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Un Amor A Lo Mafia Italiana.

Un Amor A Lo Mafia Italiana.

Status: En proceso
Genre:Mafia / Apocalipsis
Popularitas:4.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Ybet Renú

Yo solo iba a entregar flores a la iglesia de San Gennaro.
No sabía que el ramo escondía un micrófono.
Ni que el hombre que me sonrió desde el altar era el Capo de Nápoles.
Ni que esa sonrisa sería lo último inocente que vería en mi vida.

NovelToon tiene autorización de Ybet Renú para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

¿Celos? No, amor y pasión entre ellos.

7:00 a.m

Y el millonario Alexander Vance, mira con detenimiento la villa Rinaldi, tratando de entender que sentimiento lo impulso a buscar a Vittoria... Una mujer casada llena de un aura magnética y misteriosa...

Tomás, observo aquel auto afuera, apunta. Desde la torre._

—Identifíquese —grita.

Alexander baja del auto. Manos en alto. Sonrisa de tiburón.

—Alexander Vance —dice—. *Negocios. No balas. Vengo a hablar con Donna Rinaldi.*

*Adentro.*

Enzo está desarmando una Beretta en la mesa. Sin camisa. Cicatriz del hombro a la costilla brilla con la luz.

Vittoria baja las escaleras. Camisón negro. Seda. Pelo suelto. Descalza. Matteo en brazos.

Tomás entra.

> —Un americano —dice—. *Dice que quiere hablar con la Donna. Que viene por negocios.*

Enzo se para. Amartilla.

—A esta hora los negocios se hacen con sangre —dice.

Vittoria le pone una mano en el pecho.

—No —dice—. A esta hora los negocios se hacen conmigo.

Le pasa a Matteo a Enzo.

> —Si grito, entrá tirando balas —dice—. *Si no grito... es que lo convencí.*

Sale. Descalza. Al jardín.

Alexander la ve.

Y el aire se le va.

No es el camisón.

No es el pelo.

No son los pies descalzos en la piedra.

Son los ojos.

Verdes.

Cansados.

De guerra.

De madre.

De loba.

Alexander Vance.

—Donna Rinaldi—dice, con acento—. *Perdón por la hora. Pero en mi país decimos que los negocios no duermen.*

Vittoria no sonríe.

—En mi país —dice—, a los hombres que vienen de noche a mi casa sin invitación... los enterramos antes del amanecer.

Alexander se ríe. De verdad.

—Por eso vine —dice—. Vi cómo trataste a la de rojo. Vi cómo tu marido ni respira sin tu permiso. Vi poder.

Da un paso. Tomás levanta el arma desde la torre.

Alexander levanta las manos.

—Tranquilo, cowboy —dice—. Solo vine a decirle algo.

Mira a Vittoria. Directo.

—Soy dueño de medio puerto de Catania —dice—. Tu marido mueve cosas. Yo muevo barcos. Podemos ser socios. O podemos ser enemigos.

Pausa.

—Pero yo —dice, y la voz se le baja—, yo prefiero ser amigo... de la persona que realmente manda en Villa Rinaldi.

Golpe. Directo al ego de Enzo. Directo al poder de Vittoria.

Vittoria ladea la cabeza.

> —¿Y quién te dijo que mando yo? —pregunta.

Alexander sonríe.

> —Tus ojos —dice—. Los ojos de una reina no piden permiso. Y los de tu marido... te miraron a ti antes de tocar el arma.

*Silencio.*

Enzo escucha todo desde la puerta. Con Matteo en brazos. Con la Beretta en la otra mano.

Vittoria da dos pasos. Queda a un metro de Alexander.

Huele a dinero.

A mar.

A peligro.

—Escuchame bien, Vance —dice, bajito—.

Uno: mi marido no pide permiso.

Me pregunta ppor quéme respeta.

Dos: yo no hago negocios con hombres que me miran como si fuera un puerto para comprar.

Pausa.

—Y tres —dice, y sonríe por primera vez—, la única extranjera que entra a esta casa por la mañana es mi niñera. Y ella no usa traje.

Alexander asiente. Despacio.

—Entendido —dice—. Pero dejame la tarjeta. Por si tu marido... cambia de opinión.

Le extiende una tarjeta negra. Sin nombre. Solo un número.

Vittoria no la agarra.

—Si mi marido quiere hablarte —dice—, te va a encontrar. Sicilia es chica, Vance.

Se gira. Camisón negro moviéndose con el viento.

—Tomás —grita—. Acompañalo al portón. Si se gira... tira el gatillo.

Entra a su casa con el rostro serio y sin voltear a ver a aquel extranjero que le ofrece algo que ella no pidió...

Enzo la espera en la puerta.

—¿Y? —pregunta.

Vittoria le quita a Matteo. Lo besa. Lo deja en su cuna, ya que sus ojitos están por cerrarse.

—Y nada —dice—. Otro hombre que confundió belleza con debilidad.

Enzo le toca la cara.

—¿Celoso? —pregunta ella, burlona.

—No —dice él—. Territorial. Como tú en el club.

La besa.

Fuerte.

Con rabia.

Con alivio.

—Nadie te mira así —gruñe contra su boca—. *Nadie.*

Vittoria sonríe.

> —Lo sé —susurra—. Porque si lo hacen... no viven para contarlo.

Me acompañas guapo a dormir y quizá quieras unas caricias en esos músculos fuertes ... Quiero tu calor como siempre, quiero tus brazos para sentir esa seguridad, quiero tu boca para calmar mi voz temblorosa, quiero tu susurró en mi oído como cada noche... Quiero todo de ti amore...

