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LUNA NEGRA

LUNA NEGRA

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo / Amor eterno / Mundo mágico / Completas
Popularitas:37.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Kyoko...

En un valle oculto por la magia de las hadas, una loba blanca destinada a un matrimonio impuesto encuentra a un lobo negro moribundo cuyo olor despierta en ella la certeza de haber hallado a su verdadero amor. Juntos desafiarán a un tirano, unirán dos manadas separadas por siglos de mentiras y demostrarán que ni la distancia, ni la guerra, ni la muerte pueden contra el poder de los destinados por la Diosa Luna.

Una historia de amor imposible, magia ancestral, pasión y rebeldía que te hará creer en el destino.

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capitulo 7

Regresar al poblado fue como entrar en territorio enemigo.

Luna se había limpiado lo mejor que pudo en el arroyo antes de cruzar la última linde del bosque. Su vestido seguía hecho un desastre, pero al menos ya no tenía sangre. Su pelo seguía enmarañado, pero al menos ya no tenía barro. Su cara seguía pálida y ojerosas, pero al menos podía fingir que había pasado la noche llorando por su inminente boda en lugar de cuidando a un lobo negro escondido en una cueva.

Lo primero que vio al entrar en la plaza fueron las antorchas. Decenas de antorchas iluminando la noche, clavadas en el suelo alrededor de la gran roca donde el Alfa Magnus solía impartir justicia.

Y sobre la roca, atado con cadenas de plata, había un lobo.

Pero no era un lobo de verdad. Era una trampa. Una trampa para Night, para que creyera que uno de los suyos había sido capturado y acudiera a rescatarlo.

Luna apretó los dientes y siguió caminando.

—¡Luna!

La voz de su madre la detuvo en seco. Se volvió y vio a la loba corriendo hacia ella, con el pelo blanco suelto y los ojos enrojecidos de llorar.

—¡Luna, Luna, Luna!

su madre la abrazó con tanta fuerza que casi la tira al suelo

— ¿Dónde estabas? ¡Llevamos todo el día buscándote! ¡Creíamos que te había pasado algo! ¡Creíamos que...

—Estaba en el bosque

dijo Luna, con la voz más neutra que pudo.

— Necesitaba pensar. Necesitaba estar sola.

Su madre se separó y la miró con una mezcla de alivio y reproche.

—¿Pensar? ¿En qué? ¿En tu boda? ¡Eso es un honor, Luna! ¡No entiendo por qué te empeñas en...

—Mamá, por favor

la interrumpió Luna.

— Estoy cansada. Quiero irme a casa.

—No puedes

dijo su madre, y su voz cambió.

— El Alfa Magnus quiere verte. Inmediatamente.

El corazón de Luna dio un vuelco.

—¿Para qué?

—No lo sé. Pero Damián ha estado aquí hace un rato. Preguntando por ti. Preguntando dónde estabas. Preguntando...

—Ya voy

la interrumpió Luna, apartándose de su madre y encaminándose hacia la gran casa de piedra que dominaba la plaza.

— No te preocupes. Todo estara bien.

Mintió. Y supo que su madre lo sabía. Pero ninguna de las dos dijo nada.

La sala del trono olía a miedo.

Era un olor que Luna conocía bien, aunque nunca lo hubiera identificado hasta ahora. Estaba en las paredes de piedra, en el suelo de tierra pisada, en el gran trono de huesos donde el Alfa Magnus se sentaba como un rey en su reino de terror.

—Acércate.

La voz del Alfa era como grava arrastrándose sobre vidrio. Luna obedeció, caminando con pasos lentos pero firmes hacia el centro de la sala, donde la luz de las antorchas bailaba sobre su rostro pálido.

El Alfa Magnus era un lobo enorme, incluso en forma humana. Su pelo blanco, ralo y despeinado, caía sobre sus hombros como una melena envejecida. Sus ojos, de un plateado tan claro que parecían casi transparentes, la miraban con una fijeza que helaba la sangre.

A su derecha, Damián la observaba con una sonrisa que no llegaba a sus ojos. A su izquierda, el Consejo de Ancianos, cinco lobos tan viejos que parecían momias, la miraban con curiosidad mal disimulada.

—He oído que has pasado el día en el bosque

dijo el Alfa.

— ¿Es cierto?

—Sí, mi Alfa.

—¿Y puedes explicarme por qué?

Luna tragó saliva.

—Necesitaba pensar, mi Alfa. En mi boda. En mi futuro. En el honor que me han concedido.

El Alfa Magnus entrecerró los ojos.

—¿Y pensaste mejor? ¿Aceptas ahora tu lugar como compañera de mi hijo?

