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Ecos Del Destino

Ecos Del Destino

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor eterno / Reencarnación
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Thanan

Monserrat Bellini vive una vida perfecta en Italia: riqueza, prestigio y un futuro asegurado. Pero dentro de ella existe un vacío imposible de llenar… y sueños que la hacen despertar llorando por un amor que no recuerda haber vivido.

Todo cambia cuando conoce a Dorian D’Angelo, el hombre que todos le dicen debería odiar.

Entre ellos nace una conexión inexplicable, intensa y peligrosa, como si sus almas se reconocieran desde siempre.

Sin embargo, cada vez que intentan acercarse, algo —o alguien— parece empeñado en separarlos.

Mientras fragmentos de un pasado olvidado emergen, Monserrat descubrirá que algunas historias no terminan con la muerte… y que el amor verdadero puede desafiar incluso al destino.

Porque hay amores que regresan.

Y destinos que nunca dejan de perseguirnos.

NovelToon tiene autorización de Thanan para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16: El sueño

La noche es densa, sin luna, sin estrellas. Las sábanas, revueltas. La almohada, caliente de un lado, fría del otro. El silencio pesa.

Y entonces, sin transición, sin aviso, la conciencia se desprende.

Hay una habitación.

No es la suya. Las paredes son de piedra húmeda, antiguas, vividas. Una vela parpadea sobre una mesa de madera, dibujando sombras que se mueven solas, como si tuvieran vida propia. El aire huele a tierra, a noche, a algo que no sabe nombrar.

Ella está de pie junto a la ventana.

La ropa no es la suya. Un vestido oscuro, pesado, que le llega hasta los pies. La tela es áspera contra la piel. El pelo, más largo, cae suelto sobre los hombros. Cuando mueve los dedos sobre el alféizar de piedra, ve sus manos. Más jóvenes. Más delgadas. En el dorso de la mano derecha, una marca: una cicatriz pequeña, antigua, que no reconoce.

Los dedos se mueven. El gesto le resulta familiar. Como si ese cuerpo, esas manos, hubieran hecho lo mismo antes, muchas veces. Pero no sabe cuándo. No sabe dónde.

Afuera no hay Florencia.

Hay un campo oscuro que se extiende hasta donde alcanza la vista. Un camino de tierra que se pierde entre árboles negros. A lo lejos, el sonido de un río. No lo ve, pero lo oye: agua corriendo sobre piedras. Constante. Indiferente.

Sabe, sin saber cómo, que tiene que irse.

Que hay algo esperándola en algún lugar al norte. Que el tiempo se acaba. Que si no se marcha antes del amanecer, algo terrible va a suceder.

No se mueve.

Se queda mirando el campo, el camino, la oscuridad entre los árboles. Como si esperar fuera lo único que puede hacer. Como si algo dentro de ella supiera que no importa cuándo se vaya, que el resultado será el mismo.

La vela parpadea. El río sigue sonando. El tiempo, dentro de esa habitación, tiene otra textura. Más lenta. Más densa. Cada segundo pesa como si fuera el último.

No sabe cuánto tiempo pasa así.

Podrían ser minutos. Podrían ser horas. El tiempo no se comporta como debería.

Y entonces, pasos.

Detrás.

No necesita volverse para saber quién es. Su cuerpo lo sabe antes de que la mente lo procese. El aire cambia. La temperatura cambia. El peso de la habitación se reajusta alrededor de esa presencia.

—Tienes que irte antes del amanecer.

Su voz. Esa voz. La misma que conoce de otro lugar, de otro tiempo, de algo que no puede recordar pero que su cuerpo sí.

Ella no se vuelve.

—Lo sé.

El silencio que sigue no está vacío. Está lleno de todo lo que ninguno de los dos dice.

—Hay un camino por el norte —dice él—. Detrás de las colinas. Nadie lo conoce.

—Lo sé.