 

Carretera a Catania.

Alexander Vance mira la tarjeta en su mano.

La que Vittoria no agarró.

Y sonríe.

—Donna Rinaldi —dice—. La loba más cara de Sicilia.*ñ

*Pausa.*

—Y yo colecciono cosas caras.

La vida sonrió en Villa Rinaldi.

Pero un americano con ojos azules acaba de enamorarse del problema equivocado.

Porque Enzo puede con 60 Greco...

¿Pero puede con un hombre que no le tiene miedo a las balas...

... Porque está acostumbrado a comprar guerras?

😏.

Su pensamiento en todo el camino hacia su hotel fue de aquella mujer bellísima que le había robado el aliento desde un principio y ese principio él quiere darle un final a su lado, junto a él... Está casada, pero no prohibida en mis sueños... Su dureza y valentía la hacen más fuerte ante mí.

Los niños duermen.

Sicilia no mira.

*Y por 10 minutos... no hay guerra. Solo ellos.*

---

Habitación principal.

No el de antes de una bala. El de después.

El que queda cuando los monstruos no tocaron la puerta.

Matteo duerme en su cuna. Respira.

Marco sin fiebre. Sofia abrazándolo en la otra habitación.

Tomas es relevado, se va a descansar, mientras su compañero vigila.

El silencio en la casa es tranquilidad, la casa está en paz.*

Enzo la mira como la miró el primer día en su despacho.

Con hambre.

Con miedo.

Con respeto.

Ella le sonríe provocativa.

Lo ve.

Enzo no contesta.

Le aparta el pelo de la cara. Despacio. Como si fuera cristal. Como si fuera suya.

Le roza la mejilla con los nudillos.

Ásperos.

De pelear.

De disparar.

De cargarla a ella cuando se rompe.

> —¿Y nosotros? —pregunta Vittoria.

Enzo se inclina. Le besa la frente. Largo.

> —Nosotros vivimos —susurra contra su piel—. 10 minutos. Sin apellido. Sin guerra. Solo Enzo. Solo Vittoria.

Ella cierra los ojos.

Por 3 días fue Donna Rinaldi. Fue madre. Fue hacha. Fue escudo.

Ahora es solo piel bajo seda. Y manos de él quitándole el peso.

Lo besa.

Primero despacio.

Con gratitud.

Después con rabia.

Con necesidad.

Con todo lo que no dijo cuando Alexander la miró. Con todo lo que no gritó cuando Marco dejó de respirar.

Enzo la abraza. La envuelve.

> —Amore mio—gruñe en su cuello—. Mi loba. Mi guerra. Mi casa.

Vittoria le clava los dedos en la espalda. En la cicatriz.

> —Tuya —susurra—. Aunque arda Sicilia. Aunque otros me miren. Aunque el mundo... tuya.

No hay promesas.

No hay palabras dulces.

Hay manos que recuerdan cada centímetro. Hay bocas que se conocen de memoria. Hay 7 años de sangre, de miedo, de hijos, de “no te mueras” estallando en 10 minutos sin reloj.

Es desesperado. Es tierno. Es suyo.

*No es sexo. Es tregua.*

*No es lujuria. Es “seguimos vivos”.*

Vittoria tiene la cabeza en su pecho. Escucha su corazón. Fuerte. Vivo.

> Enzo le besa el pelo.

> —Te amo —dice. Simple. Sin teatro—. *Antes de Rinaldi. Antes de Caruzzo. A ti, mi mujer*

Ella sonríe contra su piel.

—Y yo a ti amore mio —susurra—. *Aunque seas un idiota que deja que le toquen la camisa.*

Él se ríe. Bajito.

> —Nunca más —dice—. *Lo juro por Matteo.*

Ambos se entregan en esa cama que llenan de placer, amor, sexo, son solo ellos dos en su habitación insonorizado y por obvios motivos, cuando ambos se entregan lo hacen con la piel a piel...

Enzo entra en ella con placer, con necesidad de sentirla suya, sella su intimidad con la de él, deja su huella en ella, los jadeos de Vittoria lo prenden aún más y las poses entre ellos se dan como un libro donde plasman su amor y lujuria pasional.

Vittoria se sienta. No se tapa. No hay vergüenza entre ellos.

—La tregua terminó —dice, con una sonrisa cansada.

Enzo le pasa el camisón.

—La guerra puede esperar —dice—. *5 minutos más.*

La agarra de la muñeca antes de que se pare. La mira.

> —Gracias —dice—. Por no dejar que me muera. Ninguno de los días.

Vittoria le besa los nudillos. Uno por uno.

> —Gracias —dice ella—, por dejarme pelear a tu lado.

Ambos duermen desnudos, acariciando su cuerpo hasta cerrar sus ojos...

La vida no sonríe. La vida ruge.

*Por esto.*

*Por ellos.*

*Por nosotros.*

1
Emely Rumion
más suspenso así no bustarme uno queda cn ganas de mad
Veronica Albarracin
Muy buena tu novela autora empese a leerla y no e parado 👏👏👏👏👏👏🇺🇾🌺
Emely Rumion
está buena la cosa. pero le falta cm más acción autora pero muy buena 🥰
Tere Jimenez
gracias por compartir tu novela
Ybet Renú.
🥰🥰🥰
Mis queridos lectores les traigo un nueva novela, donde el amor pasa por muchos estados, y la mafia siempre quiere imponer, les agradezco de antemano, sus me gusta, sus regalos, sus comentarios, que otra mi es importante. 🥰
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