NovelToon NovelToon
Una Alfa Rebelde

Una Alfa Rebelde

Status: En proceso
Genre:Yuri / Romance / Embarazo no planeado
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: maite lucía

Una alfa rebelde
Alismeidy, una dominicana indomable en Italia, choca con una refinada omega. Entre secretos, caos familiar y deseo prohibido, el instinto salvaje de esta alfa pondrá su mundo de cabeza.

¿Podrá esta Alfa indomable domesticar su instinto y ser madre?

NovelToon tiene autorización de maite lucía para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15

Cuando los primeros rayos del sol atravesaron las cortinas de seda de dieciocho pies de altura, el efecto del té se había evaporado por completo, dejando en su lugar una resaca moral que pesaba más que la mansión entera. No era el dolor de cabeza de una noche de ron barato en una discoteca de la Avenida Venezuela; era un peso en el alma, una presión en el pecho que me dificultaba hasta el simple acto de respirar.

Abrí los ojos con lentitud, esperando despertar en mi cama, con el olor a café recién colado de mi mamá y el calor familiar de mi gringa, Elizabeth. Pero no. Lo primero que vi fue un techo de oro con molduras barrocas que parecía burlarse de mi desgracia. Las figuras de ángeles talladas en las esquinas me miraban con una severidad celestial, como si estuvieran tomando nota de cada pecado cometido en la oscuridad.

Sentí un calor húmedo a mi lado. Al girar la cabeza, el corazón me dio un vuelco que casi me saca las costillas. Ahí estaba Alessandra. La jefa. La mujer de hielo que manejaba corporaciones con un movimiento de ceja, ahora estaba profundamente dormida, vulnerable, con el cabello rubio enredado sobre las almohadas de satén. Pero lo que me hizo querer desaparecer de la faz de la tierra fueron las marcas. Marcas evidentes en su cuello blanco, sombras púrpuras en sus hombros y rasguños en su espalda que gritaban, en un lenguaje universal y salvaje, exactamente lo que habíamos hecho.

—¡¡AY MI SANTA MADRE!! —pegué un grito sordo, tapándome la boca con las manos tan fuerte que sentí mis propios dientes.

El recuerdo de la noche anterior me golpeó con la fuerza de un camión de carga sin frenos bajando por la pendiente de Casabito. Las imágenes pasaban por mi mente como una película de terror y pasión: mis manos apretando su cintura, la textura de su piel bajo la ducha, sus gritos pidiéndome más en un italiano roto, y yo, respondiendo con la furia de un Alfa que había olvidado quién era. La traición absoluta a Elizabeth se materializaba en cada sábana revuelta, en el olor a sexo y feromonas que aún impregnaba el aire, y en el sudor que se secaba sobre mi propia piel.

Alessandra se despertó de golpe ante mi exclamación. Sus ojos azules se abrieron de par en par, nublados inicialmente por el sueño, pero aclarándose con una rapidez aterradora. Se sentó en la cama, cubriéndose instintivamente con la colcha de seda, mientras su rostro pasaba del blanco pálido a un rojo carmesí que nunca le había visto. El horror y la confusión bailaban en sus pupilas.

—¿Qué... qué fue lo que hicimos, Alismeidy? —preguntó con la voz rota, rasposa por los gritos de la noche anterior. Se miró las manos, luego miró la cama y finalmente me miró a mí, con una expresión que era mitad odio y mitad desesperación.

—¡Nos tendieron una cama, jefa! ¡La doña nos dio un veneno de amor! —dije yo, saltando de la cama como si el colchón estuviera hecho de brasas ardientes. Empecé a buscar mis pantalones como una loca, tropezando con los restos de mi camisa desgarrada—. Ese té no era de hierbas de la montaña, eso era un "amansa-guapo" químico mezclado con afrodisíaco de laboratorio. ¡Esa vieja nos dopó!

Alessandra se llevó una mano a la sien, cerrando los ojos con fuerza.

—Dios mío... mi madre... —susurró, y por un momento pareció que se iba a desmoronar—. Alismeidy, esto no podía pasar. Esto rompe todas las reglas. Mi padre... si él se entera de que esto no fue por voluntad...

