Cuando Gael Andrade se muda a Buenos Aires para empezar de nuevo en un prestigioso colegio artístico, cree que su vida será tranquila por fin. Pero todo cambia cuando conoce a Noah Beltrán, el chico más talentoso y problemático del instituto.
Noah tiene fama de meterse en peleas, faltar a clases y mantener a todos lejos… excepto a Gael.
Lo que empieza como una relación llena de discusiones y tensión termina convirtiéndose en algo mucho más profundo cuando ambos descubren un secreto relacionado con un antiguo teatro abandonado detrás del colegio.
Entre ensayos de música, noches lluviosas, cartas escondidas y sentimientos que ninguno sabe cómo explicar, Gael y Noah tendrán que decidir si enfrentarse al pasado… o seguir huyendo de lo que sienten.
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Capítulo 10 Bajo el escenario
La voz resonó desde la oscuridad.
—Por fin volvieron...
Gael sintió que el cuerpo se le congelaba.
El escenario seguía temblando mientras la trampilla se abría lentamente. Un aire helado comenzó a salir desde las profundidades ocultas bajo el teatro, trayendo consigo un olor a humedad, madera vieja y algo más...
Algo que parecía llevar años encerrado.
Noah permaneció inmóvil.
Su mirada seguía fija en el lugar donde Luca había desaparecido.
—Noah...
Gael dio un paso hacia él.
—Tenemos que irnos.
Pero Noah no se movió.
—Era él.
Su voz apenas era un susurro.
—Era realmente él.
—Lo sé, pero...
Un nuevo golpe sacudió el escenario.
Las luces parpadearon violentamente.
Y la voz volvió a escucharse.
Esta vez más fuerte.
Más cercana.
—Bajen.
Gael sintió un escalofrío.
—Ni loco.
El silencio duró unos segundos.
Después algo comenzó a subir desde la oscuridad.
Una escalera.
Antigua.
Oxidada.
Oculta bajo el escenario durante años.
Noah observó la abertura.
—Aquí es donde desapareció Luca.
Gael abrió los ojos.
—¿Qué?
—Siempre pensé que el teatro escondía algo.
Noah apretó los puños.
—Y ahora sé que tenía razón.
Gael sintió que aquello era una pésima idea.
Una idea terrible.
Pero también sabía que Noah jamás se iría sin respuestas.
Y, para ser sincero, él tampoco.
—Si bajamos —dijo finalmente—, bajamos juntos.
Noah lo observó unos segundos.
Por primera vez desde que se conocieron, una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
Una sonrisa triste.
Pero sincera.
—Gracias.
El corazón de Gael dio un pequeño salto.
Rápidamente apartó la mirada.
—No te acostumbres.
La sonrisa de Noah se hizo apenas un poco más grande.
Minutos después, ambos descendían por la vieja escalera.
La oscuridad era casi absoluta.
Solo las linternas de sus celulares iluminaban el camino.
Los escalones parecían interminables.
Cada vez bajaban más.
Y más.
Hasta que finalmente llegaron al fondo.
Gael observó alrededor.
Era un túnel.
Un enorme pasadizo escondido bajo el instituto.
Las paredes estaban construidas con ladrillos antiguos y cubiertas por humedad.
Parecía un lugar abandonado desde hacía décadas.
—¿Qué es este sitio? —preguntó.
—No lo sé.
Noah avanzó lentamente.
El eco de sus pasos resonaba en la oscuridad.
Entonces encontraron algo.
Una puerta metálica.
Vieja.
Oxidada.
Y sobre ella había una inscripción grabada.
"Sala de Ensayos Subterránea."
Gael frunció el ceño.
—¿Existía una sala bajo el teatro?
—Nunca escuché hablar de ella.
Noah empujó la puerta.
Con un fuerte chirrido, esta se abrió.
Y ambos quedaron paralizados.
La habitación era enorme.
Había instrumentos antiguos cubiertos de polvo.
Partituras esparcidas por todas partes.
Atriles rotos.
Y fotografías.
Cientos de fotografías pegadas en las paredes.
Gael se acercó lentamente.
Las imágenes mostraban estudiantes del instituto.
Algunas parecían muy antiguas.
Otras más recientes.
Y todas tenían algo en común.
Los estudiantes de las fotos habían desaparecido.
Debajo de cada imagen había una fecha.
1968.
1969.
1970.
1971.
1972.
Y finalmente...
2024.
Gael sintió un nudo en el estómago.
Porque la última fotografía era de Luca Beltrán.
—Noah...
La voz le tembló.
Noah ya la había visto.
Su rostro había perdido completamente el color.
Se acercó lentamente a la foto de su hermano.
La tocó con la punta de los dedos.
Y debajo encontró algo escrito.
Una frase.
Pequeña.
Oculta.
"El próximo heredero."
—¿Qué significa eso...? —susurró.
De repente, un ruido resonó detrás de ellos.
La puerta metálica se cerró de golpe.
¡BANG!
Gael se giró sobresaltado.
—¡No!
Corrió hacia ella e intentó abrirla.
No se movía.
Estaban atrapados.
Entonces todas las fotografías comenzaron a caer de las paredes.
Una tras otra.
Como si una fuerza invisible las arrancara.
Y una voz grave llenó la habitación.
Una voz que no pertenecía a Luca.
Ni a la chica fantasma.
Ni a ninguna persona normal.
—Después de tantos años...
Las luces de sus celulares comenzaron a apagarse.
Una por una.
—...el heredero finalmente regresó.
La oscuridad los envolvió.
Y algo empezó a caminar hacia ellos desde el fondo de la sala.
Algo que no debería existir.