¿Cómo puede alguien a quien nunca habías visto conocer cada rincón de tu cuerpo? Lía está a punto de descubrir que su divorcio es el menor de sus problemas, y que algunos sueños no vienen a buscarte... vienen a cazarte.
NovelToon tiene autorización de Azly colon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capitulo 16
Lía cerró el diario, sintiendo que una náusea violenta la invadía. Toda la narrativa de Dante, toda su sed de venganza, toda su carrera de abogado construida sobre la premisa de que Alberto Montero era un pirómano y un ladrón... se basaba en una mentira. Pero no en una mentira de su padre para dañarlo, sino en un acto de protección retorcido que su padre había realizado por ella, por la niña del muelle.
Dante no era la víctima de un monstruo. Era el hijo de un hombre negligente que había sido salvado por el hombre al que ahora odiaba.
...
Cuando Lía regresó al hotel, Dante la esperaba en el vestíbulo, de pie, con los puños apretados y la mandíbula tensa. Al verla entrar con el diario y el sobre bajo el brazo, su mirada se endureció.
—¿Dónde has estado, Lía? —su voz era un susurro peligroso—. Sabes que no es seguro salir sola.
—¿Seguro para quién, Dante? ¿Para mí o para tus secretos? —Lía caminó hacia el ascensor sin detenerse. Él la siguió, la tensión entre ambos haciendo que los otros huéspedes se apartaran.
Una vez dentro de la suite, Lía lanzó el informe pericial sobre la mesa de centro.
—Léelo.
Dante frunció el ceño, pero lo tomó. A medida que sus ojos recorrían el papel, su rostro perdió todo color. Sus manos empezaron a temblar.
—Esto es falso —dijo él, su voz quebrándose—. Mi padre me dijo... él me juró que vio a los hombres de tu padre prender fuego al cobertizo.
—¡Tu padre te mintió, Dante! —gritó Lía, las lágrimas finalmente desbordándose—. Tu padre casi te mata por su tacañería y su orgullo, y mi padre, ese hombre al que llamas monstruo, lo encubrió para que tú no tuvieras que crecer sabiendo que tu propio padre era un criminal. Mi padre compró esas tierras a un precio justo para salvar a tu familia de la cárcel.
Dante se dejó caer en el sofá, el informe cayendo de sus manos como una hoja seca. Todo su sistema de creencias, la columna vertebral de su identidad, se estaba desintegrando.
—Toda mi vida... —susurró él—, cada estudio, cada caso ganado, cada paso que di para acercarme a ti y a la constructora... fue para cobrar una deuda que no existía. Fui yo quien te robó, Lía. Fui yo quien entró en tu vida con un propósito oscuro basado en una mentira.
Lía se acercó a él, pero esta vez no hubo ternura. Había una distancia abismal.
—Me dijiste que me amabas. Me dijiste que esa primera noche en el club fue el destino. Pero ahora sé que fue una ejecución técnica de una venganza equivocada. ¿Cómo sé que este bebé —se tocó el vientre— no es solo otra consecuencia de tu "plan de ataque"?
Dante levantó la vista, y por primera vez, Lía vio a un hombre completamente roto. No había rastro del abogado brillante o del amante seguro de sí mismo.
—El bebé... Lía, el bebé es lo único puro que ha salido de este desastre. Mi amor por ti es real, incluso si nació de la oscuridad. Precisamente porque descubrí quién eras, dejé de lado la venganza.
—¡No la dejaste de lado! —le recriminó ella—. Me ocultaste que me investigaste. Me ocultaste que sabías quién era yo antes de besarme. Y ahora descubro que tu padre era el culpable. ¿Qué más me ocultas, Dante? ¿Qué hay en esa "cuenta en Suiza" de la que hablaba Julián?
Dante se levantó, intentando tomar sus manos, pero ella retrocedió.
—La cuenta en Suiza es el dinero que tu padre le dio al mío para que se fuera. Mi padre nunca lo tocó. Se sentía demasiado culpable por lo que había pasado. Yo... yo encontré el acceso a esa cuenta hace cinco años. Fue así como financié mi bufete. Usé el dinero de tu padre para prepararme para destruirlo.
Lía soltó una carcajada amarga, una risa que sonaba a vidrios rotos.
—Es poético. Te convertiste en lo que eres gracias a la generosidad oculta del hombre que juraste odiar. Eres el hijo de la mentira de dos padres que jugaron con nosotros como si fuéramos piezas de un juego que nunca entendimos.
En ese momento, el teléfono de la suite sonó. Era Gabriel. Su voz sonaba urgente, cargada de una estática extraña.
—Lía, tienen que salir de ahí —dijo su hermano—. Acabo de hablar con los abogados de Julián. El hombre que los seguía no era un observador. Julián ha enviado a alguien para "limpiar" el tablero antes de que yo firme nada. Si ustedes mueren en un "accidente" en las montañas, la cláusula de adquisición se activa automáticamente para él a través de un testaferro.
Lía miró a Dante. A pesar de la traición, a pesar del abismo que se había abierto entre ellos, el instinto de supervivencia los unió de nuevo.
—Dante, tenemos que irnos —dijo ella, guardando el diario de su padre en su bolso.
—Lía, no me dejes —suplicó él, deteniéndola junto a la puerta—. Sé que no merezco tu perdón ahora, pero déjame sacarte de aquí. Déjame proteger a nuestro hijo. Después de eso, si quieres que desaparezca de tu vida, lo haré.
Lía lo miró a los ojos. Vio el dolor, vio la mentira, pero también vio la verdad de un hombre que estaba dispuesto a morir por ella.
—Sácame de aquí, Dante. Pero no lo hagas por venganza ni por redención. Hazlo porque es lo único correcto que has hecho en toda tu vida.
Salieron de la suite justo cuando las luces del pasillo parpadearon. El hotel, un laberinto de lujo y sombras, se convirtió en una trampa mortal. Mientras bajaban por las escaleras de servicio, el sonido de pasos pesados resonaba en la planta superior.
Lía y Dante lleganron al garaje subterráneo. Un coche de color oscuro les bloqueó el paso, y de él bajó un hombre que Lía reconoció de inmediato: el antiguo jefe de seguridad de su padre, el mismo que Julián había sobornado meses atrás.
—El señor Montero envía sus saludos —dijo el hombre, sacando un arma con silenciador—. Dice que el lago siempre ha sido un buen lugar para los finales, pero que la nieve de Suiza también servirá.
Dante se interpuso entre Lía y el cañón del arma, protegiendo su vientre con su propio cuerpo. La verdad sobre el pasado ya no importaba; solo importaba el segundo que tenían antes de que el primer disparo rompiera el silencio.