—Siempre lo he aceptado, mi Alfa

mintió Luna, y las palabras le quemaron la lengua

— Solo necesitaba... asimilarlo. Soy joven. Es normal tener miedo.

—El miedo es para los débiles

gruñó Damián desde su posición.

— Una futura Alfa no debería tener miedo.

Luna se volvió hacia él y lo miró directamente a los ojos.

—No tengo miedo al matrimonio

dijo.

— Tengo miedo a no estar a la altura. A defraudarlos. A defraudar a la manada.

Damián parpadeó, sorprendido por su respuesta. Incluso el Alfa Magnus pareció dudar un instante.

Pero entonces el anciano más viejo del Consejo, un lobo llamado Eborio que tenía la piel tan arrugada que parecía papel, habló con una voz que sonaba a tierra seca:

—Hueles a sangre, muchacha.

El corazón de Luna se detuvo.

—He tenido mi ciclo

dijo rápidamente.

— Es normal que...

—No es sangre de loba

la interrumpió Eborio, levantándose de su asiento con una lentitud dolorosa.

— Es sangre de lobo. Sangre extraña. Sangre extranjera.

La sala entera contuvo el aliento.

Luna sintió que las piernas le temblaban, pero se obligó a mantenerse firme. A no mirar hacia otro lado. A no delatarse.

—He cazado esta mañana

dijo.

— Un conejo. Me manché la ropa. Por eso mi vestido está...

—No mientas, muchacha.

Eborio se acercó a ella lentamente, cojeando, apoyándose en un bastón de madera tallada con símbolos que Luna no reconoció. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, inclinó la cabeza y olfateó el aire a su alrededor con una intensidad que la hizo sentir desnuda.

—Huelo al lobo negro

susurró.

— Hueles a él como si lo hubieras abrazado. Como si lo hubieras tocado. Como si...

—¡Basta!

La voz del Alfa Magnus retumbó en la sala como un trueno. Eborio se detuvo y levantó la vista hacia su señor con una expresión que Luna no supo interpretar.

—La muchacha es mi futura nuera

dijo el Alfa.

— No permitiré que la acuséis sin pruebas.

—Las pruebas están en su olor

insistió Eborio.

— Cualquier lobo con un mínimo de olfato puede...

—¿Me estás llamando mentiroso, anciano?

gruñó Damián, dando un paso al frente.

— ¿Me estás diciendo que yo, que voy a casarme con ella, no soy capaz de oler lo que tú hueles?

Eborio lo miró con una expresión que Luna no supo identificar, pero que le heló la sangre.

—Tú hueles lo que quieres oler, muchacho

dijo.

— No lo que deberías oler.

Damián enrojeció de ira y dio otro paso hacia el anciano, pero el Alfa Magnus levantó una mano y lo detuvo.

—Suficiente

ordenó.

— Eborio, vuelve a tu asiento. La muchacha se irá a su casa y mañana, al amanecer, vendrá a presentar sus respetos a la Diosa Luna en el templo. Allí, con la luz del sol, veremos si su olor sigue siendo tan... sospechoso.

Fue una amenaza. Luna lo supo inmediatamente. En el templo, bajo la luz del sol, no habría sombras donde esconderse. No habría mentiras que sostener. Solo la verdad, desnuda y cruda, esperando ser descubierta.

Y ella estaba perdida.

—Puedes irte

dijo el Alfa Magnus, haciendo un gesto con la mano.

Luna hizo una reverencia y se dio la vuelta, conteniendo las ganas de salir corriendo. Cuando llegó a la puerta, la voz de Eborio la alcanzó como un susurro helado:

—Ten cuidado, muchacha. La Diosa Luna ve todo. Incluso lo que intentas esconder en las cuevas detrás de las cascadas.

Luna se quedó paralizada.

Pero no se volvió. No podía volverse. Si se volvía, lo confirmaría todo. Si se volvía, estaría perdida.

Salió de la sala y caminó hacia su casa con pasos automáticos, con el corazón latiéndole tan fuerte que creía que todos podían oírlo.

Eborio sabía lo de la cueva. Eborio sabía lo de Night. Y si Eborio lo sabía, pronto lo sabría el Alfa. Y entonces todo habría terminado.

Su casa era pequeña, comparada con las grandes mansiones de los lobos poderosos. Dos habitaciones, una cocina, un pequeño patio donde su madre cultivaba hierbas y flores. Su padre estaba sentado a la mesa cuando ella entró, con el ceño fruncido y la mirada perdida.

—Siéntate

dijo sin mirarla.

— Tenemos que hablar.

Luna obedeció, dejándose caer en la silla frente a él. Su madre entró detrás y se sentó también, con las manos retorciéndose en el regazo.

