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Il Circolo Nerovento: Los Tres Herederos III (Crónica Veraldi)

Il Circolo Nerovento: Los Tres Herederos III (Crónica Veraldi)

Status: En proceso
Genre:Mafia / Amor eterno / Venganza
Popularitas:651
Nilai: 5
nombre de autor: Uma campo

los tres herederos: Alessandra la mayor (por un año) y los gemelos Enzo y Matteo (mejores por un año)

NovelToon tiene autorización de Uma campo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

XV. Il peso della verità e della paura.

Giulia:

Era de noche, una en donde al fin podría tener descanso después de lo de hoy: me puse a limpiar con Martina y después terminé unos encargos de pulseras de bisutería para unas clientas.

—¿Donde mierda pondremos este jardín?—reclsmo Martina señalando con el palo de escoba a el enorme ramo, era un ramo buchón de esos que costaban dólares en vez de euros.

Suspiré y me encojo de hombros.—No lo sé, porque en los floreros que tenemos—claramente ningunos—no van a entrar a menos que compremos floreros más grandes.

—Vale, veré donde mierda meteré eso, ¿Que te parece si lo ponemos en el balcón mientras tanto? Es pesado y dudo que quepa en el mini balcón pero, intentémoslo—entre ambas agarramos el ramo—era grande, debemos admitirlo—pero pesaba como si fueran de hierro. Conseguimos meter el ramo de más de 500 flores—en realidad no las conté, las contó martina— eran entre 500 o el doble. Pero algunas se maltrataron con el translado improvisado.

—ya se maltrataron...—murmure con un mohín.

—nah, tranquila. Ya traigo un balde con agua y veremos si entra allí y si llega—de milagro—entrar allí tendremos que encargarnos de cortar y cuidar esas... Rosas, flores, o no se que más mierda quiere traerte esa mafiosa—se dio media vuelta y salió a buscar un balde con agua.

—Ya te dije que no es una mafiosa ¿Porque no entiendes?—Esta chica ya me estaba hartando con su "es una mafiosa" "tiene familia mafiosa" ¿Acaso ella sabía algo que yo no? O es que soy tan cabeza hueca que no quiero darme cuenta que es mafiosa y yo la pinto con pinceles de "inocencia" ¿Hmm?

—¡Giulia Maria Tagliaferro!—Me sobresalté cuando la escuché gritar desde la cocina—¡¿Acaso tienes moho en el cerebro?! ¡Ella ES una mafiosa! ¿Acaso no te das cuenta que su apellido?—regreso con el balde de agua y una mano en la cintura, parecía más mi madre que mi compañera de cuarto.—Es una VERALDI—suspiro con resignación y pusimos el enorme ramo en la "maceta" improvisada.—Investiga sobre la familia veraldi y te darás cuenta que todos allí son buscado por la policia, temidos por el gobierno y adorados en el bajo mundo.

—Deja de tonterías. Creo que tanto estudio te está desgastando el cerebro, Martina.—me incorpore y me senté en el sofá.

—¿Y ahora te enojas?

—es que dices pura mierda, la verdad.

Ella se río secamente y agarro su laptop y comenzó a teclear como si fuera una agente del FBI, yo solo la mire con enojo y curiosidad. Pero cuando me entrego su laptop y me señaló el artículo sobre: La famialia Veraldi, sus integrantes y el temor de la ciudad ante su nombre. no, es mentira. Solo te está haciendo esto para joderte la existencia. Son bromas de martina... ¿V-verdad?...

—Lee eso en voz alta y quiero que me describas a la "general" que dices amar o tener algún vínculo con ella.—sentensio con seriedad y con el ceño fruncido comenze a leerlo.

—"La familia Veraldi es una de las más buscadas por la policia, temidas por los ciudadanos que avisan en italia-Milan y adoradas por el bajo mundo..."—contuve las lágrimas y la voz comenzó a temblarme.—"la familia más buscadas de... Toda Italia... Se dio a conocer los integrantes actuales... Alessio, Clara son... Los padres de los siguientes herederos: Alessandra, Enzo y Matteo Veraldi..."—me lleve una mano a la boca. Pensaba que era broma Dee martina pero al ver su expresión super que esto no era una broma. Luego seguí leyendo aún que la voz no me diera, era terca y necesitaba saber mas—"Lorenzo Veraldi se dice que nació de un romance que tuvo la hermana de alessio Veraldi: Bianca y Valentina..."—cerre la laptop con fuerza y mis lágrimas dieron paso al abismo mismo.

