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No Me Iba a Morir por Ti

No Me Iba a Morir por Ti

Status: En proceso
Genre:Venganza / Mujer poderosa / Enfermizo
Popularitas:34.2k
Nilai: 5
nombre de autor: VivianMansano

Ximena Reyes creyó que su matrimonio con Víctor Rivas era lo único que le quedaba después del accidente que la dejó en cama. Pero la verdad era mucho más cruel: su esposo no solo tenía una amante, también había escondido un hijo con ella, había tomado control de su empresa y estaba esperando el momento perfecto para deshacerse de Ximena sin dejar pruebas.

Encerrada en su propia casa, vigilada, debilitada y sin poder mover las piernas, Ximena parecía no tener salida.

Hasta que entendió algo.

Víctor podía quitarle el teléfono, sus documentos, su dinero y hasta su cuerpo.

Pero no podía quitarle la cabeza.

Con ayuda de su mejor amiga Nadia, un médico frío que parece saber más de lo que dice y las grietas que empiezan a abrirse entre sus enemigos, Ximena decide dejar de suplicar.

Si su esposo quería verla muerta, primero tendría que verla levantarse.

Y esta vez, cada mentira, cada golpe y cada traición iba a cobrarse con intereses.

NovelToon tiene autorización de VivianMansano para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16

Capítulo 16

Don Ernesto Alcázar nos recibió en la sala con una cortesía que a Víctor le incomodó desde el primer segundo.

—Hace mucho no la veía. ¿Cómo sigue?

—Mejor, don Ernesto. Perdón por venir tan temprano.

Yo estaba en la silla, con la cara todavía marcada y el cuerpo doliendo por el viaje. Aun así, sonreí. En Lago Azul una sonrisa correcta podía abrir más puertas que un grito.

Víctor dejó los regalos en la mesa.

Botellas caras, puros, una canasta gourmet.

Demasiado visibles.

Demasiado torpes.

Don Ernesto miró todo y luego me miró a mí.

—¿En qué puedo ayudarla?

No dije: queremos saltarnos la fila.

No dije: mi esposo necesita registrar al hijo que tuvo con su amante.

No dije: si esto sale bien, yo puedo ganar tiempo para no morir.

Incliné la cabeza.

—Adoptamos a un niño. Tiene cuatro años y queremos inscribirlo en el colegio bilingüe del residencial. Nos dijeron que antes necesita quedar ligado al domicilio. Venimos a preguntarle el procedimiento.

Don Ernesto asintió.

—El procedimiento normal es en administración. Acta, papeles de adopción, comprobante de domicilio, identificaciones. Pero no es inmediato. Hay lista.

Yo ya lo sabía.

Eso era justo lo que necesitaba que él dijera.

Víctor no.

Se inclinó hacia mi oído, creyendo que hablaba bajo.

—Dile bien. Si no, estos regalos se desperdician.

Quise cerrar los ojos.

Ese idiota.

Don Ernesto dejó la taza sobre la mesa.

—Señor Rivas, aquí no se compran cupos.

Víctor se puso rojo.

—No, no, yo no quise decir...

—Sí quiso.

El aire se tensó.

Yo tomé la tetera con la mano temblorosa.

—Don Ernesto, disculpe. Víctor está nervioso por el niño. No sabe explicarse.

—Ximena, la aprecio porque ayudó a mi madre cuando se cayó en la calle. Pero eso no me autoriza a romper reglas.

La tetera pesaba demasiado. Me ardía la espalda. Aun así, serví té como si mi mano no estuviera a punto de fallar.

—Lo entiendo.

Víctor no lo entendía.

Cuando salimos de la casa, su cara ya no era de vergüenza.

Era de rabia.

En cuanto el portón se cerró detrás de nosotros, me agarró del brazo.

—¿Para eso me trajiste?

—Yo no te dije que ofrecieras dinero como si estuvieras comprando pollo en el mercado.

La bofetada me reventó la boca.

Mi cuerpo se ladeó en la silla. Por un momento vi puro blanco.

Víctor respiraba encima de mí.

—Cuida lo que dices.

Yo probé sangre.

Entonces una voz fría bajó desde el segundo piso de la casa de don Ernesto.

