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Una Segunda Vida Como El Joven Moretti

Una Segunda Vida Como El Joven Moretti

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Romance
Popularitas:551
Nilai: 5
nombre de autor: Kye Soma

El profesor de lenguas Yoshiya Taksumagi ha recibido una segunda oportunidad de vivir. Pero este nuevo mundo le demostrará que una segunda vida no significa una vida perfecta.
Ahora, atrapado en el cuerpo de un niño llamado Joshua Moretti, deberá descubrir los secretos detrás de su llegada y enfrentarse a un destino que jamás pidió.

¿Cómo es que un profesor de una de las mayores facultades de Japón terminó siendo un simple niño en un mundo de magia?

NovelToon tiene autorización de Kye Soma para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7: Quiero una mascota de maná.

Punto de vista de Joshua

Mi conciencia estaba despierta, pero mis ojos seguían cerrados. Es una sensación extraña, como flotar en un mar oscuro sabiendo que la superficie está ahí arriba, a solo unos centímetros, pero sin fuerzas para nadar hacia ella.

Mi cuerpo pesaba como si tuviera veinte kilos de plomo sobre los hombros. Cada músculo, cada hueso, cada fibra de mi ser gritaba en una sinfonía de agotamiento. *Otra vez. Otra vez me pasé de idiota usando magia que no debía. ¿Cuándo voy a aprender? *

Una mano suave y cálida sujetaba la mía. Los dedos eran finos, femeninos. El contacto me hizo recordar algo. Algo lejano. A Ayame, en la enfermería del colegio, aquel día que me fracturé el brazo intentando impresionarla con una voltereta idiota. Ella me había dado la mano entonces, preocupada, y yo había sentido que el dolor valía la pena.

Abrí los ojos lentamente, esperando ver a una enfermera de cabello castaño y sonrisa amable.

Pero no.

La mano que tocaba la mía era la de Isabella.

Mi rostro, que por una fracción de segundo había esbozado algo parecido a la felicidad, se transformó en una mueca amarga. Retiré la mano bruscamente, como si el contacto me quemara. Me incorporé un poco en la cama, apoyándome en los codos, intentando disimular mi incomodidad.

—Al fin despiertas.

Los pelos de mi piel se erizaron de inmediato. Esa voz. Mi padre, Ed, estaba sentado a mi izquierda. Su tono era grave, y su rostro... bueno, digamos que parecía una tormenta a punto de estallar. Una tormenta con ojos verdes y un mechón blanco en el cabello, idéntico al mío.

*¿Qué hice ahora? Además de casi matarme, claro. *

—Isabella, sal por ahora. Necesito hablar con tu hermano menor.

Isabella asintió en silencio, soltando mi mano con un leve titubeo, y se levantó de la silla. Sus pasos resonaron en la habitación mientras se dirigía a la puerta.

*Espera. No te vayas. Tengo miedo. *

Isabella cerró la puerta detrás de ella. El sonido del pestillo al encajar retumbó en mis oídos como una sentencia. Dejándonos a solas. A Ed y a mí. A un padre que no sabía cómo hablar con su hijo. A un hijo que no sabía cómo ser hijo.

El silencio se volvió tan espeso que podía mascarse.

—Sabes que lo que hiciste está mal.

La voz de mi padre era firme, pero no había rabia en ella. Había algo peor. Había preocupación. La clase de preocupación que te hace sentir culpable incluso cuando técnicamente has hecho algo bueno.

—Pero me salvaste la vida —continuó, y su tono se suavizó un poco, como si las palabras le costaran—. Y estoy agradecido.

Hizo una pausa. Me miró a los ojos. Los suyos, verdes y brillantes, estaban enrojecidos. ¿Había estado llorando? ¿El Hombre de Hierro, el guerrero legendario, había estado llorando por mí?

—Si quieres algo, no dudes en pedírmelo —dijo finalmente.

Vi mi oportunidad.

—Quiero una mascota de mana.

