NovelToon NovelToon
Una Alfa Rebelde

Una Alfa Rebelde

Status: En proceso
Genre:Yuri / Romance / Embarazo no planeado
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: maite lucía

Una alfa rebelde
Alismeidy, una dominicana indomable en Italia, choca con una refinada omega. Entre secretos, caos familiar y deseo prohibido, el instinto salvaje de esta alfa pondrá su mundo de cabeza.

¿Podrá esta Alfa indomable domesticar su instinto y ser madre?

NovelToon tiene autorización de maite lucía para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10

El aire en la terraza de **"Il Cielo"** no solo era gélido; tenía esa cualidad aséptica y cortante de los lugares donde se deciden los destinos de las naciones sin mover un solo músculo de la cara. El restaurante, un ático de cristal suspendido sobre la neblina nocturna de Milán, ofrecía una panorámica de la ciudad que parecía un tapiz de diamantes eléctricos esparcidos sobre terciopelo negro. Para mí, sin embargo, el paisaje no era más que un recordatorio de lo pequeña y prescindible que era mi existencia frente al engranaje colosal del imperio de los Valenti.

Aunque yo había nacido en esta misma ciudad, en un hospital clínico de paredes blancas y orden europeo, mis raíces no se alimentaban de la lluvia de Lombardía. Mis recuerdos más profundos, esos que te forman el carácter antes de que aprendas a mentir, estaban bañados en el polvo rojo y el sol inclemente de la República Dominicana. Mis padres me llevaron a la isla cuando apenas tenía cuatro años, buscando un refugio en el calor de la familia tras una crisis económica en Italia, y allí nos quedamos hasta que cumplí los siete.

Esos tres años en el campo, cerca de Barahona, fueron mi verdadera escuela de Alfa. Allí aprendí que la dignidad no se compra con trajes de Armani, sino con la firmeza del apretón de manos. Aprendí que si un perro venía a morder a tu hermano, tú no llamabas a la policía; tú buscabas un palo y te parabas frente a la amenaza. Volver a Italia a los siete años fue como intentar meter un mar Caribe bravo y salado dentro de un vaso de agua mineral sin gas. Siempre me sentí una extraña: demasiado "dominicana" para los salones de Milán, y demasiado "italiana" para las esquinas de mi barrio en la isla. Pero hoy, esa dualidad se estaba rompiendo de la forma más brutal posible.

Alessandra me había citado con la precisión de un verdugo que elige la seda más fina para la soga del condenado. No había otros comensales; ella lo había reservado solo para nosotras. En el mundo de los Valenti, el silencio absoluto es el lujo más caro de todos. Bajo la luz de las velas, que bailaban con la brisa que se colaba por los ventanales entreabiertos, ella soltó la bomba sin anestesia mientras el vino tinto, un reserva que probablemente costaba más que mi sueldo de un mes entero, brillaba con un tono carmesí casi siniestro en nuestras copas.

—Alismeidy, casémonos.

Casi me atraganto con el risotto de trufa negra. El sabor terroso, complejo y exageradamente lujoso de la comida se volvió ceniza instantánea en mi boca. Sentí que el grano de arroz se me quedaba atravesado en la glotis, asfixiándome. Tuve que tomar agua de golpe, sintiendo el frío del cristal contra mis labios temblorosos para no hacer un espectáculo. El camarero, una sombra impecable a diez metros de distancia, ni siquiera parpadeó.

—¡¿Qué?! ¡Jefa, por Dios! —exclamé, bajando la voz al nivel de un susurro violento—. ¡Usted sabe que yo tengo a mi Omega! ¡Yo amo a Elizabeth con cada gota de mi sangre! ¡Esto es una locura, una falta de respeto a ella, a mí y a todo lo que hemos construido después de que ella huyendo de Londres!

Alessandra no se inmutó. Dejó su copa de cristal en la mesa con una elegancia que me ponía los pelos de punta. No hubo el menor temblor en su pulso. Me agarró la mano con una fuerza que no esperaba; sus dedos estaban helados, como mármol recién sacado de una cripta, contrastando con mi piel, que ardía por la indignación y la adrenalina.

