantador, Leo se convierte en el único rival capaz de disputarle la beca. Desde el primer encuentro, la tensión entre ambos es inmediata. Cada clase se transforma en una competencia y cada conversación en un desafío.

Cuando el director del programa anuncia que los dos candidatos finales deberán colaborar en un proyecto conjunto para demostrar sus capacidades de liderazgo, Noah siente que es una condena.

Sin embargo, cuanto más tiempo pasan juntos, más difícil resulta ignorar lo que hay detrás de las máscaras que ambos han construido.

NovelToon tiene autorización de CrisCastillo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

20

Tres años después.

La niebla de la mañana de Cambridge se enrollaba alrededor de las torres góticas del King's College, pintando el mundo en tonos de gris y plata. Noah Sullivan, ahora Dr. Noah Sullivan, observaba desde la ventana de su despacho en el Departamento de Física Aplicada y Teórica. A su espalda, una pizarra blanca cubierta de ecuaciones complejas y diagramas de Feynman era un testamento silencioso de las largas horas que había pasado allí. Su artículo sobre la "Anomalía de Descomposición de Quarks Extraños", publicado en Nature, había abierto nuevas vías en la física de partículas, y su nombre era mencionado con respeto en los pasillos académicos que una vez había recorrido con asombro. Tenía todo lo que había querido: prestigio, reconocimiento, la libertad de perseguir las preguntas más profundas del universo. Y, sin embargo, su mirada no estaba en la pizarra, sino en el reloj de la pared.

Faltaban diez minutos para las once.

A las once en punto, la puerta de su despacho se abrió sin llamar. Leo entró, no ya con la agilidad atlética de su juventud, sino con una presencia más madura, una confianza serena que el tiempo y la experiencia habían forjado. Llevaba un traje elegante, ligeramente desordenado, como era su costumbre, y en sus ojos había una chispa que nunca se había apagado.

—¿Perdido en el abismo de las constantes de acoplamiento, Dr. Sullivan? —preguntó Leo, su voz un bálsamo familiar en el silencio del despacho.

—Solo intentando decidir si el universo se está expandiendo o si mi café se está enfriando a un ritmo inaceptable —respondió Noah, sin apartar la vista de la ventana—. ¿Buen viaje?

—Londres es un caos. Siempre lo es. Pero la reunión fue productiva —dijo Leo, dejando un maletín de cuero en la silla—. La fundación parece interesada en nuestro programa. Les gustó la idea. Les gustó... la historia.

Noah se giró finalmente, una sonrisa suave en sus labios. —Tu historia siempre ha sido más convincente que mis datos, Moreau.

—Nuestra historia, Noah —corrigió Leo, acercándose—. Recuérdalo.

Los últimos tres años habían sido una danza constante de equilibrio. Noah se había sumergido en su investigación, mientras que Leo, después de colgar los patines profesionales debido a una lesión en la rodilla, había encontrado una nueva pasión. Habla canalizado toda su energía y carisma en la creación de "Ritmos Futuros", una organización sin fines de lucro que llevaba deportes y artes a jóvenes de comunidades desfavorecidas, inspirándose en el espíritu de aquel festival que lo cambió todo. Su primer programa piloto, en los barrios marginales de Manchester, había sido un éxito rotundo.

—¿Sabías que Maya va a venir el fin de semana? —dijo Leo, cambiando de tema con su naturalidad característica—. Dice que tiene que "evaluar el progreso artístico de sus dos alumnos favoritos". Traducción: quiere venir a beberse nuestro vino y criticar nuestra decoración.

Noah se rio. —Déjala venir. Siempre nos trae de vuelta a la tierra. ¿Y Javier? ¿Sigue haciendo diseños para ti?

—Es nuestro director de creatividad. Su último cartel para el nuevo campamento de verano es... una obra de arte. Deberías verlo. Fusiona una ecuación de campo con un balón de fútbol. Es perfecto.

Se quedaron en silencio por un momento, un silencio cómodo, tejido con miles de días como este. La rutina se había convertido en su propia forma de romance. Las discusiones sobre la mecánica cuántica mientras preparaban la cena. Las llamadas de Leo desde la carretera, contándole sobre los niños que había conocido. Las noches en que Noah llegaba tarde del laboratorio y encontraba a Leo esperándole despierto, con un libro y una taza de té.

—A veces me pregunto qué habría pasado si el Dr. Henderson no nos hubiera forzado a trabajar juntos —dijo Noah, su voz baja—. Si hubiéramos seguido siendo... enemigos.

