La historia comienza con Agustina y Cristian, dos novios que se amaban profundamente, pero que fueron separados por circunstancias ajenas a su voluntad. Ella se marchó llevándose consigo algo muy valioso.
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capitulo 7: 8 MESES DESPUÉS...
La tía Rosalía es una mujer de buen corazón. A los diez años quedó huérfana tras un accidente automovilístico que le arrebató a sus padres, mientras buscaban un futuro mejor. Vivió un tiempo en un orfanato hasta que la familia Londoño la adoptó. Con ellos conoció el calor de un hogar y el cariño sincero. Sin embargo, no todo fue fácil: Rebeca, la hermana con la que convivía desde la adopción, nunca la aceptó del todo y solía tratarla con desprecio.
Cuando Rebeca se casó, llevó a Rosalía a vivir con ella a la mansión, cumpliendo la promesa hecha a sus padres. No lo hizo por bondad, sino porque le habían dejado claro que debía cuidarla como hermana mayor si quería conservar la herencia, ya que conocían bien el carácter de Rebeca. Desde entonces, Rosalía vivía bajo su mismo techo, soportando su mirada crítica y una indiferencia constante.
A sus 33 años, Rosalía estaba en su sexto mes de embarazo y profundamente enamorada de Eduar, un hombre humilde que había sido su chófer. Rebeca lo despreciaba y no perdía oportunidad de mostrarlo.
8 MESES DESPUÉS...
Agustina se encontraba en la pequeña casa que ella y su madre habían logrado adquirir con mucho esfuerzo. Cursaba el cuarto semestre de su carrera en la fundación y se sentía orgullosa de su desempeño. Aun con el embarazo muy avanzado, pasaba gran parte del tiempo en casa ayudando a su madre con los quehaceres, y también dedicaba largas horas a sus estudios y actividades en la fundación, hasta que pudiera volver al puesto de chilaquiles.
Aunque todo parecía marchar bien en su hogar, en lo más profundo de su corazón aún dolía la ausencia del amor que esa mujer se había encargado de alejar de su vida.
“Mi pequeño ángel, ya casi naces y no sé si tendrás la oportunidad de conocer a tu padre, pero yo siempre estaré contigo”, susurró, apoyando la mano sobre su vientre. La ecografía que se había hecho dos meses atrás le había revelado que sería un niño.
Mientras tanto, Cristian se había graduado de arquitecto. Sus padres organizaron una gran fiesta en la mansión para celebrarlo, pero él no estaba completamente feliz. Sentía un vacío enorme por la ausencia de Agustina, con quien había prometido compartir todos sus proyectos y sueños. No entendía cómo ella se había marchado de la noche a la mañana sin decir nada. Alejado de la multitud, se quedaba pensando en ella. Fue entonces cuando Rosalía, ya convertida en madre, se acercó a él con un gesto comprensivo, dispuesto a brindarle apoyo.
—¡Felicidades, Cristian! Estoy segura de que serás un arquitecto excepcional, y no lo digo por decir, sino porque serás uno de los mejores —expresó Rosalía, mientras él continuaba mirando un punto fijo.
Cristian se volteó al escucharla; la voz tan contagiosa de su tía, de alguna manera, lo hizo sonreír aunque apenas lo notara.
—Gracias, tía. Aunque celebre este momento, no hay un solo día en que no me duela la ausencia de mi chaparrita —confesó, con la tristeza reflejada en la mirada.
—Cristian, quizás tuvo que alejarse por algún motivo, pero si su amor es tan verdadero como sé que lo es, el destino los volverá a juntar —comentó Rosalía, segura de sus palabras.
Desde lejos, Rebeca los observaba molesta. Siempre había odiado que su hermana le robara todo y se juró en silencio que eso no lo permitiría más.
A la mañana siguiente, Cristian fue a la empresa de su padre, Gonzalo, quien también era un arquitecto reconocido. Cristian había seguido sus pasos, no por obligación, sino porque le apasionaba la carrera.