—Si llegas a la frontera antes del mediodía, hay gente esperando. Gente de confianza.

—Lo sé.

Otra pausa. Más larga. El río, afuera, sigue sonando.

—Entonces —dice él—, ¿por qué no te has ido?

Ella cierra los ojos.

Siente el frío de la piedra bajo las manos. El peso del vestido. La humedad del aire en la piel. Siente también su presencia a sus espaldas, la distancia exacta entre ambos, la respiración de él que no logra calmarse.

—Porque todavía no es el amanecer.

Él no responde. Pero ella oye sus pasos acercándose. Despacio. Como si cada paso costara. Cuando está a su lado, cuando sus hombros casi se tocan, ella abre los ojos.

Él mira el mismo paisaje: la oscuridad, el camino, el río invisible. Su perfil, iluminado apenas por la vela, tiene una expresión que ella no sabe descifrar. No es tristeza. No es miedo. Es otra cosa. Algo que parece aceptación, pero más pesada.

—No vas a volver —dice él.

No es una pregunta.

Ella tarda en responder. Las palabras llegan despacio.

—No lo sé.

—Yo sí.

Él la mira entonces. Directamente. Y en sus ojos hay algo que ella no puede nombrar. No es amor, al menos no como ella lo entiende. Es más antiguo. Más hondo. Algo que existía antes de que hubiera palabras para nombrarlo.

—Nunca he sabido mentirte —dice—. No voy a empezar ahora.

Ella sostiene la mirada.

—Entonces dime la verdad.

Él aparta la vista. Vuelve al paisaje. A la noche. Al camino que ella debería tomar y no toma.

—La verdad es que si te vas, no vas a volver. Y si te quedas, los dos vamos a morir. Y no sé cuál de las dos cosas es peor.

Algo se instala en su pecho. No es dolor. No es miedo. Es otra cosa. Un peso que casi no la deja respirar.

—¿Y aun así? —pregunta.

—¿Aun así qué?

—¿Aun así vale la pena?

Él la mira otra vez. Y en sus ojos hay algo diferente. Algo que ella reconoce sin saber de dónde. Como si ya hubiera visto esa expresión antes, en otro lugar, en otro tiempo.

Una sonrisa mínima. Apenas un movimiento en las comisuras.

—Pregúntame mañana —dice—. O dentro de cien años. O dentro de mil. Siempre voy a decir lo mismo.

Ella no responde.

El silencio entre los dos está tan lleno que casi duele.

Él levanta la mano y le toca la cara. La palma, caliente contra su mejilla. Los dedos, ligeramente ásperos, recorriendo su piel como si memorizaran algo que ya conocían de memoria.

Ella cierra los ojos.

Y entonces él la besa.

No es un beso que empieza algo. Es un beso que reconoce algo que existía antes de ese momento, antes de esa habitación, antes de esos cuerpos. Un beso que contiene todo lo que no se han dicho. Todo lo que no puede decirse porque las palabras no alcanzan.

Él la besa como alguien que sabe que es lo último y aun así lo elige. Con una ternura que duele porque es consciente de sí misma. Con una intensidad que no es urgencia, sino reconocimiento: el reconocimiento de dos almas que se conocen más allá de la memoria.

Ella lo recibe igual. No como algo nuevo, sino como algo que siempre fue suyo. Algo que su cuerpo reconoce aunque su mente no pueda nombrarlo. En ese beso está el amor que no cabe en palabras, la pérdida que ya pesa antes de ocurrir, la belleza dolorosa de algo imposible de sostener.

No se aferran. No se retienen. Se sostienen.

Cuando el beso termina, el silencio cambia. Más lleno. Más vacío. Las dos cosas al mismo tiempo.

—No digas adiós —susurra ella.

—Nunca lo digo.

La mano se retira. El calor se va. Los pasos de él se alejan.

Ella abre los ojos.

La habitación está vacía.