—Escúchame bien, Alismeidy, y usa la cabeza de Alfa que tienes, no solo ese corazón caribeño que te late en el pecho como el de un pájaro asustado —dijo ella, fijando sus ojos castaños en los míos con una intensidad que parecía leer mis pecados—. Esto no es un cuento de hadas. Es un matrimonio de conveniencia. Puramente legal. Un contrato de defensa mutua. Un papel, Alis. Tú mantendrás a tu Elizabeth y a tu hijo en tu apartamento. No tocaré un solo pelo de tu vida privada. Seguirás siendo de ella en la intimidad, con todos los gastos cubiertos por la corporación. Pero ante el mundo, ante mi padre, ante la Iglesia y, lo más importante, ante los tribunales internacionales, estarás casada conmigo. Serás la "Signora Valenti".

Hizo una pausa deliberada, dejando que el peso de la realidad se asentara como plomo en mi estómago.

—Mi padre está obsesionado con la sucesión. Me dejará la presidencia total de la empresa al ver que he "sentado cabeza" con una Alfa competente, leal y de su confianza. A cambio, yo usaré todo el arsenal del que dispongo: mi equipo de abogados de élite, mis contactos en el Ministerio del Interior y mi fortuna personal para aniquilar la demanda de Lady Catherine. Tu hijo no nacerá como un niño vulnerable en medio de una disputa de custodia transatlántica; nacerá como un heredero protegido por la familia Valenti. Ni los Windsor, ni todo el oro del Banco de Inglaterra podrían arrebatártelo si yo pongo mi firma en ese certificado de nacimiento como tu esposa. ¿Qué vale más para ti, Alis? ¿Tu orgullo personal o el futuro de ese bebé?

Me quedé en shock. El silencio en el restaurante era tan denso que podía escuchar el tictac de mi reloj y los latidos de mi propio corazón martilleando contra mis costillas. Era la solución perfecta. Era el escudo definitivo contra la mujer que quería robarse a mi bebé para criarlo en la frialdad de una mansión inglesa. Pero el precio... el precio era vender mi alma y construir una mentira monumental que me separaría emocionalmente de la mujer que amaba.

—¿Y Elizabeth? —pregunté con la voz quebrada, sintiendo que las lágrimas luchaban por salir—. ¿Cómo se supone que le explique que el amor de su vida va a firmar un acta de matrimonio con otra mujer? ¿Cómo voy a mirarla a la cara cada noche sabiendo que en los periódicos aparezco del brazo de usted?

—Dile la verdad o miéntele, eso queda a tu total discreción —respondió Alessandra, volviendo a su tono de negocios, esa frialdad milanesa que no permite grietas—. Pero piénsalo. Tienes hasta mañana para decidir. Es la libertad y la seguridad de tu hijo contra un idealismo romántico. ¿Cuál es el deber de una Alfa, Alismeidy? ¿Ser feliz o ser una protectora?

ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ

Regresé al apartamento caminando como un zombie. Milán, con sus escaparates de lujo y su gente apresurada, me parecía una cárcel de cristal. Mis pies pesaban quintales. Al entrar, el olor a café recién colado me golpeó; era el olor de mi madre, Doña Altagracia, que siempre decía que "un café bien negro endereza el alma de cualquiera". Ella y mi papá, Don Ramón, estaban en la sala, hablando en voz baja.

Cuando me vieron la cara, la taza de mi mamá se detuvo a mitad de camino a su boca. Mi madre tenía ese instinto de las mujeres dominicanas que huelen la tragedia antes de que se diga la primera palabra. Supieron de inmediato que el cielo se nos venía encima. No pude ocultarlo. Me senté en el sofá frente a ellos, hundida, y solté todo: el trato de Alessandra, la farsa del matrimonio, la protección legal y la condición de Lord Valenti.

—¡¿Casarte con la jefa?! —el grito de Doña Altagracia hizo que las figuritas de porcelana de la repisa vibraran—. ¡Pero muchacha, tú perdiste el juicio cruzando el océano! ¡Eso es un pecado mortal ante los ojos de Dios y de la Virgen de la Altagracia! ¿Y Elizabeth? ¡Esa pobre gringa se va a morir del corazón cuando sepa que su mujer es ahora la esposa de la italiana esa! ¡Tú naciste en Milán, sí, pero parece que el sol de Barahona te fundió los cables si crees que una mentira así se puede sostener!