—¿Qué se va a enterar? ¡Él debe estar celebrando con champán! —le solté, logrando ponerme los pantalones mientras evitaba mirar su desnudez—. ¿Usted no vio la cara de hiena que tenía su mamá? Esto es un plan maestro, jefa.

No tuvimos tiempo de procesar ni un segundo más del desastre. Antes de que Alessandra pudiera articular una respuesta o buscar su bata, la puerta de la suite se abrió de par en par, sin previo aviso, sin tocar, con la arrogancia de quien se siente dueño no solo de la casa, sino de las vidas que habitan en ella.

Entraron Don Vittorio y Doña Isabella, radiantes, con una energía que contrastaba violentamente con nuestra miseria. Detrás de ellos, un sirviente de librea empujaba una mesa rodante de plata cargada de frutas exóticas, panes recién horneados, quesos costosos y café humeante.

—¡Buenos días a la pareja del año! —exclamó Vittorio con una alegría ensordecedora, su voz retumbando contra las paredes de mármol como un cañonazo—. Veo que el té de la abuela no falla. Tienen caras de haber conquistado el mundo... o al menos de haber librado la batalla más importante en esta habitación.

Isabella no dijo nada, pero su mirada recorrió el cuarto con una precisión clínica. Se detuvo en la cama deshecha, en los restos de ropa en el suelo y finalmente en las marcas del cuello de su hija. Una sonrisa de pura malicia y triunfo se dibujó en sus labios perfectamente pintados. Ella sabía. Ella lo había planeado todo.

Nos obligaron a sentarnos ahí mismo, sin darnos tiempo de ducharnos o de lavarnos la cara, en una pequeña mesa redonda de cristal situada frente al gran ventanal que daba a los jardines. Fue, sin duda alguna, el desayuno más doloroso y humillante de la historia de la humanidad.

Alessandra apenas podía moverse. Al intentar sentarse en la silla de madera tallada, soltó un pequeño quejido ahogado y su rostro se contrajo en una mueca de dolor físico. Tuvo que acomodarse con una lentitud extrema, buscando un ángulo que no castigara su cuerpo, que anoche había sido tratado con la rudeza de una Alfa fuera de control. Verla así, a ella, la gran Alessandra Valenti, sufriendo para simplemente sentarse, me hacía sentir como el ser más despreciable del mundo. El esfuerzo de la noche le estaba pasando factura físicamente: sus movimientos eran torpes, sus manos temblaban al sostener la cuchara de plata y evitaba a toda costa el contacto visual conmigo.

Yo, por mi parte, sentía que la tierra debía abrirse y tragarme viva. Me sentía sucia, no solo por el sudor, sino por la culpa. Cada vez que el sirviente me servía café, yo sentía que el líquido era ácido puro.

—¿Te sientes bien, querida? Te noto... un poco rígida, un poco cansada —comentó Isabella, untando mantequilla en un trozo de pan con una calma desesperante. Disfrutaba cada segundo del éxito de su trampa química—. Tal vez la pasión caribeña de tu prometida fue demasiado para una sola noche, ¿no crees, Vittorio?

Vittorio soltó una carcajada ruidosa mientras cortaba un pedazo de jamón serrano.

—¡Eso es lo que se necesita en esta familia! Sangre nueva, fuego, vigor. Los italianos de ahora son muy flojos, Alismeidy. Me alegra ver que tienes la fuerza necesaria para manejar a una Valenti.

—Estoy... perfectamente, madre —logró decir Alessandra, su voz apenas un susurro firme. Intentó cortar un pedazo de melón, pero el cuchillo chocó contra el plato con un sonido metálico que me erizó los pelos—. Solo es un poco de cansancio por los preparativos de la boda y la tensión de los últimos días. Nada de qué preocuparse.

Yo no podía hablar. Si abría la boca, sentía que iba a confesar todo, o peor, que iba a insultar a Isabella por habernos robado la voluntad. Me limité a asentir como una estúpida, mirando fijamente mi taza de café mientras el estómago se me hacía un nudo marinero.

—Me alegra oír eso —continuó Vittorio, limpiándose la boca con una servilleta de lino que tenía el escudo de la familia bordado—. Porque ahora que han consumado su unión de manera tan... evidente, he decidido acelerar ciertos planes. No podemos permitir que el futuro de la dinastía esté en duda ni un minuto más.