Leo se acercó a la pizarra y tomó un marcador. Dibujó una línea recta. —Era tu camino. Predicible, seguro, ordenado. Luego dibujó una curva caótica que se cruzaba con la línea en varios puntos. —Era el mío. Lleno de giros, de incertidumbres. El Dr. Henderson no nos forzó a trabajar juntos, Noah. Simplemente nos obligó a chocar. Y de ese choque... nació esto.

Dibujó un círculo alrededor del punto donde las dos líneas se cruzaban y se fusionaban en un nuevo patrón.

—La constante de acoplamiento —dijo Noah, su voz llena de afecto—. La fuerza que une lo que parece incompatible.

—Exacto —dijo Leo, dejando el marcador—. La fuerza que nos une.

El fin de semana llegó, y con él, Maya y Javier. El apartamento, ahora más grande y decorado con una mezcla ecléctica de arte de Javier, libros de física y trofeos de hockey viejos, se llenó de vida y risas.

—Así que aquí es donde viven los dos cerebros de Cambridge —dijo Maya, mirando a su alrededor con su habitual aire crítico mientras se servía una copa de vino—. Sigue siendo demasiado ordenado para mi gusto, Sullivan. Incluso tus libros están ordenados por color.

—Es un sistema de referencia eficiente —defendió Noah, aunque sonreía—. Y tú sigues siendo tan cínica como siempre, Chen. ¿Algún proyecto que no puedas destruir con tu sarcasmo?

—Solo los que no valen la pena —replicó Maya, pero su sonrisa delataba su afecto—. Pero este... este sí lo vale. Lo que han hecho con "Ritmos Futuros" es... impresionante. Incluso para una escéptica como yo.

Javier, que estaba mostrándole a Leo los últimos bocetos en su tablet, asintió con entusiasmo. —La idea de fusionar ciencia y deporte es genial. Los niños adoran los talleres donde Noah les explica la física de un lanzamiento perfecto y luego Leo se lo enseña en la pista.

—Es la única forma de enseñar que funciona —dijo Noah, sintiendo una calidez que se extendía por su pecho—. Combinando la teoría con la práctica. El porqué con el cómo.

Más tarde, esa noche, después de que Maya y Javier se hubieran ido a dormir, Noah y Leo se quedaron en el balcón, mirando las luces de la ciudad.

—¿Eres feliz, Noah? —preguntó Leo, su voz suave en la oscuridad—. De verdad. Con tu trabajo, con tu vida. ¿Eres feliz?

Noah se quedó en silencio, pensando en la pregunta. La felicidad no era una variable que pudiera medir, una constante que pudiera calcular. Era más que eso. Era el calor de la mano de Leo en la suya. Era el orgullo que sentía cuando veía a Leo hablar con un grupo de niños. Era la emoción de resolver un problema complejo y saber que había alguien con quien compartirlo.

—Sí —dijo Noah finalmente, su voz firme y clara—. Sí, lo soy. Porque mi vida ya no es solo una serie de problemas que resolver. Es... una historia que estoy escribiendo. Y tú eres mi coautor.

Leo lo besó, un beso lento y tierno que sabía a los años compartidos, a los desafíos superados, a un amor que solo había crecido más profundo y más fuerte con el tiempo.

—Yo también soy feliz —dijo Leo, su frente apoyada en la de Noah—. Porque encontré mi propósito. Y porque te encontré a ti. Mi constante. Mi centro de gravedad.

Se quedaron allí, en la inmensidad del universo, dos almas que habían encontrado su lugar en el cosmos. No eran ya el rival y el genio. No eran el atleta y el erudito. Eran Noah y Leo. Un equipo. Una pareja. Un amor que era tan real, tan poderoso, como la gravedad que mantenía los planetas en sus órbitas.

—¿Te acuerdas de nuestra primera pelea? —preguntó Noah, su voz un murmullo—. En el gimnasio. Te odiaba. O pensaba que te odiaba.

—Y yo a ti —dijo Leo, riendo—. Con tus gafas y tu actitud de "soy mejor que tú". Pero era solo una máscara. Ambos estábamos asustados. Ambos estábamos solos. Y no lo sabíamos.

—Hasta que nos encontramos —dijo Noah—. Y chocamos.

—Y cambiamos el universo —terminó Leo.

Noah sonrió, abrazando a Leo más fuerte. El futuro ya no le daba miedo. No era una serie de variables impredecibles, sino un campo de posibilidades infinitas, un lienzo en blanco esperando a que lo pintaran juntos. Y mientras se quedaban allí, bajo el manto de estrellas, supo que había encontrado su respuesta. No en las ecuaciones, ni en las teorías, sino en el amor. El amor era su constante universal. La fuerza que unía todo. Y esa era la verdad más hermosa de todas.

1
Fany Torres
bellísima historia me encantó felicito a la autora siga asi
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play