Cinco años después de haber sido absuelta por la misteriosa muerte de sus dos primeros esposos, la enigmática Rubí Vicentelli regresa al ojo de la tormenta pública al anunciar su tercer matrimonio con Julián, un millonario cuya fortuna promete salvar de la ruina a la aristocrática pero decadente familia Vicentelli. Sin embargo, la noche de bodas se convierte en un matadero cuando Julián aparece colgado del candelabro principal de la mansión.
NovelToon tiene autorización de jerinson Gómez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 6
La penumbra es rasgada por el fuego de una sola vela. En la pared de concreto descascarado, una mano desangrada en encaje negro sostiene un trozo de tiza roja.
Frente a ella, hay una lista de nombres escritos con caligrafía perfecta. La mano traza una densa y violenta X sobre el nombre de René. Ya son cinco los tachados y quienes serán los próximos
La segunda figura misteriosa, el hombre, se acerca por detrás. Coloca sus manos sobre los hombros de la mujer, dándole un masaje lento, casi sutilmente. Él toma la tiza de sus dedos y escribe un nuevo nombre al final de la lista, rodeándolo con un círculo: Cristina.
Ambos contemplan la pared en un silencio absoluto, idílico, unidos por un lazo de devoción y locura que ningún habitante del pueblo sospecha ni sospecharán.
El sonido de un piano aterrador resuena en una habitación vacía. Una mujer joven, vestida con un traje de novia blanco familiar pero manchado de lodo en el ruedo, llora desconsolada en el suelo. Tiene las manos cubiertas de ceniza.
A través del reflejo de un espejo opaco, se ve la silueta de un hombre joven que entra al lugar. No se le ve el rostro, pero su voz es un susurro atormentador de lleno de promesas oscuras. El hombre se arrodilla a su lado, le limpia las lágrimas con delicadeza y le entrega, por primera vez, el velo de encaje negro.
—Ellos te lo quitaron todo —le dice el hombre en el recuerdo—. Ahora nos toca a nosotros recordarles quiénes somos. A partir de hoy, la novia viste de luto.
La mujer acepta el velo, cubriendo su rostro en la memoria, sellando el pacto de sangre que años más tarde desataría el temor en la mansión Vicentelli.
***
El ambiente tras la desaparición de René es de una atormetacion insoportable. Una nueva mujer ha llegado a la casa para poner orden. Se trata de Beatriz, la estricta contadora de la familia, una mujer de lentes oscuros y mirada severa que revisa los libros contables con desprecio. A su lado, un joven escolta llamado Samuel permanece firme junto a la puerta, atento a cualquier pasos que dan.
—Los números no cuadran, Elena —dice Beatriz, cerrando el libro con fuerza—. Alguien estuvo desviando fondos a una cuenta fantasma antes de que Julián muriera. Si la policía revisa esto, Alejandro irá directo a prisión por estafa.
—A mí no me metas en tus sospechas, Beatriz —responde Alejandro, entrando al salón con el rostro pálido y agitado—. En esta casa el dinero es lo de menos. Hay un maldito monstruo suelto.
Rubí observa la discusión desde el umbral, impecable, sosteniendo una taza de café con canela que ni siquiera prueba. Cristina se le acerca por detrás, provocándola.
—Disfruta tus últimos minutos de paz, Rubí —le susurra Cristina al oído—. Acabo de contratar a un investigador privado. La muerte de mi tío no se va a quedar así.
—Busca lo que quieras, Cristina —le responde Rubí sin mirarla—. Pero recuerda que la curiosidad en esta casa siempre termina en el cementerio.
***
Valeria duerme, pero su mente es un campo de diversidad. En su pesadilla, camina por un pasillo interminable lleno de espejos que reflejan a la Mujer del Velo Negro multiplicada por mil. Todas las figuras se ríen de ella con la misma voz distorsionada y sin mover un solo dedos.
Valeria despierta con un grito pe,turbador empapada en sudor. Al abrir los ojos, el horror psicológico se vuelve real.
Sentada en la mecedora al pie de su cama, la Mujer del Velo Negro la observa en la penumbra. No se mueve. No respira. A su lado, de pie, el hombre del luto sostiene un pequeño reloj de arena y viejo. La arena cae lentamente, grano a grano.
Valeria intenta gritar, pero el pánico le paraliza las cuerdas vocales. El trauma la encadena a la cama.
El hombre se acerca despacio, se inclina sobre ella y le deja un pequeño objeto sobre la almohada: una nota que ponía la piel de gallina a Valeria cuando era niña, pero con el rostro de su padre borrado con quemaduras de cigarrillo.
La mujer del velo se pone de pie, hace un gesto de silencio con el dedo sobre el encaje de su boca y ambos retroceden hacia el armario, desvaneciéndose en la oscuridad como si nunca hubieran estado allí. Cuando Elena entra corriendo al cuarto por los quejidos de su hija, solo encuentra a Valeria arañándose la cara, repitiendo una y otra vez la misma frase que deja el ambiente muy pesada :
—La mujer de velo negro… La mujer de velo negro está dirigiendo la orquesta.
***
Marcano revisa las fotos del espejo ensangrentado que dejaron en la cama de Rubí. El Padre Damián entra al despacho sin avisar, visiblemente perturbado y aturdido.
—Detective, tenemos que hablar —dice el sacerdote, cerrando la puerta—. Valeria no está loca. Lo que dijo sobre la mujer de velo negro… hay alguien en el pueblo que usaba esa misma esencia de Rosa. Alguien que supuestamente murió hace diez años.
Marcano deja las fotos y mira al sacerdote con una mezcla de cinismo y miedo real.
—¿Me está diciendo que el cómplice es un muerto, Padre?
Antes de que el sacerdote responda, las luces de la jefatura eran palpables. En el vidrio de la ventana del despacho, empañado por la humedad de la noche, alguien ha dibujado desde el exterior una enorme X con el dedo, dejando la pista de la siguiente víctima de su punto más alto. Nadie podría escapar de la verdad ni la sombra, el miedo rodeaba la mansión más prelegida del mundo.
***