Al quedar sin trabajo debido a un malentendido, la esposa de Dorian
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Secreto
EVELYN
No he tenido paz desde que esa bruja soltó tales palabras de Juan. ¿Qué es lo que sabe ella como para que él se haya puesto tan nervioso? Es que ni siquiera fue capaz de darme la cara después.
Lo dejé pasar anoche en la celebración de Dorian, pero lo cierto es que no puedo sacar esas palabras y esa mirada que ambos se dieron.
Las cosas entre mi esposo y yo han mejorado muchísimo desde esas cortas vacaciones que se tomó y estuvo conmigo durante cinco días. Nuestro amor no pudo haber renacido de la mejor manera, puesto que no ha dejado de quererme ni un solo día desde entonces, pero ¿por qué ahora me siento nuevamente paranoica y con cientos de dudas?
Quizás Juan tenga razón y esa bruja solo lo hizo adrede para generar todo un caos entre nosotros dos ya que a Dorian no lo puede joder más.
Aún así, presiento aquí en mi pecho que hay algo más y que mi esposo me lo está escondiendo.
Espero paciente en el estacionamiento a que alguno de los dos salga, pero si lo hace primero Dorian, no sé qué excusa darle para enfrentar a esa mujer tan desvergonzada.
Mi teléfono suena y tomo la llamada de mi esposo con algo de dudas.
—¿Cómo va todo, mi amor?
—No lo sé, estoy esperando fuera del buffet.
—Espero que esa víbora sea más inteligente y no cometa más errores.
—Espero lo mismo — le doy la razón.
—Evy, mi amor, te llamo para decirte que estaré por fuera dos semanas. Aún no sé si sea más tiempo o no, pues la Sra. Jones no me dijo cuánto tiempo durará el evento sino solo me dio una estimación.
«¿Por qué no pudiste encontrar un trabajo menos demandante?». Quería decirle que se quedara, pero es su trabajo y debe cumplir.
—Bueno, mi amor. Te deseo lo mejor como siempre. Cuídate mucho y llámame en cuanto llegues al Hotel.
—Lo haré — su jefa lo llama y presiono los labios con fuerza—. Te amo.
—Yo también... — cuelga antes de que pueda completar mis palabras—, te amo —susurro, tirando el teléfono en el asiento del copiloto.
Varios minutos después, veo a Sara salir del ascensor y dirigirse al auto que era de Dorian.
Me bajo de mi auto y me acerco a ella rápidamente. Su mirada se centra en mí y sonríe ladeado en cuanto estamos frente a frente.
—Vino contigo, ¿eh? — suelta—. Cada vez más cercanos, ¿no?
—El que las hace se las imagina, ¿no es así? — mi comentario la toma por sopresa.
—¿Qué quieres, niñita? — abre su bolso, ignorando mi comentario y saca las llaves del auto—. Tengo los minutos contados y no me gusta perder el tiempo.
—No le quitaré mucho tiempo, señora.
—Habla.
—¿A qué se refería exactamente con lo de ayer?
—Deja me acuerdo porque no sé de lo que estás hablando.
—No se haga la que no es con usted. Dígame, ¿qué es lo que se trae con Juan?
Me mira por unos segundos y suelta una risita mirándome de pies a cabeza. Esta mujer nunca me pasó ni un poquito desde el primer día en que la conocí. En su cara, en su mirada y en esa sonrisa que carga se nota lo falsa, víbora y bruja que es. No entiendo como un hombre tan bueno, atractivo y noble como Dorian se fijó en alguien tan despreciable como ella.
—Aquí la verdadera pregunta es, ¿estás preparada para escuchar lo que tu querido esposito te ha guardado por años?
Mi corazón se acelera de golpe, más con esa sonrisa maliciosa que puso después de soltar esas palabras.
«¿De qué está hablando esta mujer? ¿Qué es eso que Juan me ha guardado?».
—¿Y qué es lo que mi esposo me esconde?
—Oh, niña, los secretos se llevan hasta la tumba. Además, no quiero ser yo la que explote tu dulce burbuja de amor, pero si lo que quieres es dejar de vivir en un sueño, siempre puedo hacer algo por ti — suelta una fuerte carcajada y sube en su auto—. Debo irme, pero quizá en otro momento podamos hablar con más calma acerca de todas las malas mañas de tu esposito...
—Evelyn — escucho la voz de Dorian a mi espalda y doy un paso atrás.
—Cuando quieras, eres bien recibida en mi casa — me tira un guiño, antes de encender el auto y marcharse.
—¿Estás bien?
—Estoy bien — regreso a mi auto y subimos a este.
—¿Sara te dijo algo? — pregunta cauteloso.
—No, nada importante — niego—. ¿Cómo te fue? ¿Llegaron a algún acuerdo?
—No llegamos a nada. Supongo que no tengo de otra que llevarla a juicio y pelear por la custodia completa de mi hijo. Es su madre y todo, pero Sara no está capacitada para cuidar de él.
—Lo vas a lograr. Un niño tan dulce y hermoso no debe estar con una bruja de esas — pongo el auto en marcha mientras me va contando lo que sucedió en la sala.
No dejo de pensar en lo que dijo esa mujer. Ya no sé si deba creer o no, pero por más que me diga que lo hace adrede, la duda ya está en mi cabeza y en mi pecho. Si Juan no tuviera nada que esconder, ¿por qué no la desmintió ayer que tuvo oportunidad? Siento que la cabeza se me va a explotar en cualquier momento de tanto pensar y hacerme ideas malas y buenas. Esa mujer logró desestabilizarme cuando mejor me encontraba.
«¿Qué me estás escondiendo, Juan? ¿Cuál es tu secreto?».