Una historia de amor y realeza 👑
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Capítulo 15
El resto del viaje continuó sin incidentes, lo cual, después de lo ocurrido, ya era una gran victoria. Poco a poco la tensión fue desapareciendo, aunque no del todo, pero lo suficiente para permitir que el ambiente dentro del carruaje cambiara.
Polet, después de varios minutos en silencio, comenzó a sentirse incómoda… pero no por miedo, sino por la calma.
Y eso era peor.
Movió ligeramente las manos, acomodó su vestido por tercera vez sin necesidad y finalmente suspiró.
—Esto está muy silencioso.
Elliot alzó la mirada hacia ella.
—¿Prefiere que no lo esté?
—Sí… no… bueno… no sé —respondió ella, soltando una pequeña risa nerviosa—, es que después de casi morir, el silencio se siente raro.
Elliot no pudo evitar una leve sonrisa.
—No “casi murió”.
Polet lo miró de inmediato.
—Había un hombre con una espada frente a mí.
—Y no la tocó.
—Porque usted estaba ahí.
Elliot sostuvo su mirada unos segundos.
—Exacto.
Polet se quedó en silencio un instante, pero esta vez no incómoda, más bien pensativa… y luego, de la nada, suspiró exageradamente.
—Bueno, entonces oficialmente ya puedo decir que sobreviví a un ataque… creo que eso suena interesante.
Elliot arqueó ligeramente una ceja.
—¿Interesante?
—Sí, imagínese contarlo… “una vez me atacaron en medio de un bosque y un rey me salvó” —dijo con tono dramático, llevándose una mano al pecho.
Elliot soltó una pequeña risa, más visible esta vez.
—Está exagerando.
—Un poco… pero suena mejor así.
—Definitivamente.
Polet sonrió, relajándose aún más.
El ambiente se volvió ligero sin que ninguno lo forzara. Era extraño, porque hacía apenas un rato todo era tensión, miedo y peligro, y ahora… ahora parecía algo lejano.
—Oiga… —dijo de pronto Polet.
—¿Sí?
—Si se supone que soy su prometida… ¿no deberíamos practicar?
Elliot la miró con interés.
—¿Practicar qué exactamente?
—Pues… comportarnos como prometidos.
Elliot cruzó ligeramente los brazos.
—¿Y cómo cree que se comportan?
Polet se quedó en silencio unos segundos.
—No sé… ¿más cercanos?
Elliot inclinó un poco la cabeza.
—¿Más de lo que estamos?
Polet se quedó completamente quieta por un segundo, dándose cuenta de lo que acababa de decir.
—No, o sea… sí… pero… no así —empezó a enredarse— me refiero a… algo más natural.
Elliot la observó con una leve sonrisa que no desaparecía.
—La estoy escuchando.
Polet respiró hondo, intentando recuperar la compostura.
—Bueno… por ejemplo… —dudó— tal vez… tomarme del brazo sin que parezca que me está salvando la vida cada vez.
Elliot extendió ligeramente su brazo hacia ella.
—Puede hacerlo ahora.
Polet lo miró, sorprendida.
—¿Así de fácil?
—Así de simple.
Ella dudó un segundo, pero finalmente se acercó un poco más y tomó su brazo con cierta timidez. Esta vez no había miedo, ni urgencia, ni peligro.
Solo cercanía.
Y eso la puso más nerviosa que cualquier otra cosa.
—Esto es raro —murmuró.
—¿Incómodo?
—No… solo… nuevo.
Elliot asintió levemente.
—Para mí también.
Polet levantó la mirada, sorprendida por la honestidad.
—¿En serio?
—No suelo hacer esto.
—¿Fingir compromiso?
—No —respondió con calma—, estar así con alguien.
Polet no dijo nada por un momento.
Y, sin darse cuenta, apretó un poco más su brazo.
El carruaje comenzó a disminuir la velocidad.
—Hemos llegado, majestad —anunció un guardia desde afuera.
Polet se tensó de inmediato.
—Ya…
Elliot la miró.
—Tranquila.
—No estoy nerviosa —dijo rápidamente.
Elliot levantó ligeramente una ceja.
—Claro.
—Bueno, sí —admitió—, un poco… ¿y si digo algo mal?
—No lo hará.
—¿Y si me caigo?
—Entonces la levanto.
—¿Y si me equivoco en algo importante?
Elliot se acercó apenas a ella, lo suficiente para que su voz bajara.
—Entonces diré que fue mi culpa.
Polet lo miró, completamente sorprendida.
—Eso no es justo.
—No tiene que serlo.
Ella lo observó unos segundos, y luego sonrió, esta vez con más seguridad.
—Está bien… entonces no tengo de qué preocuparme.
El carruaje se detuvo por completo.
Elliot descendió primero y, como antes, le ofreció la mano. Polet la tomó, pero esta vez sin dudar tanto. Al bajar, sus ojos se encontraron con la imponente entrada del reino vecino.
El castillo era diferente al suyo, más frío, más rígido, con estructuras altas y colores más oscuros. Los guardias estaban alineados, observando cada movimiento con atención.
Polet tragó saliva.
—Bienvenida —murmuró Elliot a su lado.
Ella asintió, tomando un poco más de aire.
Ambos avanzaron juntos.
Esta vez, tomados del brazo.
Las puertas se abrieron lentamente, revelando un gran salón donde ya los esperaban varias figuras importantes. En el centro, de pie, con una expresión calculadora, se encontraba el rey Arturo.
Sus ojos se posaron directamente en Elliot.
Y luego en Polet.
Una leve sonrisa se dibujó en su rostro.
—Así que… finalmente ha llegado —dijo con voz firme— y no viene solo.
Elliot no mostró reacción alguna.
—Como puede ver.
El rey Arturo observó a Polet con detalle.
—Vaya… no esperaba esto.
Polet sintió un pequeño nudo en el estómago, pero no soltó el brazo de Elliot.
—Permítame adivinar —continuó Arturo—, ¿su prometida?
Hubo un breve silencio.
Elliot apretó ligeramente la mano de Polet.
—Así es.
Todos los presentes reaccionaron con murmullos bajos.
Polet mantuvo la postura, aunque por dentro su corazón latía con fuerza.
El rey Arturo sonrió, pero no era una sonrisa amable.
Era… interesada.
—Esto será más interesante de lo que pensé.
Y, sin que nadie más lo notara del todo…
La mirada que dirigió hacia Polet no prometía nada bueno.