Le asignaron una oficina para comenzar a trabajar, y allí estaba su amigo Martín, un ingeniero civil que conocía desde la universidad. Aunque tenía una orientación sexual diferente, eso nunca había sido un obstáculo para que fueran grandes amigos.
—Ahora que terminé la carrera, tengo que descubrir qué pasó con mi chaparrita —mencionó Cristian, mirando al exterior.
—Algo tuvo que pasar —respondió Martín—. Agustina no se iría así, sin decirte nada. Aquí hay algo raro.
—Voy a averiguarlo. Algo me dice que hay una razón; no ha respondido mis llamadas —aseguró Cristian.
En ese momento, Betania, que había ido a buscarlo a la empresa, alcanzó a escuchar la conversación. Conocía bien los hechos: la idea había partido de ella, y Rebeca solo se había encargado de ponerla en práctica.
Cuando Cristian salió junto a Martín, su amigo hizo un gesto de despedida y se retiró, dejándolos a solas. Betania lo observó con fingida amabilidad; sabía de su orientación y no le agradaba.
—Betania —pronunció Cristian al verla.
—Hola, Cris vine a verte —contestó Betania.
Cristian la miró en silencio, esperando a que dijera algo más.
—No pensarás buscar a Agustina, ¿verdad? —preguntó.
—No me lo tomes a mal, Betania, pero ese no es tu tema. Agustina sigue siendo mi novia, aunque ahora no esté aquí—respondió Cristian; no le agradaba que Betania se metiera en sus asuntos.
—Créeme, Cris, no vale la pena buscarla —dijo Betania—. Agustina estaba harta de su vida. En cuanto apareció un hombre con dinero, se fue detrás de él.
Cristian se llenó de rabia y tomó a Betania del brazo.
—¡No hables de ella como si la conocieras!. Agustina no se fue por dinero. Nos amamos y teníamos planes —soltó, molesto, alejándose de ella.
Betania lo vio marcharse; por ahora no lo convencería, pero seguía centrada en su propio propósito.
La pareja de Rosalía, Eduar, llegó a la mansión para verla a ella y a la bebé. Aún no estaban casados, pero eso no les impedía sentirse una familia. Estaban afuera, dándole mimos a la bebé, cuando Rebeca se acercó, observándolos con abierta desaprobación.
—¿Quién le dio permiso para estar aquí? —cuestionó Rebeca.
Doris esta loca mando hacer tarjeta de bodas que obsesión tiene por Cristian pero esta jodida porque si se encuentra con su chaparrita las demás quedan por fuera.
Lectores, sé que muchos se preguntan por qué el investigador no ha logrado dar con Agustina. Como mencioné antes, Rebecca hizo todo para ocultarla y que no estuviera cerca de Cristian.
Por eso, aunque hay un investigador privado, no ha podido encontrarla Rebecca borró pistas, ocultó información y manipuló todo para desviar la búsqueda.
Aun así, él cumple su papel porque la verdad no se revelará de golpe sino poco a poco.
Eso lo mencioné en un capítulo, cuando ya habían pasado los años.
Rebeca ya le dijo a Betania que regreso la campesina que harán este par de arpías 🤔🤔🤔❓❓❓
Quien es el hombre elegante y misterioso que llego 🤔🤔🤔❓❓❓
Ricardo y Martin como que son gay porque hubo una conexión rara.
Doris la insufrible ya no la soporta pero parece una garrapata mal pegada.
Rebeca si reconocio a Agustina que hará y dirá 🤔🤔🤔❓❓❓
Dos locas obsesionadas con Cristian que quieren tenenerlo a como de lugar Doris y Betania no tienen autoestima a una la utilizan y la otra no la ven con ojos de negro gustas que ridículas otras patéticas mas.
Cristian ahora caes de ese edificio e iras a parar al hospital donde esta Agustina y a ella le tocara atenderte y lo peor sera que llegaran todas las arpías osea Doris, Betania y Rebeca la alcohólica y despreciable madre.
Otro director que se fijo en Agustina no me parece que venga otro a joderle la vida.