Valeria Rivas vive luchando por sobrevivir: trabaja como mesera, cuida a sus hermanos y trata de salvar a su madre enferma. Muy lejos de su realidad, su hermana gemela Isabella vive rodeada de lujo como heredera de la poderosa familia De Alvarenne.
Separadas por el dinero, el orgullo y un pasado lleno de secretos, sus vidas parecen destinadas a no cruzarse jamás… hasta que una inesperada llamada obliga a Valeria a regresar al mundo que la rechazó.
Entonces comienza un juego peligroso de mentiras, poder y destinos cambiados.
Porque a veces, para salvarlo todo…
tendrás que fingir ser alguien más.
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CAPÍTULO 14 - LO QUE NO DEBÍA SENTIR
—No.
La voz de Doña Aurelia Vespera de Alvarenne era baja, firme… impenetrable.
—Nadie sospecha nada.
El silencio al otro lado de la línea se extendió unos segundos. Ella no se movió de su lugar. De pie junto a la ventana de su despacho, con la ciudad desplegándose ante sus ojos como algo que le pertenecía, como todo lo demás.
—La chica está cumpliendo —continuó—. Mejor de lo que esperaba.
Otra pausa. Sus dedos se tensaron apenas sobre el teléfono.
—Sí… lo sé.
Su mirada se endureció.
—No me interesa lo que sienta.
El tono cambió. Más frío. Más peligroso.
—Esto no se trata de sentimientos.
Se hizo un silencio más largo, uno cargado de algo que no se decía.
—Todo estará listo antes de la boda.
Su voz volvió a ser controlada y calculada.
—Después… veremos cómo manejar el resto.
El “resto”. Como si fuera un detalle menor. Como si no importara. Como si pudiera eliminarse sin consecuencias.
—No habrá errores.
La sentencia cayó como una promesa.
—No esta vez.
Colgó sin despedirse.
Y durante un instante… se quedó en silencio… Pensando, midiendo, calculando.
—Valeria… —murmuró para sí misma.
El nombre no tenía cariño. No tenía peso. Solo utilidad.
—Más te vale no fallar.
Porque si lo hacía… no habría segunda oportunidad.
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La habitación estaba en silencio, pero no era un silencio tranquilo… era uno lleno de pensamientos. De recuerdos, de cosas que no debía sentir.
Me senté en la cama… descalza, con la espalda ligeramente encorvada, cansada. No del cuerpo, sino del alma.
Mis dedos rozaron la tela. El saco. Aún estaba ahí, sobre la silla. Como si me estuviera esperando, como si no quisiera irse, como si supiera… que yo no podía soltarlo.
Lo tomé lentamente con cuidado… Como si fuera algo frágil, como si pudiera romperse o romperme a mí.
Lo acerqué. Y entonces… lo sentí. Su aroma, su presencia, su cercanía.
Cerré los ojos.
Y por un instante… todo volvió: La noche, las palabras, las miradas, el gesto… ese gesto, simple. Pero tan… real.
Mi respiración se volvió más lenta, más profunda, más peligrosa.
—Esto está mal… —susurré.
Pero no me alejé. No lo solté, no quise hacerlo.
Mi mente gritaba. Me decía que no. Que no era mío. Que nunca lo sería.
Que todo eso… no me pertenecía. Pero mi cuerpo… mi corazón… no escuchaban.
—No es para ti…
Mi voz tembló apenas.
—Es para Isabella.
Siempre para ella. Todo era para ella.
El nombre.
La vida.
El amor.
Incluso él.
Y eso… eso dolía más de lo que quería admitir.
Abrí los ojos.
Miré el reflejo en el espejo.
Y por un segundo… no vi a Isabella. Vi a alguien más. A alguien que estaba desapareciendo.
—¿En qué momento…?
Mi voz se perdió. ¿En qué momento dejó de ser solo un trato?
¿En qué momento dejó de ser solo supervivencia?
¿En qué momento… empecé a sentir?
Apreté el saco entre mis manos.
—No puedo…
No debía. No podía permitírmelo. Porque esto no tenía futuro. No tenía final feliz. No tenía lugar para mí.
—No es real…
Pero se sentía real, demasiado real. Y eso era lo más peligroso de todo. Porque si me dejaba caer… no habría forma de levantarme después. No cuando todo terminara, no cuando tuviera que irme, no cuando él descubriera… que nunca fui quien creyó.
Una lágrima cayó sin permiso. Silenciosa, invisible.
—Esto va a doler…
Lo sabía. Lo sentía. Y aun así… no podía detenerlo.
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El pasillo estaba en silencio, pero no vacío. Una sombra se detuvo frente a una puerta cerrada. Escuchando, esperando.
La mano se levantó, pero no tocó.
Se quedó ahí, suspendida, indecisa. Del otro lado… yo no sabía. No escuchaba, no sentía. Porque estaba perdida en algo mucho más peligroso: En mí misma, en lo que estaba empezando a nacer, en lo que no debía existir.
La sombra bajó la mano lentamente y se quedó en silencio unos segundos más. Como si pensara, como si decidiera.
Finalmente… dio un paso atrás.
Y se alejó. Sin hacer ruido, sin ser vista… Pero no sin dejar algo atrás: Una presencia, una duda, una amenaza.
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Esa noche… nadie durmió en paz. Ni la mujer que movía los hilos, ni la que vivía una mentira, ni la que había empezado a sospechar. Porque algo estaba cambiando.
Algo que no estaba en los planes, algo que no podía controlarse. Y cuando los sentimientos entran en juego… las mentiras dejan de ser solo palabras. Se convierten en heridas, en decisiones, en errores… errores que… pueden destruirlo todo.
Y yo… yo estaba a punto de cometer el peor de todos.
espero puedas seguirla disfrutando..!! 🥰🥰