Javier Müller, heredero de una de las corporaciones más poderosas de Europa, siempre fue educado para ser perfecto: elegante, obediente y fuerte ante el mundo. Pero cuando la estabilidad financiera de su empresa se ve amenazada, su padre toma una decisión cruel: unir su fortuna con el imperio criminal más temido del continente.
Así, Javier es obligado a casarse con Damián Moretti, el mafioso número uno, un hombre sin corazón
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Capítulo 16: El peso de la lealtad
La lluvia golpeaba los ventanales de la mansión Moretti con una furia rítmica, como si el cielo mismo intentara lavar los pecados cometidos en el sótano apenas unas horas antes. El aire en la propiedad estaba cargado de un ozono eléctrico, una tensión que no se había disipado con la muerte de Paolo Ricci. Al contrario, el sacrificio del chivo expiatorio solo había servido para alimentar la paranoia que crecía entre las paredes de mármol.
Javier Müller se ajustó el gemelo de plata en su puño izquierdo. El dolor en sus costillas era un recordatorio punzante, un eco sordo que lo anclaba a la realidad cada vez que respiraba profundamente. No usaba analgésicos; quería sentir cada rastro de la brutalidad de Damián. Ese dolor era el combustible de su paciencia.
A medianoche, mientras la casa dormía bajo la vigilancia de guardias que Javier ya había aprendido a esquivar o sobornar, se deslizó hacia los invernaderos traseros. Allí, entre orquídeas exóticas y el aroma a tierra húmeda, una silueta robusta y familiar lo esperaba.
Luca Ferretti, la mano derecha de Damián y sombra de los Moretti, fumaba un cigarrillo cuya brasa era el único punto de luz en la penumbra. No se dio la vuelta cuando Javier se acercó.
—Es peligroso que estés aquí, Müller —dijo Luca, su voz era un rugido bajo—. Damián está en un estado... volátil. Si te encuentra fuera de tu habitación, no habrá Ágata que pueda salvarte esta vez.
Javier se colocó a su lado, manteniendo una distancia prudencial pero sin mostrar un ápice de sumisión.
—Damián está demasiado ocupado celebrando una ejecución basada en mentiras —respondió Javier, sacando un pequeño dispositivo de su bolsillo—. He venido a hablar contigo, Luca. Porque sé que tú no eres un necio, y sé que no crees en la culpabilidad de Paolo.
Luca finalmente giró la cabeza. Sus ojos, cansados y sabios, recorrieron el rostro de Javier.
—En este mundo, la verdad es un lujo que a veces no podemos permitirnos. Se necesitaba un culpable. Damián lo encontró. El Consejo está satisfecho. Eso es lo que importa para la estabilidad.
—¿Estabilidad? —Javier soltó una risa seca que le provocó una punzada de dolor—. Estás construyendo un imperio sobre arenas movedizas, Ferretti. Mira esto.
Javier activó la pantalla del dispositivo. En ella, se desplegaron las mismas imágenes que Luca había triturado días atrás, pero obtenidas desde un ángulo diferente, desde una de las cuentas privadas de seguridad que Javier había hackeado semanas antes de su "accidente". Las fotos mostraban a Adriano y Ángel en una complicidad inequívoca. No solo eran amantes; había documentos, capturas de pantalla de transferencias que vinculaban directamente a Adriano con el robo del cargamento de Damián.
Luca guardó silencio. No hubo sorpresa en sus rasgos, solo una profunda y amarga resignación.
—Lo sabías —sentenció Javier, guardando el dispositivo—. Sabías que Adriano robó a su propia familia y que Ángel lo ayudó. Sabías que Paolo era inocente y dejaste que Damián lo asesinara. ¿Por qué, Luca? ¿Por qué proteger a la rata que está royendo los cimientos de tu casa?
Luca exhaló una larga nube de humo.
—Porque Damián Moretti es un volcán, Javier. Si le entrego esas fotos, si se entera de que su primo, el hombre que creció con él, ha estado tocando a Ángel... a quien Damián considera de su propiedad exclusiva, no habrá un juicio. Habrá una carnicería. Damián matará a Adriano, y eso desencadenará una guerra civil dentro del clan. Los aliados de Adriano se alzarán, los enemigos externos aprovecharán la debilidad, y los Moretti dejarán de existir en una semana. Mi lealtad es al apellido, no a la justicia.
Javier dio un paso hacia él, su altura igualando la del italiano, su mirada gélida chocando contra la del veterano.