—Señor Rivas.

Víctor se congeló.

Levanté la vista.

Santiago Alcázar estaba en el balcón.

No llevaba bata. Usaba un suéter claro y pantalón oscuro, como si esa casa también fuera suya. Tenía una mano en el barandal y la misma mirada de siempre: limpia, helada, sin una sola emoción desperdiciada.

—¿También golpea a su esposa frente a cámaras? —preguntó.

Víctor tragó saliva.

—Doctor Santiago, fue una discusión. Usted malinterpretó.

—¿Yo? —Santiago ni siquiera parpadeó—. ¿O las cámaras?

Víctor soltó mi silla.

Yo quise esconderme.

Cada vez que Santiago aparecía, yo estaba más rota, más sucia, más humillada.

Don Ernesto salió casi de inmediato.

—¿Qué pasó aquí?

Víctor cambió de cara.

—Nada, presidente. Una discusión de pareja.

Don Ernesto apuntó hacia la esquina del portón.

—Mi cámara está conectada al comité. ¿Cree que no vi cómo le pegó?

Víctor se quedó sin palabras.

Yo bajé la cabeza.

El ardor de la mejilla era insoportable, pero el alivio me temblaba en los dedos.

—Don Ernesto, por favor —dije—. No haga más grande esto. Víctor se alteró porque el trámite no salió.

—Eso no justifica violencia.

—Lo sé.

—Señor Rivas —dijo él, ahora con voz de autoridad—. Va a escribir una carta compromiso. Hoy. Aquí. Y durante un mes una trabajadora social del residencial va a pasar a revisar que la señora Reyes esté bien.

Víctor abrió la boca.

—Eso no es necesario.

—Sí lo es.

Santiago seguía en el balcón.

Callado.

Mirando.

No era compasión.

Pero su presencia bastaba para que Víctor no pudiera enseñar los dientes.

—Está bien —dijo al fin—. La escribo.

Don Ernesto ordenó a un guardia traer papel.

Yo me quedé inmóvil en la silla.

Una visita diaria.

Una persona externa entrando a mi cuarto.

Un par de ojos que no pertenecían a Víctor ni a Yareli.

Eso podía frenar la comida envenenada, las inyecciones, las manos que aparecían de noche.

No me salvaba.

Pero me daba aire.

De regreso a casa, Víctor no habló hasta entrar.

Azotó la puerta con tanta fuerza que Marisol dio un brinco.

—¿Qué pasó, señor?

—Nada.

Luego se volvió hacia mí.

—Tú lo planeaste.

—¿Qué?

—Santiago estaba ahí. Don Ernesto salió justo cuando me defendí. ¿Qué relación tienes con ese doctor?

Me dio risa.

Una risa seca, peligrosa.

—No tengo celular. No salgo. Me tienes vigilada con una cámara en mi propio cuarto. Si crees que puedo organizar todo eso, entonces todavía me tienes demasiada fe.

Víctor se acercó.

Yo no retrocedí porque no podía.

—No me provoques, Ximena.

—No me culpes por tu estupidez.

Sus ojos se inyectaron.

Marisol bajó la mirada.

Yareli apareció desde el pasillo con cara preocupada.

—Víctor, cálmate. Si hoy ya hubo problema con el comité, no conviene seguir.

Él apretó los dientes.

—Súbanla.

Marisol me llevó al cuarto.

Abajo, Yareli empezó a hablarle en voz baja.

—No creo que Xime haya avisado a Santiago. ¿Cómo? Tú mismo le quitaste todo. Tal vez fue casualidad. Además, si mañana resuelve lo del niño, ya sabrás que no te está jugando chueco.

Qué lista.

Me defendía solo para usarme.

Necesitaba que Víctor no me encerrara antes de que yo siguiera buscando la entrada del colegio para su hijo.

Un rato después, Yareli subió con un plato de sopa.

—Xime, convencí a Víctor de que no se enoje contigo.

—Qué poder tienes sobre mi esposo.

Se le borró la sonrisa.

—No digas eso. Solo le expliqué que todos estamos nerviosos por Toño.

—¿Todos?