—Tu madre me ha contado lo del bosque

dijo su padre.

— Lo de que estuviste todo el día fuera. ¿Quieres explicarme?

—Ya le expliqué a mamá

dijo Luna.

— Necesitaba pensar.

—¿Pensar en qué?

—En mi boda. En Damián. En mi vida.

Su padre la miró fijamente, y por un instante Luna vio algo en sus ojos que no había visto nunca. Algo parecido a la duda. Algo parecido a la tristeza.

—¿Y qué has pensado?

Luna tragó saliva. Podía mentir. Podía decir lo que esperaban oír. Podía seguir con la farsa un día más, dos días más, hasta que Night estuviera fuerte y pudieran escapar.

Pero entonces recordó las palabras de Luma. El velo que se debilitaba. La manada que se había desviado del camino. La oportunidad de cambiar las cosas.

Y tomó una decisión.

—Papá

dijo.

— ¿tú crees en la Diosa Luna?

Su padre parpadeó, sorprendido por la pregunta.

—Claro que creo. Todos creemos.

—¿Crees en su designio, En que cada lobo tiene un destinado, En que el olor nos guía hacia nuestra otra mitad?

—Eso son cuentos de viejas

gruñó su padre, pero su voz sonó menos segura de lo que pretendía.

— El Alfa ha dicho que...

—Olvídate de lo que ha dicho el Alfa

lo interrumpió Luna.

— Te estoy preguntando a ti. ¿Tú crees?

Silencio.

Su madre miró a su padre. Su padre miró la mesa. Y en ese silencio, Luna encontró la respuesta que buscaba.

—Yo sí creo

dijo suavemente.

— Creo que la Diosa Luna nos creó para encontrar a nuestra otra mitad. Creo que el olor no miente. Creo que las historias que cuenta la abuela son verdad, aunque el Alfa diga lo contrario.

—Luna...

empezó su padre.

—Y creo

continuó ella, sin dejarse interrumpir.

— que he encontrado al mío.

El silencio que siguió fue tan denso que podía cortarse con un cuchillo.

Su madre se llevó las manos a la boca. Su padre se puso pálido.

—¿Qué has dicho?

susurró.

—He encontrado a mi destinado

repitió Luna.

— Y no es Damián.

—No puedes saberlo

dijo su padre, negando con la cabeza.

— Eres demasiado joven. No has tenido tiempo de...

—Lo sé porque lo he olido

lo interrumpió Luna.

—. Lo he olido, papá. Igual que en las historias. Igual que la abuela contaba. Un olor que es como hogar. Como paz. Como todo lo bueno del mundo. Y cuando lo olí, supe que era él. Supe que mi búsqueda había terminado. Supe que...

—¿Quién?

la interrumpió su madre, con la voz temblorosa.

— ¿Quién es?

Luna dudó un instante. Pero ya había ido demasiado lejos para echarse atrás.

—El lobo negro

susurró.

— El que Damián está buscando. El que quieren matar. Él es mi destinado.

Su padre se levantó de la silla tan bruscamente que la hizo caer al suelo.

—¿Estás loca?

rugió.

— ¿Sabes lo que estás diciendo? ¿Sabes lo que nos pasará a todos si el Alfa se entera?

—El Alfa no puede separar a dos destinados

dijo Luna, levantándose también.

— Va contra las leyes de la Diosa Luna. Va contra...

—¡El Alfa es la ley!

gritó su padre.

— ¡El Alfa Magnus decide lo que está bien y lo que está mal! ¡Y ha decidido que tú te cases con Damián! ¡Y te casarás con Damián aunque tenga que arrastrarte yo mismo al altar!

—Papá...

—¡No!

Su padre la miró con los ojos llenos de lágrimas, y por primera vez Luna vio en él no a un lobo enfadado, sino a un lobo aterrorizado.

—No sabes lo que es vivir con la ira del Alfa

dijo, con la voz rota.

— Yo sí. Yo vi lo que le pasó a tu tío cuando se negó a casarse con quien le asignaron. Lo vi, Luna. Lo vi morir desangrado en la plaza, con todo el pueblo mirando. Y no quiero verte a ti en esa misma situación. No quiero perderte. No podría soportarlo.

Luna sintió que las lágrimas le quemaban los ojos.

—No me perderás

dijo.

— Voy a escaparme. Con él. A su manada. Allí seremos libres. Allí...

—¿Su manada?

su padre la agarró por los hombros.

— ¿Qué manada, De dónde viene ese lobo?

—De muy lejos

admitió Luna.

— De más allá de las montañas. De más allá del velo. Su manada es grande, papá. Y él... él es el hijo del Alfa. Es un príncipe.

Su padre la soltó como si le quemara.