—¿Y qué ganas tú quedándote callado? ¿Esperar a que Adriano dé el golpe final? Eres un hombre inteligente, pero tu lealtad te está cegando. Estás permitiendo que un traidor camine entre ustedes.
Luca arrojó el cigarrillo al suelo y lo aplastó con la bota. Se acercó a Javier hasta que sus pechos casi se rozaron, una postura de pura dominación física que Javier no evitó.
—Gano tiempo, alemán. Y tú deberías hacer lo mismo. Pero ya que quieres jugar a las verdades... déjame darte una que no puedes encontrar en tus ordenadores.
El tono de Luca cambió, volviéndose sombrío, casi fúnebre.
—Sé por qué estás realmente aquí. No es solo por tu empresa. Buscas respuestas sobre el pasado. Sé lo que le pasó a tu madre, Javier. Sé quién dio la orden y sé quién apretó el gatillo. Es un secreto que podría destruir no solo a los Moretti, sino todo tu mundo. Pero no te lo voy a decir. No todavía. No eres lo suficientemente fuerte para cargar con esa verdad.
Javier sintió como si el suelo desapareciera bajo sus pies. El nombre de su madre, mencionado en ese jardín de sombras, fue como un latigazo. Su fachada de CEO impasible se agrietó por un segundo antes de que la furia tomara el control.
—Si sabes algo, dímelo. ¡Ahora! —gruñó Javier, agarrando a Luca por la solapa de su chaqueta de cuero.
Luca no se movió, ni siquiera intentó zafarse.
—No me toques, muchacho. No olvides quién soy. Te daré esa información cuando Damián esté fuera de la ecuación o cuando demuestres que puedes sobrevivir a lo que viene. Por ahora, mantén la boca cerrada sobre Adriano. Si hablas, te mataré yo mismo antes de que Damián pueda desenfundar.
Javier lo soltó lentamente, sus dedos temblando de rabia contenida.
—Prometiste decirle a Damián lo de Ángel y Marco Valenti en París —dijo Javier, tratando de recuperar el equilibrio.
—Lo haré —asintió Luca—. Pero no hoy. Damián necesita estar en el estado mental adecuado para que esa noticia lo aleje de Ángel sin que destruya todo a su paso. Ahora, vuelve a tu cama. Tienes aspecto de cadáver y no me sirves muerto.
Unas horas después,en el despacho principal, la atmósfera era radicalmente distinta. Vittorio Moretti, el patriarca, observaba a Luca desde detrás de su escritorio de caoba. Luca acababa de informarle sobre el hallazgo de las fotos (u ocultamiento de las mismas).
—¿Así que Adriano y el chico de Damián están revolcándose a nuestras espaldas? —preguntó Vittorio con una calma aterradora.
—Así es, signore —respondió Luca—. He destruido las pruebas físicas, pero el alemán, Müller, las tiene. Es un problema.
Vittorio se acarició la barbilla.—Has hecho bien, Luca. Damián es demasiado emocional cuando se trata de ese chico, Ángel. Si supiera lo de Adriano, perderíamos a un heredero y a un estratega el mismo día. Deja que Adriano crea que es invisible. Un hombre que se cree seguro es un hombre que comete errores. En cuanto a las fotos con el italiano, Valenti... guarda esa carta. La usaremos para que Damián deseche a Ángel de una vez por todas. Un Moretti no comparte su cama con el enemigo.
Vittorio miró por la ventana, hacia donde sabía que Javier Müller estaba recuperándose.
—Y mantén un ojo sobre el alemán. Si sabe lo de su madre, es más peligroso de lo que pensábamos.
A la mañana siguiente, el desayuno en la mansión fue un ejercicio de guerra psicológica. Damián estaba sentado a la cabecera, con los ojos inyectados en sangre pero con una sonrisa triunfante. Adriano estaba a su derecha, actuando como el primo perfecto, el consejero leal.
Javier entró en el comedor, caminando con una elegancia que desafiaba sus lesiones. Se sentó frente a Adriano, ignorando el saludo burlón de este.
—¿Dormiste bien, Javier? —preguntó Damián, cortando un trozo de carne con una fuerza excesiva—. Escuché que los fantasmas de los inocentes no dejan descansar a algunos.
—Duermo perfectamente, Damián —respondió Javier, fijando su mirada en Adriano, quien saboreaba un café—. Especialmente cuando sé que el mundo es un lugar donde cada deuda se paga con intereses. Adriano, te ves... radiante hoy. ¿Alguna buena noticia de tus "negocios" logísticos?