Puse mi mejor cara de gatito tierno. Ojos grandes y brillantes, labio inferior ligeramente tembloroso, la cabeza inclinada en un ángulo calculado. Era una técnica que había perfeccionado en mi vida anterior para conseguir aumentos de sueldo. No funcionó entonces, pero quizás aquí sí.

Mi padre se cubrió el rostro con una mano. Dejó escapar un suspiro tan largo que pensé que se quedaría sin aire. Cuando apartó la mano, una sonrisa cansada pero genuina se dibujaba en sus labios.

—Está bien.

Y sin decir más, se levantó y salió de la habitación, cerrando la puerta con suavidad esta vez.

Dejé escapar un suspiro de alivio tan fuerte que hasta la vela de la mesita de noche parpadeó.

—Pensé que me iba a matar. Y esta vez de verdad, no metafóricamente.

Me limpié el sudor de la frente con el dorso de la mano vendada. Mi cuerpo aún temblaba ligeramente por el esfuerzo. La magia de agua me había dejado seco. Literalmente. Sentía el núcleo de mana, esa cosa en el hígado de la que hablaban los libros, como una pasa arrugada.

*La magia de agua es bastante peligrosa. No debo utilizarla si no es un caso de emergencia. Y aunque lo sea, debería pensarlo dos veces antes de lanzarme. *

Pero, siendo sincero, si volviera a ver a mi padre en peligro, lo haría otra vez. Sin dudarlo. *Maldito cuerpo de Joshua y sus malditos sentimientos. *

Me levanté de la cama con movimientos torpes. Las piernas me temblaban como si fuera un cervatillo recién nacido. Tardé veinte minutos en darme un baño porque cada gesto requería un esfuerzo titánico.

Cuando por fin salí, envuelto en una toalla que era más grande que yo, me sentía ligeramente más humano. O más Joshua. Como prefiráis llamarlo.

Me vestí con ropa limpia que algún sirviente había dejado doblada sobre una silla. Camisa blanca, pantalones cortos negros, zapatos de cuero. El uniforme no oficial de los niños ricos de este mundo.

Mi estómago rugió como una bestia enjaulada.

*Creo que es hora de comer. Y de paso, de visitar la biblioteca. Porque si voy a seguir metiéndome en líos, al menos que sea con información. *

---

Después de devorar un plato de estofado de cordero que me supo a gloria —y eso que odio el cordero—, me dirigí a la biblioteca de la mansión Moretti.

No era tan grande como la del castillo del Reino Hart, pero tenía su encanto. Las estanterías de roble oscuro llegaban hasta el techo, y el olor a papel viejo y tinta me hizo sentir extrañamente en casa. Me recordó a la biblioteca de la universidad donde trabajé durante quince años. Quince años rodeado de libros y estudiantes que no querían estar allí.

Cogí un libro titulado "Historia de los Seis Reinos y el Imperio". El título era tan apasionante como un manual de contabilidad, pero necesitaba entender este mundo si quería sobrevivir.

Me acomodé junto a una ventana que daba al jardín. La abrí con cuidado y una brisa suave, con olor a rosas y tierra húmeda, me acarició el rostro. Mi cabello se movió ligeramente. Abajo, en el jardín, pude ver la figura de mi padre alzando su mano en un gesto de saludo. Sonreí levemente y le devolví el gesto.

Luego me concentré en el libro.

«El Imperio está dividido en seis reinos, además del reino central que es la capital imperial, Mordren.»

Bien. Empecemos por el principio.

«El Reino Hart es el más grande de los seis. Sus tierras son fértiles y abundan los minerales. Actualmente gobernado por el rey Arturo Pendragon y su esposa, la reina Elizabeth.»

*Así que mi tío postizo gobierna el reino más grande. Eso explica por qué mi padre tiene tanto poder. Ser el mejor amigo del rey tiene sus ventajas. *

Seguí leyendo.

«El Reino del Diamante es conocido por sus avances en medicina. Aunque no hay muchos médicos formales, casi cualquier ciudadano sabe preparar un té curativo o un ungüento básico.»

