Durante diez años, Rebecca le volvió la espalda al pasado, decidiendo aceptar la traición de Jay Lorence y abrirse paso sola en la vida. Pero ahora, nada podía apartarla del lecho de su madre; ni siquiera para enfrentarse a Jay de nuevo... Después de todo, él jamás se molestó en averiguar qué le sucedió a la adolescente que huyó de Thornley, jurando nunca regresar, ni cómo sobrevivió la chica cuyo amor y confianza rechazó con tanta crueldad...
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Capítulo 15
Desayunó café y pan tostado y llamó a Kit, sacando fuerza de charla infantil. Después habló con Cristina sobre el negocio y el mismo Kit, asegurándose de que todo marchara sobre ruedas durante su ausencia.
- ¿Cómo te fue? -preguntó su amiga, una vez que terminaron el tema del negocio.
-Resultó bastante difícil -admitió con honestidad-. Es extraño pero no puedo determina cómo me siento respecto a este lugar. Le confesó, frunciendo el ceño-. Me pareció horrible ver a mi madre acostada, frágil y enferma. Supongo que todos creemos que las madres inmortales, que vivirán para siempre y tendré problemas cuando se recupere, Chrissy -murmuró, preocupada- Necesitará que la cuide y no estoy segura de cómo manejaré ese asunto; tomando en cuenta lo que suscitará.
- ¿Y Jason Lorence? -Indagó Cristina, con suma precaución-. ¿Ya te entrevistaste con él?
-Oh, si -Rebecca torció la boca- Estoy en su estudio, en este momento -se rió-, en el papel de invitada indeseable- con un anfitrión reacio.
-¡Dios santo! -exclamó Chrissy-. ¿Cómo te metiste en ese lío?
-¡Es una larga historia! -suspiró Rebecca. - una que tendría que esperar hasta que regrese.
-Pues, no te inquietes por Kit-. Está muy bien con nosotros, ya lo sabes -Cristina no insistió. Conocía a Rebecca demasiado para tratar de aclarar un secreto cuando ella no quería. -
A Jimmy le encantó ver a Rebecca y hablaron de todo mientras la llevaba al hospital. Nunca fue un entrometido, pero se reservaba mayores detalles de lo que revelaba su naturaleza introvertida y que sabía más que nadie cuán enamorados estuvieron Jay y ella.
Pasó el día con su madre, menos intranquila al encontrada mejor. Despacio, con un exceso de cautela por ambas partes, empezaron a fin sentar las bases para una nueva relación. Rebecca no mencionó a Kit su madre no indagó acerca del resultado del ultimátum que ella y el padre de Jay le impusieron a Rebecca hacía diez años. En cuanto a la joven, se mostraba incierta sobre el modo en que resolvería el problema de Kit y sus parientes de Yorkshire. Debía decírselo a su madre, pero todavía no se sentía capaz de enfrentarse a esa situación. Necesitaba considerar lo que haría pero de algo estaba segura: Jay no enteraría de nada. No podía darse ese lujo.
Le leía a su madre por la tarde, cuando Jay se presentó en el hospital. No lo oyó llegar y fue su madre la que lo descubrió primero, saludándolo con una sonrisa torcida, ya que la mitad de la cara seguía paralizada.
- ¡Jay! ¡Qué alegría verte de nuevo!
-Tú eres la que te ves mucho mejor, Lina -la alentó, inclinándose sobre la cama para besar la vieja mejilla, llevando con su vitalidad una fuerza vibrante al cuarto, que erizó los vellos de la nuca a Rebecca-. Me pregunto qué provocó esta transformación -bromeó.
-Oh, Jay. -Murmuró la anciana, - con los ojos húmedos-. Gracias por encontrarla. - la mano se deslizó por encima de las colchas hasta hallar la de Rebecca, para asirla-. No sabes cuánto significa para mí que Becky haya regresado.
-Creo que lo entiendo, Lina -replicó en voz baja, mirando a la joven con ojos sombríos.
-Fue mi culpa -continuó la enferma, llorosa-. Yo la corrí de la casa cuando apenas era una niña rebelde y difícil de controlar. Pero no tenía derecho a abandonarla como lo hice -agregó, posando sus pupilas en la hija-. No, no lo tenía, Becky, y he pasado todos estos años arrepintiéndome de mis palabras.
-No te alteres, mamá -conmovida por el sentimiento de culpa que se traslucía en la voz de su madre, pero también temiendo que la desesperación la obligara a decir algo indebido, le sonrió con ternura-: Ya no importa. El pasado, pasado y olvidado, ¿no crees?
-Oh, sí -suspiró su madre-, preferiría olvidarlo, si se pudiera. -
El sueño la venció con rapidez, como si esa explosión emotiva la hubiera fatigado y ambos Jay y Rebecca, -la contemplaron durante algunos minutos antes que él se volviera para observar a la joven.
- ¿Ella te echó de su lado?
Titubeo antes de replicar, cubriendo su mirada con sus largas pestañas.
-Si -admitió, consciente de que ya existían demasiadas mentiras en esa situación para agregar una más.
- ¿Por qué? -Quiso saber, todavía observando esos ojos que se negaban en corresponderle- ¿Descubrió lo nuestro, Becky? ¿Por eso?
Se estremeció al oír que la llama Becky y se mordió el labio, preguntándose por qué lo asombraba tanto esa idea, si él la abandonó de la misma manera con igual facilidad.
-Como acabo de decirle a mi madre...-levantó la barbilla fría y remota que semejaba el fondo de un lago-... el pasada pasado. Prefiero que lo olvidemos.
Por un momento le sostuvo la mirada, mientras él pensaba, estudiando las posibilidades en su astuto cerebro. Allí existía un secreto pero si él decidía sofocarlo, sólo ejercía su prerrogativa y la endureció su coraza aún más contra Jay. Se volvió para recoger sus cosas, preparándose para partir.
La observó en silencio; cada movimiento, cada gesto le advertía que la joven se había escondido detrás del escudo que había aprendido a reconocer sin dificultad. La antigua Rebecca reflejaba sus emociones en el rostro, dejando libres su ira, su deleite, su calida pasión. Pero esta nueva Rebecca apenas permitía entrever algo, manteniendo una compostura inquebrantable.
Excepto cuando la besó. Entonces la emoción rompió sus barreras, impactándolo con la profundidad del asco que le demostraba, provocándole una sensación de vergüenza y enojo por no poder dominar los sentimientos que los sacudían con una violencia devastadora.