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CENIZAS DE UNA MÁGICA NOCHE

CENIZAS DE UNA MÁGICA NOCHE

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Traiciones y engaños / Amor eterno
Popularitas:452
Nilai: 5
nombre de autor: Eliette Maldondo Velazquez

nada es para siempre

NovelToon tiene autorización de Eliette Maldondo Velazquez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

2

Del otro lado de la ciudad, la realidad era diametralmente opuesta a la tranquila cocina de Azul y Roberta. El lujoso penthouse de cierto heredero de Rusia era la definición exacta del caos total. Las cortinas de seda importada permanecían cerradas, bloqueando cualquier rastro de luz natural, pero no podían ocultar el desastre: botellas de champán vacías rodando por el suelo de mármol, prendas de ropa fina esparcidas por los muebles de diseñador y un aroma denso que mezclaba alcohol caro, perfumes importados y el inconfundible olor a encierro del día siguiente.

Taras cruzó el umbral del enorme piso, esquivando un cojín de terciopelo que yacía en el piso. Se llevó una mano a la nariz, conteniendo una mueca de absoluto desagrado.

—Por Dios, ¿qué pasó aquí? ¿Qué huele así? Qué asco, de verdad —exclamó Taras, elevando la voz mientras avanzaba por el pasillo principal hacia la sala de estar—. ¡Ah, aquí estás! ¡Levántate!

En el centro del sillón principal, medio cubierto por una manta de piel, se encontraba el heredero. Tenía el cabello rubio revuelto, la camisa desabrochada y un brazo tapándole los ojos para protegerse de la mínima claridad que se colaba por las rendijas.

—Mmmm... cállate —gruñó el heredero desde el fondo del sofá, arrastrando las palabras—. Me duele la cabeza... me va a explotar.

—A mí me vale —replicó Taras sin pizca de compasión. Caminó directo hacia el sillón y, sin dudarlo, le plantó una patada firme en la pierna—. Yo no tengo la culpa de que decidieras acabar con todo el alcohol de este país en una sola noche. Así que levántate.

El heredero soltó un quejido dramático, hundiéndose más en los cojines y abrazándose el estómago como si el simple movimiento de Taras le causara náuseas físicas.

—En serio, Taras... me estoy muriendo. No es broma, veo la luz —susurró, con voz ronca y pastosa.

—Pues si eso pasa, no te preocupes, yo me encargo de repatriar tu cuerpo con la tía Nadenka para que te entierre en Moscú —respondió Taras, cruzándose de brazos con una frialdad puramente siberiana—. Pero por el momento, párate, que vamos tardísimo. El chofer ya lleva media hora esperando abajo.

El cumpleañero fallido rodó sobre su costado, quejándose del dolor que el cambio de posición le provocaba en las sienes.

—Huy... uno ya no puede festejar su cumpleaños en paz en este maldito lugar —protestó, estirando los brazos con pereza extrema.

Taras lo miró fijamente, con una ceja levantada y una expresión de absoluta incredulidad.

—Tu cumpleaños fue hace seis meses. Estamos a mitad de año, idiota.

—Pero ya tengo la credencial de aquí —replicó el heredero, sacando de la nada un plástico que brilló débilmente en la penumbra y agitándolo con orgullo—. Ya soy legal en este país. Eso merece un festejo perpetuo.

Taras avanzó un paso, le arrebató el documento de las manos de un tirón y lo guardó en su propio saco. Su rostro se volvió serio por un instante, perdiendo el tono de burla.

—Tu papá te va a matar si se entera de esa cosa. Sabes perfectamente que está prohibido que te metas en estos líos y que llames la atención de la prensa o de las autoridades locales.

El heredero suspiró, pasándose las manos por la cara para intentar espabilarse de una vez por todas. Sabía que su amigo tenía razón; el nombre de su familia pesaba demasiado como para andar jugando a ser un ciudadano común y corriente.

—Sí, mamá, ya lo sé —respondió con fastidio, sentándose por fin en el borde del sofá—. Prometo que no se va a enterar. Nadie dice nada, nadie sabe nada. Oye...

—¿Qué? —preguntó Taras, mientras comenzaba a juntar un par de vasos de cristal de la mesa de centro.

El heredero paseó la mirada por el vacío de la enorme sala, como si buscara un fantasma entre los muebles de lujo.

—¿Y la chica? —preguntó, bajando un poco la voz, denotando una mezcla de frustración y vergüenza.

Taras soltó una risotada limpia y sonora que resonó en las paredes altas del penthouse.

—Jaja, esa se fue al poco rato de que llegaron. Pasó otra vez, ¿verdad?

El heredero se tomó la cabeza con ambas manos, hundiéndose en los hombros. La humillación de la noche anterior empezaba a ganarle al dolor de la resaca.

—Sí... no pude. Te lo juro que traté, Taras. Traté con todas mis fuerzas. Ella estaba ahí, se veía increíble... traía una lencería que, por Dios, no dejaba absolutamente nada a la imaginación. Se suponía que sería la noche perfecta. Pero mi amigo de aquí abajo nada más no se animó. Se quedó dormido antes que yo. Y pues... ella se enojó, me insultó en dos idiomas y se fue.

Taras dejó los vasos en la barra de la cocina integrada y regresó a la sala, mirando a su amigo con una palmada de consuelo en el hombro, aunque sin perder la sonrisa burlona.

—Bueno, no te preocupes. Suele pasar. El exceso de vodka no perdona a ningún hombre, ni al heredero de un imperio.

El rubio levantó la cabeza, fulminándolo con la mirada, visiblemente irritado por la ligereza con la que su amigo se tomaba su tragedia personal.

—Tú lo dices porque eres célibe, eunuco, impotente... o simplemente no te gusta ocuparlo. No entiendes la presión.

Taras soltó otra carcajada, acomodándose los puños de la camisa con una elegancia impecable que contrastaba con la facha de su amigo.

—Jaja, no soy ninguna de esas cosas, te lo aseguro. Y créeme que sí lo ocupo, solo que yo soy sumamente discreto y no ventilo mis asuntos. Y la verdad... me funciona muy bien.

El heredero imitó el tono refinado de su amigo, haciendo muecas infantiles con la boca mientras se ponía de pie con dificultad.

—"Me funciona muy bien, ñññañññañ"... Qué presumido eres. Pásame una aspirina antes de que decida morir de verdad en tu alfombra.

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