*Eso explica lo de Valentina. La masa negra en su corazón estaba débil porque llevaba años recibiendo tratamiento paliativo del Reino del Diamante. Si no hubiera sido por eso, habría muerto mucho antes de que yo apareciera. *

Un escalofrío me recorrió la espalda.

«El Reino Kazran está custodiado por humanos y enanos. Es el hogar de los mejores mineros y herreros del continente. Sus armas son legendarias.»

*Enanos. Bien. Otro cliché de fantasía. Me pregunto si tendrán barbas largas y beberán cerveza como en los libros de mi mundo. *

«Selvyn es el reino de la selva, custodiado por elfos. Es el lugar con mayor concentración de magia natural del mundo.»

*Elfas. Ahora que lo pienso... ¿serán tan guapas como en las ilustraciones de mis estudiantes? Aquel chico de anteojos y pecas siempre llevaba figuras de elfas en la mochila. Decía que eran "cultura". Yo creo que simplemente le gustaban las orejas puntiagudas. *

«Mirath y Drakon son reinos menores. El primero, costero y comercial. El segundo, montañoso y aislado. No poseen recursos especialmente valiosos, pero su posición estratégica los convierte en aliados codiciados.»

*O sea, que son los que nadie quiere pero todos necesitan. Como el departamento de contabilidad. *

«Y por último, el castillo principal: Mordren. La capital imperial. Actualmente gobernada por Héctor de la Luz. Cabello amarillo, ojos azules, figura perfecta y rostro angelical. Un hombre tan hermoso como peligroso, según los rumores.»

Cerré el libro de golpe.

*Este libro dice demasiadas cosas que no debería. ¿"Tan hermoso como peligroso"? ¿Qué clase de descripción es esa para un emperador? Suena más a protagonista de novela romántica que a gobernante de un imperio. *

Dejé el libro sobre el escritorio y me quedé mirando por la ventana. El sol ya empezaba a ponerse, tiñendo el cielo de un naranja rojizo. Las sombras de los árboles se alargaban sobre el césped del jardín.

Mi estómago ya no rugía, pero mi mente seguía hambrienta.

*Seis reinos. Un imperio. Magia, enanos, elfos, sirenas. Y yo, un profesor de lenguas de treinta y ocho años atrapado en el cuerpo de un niño de siete. *

Solté una risa amarga.

*Qué ganas de que este sueño se acabe. Pero no se va a acabar, ¿verdad? Esto es real. Es mi vida ahora. *

Recordé el día en que desperté en aquella aula. Recordé a la profesora Evangile. Recordé a los niños que me miraban con burla. Recordé los recuerdos de Joshua mezclándose con los míos, como dos ríos de lodo que confluyen en un mismo cauce.

*No puedo volver. Mi cuerpo original murió. Lo sentí. Sentí cómo mi corazón se apagaba. Sentí el frío del suelo del hospital. *

Un nudo se formó en mi garganta.

*No. Esta vez no me quedaré solo. *

Me levanté del escritorio con determinación. Los libros podían esperar. Ahora tenía una familia. Una familia disfuncional, rota, llena de secretos y rencores. Pero una familia al fin y al cabo.

*Todavía falta mi madre. Viviane. Pero no importa. Yo mismo la traeré de vuelta. Sea lo que sea que le haya pasado, lo averiguaré. *

Salí de la biblioteca y me dirigí al comedor. Isabella y Daniel ya estaban sentados a la mesa. Mi padre ocupaba la cabecera, con una copa de vino en la mano y una expresión más relajada que de costumbre.

Me senté en mi lugar, el más alejado de todos. Isabella me miró de reojo. Daniel me ignoró. Ed me dedicó una sonrisa cansada.

Y por primera vez en mucho tiempo, sentí que este lugar, esta mesa, esta gente... podía ser algo parecido a un hogar.

*O quizás es solo el hambre. *

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