—¿Un príncipe?

susurró.

— ¿Un lobo negro, príncipe de una manada desconocida, aparece en nuestro valle justo antes de tu boda, y tú crees que es tu destinado?

—Lo es

insistió Luna.

— Lo sé. Lo huelo. Lo siento.

—¿Y cómo sabes que no es una trampa?

preguntó su padre.

— ¿Cómo sabes que no lo han enviado para infiltrarse, para espiarnos, para...

—Porque casi se muere

lo interrumpió Luna.

—Porque cuando lo encontré estaba desangrándose en un claro. Porque si no llego a curarlo, ahora mismo estaría muerto. Los espías no se mueren, papá. Los espías no necesitan que los salven.

Su padre abrió la boca para responder, pero no le salió ninguna palabra.

Fue su madre quien habló, con una voz tan suave que apenas se oía:

—¿Dónde está?

Luna la miró, sorprendida.

—¿Qué?

—El lobo negro. Tu destinado. ¿Dónde está?

—Mamá...

—Dime dónde está

insistió su madre, levantándose y acercándose a ella.

— No se lo diré a nadie. Te lo prometo. Pero necesito saberlo. Necesito saber que está bien. Que mi hija no se ha enamorado de un cadáver.

Luna dudó. Pero había algo en los ojos de su madre, algo que no había visto nunca, que la hizo confiar.

—En la cueva de los susurros

susurró.

— Detrás de la cascada del norte. Las hadas lo están cuidando.

Su madre asintió lentamente, como si todo tuviera sentido ahora.

—Las hadas

murmuró.

— Claro. Las hadas siempre han sabido más que nosotros.

—Mujer

intervino su padre.

— no puedes estar pensando en...

—No estoy pensando en nada

lo interrumpió su madre, con una firmeza que dejó a ambos sorprendidos.

—Solo estoy escuchando. Algo que los lobos de esta manada han olvidado hacer.

Se volvió hacia Luna y le cogió las manos.

—Hija, tienes que prometerme una cosa.

—Lo que sea, mamá.

—Tienes que prometerme que pase lo que pase, sea cual sea el desenlace, no vas a rendirte. No vas a dejar que te arrebaten lo que la Diosa Luna te ha regalado. Porque ese lobo, sea quien sea, venga de donde venga, es tu destino. Y el destino no se puede ignorar. Solo se puede abrazar o sufrir.

Luna sintió que las lágrimas, por fin, se desbordaban.

—Te lo prometo, mamá.

Su madre la abrazó con fuerza, y por un instante, en esa pequeña casa de piedra, el mundo pareció menos cruel.

Pero entonces, desde fuera, llegó el sonido de pasos. Muchos pasos. Pasos de lobos corriendo.

Y gritos.

—¡Fuego! ¡Fuego en el bosque!

Luna se separó de su madre con el corazón en un puño.

El bosque. La cascada. La cueva.

Night.

Salió corriendo antes de que nadie pudiera detenerla.

Continuará...

1
Arelis Ruiz
es muy buena la lectura
Anely Urriaga
la recomiendo
Anely Urriaga
la recomiendo
Yei Lu
está muy buena
Milena Fernández
mas aue excelente
Lluvia Fernández
me gustó mucho
Camil Becerro
muy buena escritora
Pepe
muy good 🙌🔥
Renata ♡⁠(⁠˃͈⁠ ⁠દ⁠ ⁠˂͈⁠ ⁠༶⁠ ⁠)
me gustó gracias aitora
Limaesfra🍾🥂🌟
Bella historia...leela. Exitos🍾🥂
Lulu(⁠つ⁠≧⁠▽⁠≦⁠)⁠つ
excelente autora
Gaga⊂⁠(⁠´⁠・⁠◡⁠・⁠⊂⁠ ⁠)⁠∘⁠˚⁠˳⁠°
uecelexceecxe
Lola(⁠⊃⁠ ⁠•⁠ ⁠ʖ̫⁠ ⁠•⁠ ⁠)⁠⊃
me gustó la novela gracias
Coly(⁠⊃⁠。⁠•́⁠‿⁠•̀⁠。⁠)⁠⊃
me gusto
Yul༼⁠ ⁠つ⁠ ⁠◕⁠‿⁠◕⁠ ⁠༽⁠つ
es buena para leer
ঔCami Luces14ঔ
me gusto
Ivonne selva9
está buena
Angel "C "
Es muy linda la historia 😭
Limaesfra🍾🥂🌟: muy buena historia. Felicitaciones🌺💐
total 1 replies
Carola Videla 😈🇦🇷
😭😭😭😭😭😭
🌹Elizabeth✨♣♚ᴰ' Infinita★⛧🌹
así es
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