esta hermosa novela se trata de una mujer que dejó de vivir sus sueños juventud por dedicarse a sacar adelante a sus hermanos también nos muestra que que no importa la edad para conseguir el amor.
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capítulo 16
Mauricio salió al jardín y, al ver a Victoria desmayada en los brazos de Enrique de la Torre, se quedó inmóvil por un segundo. Se preguntó qué hacía ese hombre con ella. Sin decir nada, volvió al salón, tocó con suavidad a José y le habló en voz baja:
—Tu hermana se encuentra mal.
José salió de inmediato. Al llegar donde estaba Victoria, preguntó con desesperación:
—¿Qué le pasó?
—Se desmayó, ¿acaso no lo ves? —respondió Enrique con voz tensa.
—Señor de la Torre, tengo que llevar a mi hermana a una clínica.
Enrique no respondió. Simplemente la tomó entre sus brazos. Al llegar a una de las clínicas más reconocidas del país, y siendo él un hombre tan conocido, Victoria fue atendida de inmediato. Mientras tanto, José caminaba de un lado a otro, cada minuto se le hacía eterno. Enrique no se movió del lugar donde se había quedado, con las manos en los bolsillos, la mirada fija en el suelo.
Después de media hora, un médico salió al pasillo.
—¿Es usted familiar de la señora Hernández?
—Sí, doctor. Soy su hermano —respondió José.
—Acompáñeme, por favor.
José caminó con pasos apresurados, seguido por Enrique. Al entrar a la habitación, Victoria dormía a causa del calmante.
—Su hermana ya reaccionó, pero tuvimos que dormirla nuevamente para controlar su presión —explicó el médico.
—¿Usted sabía que su hermana está embarazada? —preguntó el doctor.
—Sí, doctor. Lo sabía —respondió José—. ¿Y los bebés cómo están?
—Los bebés están muy bien, pero la madre tiene la presión alta. Hasta que no se estabilice no podrá salir. Hay que monitorearla constantemente. Usted sabe lo riesgoso que es un embarazo a su edad, y más aún con hipertensión.
Enrique salió de la habitación sin saber qué hacer. Se sentó en una silla de la sala de espera durante un largo rato… y luego se fue. Al subirse al carro, guardó un silencio absoluto. Wilson lo observaba por el retrovisor, quería preguntar qué había pasado, pero entendió que no era el momento.
Al llegar a casa, Enrique no subió a su habitación. Fue directo al gimnasio. Siempre hacía lo mismo cuando tenía un problema que no sabía cómo resolver.
Al día siguiente, cuando Victoria abrió los ojos, vio a José, a Mauricio, a Vivian y a su hermana Fernanda con el rostro lleno de preocupación.
—¿Qué me pasó? —preguntó confundida.
Mientras los recuerdos de la fiesta regresaban a su mente, se reprochó haber ido.
—Te desmayaste —respondió José—. El señor Enrique de la Torre te ayudó a traerte a la clínica. Pagó todos los gastos. No se fue hasta que el médico dijo que los bebés estaban bien.
—¿Él estuvo aquí todo este tiempo? —preguntó Victoria, conteniendo las lágrimas.
—Claro que sí.
Victoria fingió calma.
—¿Y quién es él? —preguntó con voz serena.
—Es el primo de Gustavo —respondió Fernanda—. Me alegra que te haya encontrado en el jardín. Nadie se dio cuenta de que te habías desmayado. Si no fuera por él…
—No sabía que estabas embarazada —continuó Fernanda—. Tienes que contarme esa historia. ¿Quién es el padre?
José la miró con severidad, y Fernanda se quedó en silencio. Entendió que estaba siendo imprudente.
Enrique regresó a París. Andrés viajó con él.
—¿Por qué estás huyendo? —le preguntó—. Desde el avión no has dicho una sola palabra. Has bebido demasiado café… incluso fumaste, cuando prometiste a tu padre que no lo harías.
—Está embarazada —respondió Enrique sin mirarlo—. Y no es un solo bebé… son dos.
—¿De quién hablas?
—De Victoria. Anoche solo me dijo unas palabras y se desmayó. Su presión subió por el estrés. Ahí me di cuenta de todo.
—Entonces, felicitaciones —dijo Andrés—. Vas a ser padre.
—¿Estás loco? —respondió Enrique—. Ella es la mujer con la que mi tío se iba a casar. La acabo de engañar. Es la hermana de la esposa de mi primo, quien me prohibió acercarme a ella.
—¿Y por eso vas a abandonar a tus hijos? —replicó Andrés—. Siempre has querido ser padre. Te conformaste porque tu esposa no puede tenerlos. Ahora tienes la oportunidad… y huyes. Eso es cobardía.
—¿Y si ella no me quiere en su vida?
—Entonces cuídalos desde lejos —respondió Andrés—, pero no huyas.
Enrique cerró los ojos.
—Cuando la vi… estaba preciosa. Radiante. Ese vestido le quedaba perfecto. Cuando la sostuve desmayada en mis brazos, fue imposible no besarla. La sentí tan mía… como si nunca la hubiera perdido.
Al salir de la clínica, Victoria aún tenía la ilusión de que Enrique la llamara. No ocurrió. Quien llamaba constantemente era Andrés. Vivian cortó la llamada y la miró.
—Mi pequeña —dijo Victoria—, el señor Guzmán no tiene la culpa de los errores de su jefe. Si quieres salir con él, hazlo. Sé feliz.
Mientras hablaba, acariciaba con ternura su abdomen.
—Ya no estoy sola —susurró—. Ahora soy madre.
Cuando José entró a la habitación, Victoria tomó su mano.
—¿Puedo confesarte algo? Pero será nuestro secreto.
José levantó el meñique.
—El padre de mis hijos es Enrique de la Torre. Él compró la hacienda El Paraíso, pero se presentó como Quintero. No sabía que era casado ni que era un De la Torre. Te pido un favor… nunca se lo digas a Fernanda. No quiero causarle más desilusiones.
Una semana después, Victoria estaba recuperada. Vivian hablaba a diario con Andrés. Ese día, mientras se ponía un vestido rosado que la hacía lucir hermosa, Victoria le dijo:
—Ve y sé feliz… pero no le hables de mí.
A la casa de José llegaban flores todos los días, enviadas por Franco de la Torre. Él intentaba reconquistarla, pero Victoria ya no sentía absolutamente nada.
Enrique estaba en la oficina, fingiendo tomar un café que ni siquiera había probado.
—Está embarazada —dijo finalmente.
—¿Cómo? —preguntó su primo—. ¿Victoria está embarazada?
—Los hijos son míos.
—Me vas a matar de un infarto —respondió—. Su hermana me va a matar.
Gustavo entró al despacho.
—¿Ya hablaste con tu cuñada?
—No —respondió Enrique—. Y no sé cómo hacerlo.
En ese momento, Franco entró sin tocar.
—¿Y tú qué haces aquí?
—Por si no lo sabías —respondió Enrique con frialdad—, soy uno de los inversionistas de esta empresa… la misma que estuvo a punto de irse a la quiebra por tu ineptitud.