—¿Ahora me crees?—pregunto con suavidad—¿Esa mujer que te llama "mi mujer" y te da regalos costosos... Solo te está utilizando para su juego.

Entre sollosos ahogados apenas podía hablar—no... Eso no... ¿Porque cuando algo sale bien... Siempre se arruina?... Siempre es lo mismo... Todo sale mal...—entre sollosos me deje abrazar por martina en consuelo mientras sabía que apenas podía sostenerme emocionalmente.

Pero de repente, mi teléfono sono con un mensaje, un sonido de timbre que solo cambié para ella, para saber cuándo me mandaría mensajes pero en ese momento me arrepentí totalmente de enterarme de que es una de la mafia. Me aparte de martina con suavidad y agarre mi teléfono, leyendo el mensaje:

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—¿Que hago ahora?—mire a martina y ella sonrió suavemente, luego agarro mi teléfono y comenzó a teclear un mensaje rápido y seco, algo que claramente no es abitual en mi.

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—listo, toma—me entrego el teléfono mientras yo leía lo que martina abia puesto.

—¡¿Porque hiciste eso?!—grite con sorpresa—¿Estás loca, martina? ¡¿Sabes lo que ella puede hacer si ve el mensaje?!

—que haga lo que quiera. Puedo hacer que la metan presa por acoso.

Suspiré y pase mis manos por el cabello y sabía que... Estás muerta, Tagliaferro.

Alessandra:

Estaba en mi cama mientras que aún Thais se mantenía recostada en mi regazo, mi brazo rodeando su cintura desnuda. Después de todo la acción y el desorden que abismos generado.

—Alessandra... você está muito silenciosa—repitio Thais en un murmullo contra mi pecho y me di cuenta de que ya eran casi media noche.

(Alessandra... estás muy silenciosa)

—estoy... pensando. —murmure mientras mi mano acariciaba el brazo de Thais.

—hmm?—thais me miro confundida.

—que?—le di un beso con divercion—no es la gran cosa del mundo, relájate. Ella sonreía con malicia y volteo los ojos con diversión.

—Mas você está muito pensativa depois de ter mandado aquela mensagem para aquela "artesã"—sus labios se curvaron en un pequeño mohín que me resultaba... Irritante pero lo disfrace de una diversión maliciosa.

(Pero estás muy pensativa después de que le mandaste el mensaje a esa "artesana")

La maquinita de mierda que traduce todo lo que ella decía me estaba volviendo loca. Me molestaba que Thais estuviera en mi abitacion a estas horas y yo solo quería ¡Dormir!

—Non sono affari tuoi, principessa. Dovresti andare al club, a casa tua o dove vuoi. Ma io voglio dormire da sola adesso, e questo è un fastidio.—suspire y aparte a Thais quien reprochó pero se incorporo y se puso su vestido que ya se abia secado.

(No son de tu incumbencia, princesa. Deberías ir al club, a tu casa o a donde quieras. Pero yo quiero dormir sola ahora, y esto es un fastidio.)

—Tudo bem, tudo bem, já estou indo, mas fique registrado: essa artesã é só uma princesa brincando de ser amante de uma das mafiosas mais importantes da Itália. Com certeza, ela não sabe quem você é e por isso não tem medo de você.—dijo con malicia mientras se ponía los tacones y se marcha con ese andar que me resultaba insultante. Sus palabras dichas con ese tono de veneno me provocaban náuseas, pero algo que me tenía pensativa, era que si, ella sabía realmente quién era yo...

( bueno, bueno, ya me voy, pero que conste: esa artesana solo es una princesa jugando a ser amante de una de las mafiosas más importantes de Italia. De seguro, ella no sabe quién eres y por eso no te tiene miedo.)

Agarre el teléfono y vi el mensaje que ella me avía mandado hace 20 minutos. Lo comenze a leer y algo no me cuadraba:

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Entrecerré los ojos al terminar de leer el mensaje. Está no es Giulia. Pensé y recordé que ella tenía una Roommate, de seguro habrá sido ella.

Llamé a Giulia pero me envia directo a buzon.—Maledizione, giulia.—murmure y me recoste más en la cama. Llamé a Valentina y en el segundo tono contesto, pero no espere a que me preguntara o dijera algo.

—Valentina, voglio che tu trovi subito l'indirizzo esatto dell'appartamento di Giulia.

(Valentina, quiero que encuentres la dirección exacta del apartamento de Giulia de inmediato.)

—Sì, signora. Ho tenuto riservate queste informazioni per lei da molto tempo.

