"Nuestras familias se han odiado por generaciones, pero ahora, él tiene el poder de destruirme... o salvarme.
Mi padre cometió el error de su vida y la única forma de pagar la deuda es entregándome a Damian Volkov, el hombre más despiadado de la ciudad y mi rival desde la infancia. Él no quiere mi dinero; quiere mi libertad, mi obediencia y, sobre todo, quiere verme quebrada bajo su control.
Juré que lo odiaría hasta mi último aliento, pero en la oscuridad de su mansión, el deseo es una traición que no puedo controlar. Damian juega sucio, y yo... estoy empezando a disfrutar del castigo.
¿Podrá el odio sobrevivir a la pasión, o terminaré destruida por el hombre que juré jamás tocar?"
NovelToon tiene autorización de Arianna Rose para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
El precio del silencio
Tras la humillación pública, la mansión se convirtió en un lugar de susurros. Alessandra caminaba por los pasillos y sentía las miradas de los guardias; ya no la miraban solo como una prisionera, sino con el temor que se le tiene a lo que el dueño protege con celo.
Sin embargo, ese "respeto" ordenado por Damian se sentía como una nueva cadena. Alessandra entró en la biblioteca buscando refugio, pero allí estaba Stefan. No estaba gritando ni siendo agresivo de forma obvia; estaba sentado en un rincón, bebiendo en silencio.
—¿Vienes a disfrutar de tu victoria? —soltó Stefan sin mirarla. Su voz era plana, lo que lo hacía más peligroso—. Damian cree que me ha dado una lección, pero lo único que ha hecho es demostrar que por ti está dispuesto a romper su propia familia.
—Tú te lo buscaste, Stefan —respondió Alessandra con frialdad—. Mentiste.
—Mentí para que abriera los ojos. —Stefan se puso de pie y se acercó a ella, pero esta vez mantuvo una distancia prudente, recordando la advertencia de su hermano—. Disfruta de tu protección, Alessandra. Pero pregúntate por qué Damian me humilló frente a los criados. No fue por justicia. Fue para marcar territorio. Para él, no eres una mujer, eres una propiedad que su hermano intentó "vandalizar".
Alessandra no respondió, pero las palabras de Stefan se clavaron como espinas. Salió de la biblioteca y se encontró con Damian en el pasillo. Él la observó intensamente, notando su agitación.
—¿Qué te ha dicho? —preguntó Damian, su voz era una advertencia.
—¿Vas a castigarlo otra vez si te digo la verdad? —desafió ella—. Me has dado "respeto" ante los demás, Damian, pero sigo sin tener voz. Stefan dice que solo me usas para demostrar quién manda aquí. ¿Es verdad? ¿Soy solo un recordatorio de tu poder frente a él y frente a mi padre?
Damian la tomó del brazo, no con violencia, sino con una urgencia que la obligó a detenerse. La llevó hacia el rincón más oscuro del pasillo, donde nadie pudiera verlos.
—Lo que Stefan piense no me importa —susurró él, acorralándola contra la pared—. Te di mi palabra de que nadie volvería a mentir sobre ti. Eso debería bastar.
—¡No basta! —estalló ella en un susurro furioso—. Estoy cansada de ser el trofeo por el que todos pelean. Mi padre me usa para pagar deudas, Stefan me usa para molestarte a ti, y tú me usas para demostrar que eres el rey de esta casa. ¡Nadie me ve a mí!
Damian se quedó en silencio, observando las lágrimas de rabia en los ojos de ella. Por un momento, la máscara de control de él se agrietó. No era el jefe de la mafia, ni el acreedor de su padre; era un hombre frente a la mujer que le estaba desarmando la lógica.
—Yo te veo, Alessandra —dijo él, bajando la voz hasta que fue apenas un aliento—. Te veo tanto que a veces olvido por qué te traje aquí. Y eso es lo que me aterra.
Antes de que ella pudiera responder, Damian se alejó bruscamente. El "yo decido todo" que había proclamado en el capítulo anterior empezaba a fallar, porque no podía decidir qué sentir por ella.