La vela sigue ardiendo. La ventana sigue abierta. El camino sigue ahí, esperando.

No sabe cuánto tiempo pasa así, inmóvil, sintiendo el frío de la piedra bajo las manos, el peso del vestido, la ausencia de él ocupando el espacio que antes llenaba su presencia.

Luego, sin saber cómo, está en el camino.

Corre.

La oscuridad entre los árboles es casi sólida. Las raíces tropiezan con sus pies. El río suena cada vez más cerca —o más lejos—, no lo sabe. El vestido pesa, la retrasa, pero sigue.

Corre sin mirar atrás. No porque no quiera, sino porque si mira no podrá continuar.

El amanecer empieza a aclarar el horizonte. Una línea gris, mínima, entre los árboles. La frontera. Tiene que llegar. Tiene que.

Y entonces, su nombre.

—Monserrat.

Su voz. Desde atrás. Dicha así, con esa forma de sostener las sílabas, de darles un peso que no tienen en ninguna otra boca.

Solo su nombre.

Ella no se detiene.

Sigue corriendo.

Pero el nombre se queda. Se instala en un lugar del pecho que no sabe nombrar. Como una promesa.

Y el sueño se corta.

Abrió los ojos.

La habitación estaba oscura. El techo, con sus grietas. El silencio de la villa. La almohada húmeda bajo la mejilla.

No supo dónde estaba.

Un segundo. Dos. Tres. El techo seguía ahí. Las grietas, las de siempre. Pero su cuerpo no terminaba de creérselo. Sentía todavía el peso del vestido, aunque llevaba puesta su ropa de dormir. Sentía el frío de la piedra bajo las manos, aunque sus manos descansaban sobre la sábana. Sentía la marca en el dorso de la mano derecha, esa cicatriz que no era suya; cuando levantó la mano para mirarla, no había nada.

Solo piel. Lisa. Sin historia.

Llevó la mano al pecho.

El corazón latía rápido. Demasiado rápido. Como si hubiera estado corriendo. Como si siguiera en ese camino, entre árboles, con el río sonando y la frontera esperándola.

El sueño se deshacía como humo. Las imágenes se borraban, se volvían difíciles de atrapar. La habitación de piedra. La vela. El camino. Todo se desvanecía.

Pero el beso no.

El beso permanecía.

No como imagen, sino como sensación. En los labios. En las manos, que recordaban el calor de su rostro. En ese lugar del pecho que todavía no sabía nombrar.

Había sido real. Más real que cualquier cosa que hubiera vivido despierta en semanas.

Y la persona que la había besado así tenía esa misma expresión que ya había visto antes. La misma. Como si él supiera algo que ella no. Como si recordara algo que ella había olvidado.

No entendía lo que había soñado. Tampoco intentaba entenderlo.

Las grietas estaban ahí. Las de siempre. Pero ya no las veía.

Oía su nombre.

Se quedó así, inmóvil, hasta que el cielo empezó a aclarar.

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Graciela Valenzuela
está muy bonita 😍😍😍 pero yo pienso que ya deben avanzar los personajes principales ya va por el 22 y nada . si son de vidas pasadas por lo menos ella debería ya sentir amor quizás de querer buscarlo.
bueno esa es mi opinión igual está muy hermosa la novela 🥰
Xoo Moon
no se.por que pero la.trama esta muy lenta y no atrapa
GALATEA CORAZÓN ❤️🇨🇴🇨🇴❤️
Ellos son novios, creo que no viven juntos, pero si duermen juntos algunas veces, o sea tienen intimidad. Entonces
por qué siempre la besa en la mejilla? 🤔🇨🇴🇨🇴🇨🇴
annix
muy lenta repite casi lo mismo en cada capítulo.
Lorena del pilar Fritz Torres
lenta lenta la historia, nada memorable hasta el capítulo 15
annix
cada cuando salen los capítulos me.enganche
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