(Sí, señora. He mantenido esta información en secreto para usted durante mucho tiempo.)

Colgué la llamada y volví a intentar llamar a Giulia, está vez. Contesto a la cuarta tonada. Suspiré de... ¿Alivio? ¿Que me pasa?

—hola...—su voz se escuchaba sollozar, como si... Estuviera llorando por algo.

—hola, Principessa ¿Estás... Llorando?—pregunte con suavidad. (Me repugna sentirme vulnerable pero con ella... Puedo ser solo una mujer amorosa... ¡Mierda que asco de palabras estoy pensando!)

—es solo que... Eres... Tu...

—lo se. Dilo, sin miedo.—frunci el ceño y mi voz se hizo más profunda.—Dilo.

—una... Mafiosa...

—¿Acaso te sorprende?

—me...

—asusta, lo sé.

—pero porque? Porque yo?

—¿Sabes? Ese día que te vi sentada en la mesa bajo el árbol, pensé: "¿Porque hace esa mierda?" Además... Al inicio me fastidiaba tu... Personalidad desafiante. Pero con el tiempo me di cuenta que... Me gustas. Aún no quiero andar con suposiciones a largo plazo pero por ahora: me gustas, Giulia.

—yo... No quiero que me mandes mensajes.—murmuro temblorosa y yo me sorprendió.

—¿Porque no?

—porque tengo miedo de lo que me vallas a hacer.—aprete la mandíbula ante su respuesta y mi cabeza estaba en blanco.

—[…]

—Ale?... Estás allí? Ale?

Mi voz sonó fría, más de lo que pensaba.—si no quieres que te hable entonces no lo voy a hacer. Pero recuerda: vallas a donde vallas te voy a estar vigilando.

—ale... No me hables así... Me... Me estás asustando...

Me reí con una frialdad cruda—¿Y que esperabas? Fui muy paciente contigo. Muy amable, haciendo cosas que no creo capases de hacer. Ascoltami, principessa: yo. No. Comparto.—colgue la llamada y lance el teléfono contra la pared—Giuro che ti troverò ovunque tu vada, miserabile stronza!

(¡Te juro que te encontraré donde quiera que vayas, maldita perra!)

La furia era una llamarada fría que me recorría las venas, transformando la debilidad de la gripe en una fuerza destructiva. El estruendo del teléfono impactando contra la pared de mármol no fue suficiente para calmar el rugido que sentía en el pecho. Me puse en pie de un salto, ignorando que solo llevaba puesto aquel conjunto de encaje negro. La seda de las sábanas parecía quemarme la piel.

—*Maledizione!* —rugí, mi voz ronca resonando en la habitación vacía como el aviso de una tormenta inminente.

Caminé hacia el vestidor con zancadas largas. Me importaba un bledo que Thais acabara de irse o que mi madre esperara que estuviera "lúcida" para el desayuno. En este momento, la única claridad que tenía era que alguien había intentado levantar un muro entre Giulia y yo, y yo no construyo muros; yo los derribo con fuego si es necesario.

Me puse unos pantalones de vestir negros y una camisa de seda del mismo color, sin molestarme en abotonarla del todo. Mis manos temblaban, no de miedo, sino de una sed de control que me nublaba el juicio. Me calcé los mocasines y busqué en el cajón de la mesilla de noche mi Beretta de 9mm. El peso del acero frío contra mi cintura me devolvió una parte de la cordura que había perdido al escuchar el sollozo de Giulia.

El teléfono volvió a sonar desde el suelo. La pantalla estaba astillada, pero el nombre de **Valentina** brillaba entre las grietas.

—*Parla* —ordené, mi voz siendo un hilo de gravilla y amenaza. (Habla).

—*Ho l'indirizzo, Alessandra. Via delle Rose, numero dodici, terzo piano. È un vecchio edificio vicino al quartiere degli artisti. Vuole che mandi una squadra di sorveglianza?*

(Tengo la dirección, Alessandra. Via delle Rose, número doce, tercer piso. Es un edificio antiguo cerca del barrio de los artistas. ¿Quiere que envíe un equipo de vigilancia?)

—*No. Ci vado io. Da sola* —sentencié. (No. Voy yo. Sola).

—*Ma, signora, il protocollo di sicurezza...*

(Pero, señora, el protocolo de seguridad...)