Mi madre se levantaba y se sentaba, gesticulando, invocando a todos los santos. Para ella, el matrimonio no era un contrato, era un sacramento sagrado.

Don Ramón, por el contrario, permaneció en un silencio sepulcral. Se cruzó de brazos, recostándose en el sillón de mimbre que habíamos traído de la isla, y miró al techo durante un largo minuto. Mi padre era un hombre que entendía de deudas y de sacrificios. Había trabajado en los campos de caña y en las fábricas de Milán; sabía que la vida no te da nada gratis.

—Es un boche de la vida, Alis. Un boche de los grandes —dijo finalmente con su voz grave, la que usaba cuando la situación era de vida o muerte—. Por un lado, salvas al nieto mío de esos ingleses estirados que se creen dueños de la sangre ajena. Lady Catherine es una hiena con corona, y a las hienas no se les gana con flores, se les gana con trampas. Por otro lado... vas a vivir una mentira que te va a podrir el alma si no sabes manejarla. No es fácil, hija. Ser Alfa no es solo mandar; es cargar con la culpa para que los que uno ama no tengan que conocer el miedo.

En ese preciso momento, el chirrido de la puerta de la habitación principal cortó la tensión como un rayo. Elizabeth salió frotándose los ojos, con el cabello rubio un poco revuelto y esa cara de confusión dulce que tienen los ángeles cuando despiertan en medio de una pesadilla. Miró a mi madre gritando, a mi padre serio y a mí, que parecía que me habían dado una paliza emocional.

—¿Qué pasa? —preguntó ella en su inglés pausado, con ese acento de Oxford que a veces me recordaba el peligro que nos acechaba—. ¿Por qué todos parecen que vieron a un muerto? Alis, ¿estás bien? ¿Qué pasó en la cena con Alessandra? Pareces... vacía.

Se acercó y puso su mano sobre mi hombro. Su tacto era cálido, lleno de una confianza ciega que me dolió más que cualquier insulto. Miré su vientre, donde crecía nuestra mayor vulnerabilidad. ¿Qué era el honor si no servía para proteger a los tuyos? El secreto de la jefa me quemaba la lengua como si hubiera ingerido ácido.

—Elizabeth, mi amor... —comencé, pero las palabras se me trabaron.

El silencio volvió a reinar, pero esta vez era un silencio expectante, cargado de la electricidad de una tormenta inminente. El "pique" no era solo por la situación; era por la decisión que transformaría nuestras vidas para siempre. Ser Alfa nunca fue tan pesado, y la ciudad de Milán nunca se sintió tan fría.

Yo sabía lo que venía: el "viaje a Quisqueya", los anillos de oro blanco, y el inicio de una farsa que me daría la seguridad que necesitábamos, pero que me robaría el sueño. ¡Esto está que pica y no es pimienta! La guerra por mi hijo acababa de empezar, y yo estaba dispuesto a vender mi libertad si es necesario para asegurar la suya

Continuará....🔥

1
Pamela Duran Sandoval
rayos esto se esta poniendo color de hormiga 💓💓💓
Pamela Duran Sandoval
no quiero pensar como se va a poner elizabet cuando se entere del casamiento
Michica Omegavers: Más adelante lo vamos a ver 🤭
total 1 replies
yusmery gomez
muy cómica de la vida real me encanta 😍☺️👏👏👏👏
yusmery gomez
😍😍😍😍 buenísima está nueva novela 👏👏👏👏👏
yusmery gomez
me encantó quedé ☺️☺️☺️☺️☺️😍
yusmery gomez
buenas madrugadora autora excelente novela
Pamela Duran Sandoval
excelente novela muy buena gracias
yaneth fan del GL fuerte
me encanto el primer capitulo y no se si seguir leyendo por creo que se terminará esa trama tan perfecta 😭
Michica Omegavers: Puedes seguir si te gusta 🥰
total 1 replies
yaneth fan del GL fuerte
veamos lo de que estas echo 🤭
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play