"Antes de la leyenda, existió una verdad oculta entre las sombras del bosque. María Clara solo buscaba sanar con sus brebajes, pero una premonición de muerte y un amor prohibido marcaron su destino para siempre
Precuela de la novela amor sobrehumano
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Capitulo 16 - Adela lleva a Salvador a la casa de Soledad
En la Mansión Pérez, Salvador se preparaba para salir. La curiosidad por la misteriosa amiga de Adela finalmente le había ganado la partida a su prudencia.
—Avísame cuando estés lista, Adela —dijo Salvador mientras encendía el auto.
—Ya voy, señor. Solo termino con estos platos —respondió ella, esperanzada. «Ojalá él logre convencer a Soledad de dejar esa miseria. Esa niña merece algo mejor»
Juegos en el Bosque
Lejos de allí, en la espesura verde, Luciana corría con una agilidad que desafiaba las leyes de la física. Saltaba troncos caídos y esquivaba ramas con una risa cristalina. De pronto, el puma que ya conocía emergió de nuevo.
—¿Tú otra vez? —dijo la niña, desafiante—. ¡Si quieres jugar, alcánzame!
Luciana salió disparada como una exhalación, dejando al felino atrás en una carrera que para ella era un juego, pero que para cualquier humano sería un milagro.
La Tragedia de los Soriano
En la profundidad de la guarida, los Soriano despertaban a una realidad de pesadilla.
—¿Dónde estamos? —preguntó Fernando, frotándose los ojos—. Esos hombres nos trajeron aquí...
—No podrán salir ahora —interrumpió el Jefe de los Vampiros con una sonrisa gélida—. No mientras el sol esté afuera.
En la superficie, Leandro lloraba frente a un oficial de policía en su sala manchada de sangre.
—Lo más probable es que hayan sido animales salvajes, joven —dijo el oficial con tono burocrático—. Buscaremos los cuerpos, pero no se haga ilusiones.
Cuando el oficial se fue, Leandro se desplomó en el suelo. —Se han ido... me he quedado solo —sollozó, ignorando que su familia estaba más cerca de lo que creía, pero convertidos en algo que él no reconocería.
La Visita a la Cabaña
El auto de Salvador se detuvo frente a la humilde vivienda de Soledad. Al bajar, Salvador contempló la estructura con una mezcla de horror y lástima.
—¿Aquí es donde viven, Adela? Esta casa está en ruinas.
—Por eso me preocupa tanto la niña, señor.
—No permitiría que una hija mía viviera así —murmuró Salvador, sintiendo una extraña opresión en el pecho.
Adela llamó a la puerta repetidas veces, pero el silencio fue la única respuesta.
—No están, señor. Es extraño, ella casi no sale.
—Es una lástima —respondió Salvador, ocultando su decepción—. Tenía mucha curiosidad por conocerlas. Vámonos, quizás en otro momento.
El Regreso a Casa
Horas más tarde, Soledad regresó del pueblo cargada con suministros. Encontró a Luciana sentada a la mesa, fingiendo estudiar.
—¿Hiciste tus tareas, mi vida? —preguntó Soledad abrazándola.
—Sí, tía. Y jugué con la muñeca de Adela hasta quedarme dormida —mintió Luciana con una sonrisa angelical.
—Muy bien. Vamos a cenar, hice tu comida favorita.
Mientras tanto, en el jardín de la mansión, Nicolás e Isabella compartían su soledad.
—Deseo tener un papá como el tuyo —susurró Nicolás.
—Y yo desearía que mi mamá fuera cariñosa como lo es contigo —respondió Isabella. Ambos niños se abrazaron, encontrando el uno en el otro el consuelo que sus padres no podían darles.
La Verdad Sangrienta
Al caer la noche, Leandro escuchó un golpe en su puerta. Al abrir, se encontró con sus padres y su hermana. La alegría inicial se convirtió en terror cuando notó su palidez extrema y el frío glacial de sus manos.
—¿Qué les pasó? ¿Dónde estaban? —preguntó Leandro.
—Fuimos atacados por vampiros, hijo —explicó Fernando con voz ronca—. Y ahora somos parte de ellos.
Fernando permitió que sus colmillos se deslizaran ante la mirada incrédula de su hijo. Leandro retrocedió, golpeando la pared. Su familia había vuelto, pero el precio de su regreso era una maldición que mancharía de sangre el resto de sus vidas.