—*Il protocollo sono io, Valentina. Assicurati solo che nessuno disturbi la zona. Non voglio volanti della polizia nel raggio di cinque isolati. Hai capito?*

(El protocolo soy yo, Valentina. Asegúrate solo de que nadie moleste en la zona. No quiero patrullas de la policía en un radio de cinco manzanas. ¿Entendido?)

—*Ricevuto. Buona fortuna, Alessandra.*

(Recibido. Buena suerte, Alessandra).

Colgué y salí de la habitación. Bajé las escaleras de la mansión en un silencio sepulcral, evitando la sala donde seguramente Lorenzo seguía lamentándose. No quería ver a nadie. No quería bromas. Quería ver esos ojos mezclados de Giulia y recordarle que el miedo es una emoción que solo se siente ante lo desconocido, y ella ya me conocía. O al menos, creía conocerme.

Subí a mi Maserati negro y arranqué el motor, haciendo que el rugido del vehículo despertara a los pájaros en los jardines de los Veraldi. Mientras conducía a toda velocidad por las calles desiertas de Milán hacia *Via delle Rose*, las palabras de Thais se repetían en mi cabeza como un eco venenoso: *"Esa artesana solo es una princesa jugando a ser amante... no sabe quién eres"*.

—*Adesso lo saprà* —murmuré para mí misma, apretando el volante hasta que mis nudillos se pusieron blancos. (Ahora lo sabrá).

No me importaba si era su *roommate* la que había escrito ese mensaje. No me importaba si Martina creía que podía protegella de mí. Lo que me quemaba por dentro era que Giulia me hubiera tenido miedo. Me gustaba su desafío, me gustaba su insolencia bajo el árbol, pero el miedo... el miedo era para los enemigos. Y yo, ingenuamente, había empezado a pensar que ella era algo más.

Llegué al edificio en menos de diez minutos. Era una construcción antigua, con balcones de hierro forjado que recordaban a una época más simple. Alcé la vista y vi el tercer piso. Un ramo de flores gigantesco, el que yo misma había enviado, asomaba por la barandilla de un balcón minúsculo, marchitándose bajo el frío aire nocturno. Ver mis flores allí, amontonadas como basura en un balcón estrecho, fue la gota que colmó el vaso.

Entré en el portal, forzando la cerradura con una técnica que Matteo me había enseñado años atrás. Subí las escaleras de dos en dos, sintiendo el peso de la pistola en mi espalda y el latido de mi corazón en la garganta. Al llegar a la puerta del número doce, no llamé. Me quedé un momento allí, escuchando.

Dentro se oían susurros. El llanto de Giulia había cesado, reemplazado por la voz autoritaria de la otra chica, de Martina.

—*...te lo dije, Giulia. Son monstruos. Mañana mismo cambiaremos la cerradura y hablaremos con la policía si se acerca.*

Una risa amarga escapó de mis labios. *¿Policía?* En esta ciudad, la policía desayunaba con el dinero de mi padre.

Apoyé la mano en la madera de la puerta. Podía tirarla abajo, podía entrar gritando, pero elegí la sutileza del depredador que ya ha acorralado a su presa. Saqué mi navaja de bolsillo y, con una precisión quirúrgica, manipulé el cilindro. Un suave *click* anunció que la fortaleza de las artesanas había sido vulnerada.

Empujé la puerta lentamente. El chirrido fue casi imperceptible.

Giulia estaba sentada en el sofá, con los ojos rojos y un pañuelo en la mano. Martina estaba de pie frente a ella, dándole la espalda a la entrada. El salón era pequeño, lleno de cuentas de bisutería, hilos de colores y un desorden acogedor que me resultó insultante por lo humano que era.

—*Buonasera, signorine* —dije, mi voz profunda y gélida rompiendo el silencio como un hacha.

Martina se giró con un grito, y Giulia se puso en pie de un salto, palideciendo hasta quedar del color de la cera. El miedo en su mirada fue como un puñal físico, pero no me detuve. Caminé hacia el centro de la habitación, ajustándome los puños de la camisa de seda, mientras la luz de la lámpara barata del techo hacía brillar el acero de mi reloj y la mirada letal de mis ojos heterocromáticos.

—*Giulia... dijiste que no querías que me comunicara contigo* —dije en español, dando un paso más hacia ella, ignorando a Martina que buscaba desesperadamente algo con qué defenderse—. *Pero olvidaste un detalle importante. Yo no pido permiso. Y tú... tú todavía no has terminado de hablar conmigo.*

El aire en el pequeño apartamento se volvió irrespirable. La General había llegado a Via delle Rose, y esta noche, las flores no serían lo único que terminaría marchito.

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