Alessandra dejó caer el cubierto. —¿A qué te refieres, padre?

Vittorio se inclinó hacia adelante, su presencia llenando el espacio con esa autoridad patriarcal que no aceptaba réplicas.

—He decidido que el apartamento donde viven en Milán es totalmente indigno para el futuro de esta familia. Es un lugar de clase media, pequeño, sin la seguridad necesaria. Como regalo de bodas adelantado, he comprado para ustedes una villa histórica frente al Coliseo, en Roma. Un palacio de verdad. Se mudarán allí inmediatamente después de la ceremonia del sábado.

El pánico nos golpeó a las dos al mismo tiempo. Roma. Una villa. Más control. Más farsa. Lejos de la pequeña burbuja de privacidad que apenas lográbamos mantener.

—¿Roma? Pero padre, mis negocios, la sede central está en Milán... —intentó protestar Alessandra, pero Vittorio levantó una mano, silenciándola.

—Los negocios se manejan desde donde yo diga, y ahora mismo, el prestigio de ver a la nueva pareja Valenti en la capital es más importante. Además —añadió Isabella con una sonrisa ponzoñosa—, quiero herederos pronto. Esa villa tiene diez habitaciones; quiero ver niños corriendo por esos pasillos antes de que termine el próximo año. No hemos hecho todo este esfuerzo para que se queden de brazos cruzados.

Alessandra y yo nos miramos por un segundo fugaz. El pánico era mutuo, una corriente eléctrica de terror compartido. Estábamos atrapadas en una red de seda, oro y mentiras que nosotros mismos habíamos ayudado a tejer, pero que los padres de Alessandra habían convertido en una celda inexpugnable.

—Será un honor, Don Vittorio —mentí, sintiendo que la lengua se me ponía de cartón.

—¡Así se habla! —Vittorio se levantó de la mesa, dándome una palmada en la espalda que casi me hace escupir el café—. Prepárense. Hoy tienen pruebas de vestuario y una sesión de fotos para la revista *Vogue Italia*. El mundo entero tiene que ver a la pareja que va a heredar el imperio.

Cuando los padres salieron de la suite, el silencio que quedó era aún más pesado que el de la noche anterior. Alessandra se tapó la cara con las manos, sollozando sin lágrimas, mientras intentaba levantarse de la silla con un evidente rictus de dolor en la cadera.

—¿Qué vamos a hacer, Alismeidy? —preguntó sin mirarme—. Esto se nos salió de las manos. Mi padre compró una casa... quiere hijos... y nosotros... nosotros anoche...

—Anoche no fuimos nosotros, jefa —dije, acercándome un poco pero sin atreverme a tocarla—. Anoche fue la química. Pero lo de Roma es real. Si no encontramos una forma de frenar este tren, el choque nos va a matar a todos, incluyendo a mi Elizabeth y a mi hijo.

La mirada que me lanzó Alessandra estaba llena de una amargura insondable. Ella sabía, al igual que yo, que en la mesa de los Valenti, nosotros no éramos los jugadores. Éramos las piezas. Y la partida apenas estaba comenzando.

Continuará..

🌹Alessandra Valenti.

Omega Puro.

20 años

1
Pamela Duran Sandoval
rayos esto se esta poniendo color de hormiga 💓💓💓
Pamela Duran Sandoval
no quiero pensar como se va a poner elizabet cuando se entere del casamiento
Michica Omegavers: Más adelante lo vamos a ver 🤭
total 1 replies
yusmery gomez
muy cómica de la vida real me encanta 😍☺️👏👏👏👏
yusmery gomez
😍😍😍😍 buenísima está nueva novela 👏👏👏👏👏
yusmery gomez
me encantó quedé ☺️☺️☺️☺️☺️😍
yusmery gomez
buenas madrugadora autora excelente novela
Pamela Duran Sandoval
excelente novela muy buena gracias
yaneth fan del GL fuerte
me encanto el primer capitulo y no se si seguir leyendo por creo que se terminará esa trama tan perfecta 😭
Michica Omegavers: Puedes seguir si te gusta 🥰
total 1 replies
yaneth fan del GL fuerte
veamos lo de que estas echo 🤭
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play