Adriano se tensó casi imperceptiblemente, pero mantuvo la sonrisa.
—Todo marcha sobre ruedas, Javier. La eliminación de Paolo ha traído mucha paz a la familia. Deberías agradecer que mi primo sea tan eficiente.
Javier dejó escapar una risita gélida, una que hizo que los guardias en la puerta se removieran incómodos.
—La eficiencia es a menudo una máscara para la conveniencia. Pero no te preocupes, Adriano. Estoy ansioso por ver cómo termina esta historia. Los finales suelen ser... explosivos.
Damián golpeó la mesa con el puño, haciendo saltar la cubertería.
—¡Basta de acertijos! —rugió, levantándose y rodeando la mesa hasta quedar detrás de Javier. Puso sus manos pesadas sobre los hombros del alemán, apretando justo donde sabía que las vendas terminaban—. Estás vivo porque yo lo permito, Müller. No tientes a tu suerte. Tu empresa está manteniendo a flota por mi familia, tu libertad es una ilusión, y tu orgullo es lo único que te queda. No dejes que también te arrebate eso.
Javier inclinó la cabeza hacia atrás, mirando a Damián a los ojos a pesar de la presión dolorosa en sus hombros. La cercanía era asfixiante, el olor a tabaco y alcohol de Damián llenando sus sentidos.
—Puedes quitarme mi empresa, puedes romper mis huesos, pero nunca podrás poseer lo que no entiendes, Damián. Me miras y ves a un prisionero. Yo te miro y veo a un hombre que ya ha perdido, pero que es demasiado cobarde para darse cuenta de que su corona está manchada de la traición de los que más ama.
Damián apretó más fuerte, sus nudillos blancos. Por un momento, todos en la habitación pensaron que volvería a golpearlo. La tensión era un hilo de seda a punto de romperse.
—Ángel era lo único puro en mi vida —susurró Damián, su voz temblando de una furia que rozaba la locura—. Y tú lo espantaste al aceptar ese matrimonio. Por eso vas a sufrir cada día que pases en esta casa.
Javier sonrió, una expresión cruel que no llegó a sus ojos.
—¿Puro? Oh, Damián... Eres tan ciego que me das lástima. El día que descubras la verdad, rogarás que yo hubiera sido tu único enemigo.
Javier se soltó del agarre de Damián con un movimiento brusco, ignorando el pinchazo de agonía en su costado. Se levantó y caminó hacia la salida, pero se detuvo al lado de Adriano. Se inclinó y le susurró al oído, lo suficientemente alto para que solo él lo escuchara:
—Las migajas de pan siempre llevan al lobo, Adriano. Ten cuidado de no dejar rastro la próxima vez que visites París.
Adriano palideció, su máscara de hierro finalmente resquebrajándose mientras veía a Javier salir del comedor con la cabeza en alto.
Javier cruzó el pasillo principal, dirigiéndose a su oficina improvisada. Su mente trabajaba a mil por hora. Luca sabía la verdad sobre su madre. Adriano estaba jugando un juego mortal. Y Damián... Damián era el peón que creía ser el rey.
Entró en su oficina y cerró la puerta con llave. Abrió su caja fuerte oculta y sacó un sobre que le había llegado por un canal privado esa misma mañana. Eran las coordenadas de un encuentro en París, enviadas por un contacto que afirmaba tener pruebas de que Ángel Blanca no estaba solo con Marco Valenti por placer, sino por algo mucho más oscuro algo que beneficiaba a Adriano.
—Que empiece el juego, entonces —murmuró Javier, mirando su reflejo en el cristal. Ya no veía al ejecutivo alemán. Veía a un hombre que estaba dispuesto a quemar el mundo entero para obtener sus respuestas—. No traía contratos, Damián. Traigo el veneno que va a terminar con tu estirpe.
Mientras tanto, en las sombras del pasillo, Luca Ferretti observaba la puerta cerrada de Javier. Sabía de un secreto que involucraba el testamento de los Moretti. Tenía una decisión que tomar. El secreto sobre la madre de Javier era una bomba atómica, y el fusible ya estaba encendido. La paz de los Moretti era una mentira, y el tsunami que Javier había predicho ya estaba en el horizonte, listo para devorarlos a todos.
Continuará...
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El final me encanta, es lo que se necesita para este tipo de historias.
Bueno no se que comentar más, muy buena historia.