—Bueno... por el niño.

Dejó el plato en el buró.

—Mañana podemos volver con don Ernesto. Esta vez yo preparo mejores regalos y te llevo.

—¿Tú me vas a llevar?

—Sí. Víctor está muy alterado. Mejor voy yo contigo.

Claro.

La amante llevando a la esposa inválida a resolverle el futuro al hijo secreto.

Si no fuera mi vida, habría sido una broma de mal gusto.

—Está bien —dije.

Yareli respiró aliviada.

Cuando se fue, me quedé mirando la lámpara.

La camarita escondida brillaba entre los adornos como un ojo satisfecho.

—Miren bien —murmuré sin mover los labios.

Porque mañana no solo iba a rogar por el registro de Toño.

Iba a preparar la cuerda para amarrar a Víctor a mí.

Esa noche casi no dormí.

Cada vez que cerraba los ojos veía a Santiago en el balcón.

No me consoló.

No bajó corriendo.

No me preguntó si estaba bien.

Solo dijo una frase.

Y con esa frase consiguió más que todas mis súplicas.

¿Casualidad?

Tal vez.

Pero con Santiago las casualidades siempre dejaban una marca.

Al día siguiente, la primera trabajadora social del residencial tocó la puerta antes del mediodía.

Yareli intentó detenerla.

—La señora descansa.

—Necesito verla.

Subió.

Miró mi cara, mis brazos, la cama, la comida sobre el buró y la lámpara.

—¿La están atendiendo bien?

La cámara estaba encendida.

—Sí —respondí.

—¿Quiere que avisemos algo más al comité?

Quise decir: sí, que me están matando.

Quise decir: sí, que mis padres desaparecieron.

Quise decir: sí, que la mujer que le sonríe abajo quiere envenenarme.

Pero Yareli estaba en la puerta.

La cámara estaba mirando.

Víctor podía estar escuchando.

—Solo estoy cansada.

La trabajadora social apretó los labios.

No me creyó del todo.

Eso también era útil.

Cuando se fue, Yareli retiró la comida que había traído y pidió a Marisol hacer otra.

Sonreí.

Un ojo ajeno había entrado a mi jaula.

Y en una jaula, cualquier ojo ajeno podía convertirse en grieta.

1
Adolis Cardona
más capítulos
Lolly Carazo
Está historia está buena pero deja a la protagonista ganar alguna de las tantas batallas que ha hecho para salvarse volver a caminar y salir del martirio y recuperar lo de ella y su familia
Becky Navarro
tofavia no entiendo a ese vecino que pitos toca esta igual de loco que el esposo
Becky Navarro
uff una ayudita no cae mal🥰🥰🥰🥰🥰
Becky Navarro
yo hasta me engarruño cada que el idiota ese aparece con ganas de agarrarlo de las bolas bien recio
Becky Navarro
gracias la ban a escuchar
Becky Navarro
una pendendeja bien echa x sue madres no le tomo fotos 😡😡😡
Becky Navarro
esto empezó muy bien
Isidra Marta Sánchez Ortiz
Sí, cómo? 😭😭😭😭😭😭😭
Miraval 💃🇨🇴❤️🇨🇴❤️
Vamos a leer cómo supera Ximena esta terrible situación. Qué será de los papás de ella? 🤔🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
Flor de lis
bonito
Monica Raquel Martin
ahora lo que falta es que XIMENA valla a la cárcel y se haga aliada de Yareli
Alix Sarmiento
muy bueno excelente
Alix Sarmiento
es muy buena tiene mucho suspenso, como se va a escapar?
Alix Sarmiento
está muy buena alguien la debe ayudar
Zaira
No leo más demasiados capítulos de sufrimiento y maldad.
Zaira
Bueno y que clase amiga tiene que ni se preocupa
Zaira
ERES UNA ESTUPIDA ,ESCRITORA HASTA CUANDO LA VAS HACER SUFRIR, YA YO ESTOY QUE ARDO DE LA IMPOTENCIA ,NO SOPORTO EL ABUSO.
Becky Navarro: tampoco ofendan a la escritora x favor
total 2 replies
Rossy Bta
más capitulos 🙏 por favor
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